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“Casi aborté a mi bebé por culpa de una prueba médica que resultó ser poco fiable”


Claire Bell y su hija, Fintry

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Claire Bell compartió con BBC su experiencia indagando sobre las pruebas prenatales.

Claire Bell ya puede contarlo con calma, pero tuvo que pasar semanas de angustia y otras tantas de investigación antes de lograrlo.

Durante 5 años, el esposo de Claire recibió tratamiento para dos tipos de cáncer.

Cuando finalmente terminó, la pareja decidió intentar tener un bebé a través de fecundación in vitro (FIV), utilizando un esperma que su esposo había congelado y almacenado antes de recibir quimioterapia.

En el primer intento, a la edad de 41 años, quedó embarazada y se sintió increíblemente afortunada.

“Fue un embarazo milagroso”, le dijo Claire a la periodista de la BBC Charlotte Hayward. “El primero de nuestros embriones había funcionado”, contó.

La pareja decidió que quería saber si existía la posibilidad de que el bebé tuviera el síndrome de Down y pagó de forma privada un análisis de sangre conocido como NIPT en inglés, un examen prenatal no invasivo.

La prueba analiza el ADN de pequeñas partículas de la placenta que circulan en la sangre de la madre.

“Mi esposo y yo éramos conscientes de que no podíamos cuidar un bebé con síndrome de Down”, dice Claire, sudafricana y periodista de investigación, que en ese momento vivía en Escocia.

“Después de lidiar con cinco años de tratamiento contra el cáncer, sentimos que no teníamos la fuerza emocional” para afrontar un escenario como ese.

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La prueba NIPT cuesta hasta US$650.

La clínica le dijo a Claire que recibiría un correo electrónico si todo estaba bien, pero que llamarían si había algo de lo que hablar.

Apenas una semana después, mientras Claire y su esposo estaban de vacaciones en Francia, sonó el teléfono. Claire estaba en la ducha en ese momento, y se apresuró a responder la llamada.

Malas noticias

“Corrí hacia el teléfono… y mientras estaba allí, temblando con una toalla, el médico me dijo que había posibilidades de que mi bebé tuviera el síndrome de Turner“.

El síndrome de Turner es una enfermedad cromosómica que solo afecta a las niñas y cuyos síntomas incluyen la baja estatura y tener problemas de fertilidad.

Pero la información que Claire recibió de la clínica pintó un panorama muy sombrío de la vida de las personas con síndrome de Turner.

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Cromosomas de un paciente con síndrome de Turner.

“Recuerdo que pensé que esto es ciencia, que era un hecho. No podía dejar de llorar, no podía caminar más de 200 metros. Me sentía desesperada”.

Se le ocurrió que interrumpir el embarazo sería lo más amable que podía hacer por su hija.

Pero más tarde, ese mismo día, Claire habló con una amiga que la animó a averiguar más sobre la prueba. Y cuando lo hizo, descubrió que su resultado podía no ser tan trágico como parecía.

El test NIPT está disponible para cualquier mujer o pareja que quiera pagar su coste, de hasta US$650.

Se utiliza principalmente para detectar el síndrome de Down y otras dos anomalías cromosómicas, el síndrome de Edwards y el síndrome de Patau.

Los profesionales médicos están de acuerdo en que, cuando se usa correctamente, es bastante fiable como prueba para estas condiciones.

Pero cuando se realizan pruebas para detectar otras condiciones más raras, la eficacia del test no está rigurosamente demostrada en entornos clínicos.

Mientras estaba allí, temblando con una toalla, el médico me dijo que había posibilidades de que mi bebé tuviera el síndrome de Turner”.

Claire Bell

Un artículo en la revista médica Ultrasonidos en Obstetricia y Ginecología argumenta que cuando se usa para detectar estas afecciones, incluido el síndrome de Turner (cuando una niña tiene solo una copia del cromosoma X) o el síndrome de Klinefelter (cuando un niño tiene dos copias del cromosoma X y un cromosoma Y) tiene “una alta tasa de fracaso“, una baja tasa de detección y una cifra alta de falsos positivos.

Uno de los autores de ese informe, Kypros Nicolaides, profesor de medicina fetal en el King’s College Hospital, dice que las mujeres que han recibido un NIPT perturbador en una clínica privada a menudo recurren al sistema público de salud en busca de ayuda.

