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EL PAÍS

Ábalos no descarta unificar en mayo las generales con las municipales, autonómicas y europeas



El entorno más cercano de Pedro Sánchez sigue dándole muchas vueltas a cuál será el mejor momento para adelantar las elecciones. Las opciones reales son tres: en marzo, el 26 de mayo celebrando de forma conjunta las municipales, autonómicas y europeas, o ya en otoño. La segunda opción, la del superdomingo electoral, está encima de la mesa y “no es descartable”, según ha reconocido este lunes el ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos.

El presidente Sánchez, de visita oficial en Marruecos, ha asegurado que la posibilidad de unir las elecciones es una más de las que hay. “El ministro de Fomento ha dicho una cosa que es de mucho sentido común. Y ha señalado esa fecha como ha señalado otras”, ha explicado, informa Miguel González. Pero ahí, con una gran sonrisa, Sánchez ha recordado con una ironía que el que manda es él. “Ha dicho también que la facultad de convocar elecciones corresponde al presidente del Gobierno, y no puedo estar más de acuerdo. Y cuando vayan a ser, que lógicamente serán, porque vivimos en una democracia, se conocerán”. Sánchez apunta así que la decisión no está tomada y que será él quien lo haga, al margen de las opiniones que unos y otros puedan tener.

Es la primera vez que alguien del núcleo duro del Gobierno y de absoluta confianza de Sánchez habla tan abiertamente de esa posibilidad. Ábalos es visto dentro del PSOE y el Gobierno como el más partidario de un adelanto electoral para aprovechar la ola positiva hacia el Gobierno que detectan las encuestas. Este grupo prefiere adelantarlas para evitar el fuerte desgaste que creen que se puede producir por estar varios meses sin Presupuestos.

En La Moncloa hay muchas más dudas. Creen que Sánchez necesita más tiempo para desarrollar sus medidas progresistas, que sí tendrían apoyo en el Congreso si van una a una, al contrario que los Presupuestos. Pero con todo, desde Moncloa recuerdan que es mucho más fácil lograr el apoyo para la moción de censura, que fundamentalmente se votó sin contrapartidas para echar a Mariano Rajoy del poder, que reunir los votos para el PSOE en una investidura en la que necesitaría el apoyo de los independentistas. Si ni siquiera están dispuestos a apoyar los Presupuestos, se preguntan en el equipo de Sánchez, mucho menos lo harían en una investidura.

La otra opción, si hay adelanto electoral y el PSOE queda por delante, sería buscar los votos de Ciudadanos. Pero también es algo muy complicado en la actual situación política, en la que ambos grupos se han alejado mucho. Pero además no está claro que den los números para gobernar con Ciudadanos. Por eso hay muchas dudas sobre el momento adecuado.

Los barones socialistas, que apostaron en su momento por adelantar las elecciones a este otoño de 2018, una opción que ya descartó Sánchez hace meses, no ven muy claro ahora ese superdomingo electoral en mayo, aunque también aquí hay dudas. Pero todos insisten en cualquier caso en pedir claridad al Gobierno, que lanza mensajes contradictorios sobre este asunto casi cada semana.

Algunos barones autonómicos han empezado a mostrar su disconformidad con ese superdomingo electoral. “No me parece bien. Tenemos que plantear si nos creemos o no las autonomías. Nadie se plantearía convocar las generales conjuntamente con las catalanas. Sería mejor hacer las autonómicas y municipales en mayo y en otoño las generales”, ha señalado en La Sexta Emiliano García Page, presidente de Castilla-La Mancha.

“Nada es descartable”, ha afirmado Ábalos en un desayuno informativo organizado por la agencia de noticias Europa Press tras ser preguntado por la posibilidad de que se celebre en mayo una jornada electoral sin precedentes en la historia de la democracia española. La Ejecutiva de Podemos ha convocado el viernes al máximo órgano de dirección del partido para prepararse ante un posible adelanto electoral.

Ábalos, que coordina junto al jefe de Gabinete de Sánchez, Iván Redondo, el comité electoral que está preparando al partido de cara al 26 de mayo, ha señalado no obstante que en estos momentos el Gobierno está “concentrado” en la aprobación del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2019, a pesar de que el propio Sánchez ha admitido la posibilidad de no llegar a presentarlos si no tienen visos de prosperar.

El ministro se ha mostrado partidario de evitar “aventurar nada” en estos tiempos tan “líquidos” de la política, y ha recordado que hace solo unos meses parecía imposible que el PSOE volviera al Gobierno tan pronto, por lo que no tiene sentido hacer previsiones de qué pasará en unos meses. En cualquier caso, Ábalos ha recordado que el instrumento de disolver las Cortes y convocar elecciones —que compete en exclusiva al presidente del Gobierno— es “muy poderoso”. El titular de Fomento ha afirmado que Sánchez manejará los tiempos con responsabilidad y convocará las elecciones “cuando crea que tiene que hacerlo y nunca a presión ni remolque de nadie”.