Pruebas incorrectas

“La prueba NIPT puede analizar la presencia de varias enfermedades, pero no tenemos información sobre qué tan efectivo y valioso es el método de detección”, afirma Nicolaides.

“Hay muchas mujeres que se hacen estas pruebas, acuden a nuestra consulta extremadamente preocupadas y acaban sometiéndose al test invasivo, que es lo que querían evitar, y el resultado es que la prueba NIPT es incorrecta“, añade.

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Claire Bell realizó una extensa investigación para conocer la eficacia de la prueba.

La prueba invasiva a la que Nicolaides se refiere es o bien una biopsia de placenta o bien una amniocentesis, es decir, un análisis del líquido del saco amniótico. Ambos teststienen un pequeño riesgo de aborto involuntario.

Claire Bell no pasó por este tipo de prueba invasiva, porque mientras más leía sobre la prueba NIPT como método de detección del síndrome de Turner, más escéptica se volvía.

Leyó en internet sobre bebés de mujeres a los que se les diagnosticó el síndrome de Turner de forma errónea.

Y leyó de una embarazada cuyo médico le había dicho que la prueba era tan poco confiable que era más o menos lo mismo que lanzar una moneda al aire.

Luego leyó que el valor predictivo positivo (VPP) de la prueba para el síndrome de Turner, la proporción de resultados positivos y negativos que finalmente resultan ser realmente positivos y negativos, es de apenas 40% para una mujer de 41 años.

Recuerdo que pensé que esto es ciencia, que era un hecho. No podía dejar de llorar, no podía caminar más de 200 metros. Me sentía desesperada”.

Claire Bell

Llamó al médico que le había dicho sobre su resultado por teléfono y le preguntó si esto era correcto.

“Sí, pero no lo sabemos“, le respondió.

Aún sin saber qué era lo mejor, Claire llamó a su tía en busca de perspectiva.

Le describió algunos de los síntomas que las niñas con síndrome de Turner pueden desarrollar, incluido el hecho de que no tienen discapacidades intelectuales, pero pueden tener problemas con el razonamiento espacial y las matemáticas.

“No puedes abortar un bebé porque podría ser baja, tener pecho plano o problemas con las matemáticas”, le dijo su tía. “Y además, somos de Yorkshire, somos fuertes y lo sabes. No te dejes llenar de dudas“.

Seguimientos clínicos

Entonces Claire decidió tratar el tema como una de sus investigaciones periodísticas y llamó al laboratorio que analizó su sangre.

Le preguntó con qué frecuencia hacían seguimientos para saber si un bebé diagnosticado con altas probabilidades de nacer con síndrome de Turner acababan teniéndolo.

La respuesta fue que ellos nunca lo hacían.

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Angela Catlin

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Claire y su hija Fintry.

La científica del laboratorio con la que habló recalcó que Claire parecía no haber recibido el asesoramiento que se recomienda antes de realizarse la prueba, por lo que esta decidió llamar a su clínica para preguntar al respecto.

Su médico respondió que en Estados Unidos le habrían dado cuatro horas de asesoramiento antes de la prueba, pero que en Reino Unido no había suficientes expertos en genética que pudieran tener esa charla con ella.

La clínica a la que Claire asistió dice que los pacientes reciben asesoramiento y consejo sobre las estadísticas de los falsos positivos.

Añade que “informa a los pacientes de todos los resultados de las pruebas de manera segura, sensible y les da todo el apoyo que necesitan” y que, si bien no proporciona información genética específica,respalda a los pacientescon un consultor obstétrico en postratamientos.

En su declaración, la clínica también dice que sigue “operando de manera ética, profesional y en el mejor interés del paciente”.

“Continuaremos trabajando según los estándares profesionales, a la vez que otorgaremos a los hombres y mujeres el derecho a elegir“, añade.

Uso complementario

Claire continuó investigando y leyendo artículos en revistas médicas.

Se sorprendió al descubrir que la misma compañía que inventó la prueba sugirió que podría no ser adecuada para enfermedades como el síndrome de Turner.

En su lugar, dijo, era mejor usarla como complemento, en los casos en que exista un historial familiar de una anomalía cromosómica similar o cuando una ecografía había dado motivos para suponer que tal anomalía podría estar presente.

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Fintry no tiene síntomas del síndrome de Turner.

“La idea de que podría haber interrumpido este embarazo, es decir…”, dice, deteniéndose para encontrar las palabras adecuadas. “Es tan importante que las mujeres sepan que esta prueba tiene bastantes falsos positivos“.