Hablar de un posible adelanto electoral también es otra manera de tratar de meter presión a sus aliados, especialmente a los independentistas catalanes y los nacionalistas vascos, que según el análisis del Gobierno no quieren ir a elecciones por el riesgo de que Ciudadanos refuerce mucho su poder y logre cambiar de forma drástica la línea del Gobierno hacia una recentralización.

Sánchez lo ha intentado todo con los independentistas para que apoyaran los Presupuestos pero ellos lo rechazan de plano por la acusación de la Fiscalía en el juicio del procés, donde pide 25 años para Oriol Junqueras, líder de ERC, por ejemplo. Ese es uno los argumentos de los miembros del Gobierno que defienden aguantar todo lo posible y no hacer un superdomingo.

En mayo, el juicio no habrá concluido. Si los independentistas no quieren ahora apoyar los Presupuestos por este juicio, mucho menos querrán aprobar una investidura en mayo o junio por el mismo motivo. La discusión interna es muy fuerte pero solo Sánchez tomará la decisión. Los mensajes que traslada el Gobierno es que el presidente quiere seguir, cree que tiene apoyos en el Congreso para sacar adelante sus medidas, y solo adelantará cuando vea que la situación está al borde del bloqueo. Las elecciones andaluzas darán muchas pistas de cómo está la situación real de los cuatro partidos clave en la comunidad más poblada, y ahí Sanchez empezará a madurar su decisión.



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EL PAÍS

El prudencial arraigo de la Constitución



Si Carles Puigdemont y Quim Torra siguen empeñados en lograr la aplicación del 155, conseguirán demostrar de nuevo la vigencia operativa de la Constitución. Una constitución refunda el pacto de confianza entre pasado, presente y futuro de un país. Entre otras cosas porque se fundamenta en un contrato moral, de valores inclusivos, que explicita los límites al poder. Hace unos días, The Washington Postpublicó un extracto de un libro póstumo del columnista Charles Krauthammer. Recuerda como en 1981, al ser asesinado Anwar Sadat, un programa de televisión informó de que, según los expertos consultados, en la constitución egipcia constaba que en aquellas circunstancias el sucesor era el presidente del parlamento. Con escepticismo, un analista de la tumultuosa vida del Oriente Medio sostuvo que en Egipto nadie se había leído la Constitución en treinta años. En realidad, la constitución no parecía existir, ni a nadie le importaba. Preguntó: “¿Quién es el líder de los militares? ¿Hosni Mubarak? Pues ese será el próximo presidente”. 1978 sirvió para todo lo contrario.

Cuando hay quien se queja tanto de la Constitución de 1978 como si fuera un parque jurásico, sería saludable preguntarse qué ha pasado. ¿Ha sido un deterioro de la voluntad colectiva que conformó aquel delta histórico o ha cundido una amnesia, de una parte inconsciente y por otra deliberada, que hace irreconocible el sólido encanto de la Constitución cuarenta años después? Hay quien busca arrimarse a alguna forma de constitución bolivariana; otros desacatan la ley para fundar una república catalana independiente. Para hacerse una idea de lo que significa 1978 basta con preguntarse si ahora sería posible redactar una carta magna tan convincente y amplia. Al contrario del mantra pro-reforma de la Constitución para adaptarla a los nuevos tiempos, parece evidente que ahora no sería factible un consenso de magnitudes equiparables a las de entonces, una constatación que por sentido común debiera reconfortarnos por tener un cauce constitucional en el que los pleitos de España habían desembocado en una sabia arquitectura constituyente. Sin embargo, se sigue diciendo que urge la adaptación constitucional. Pero uno no cambia una constitución porque la sociedad haya pasado de la minifalda al pantalón vaquero rasgado, ni por la existencia de la familia monoparental o porque reaparezcan los mitos de la Cataluña mirífica.

“Las zonas sociales de desapego constitucional se encogerán, de modo que la razonabilidad de la ley siga por encima de altibajos de ruptura y sedición”

Si en política las soluciones son impuras, una buena Constitución contribuye a filtrar impurezas. Así España entró de lleno en la integración europea, en la Alianza Atlántica y en la globalización. Dio forma al estado autonómico, superó la intentona de Tejero, pasó por la experiencia política de la alternancia en el poder y ha vencido a ETA. ¿Son precedentes que legitimen la falta de confianza en un futuro que discurre por la senda constitucional? Si acaso, los síntomas de malestar público se deben a una extraña pérdida de autoestima generada por las políticas de lo imposible. Algún efecto corresponde a un cese de la transmisión de valores y experiencias que constituye el eje de un sistema educativo y que da consistencia a los trasvases entre escuela y familia. ¿Cómo se explica la Constitución en las aulas y de qué manera se cuenta la historia de una transición sin buenos ni malos?