En junio de 2018 nació la hija de Claire, Fintry, y no parece tener síntomas del síndrome de Turner. Es pequeña, pero hay personas bajas en la familia.

Claire hará un análisis de sangre a Fintry cuando cumpla un año para averiguar si tiene la enfermedad. Pero no antes, aclara.

“Quería que ella fuera una persona completa en mi mente, para que la conozca totalmente antes de asociar con ella una enfermedad”, explica.

“Está sana, es hermosa y siempre sonríe”.

Robert Cuffe, responsable de estadísticas en BBC News, agrega: “Lo mejor es preguntarle al médico antes de tomar decisiones importantes y, si está tentado de preguntarle al Dr. Google, busque cuán común es la enfermedad antes de sacar cualquier conclusión”.

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Llegada del Apolo 11 a la Luna: los 13 minutos en los que toda la misión estuvo a punto de fracasar


Neil Armstrong, Edwin "Buzz" Aldrin y Michael Collins del Apolo 11.

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Los astronautas de la misión Apolo 11 (de izquierda a derecha) eran Neil Armstrong, Edwin “Buzz” Aldrin y Michael Collins.

Se dice que Neil Armstrong es una de las pocas personas del siglo XX que todavía será recordada en el siglo XXX.

Pero antes de que el astronauta estadounidense pisara la Luna y diera “un gran paso para la humanidad” el 20 de julio de 1969, la misión Apolo 11 estuvo a punto de fracasar.

“Un mes antes del despegue del Apolo 11 decidimos que teníamos la confianza suficiente para intentar descender en la superficie”, contó Armstrong en mayo de 2012, tres meses antes de morir.

“Creía que teníamos 90% de posibilidades de volver sanos a la Tierra, pero solo 50% de aterrizar en un primer intento. Había muchas cosas desconocidas en ese descenso de la órbita a la superficie lunar que no se habían demostrado todavía”, recordó entonces.

Pero a medida que Armstrong y Edwin “Buzz” Aldrin comenzaron a recorrer los 15 kilómetros para el descenso a la Luna, las posibilidades de no lograrlo empezaron a crecer.

Los audios del centro de control de la misión de la NASA son una prueba de cómo la tensión atravesaba cada palabra y, sobre todo, cada silencio.

Como dijo Armstrong en otra entrevista, los 13 minutos previos a tocar la superficie lunar fueron un “desenfreno de incógnitas.

Sin miedo

Si bien unas 400.000 personas estuvieron involucradas en el Proyecto Apolo de la NASA, solo un reducido equipo de entre 20 y 30 personas estaban en el centro de control en el momento histórico.

Uno de los datos más sorprendentes de ese selecto equipo es que la edad promedio de los controladores de vuelo era 27 años.

“Si bien puede parecer extraño que una responsabilidad tan grande fuese volcada sobre un grupo de empleados nuevos que aún no habían salido de la universidad, su juventud fue mayormente considerada como un activo importante”, explica Kevin Fong, presentador del podcast “13 minutos a la Luna” de la BBC.

“No es que no entendieran los riesgos”, explicó el director de vuelo de Apolo, Gerry Griffin, a Fong. “Simplemente no tenían miedo“.

Esa audacia y compromiso con la misión terminarían siendo cruciales para el éxito del Apolo 11.

Como dijo ese día Gene Kranz, director de vuelo de la misión, a su equipo en el centro de control en Houston, Texas: “Estaremos aquí hasta que hayamos o bien alunizado, o bien abortado la misión, o la nave se haya estrellado“.

Incomunicados

Mientras la adrenalina crecía en la Tierra, a unos 400.000 kilómetros de distancia, el clima era relajado.

El módulo lunar o “Águila” con Armstrong y Aldrin a bordo ya se había desacoplado del módulo de comando o “Columbia”, piloteado por Michael Collins y que se mantuvo girando alrededor de la Luna.

Durante la preparación para el descenso final, Armstrong incluso bromeó con que había un cierto ruido en sus auriculares que parecía “viento soplando entre los árboles”.

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Los audios del centro de control son una prueba de cómo la tensión atravesó cada palabra y cada silencio.

Pero en cuanto Aldrin dio la orden de activar P-63, el programa que controlaría los momentos exactos en los cuales los motores se encenderían y por cuánto tiempo, los problemas empezaron.

Kranz contó sobre ese momento: “Las comunicaciones con la nave espacial son absolutamente horribles: nosotros no nos podemos comunicar con ellos, ellos no se pueden comunicar con nosotros”.

El problema estaba en la llamada antena de alta ganancia, el enlace de radio que permitía al centro de control hablar con Armstrong y Aldrin, así como recibir datos de los sistemas del módulo lunar.

Y sin esa telemetría no podían aterrizar en la Luna.

El equipo de telecomunicaciones entonces decidió cambiar la orientación de Águila para así mejorar la señal de la antena con la Tierra.

Mientras tanto, los controladores debían transmitirle toda la información a Collins, quien a su vez se lo comunicaba a Armstrong y Aldrin.

A pesar del caos y la información fragmentada, los astronautas recibieron la orden de encender el motor y comenzar el estrepitoso descenso hacia la superficie lunar.

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El guía de vuelo Steve Bales era uno de los jóvenes sentados en el centro de control de la misión Apolo 11 durante el momento histórico.

Demasiado rápido

Los problemas de comunicación se resolvieron, pero para el guía de vuelo, Steve Bales, los contratiempos recién empezaban.

“Estoy viendo mi monitor y estoy en grandes problemas, porque el vehículo está viajando hacia la Luna 20 pies por segundo (6 metros por segundo) más rápido de lo que debería”, contó Bales recordando ese momento.

“Oh, por dios”, pensó, “si crece otros 15 pies por segundo (4,5 m/s) tengo que abortar” la misión.

Es que llegar a los 35 pies por segundo (10,5 m/s) era indicador de que algo muy grave estaba pasando, probablemente con la computadora del módulo lunar.

Además, corrían riesgo de pasarse del área de aterrizaje establecida.

Armstrong también se dio cuenta de que estaban yendo demasiado rápido.

Como explica Fong en el podcast, desde que la superficie lunar apareció en su ventana, el comandante había estado cronometrando “la aparición de puntos de referencia, cráteres y montañas”, y comparando “con una lista de verificación que había preparado antes del lanzamiento”.

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Un retrato de la superficie lunar y, de fondo, la Tierra, tomada hace medio siglo.

Bales finalmente dijo: “Lo vamos a lograr creo“.

La frase no suena muy reconfortante, pero no hubo tiempo para pensar más al respecto porque, en cuanto la velocidad se mantuvo dentro del límite de seguridad, otro problema apareció.

Código 1202

Para aterrizar en la Luna, la tripulación dependía casi por completo de la computadora a bordo.

Lo que entonces era el dispositivo más complejo y sofisticado a bordo de la nave espacial, tenía la capacidad de procesamiento y memoria de una calculadora de bolsillo.

De hecho, la pantalla y teclado de la computadora se asemejaban a una calculadora gigante.

No obstante, “si se consideran las interconexiones, confiabilidad, resistencia y documentación, la computadora de guía Apolo es al menos tan impresionante como la PC en tu escritorio“, escribió el profesor en aeronáutica y astronáutica del MIT David A. Mindell en el libro “Apolo digital”.

“El software Apolo -agregó- es también un intrincado ballet producto del trabajo e ideas de muchas personas”.

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Tras el dramático descenso, Armstrong y Aldrin pasaron 21 horas y 36 minutes en la superficie lunar.

En los hechos, esa rudimentaria pantalla solo podía mostrar una serie de números para arrojar información y ayudar a identificar problemas.

Cuando faltaban apenas 5 minutos para el alunizaje, un código apareció en la pantalla: “1202”, o como lo leyó entonces Armstrong, “doce-cero-dos”.

Fong, quien entrevistó a decenas de personas para el podcast, dice que todos coincidieron en que fue la primera y única vez en que el astronauta mostró estar urgido.

“En el control de la misión, nadie entendió lo que estaba sucediendo. ¿Estaba la computadora a punto de fallar? ¿Tendrían que abortar el aterrizaje? ¿Estaban en peligro las vidas de Armstrong y Aldrin?”, narra Fong.

Bales consulta al equipo de apoyo sobre la extraña alarma que no sonó una sino cinco veces durante el descenso del Águila.

Tras unos eternos 15 segundos, finalmente la respuesta llegó: el código 1202 quería decir que la computadora estaba sobrecargada de tareas.

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Neil Armstrong mantuvo la calma incluso en las situaciones más estresantes.