Krauthammer alude a la sabiduría de los padres de la Constitución americana y a la reverencia que le guardan la mayoría de los ciudadanos estadounidenses, a pesar de todo, a pesar de cambios sociales profundos. La transición democrática en España se hizo con un bajísimo coste, como comprendieron los ciudadanos de Cataluña al votarla masivamente. Con el maremágnum secesionista, el resultado no hubiese sido el mismo pero también es cierto que, en el momento de la desafección de parte de Cataluña, un partido como C’s ha sido el más votado. La mayoría secesionista indestructible no existía. Ante el espectáculo de la descomposición intensa de las alianzas independentistas, el desconcierto de sus votantes y los graves riesgos de inestabilidad y de incertidumbre jurídica no benefician a los imitadores de la intentona secesionista de octubre de 1934. Como formas de arraigo, la Constitución y la monarquía parlamentaria están imponiéndose al unilateralismo. Aunque sea una recomposición lenta, al menos a medio plazo el fervor de secesión se retrae. Escampa la niebla y se constatan los costes del desatino. Las zonas sociales de desapego constitucional irán encogiéndose, de modo que la razonabilidad de la ley siga por encima de altibajos de ruptura y sedición.



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Las imágenes del día, 10/12/2018




Una selección de las mejores fotografías de la jornada



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EL PAÍS

El Gobierno advierte por carta a la Generalitat que ponga fin a la “dejación de funciones” de los Mossos



El Gobierno ha decidido trasladar a la Generalitat, de forma dura, su inquietud por la “dejación de funciones” de los Mossos el pasado fin de semana. El Ejecutivo ha enviado varias cartas, una de la vicepresidenta, otra del ministro de Interior y otra del de Fomento, para exigir a la Generalitat que explique qué pasó.

El Ejecutivo avisa al Gobierno catalán, a través de una misiva del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, de que si la Generalitat no garantiza la seguridad, lo hará el Gobierno. El ministro recuerda que la Ley Orgánica de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, en su artículo 38.2, prevé los supuestos de actuación de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado cuando lo estimen oportuno las autoridades estatales”. El Gobierno exige que los Mossos ejerzan “las funciones que legalmente le incumben”. “En caso contrario”, señala el Ejecutivo “se ordenará la intervención de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado cuando proceda y en términos de proporcionalidad y necesidad”. Esto es, el Ejecutivo lo dice muy claro: si los Mossos no garantizan la seguridad, enviará a las fuerzas del Estado.

Según el Gobierno, no se trata de una fase previa para aplicar el artículo 155, pero sí de un aviso formal y muy claro para ver qué respuesta obtiene del Ejecutivo catalán. Si no es satisfactoria, el Ejecutivo estudia tomar otras medidas más fuertes para garantizar la seguridad en Cataluña y sobre todo lograr que el Consejo de Ministros del día 21 en Barcelona no se convierta en una encerrona. “Me dirijo a ti para trasladarte nuestra inquietud”, le explica la vicepresidenta a Pere Aragonés, su homólogo en la Generalitat. “Aparentemente ha existido una dejación de las funciones que tiene atribuidas ese Gobierno, con consecuencias para la seguridad pública”, explica la vicepresidenta.

“Es nuestra obligación evaluar los posibles incumplimientos del ordenamiento jurídico que se hayan producido”, remata Calvo en un tono claramente amenazante. “Te solicitamos que nos aclares lo sucedido, en especial respecto a actuación de los mossos en los altercados ocurridos en algunos puestos de peaje”, insiste.

Calvo se refiere a los incidentes vividos este fin de semana en varias autopistas de Cataluña cuando los denominados Comités de Defensa de la República (CDR) cortaron varias carreteras y levantaron algunos peajes en plena operación retorno del puente de la Constitución. La vicepresidenta ha pedido esta mañana al presidente catalán, Quim Torra, que no se inhiba “cuando ocurren situaciones que provocan intranquilidad en la ciudadanía” porque “su principal obligación en Cataluña, como autoridad del Estado (…) es el mantenimiento de la seguridad y la convivencia” y ha tachado de “irresponsable e inaceptable” la actuación del president por sus declaraciones sobre la vía eslovena como camino posible hacia la independencia de Cataluña, una vía que finalizó en un conflicto armado con Yugoslavia.

La tensión llega en un momento clave, a dos días de un debate monográfico en el Congreso sobre Cataluña en el que Sánchez se verá obligado a endurecer su posición, y a 10 días de que el Consejo de Ministros se traslade a Barcelona el día 21, una cita que se está complicando cada día más. La posibilidad de que una ruptura definitiva con los independentistas lleve a un adelanto electoral aumenta la gravedad de esta nueva escalada. Dentro del propio independentismo hay mucha división sobre la estrategia a seguir y ERC ha dejado muy claro que no comparte la idea de la vía eslovena y apuesta por la llamada vía escocesa, esto es, la de un referéndum pacífico. El Gobierno tiene un contacto mucho más fluido con ERC, pero es Torra quien preside la Generalitat y Carles Puigdemont, su mentor, el que puede influir directamente sobre los ocho diputados del PDeCAT que tienen que tomar la decisión antes de enero de presentar o no una enmienda a la totalidad de los Presupuestos que acabaría con las cuentas en menos de tres semanas y abriría la puerta a que legislatura finalizase. Si no se reconduce la tensión entre el Gobierno y la Generalitat, esta salida parece cada vez menos inevitable.



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