Pero, como no era una computadora cualquiera, tampoco se colgó como lo haría una PC cualquiera.

La máquina había sido programada de tal forma que, en caso de estar sobrecargada, pasaba a priorizar las tareas críticas para la misión, como mantener al módulo volando a la velocidad y en la dirección correctas.

“Esta fue una característica de seguridad brillante diseñada por programadores del MIT”, dice Fong, quien explica que parte del equipo en la Tierra pasó a ocuparse de las tareas que la computadora ya no podía procesar.

“Esta capacidad de compartir una tarea compleja entre personas y máquinas”, afirma, “es emblemática de cómo la NASA operó durante el Proyecto Apolo y una razón clave de su éxito“.

Rocas y combustible

Pero antes de aterrizar, todavía faltarían otros dos grandes problemas. El primero fue el lugar.

La computadora estaba guiando automáticamente al Águila a la zona de alunizaje, cuando Armstrong logró verla por la ventana: “Área bastante rocosa”, dijo.

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El Apolo 11 partió rumbo a la Luna el 16 de julio de 1969.

La nave se estaba dirigiendo al Mar de la Tranquilidad, el punto elegido, pero sobre el cráter oeste, un agujero gigante de unos 30 metros de diámetro con rocas del tamaño de autos.

“No era para nada un buen lugar”, recordó Armstrong en 2012. “Tomé el control manual y lo volé como un helicóptero en dirección oeste”.

Su decisión tuvo una consecuencia inesperada: la nave comenzó a quemar combustible mucho más rápido de lo esperado.

“Saber cuánto combustible quedaba en los tanques del Águila estaba lejos de ser sencillo”, cuenta Fong. “La cantidad de combustible consumido cambiaba segundo a segundo a medida que Armstrong aumentaba y disminuía el empuje del motor”.

Entonces desde control de misión, el controlador de vuelo Bob Carlton informó que restaban “120 segundos” de combustible. Luego, “60 segundos”.

“Y aún no estamos ni cerca de la superficie”, recordó Kranz.

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El módulo lunar aterrizó en el Mar de Tranquilidad el 20 de julio de 1969 a las 20:17:39 UT.

“Durante todo el tiempo, Aldrin está haciendo su trabajo, que es estar calmado, ser claro, leer los números, ayudar a su comandante a saber que están en buena forma”, dijo Paul Fjeld, historiador del Programa Apolo, a Fong.

“Sé, por haber hablado con él después, que lo que está pensando es: ‘¡Vamos, aterriza! ¡Aterriza! ¡Aterriza!'”, agregó.

Entonces, entre medio de los números que va leyendo, Aldrin afirmó: “Estamos levantando un poco de polvo“.

Armstrong se había quedado ya sin visibilidad por el polvo, cuando desde el control se escuchó un nuevo ultimátum por el combustible: “30 segundos”.

Pasaron otros 12 segundos. “Luz de contacto”, dijo Aldrin, refiriéndose a la luz azul en el tablero que indicaba que estaban a un metro de la superficie lunar y debían apagar el motor.

“Fueron 10 eternidades”, contó luego Carlton. “Estuvimos a 18 segundos de abortar. Tuvimos suerte de lograrlo”.

El módulo lunar aterrizó en el Mar de la Tranquilidad el 20 de julio de 1969 a las 20:17:39 UT.

Armstrong entonces dijo: “Houston, aquí base Tranquilidad: el Águila ha aterrizado“.

El resto es historia.

Esta nota está basada en el programa “13 minutos a la Luna”, conducido por Kevin Fong y producido por Andrew Luck-Baker. Puedes escucharlo (en inglés) en la página del Servicio Mundial de la BBC, en la BBC Sounds o en las principales plataformas de podcasts.

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"El Chapo" Guzmán ingresa en "Alcatraz de las Rocosas": los otros conocidos criminales encerrados en la prisión federal de más alta seguridad de EE.UU.


El Chapo, junto a un agente de la DEA:

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“El Chapo” ya ingresó en la prisión federal de más alta seguridad de Estados Unidos.

Joaquín “El Chapo” Guzmán ya está en la “Alcatraz del siglo XXI” o “Alcatraz de las Rocosas”: la prisión federal de más alta seguridad de Estados Unidos.

El narcotraficante mexicano fue trasladado a la Penitenciaría Administrativa de Máxima Seguridad en Florence (Colorado) -mejor conocida por sus siglas en inglés ADX-, tras ser condenado esta semana a cadena perpetua en un histórico juicio celebrado en Nueva York.

Mundialmente conocido por sus fugas de cárceles mexicanas, Guzmán pasará a vivir recluido en una celda individual hasta 23 horas del día, en condiciones que están a un paso “de la muerte”, según describía en entrevista con BBC Mundo Robert Hood, uno de los exdirectores del penal.

El centro es “hogar” de otros destacados criminales, entre ellos el conocido “Unabomber”, uno de los autores del mortal ataque de la maratón de Boston o el único condenado por los atentados del 11-S en Estados Unidos.

“Unabomber”

Theodore J. Kaczynski, más conocido como “Unabomber”, aterrorizó a la sociedad estadounidense durante más de una década.

Kaczynski, anarquista y genio de las matemáticas, fue el autor de 16 atentados que mataron a tres personas e hirieron a otras 28, a través del envío de paquetes bomba.

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Este es el retrato que la policía distribuyó de “Unabomber” y que se convirtió en una imagen icónica del caso.

El hombre se alejó del mundo para vivir en una rústica cabaña en Montana, Estados Unidos, y desde ahí planeó sus ataques.

Sus crímenes se extendieron desde 1978 hasta 1995 y su caso se convirtió en la investigación más larga y costosa hasta entonces del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés).

Fue capturado el 3 de abril de 1996 en su cabaña, gracias a las pistas que su hermano ofreció al FBI.

En enero de 1998, Kaczynski se declaró culpable de todos los cargos en su contra, reconociendo ser “Unabomber”, a cambio de evitar la pena de muerte y recibir una condena a prisión perpetua sin posibilidad de recuperar su libertad y renunciando a la posibilidad de apelar la sentencia.

Dzhokhar Tsarnaev

Otro de los reclusos de alto perfil de ADX es Dzhokhar Tsarnaev, autor del atentado contra la maratón de Boston de 2013.

El ataque dejó tres muertos y 264 heridos, entre ellos 17 que perdieron alguna extremidad. Una cuarta víctima, un policía, falleció en la persecución posterior de los sospechosos.

Tsarnaev perpetró el crimen cuando tenía 18 años junto a su hermano Tamerlan y fue sentenciado a pena de muerte por un jurado popular.

Su hermano murió por los disparos de la policía cuando intentaba escapar después de haber matado a un agente.

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Dzhokhar Tsarnaev fue condenado a la pena de muerte.

Durante su juicio, el equipo de defensa de Tsarnaev, que no puso en duda las pruebas contra él, centró su estrategia en tratar de salvarlo de la pena de muerte con testigos que apuntaran a que la acción fue manipulada por su hermano mayor, Tamerlan.

El programa dela BBC Panorama realizó una investigación sobre el caso y descubrió que el hermano mayor leía material en el que se desarrollaban teorías conspirativas para explicar los atentados del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas y el Pentágono, así como el que tuvo como blanco un edificio federal en la ciudad de Oklahoma, en 1995.

Asimismo, algunos de sus documentos exponían que Hitler y el nazismo tenían “su cuota de razón”.

Zacarias Moussaoui

Moussaoui es el único condenado en Estados Unidos por los atentados del 11-S, que provocaron casi 3.000 muertos.

El hombre fue detenido por el FBI tres semanas antes del 11 de septiembre por infracciones de inmigración y después fue acusado por su implicación indirecta en los atentados más sangrientos de la historia del país.

Durante su juicio, aseguró que tenía previsto secuestrar un avión y estrellarlo contra la Casa Blanca, después de negar cualquier participación directa en los atentados.

Fue sentenciado a cadena perpetua en 2006 y enviado a la cárcel de máxima seguridad de Colorado.

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Zacarias Moussaoui fue condenado a cadena perpetua.

Desde esa cárcel, aseguró casi nueve años después que miembros de la familia real saudí ayudaron a financiar a Al Qaeda.

Moussaoui afirmó que a finales de los años 90 creó una base de datos digital con los nombres de las personas que daban financiación a esa red islamista a petición de los líderes de Al Qaeda en Afganistán.

Entre los nombres que recuerda, mencionó al príncipe Turki al Faisal, entonces jefe de los servicios de inteligencia, al príncipe Bandar bin Sultán, antiguo embajador en Washington, y al príncipe Al Waleed bin Talal, uno de los hombres más ricos del mundo por entonces.

“El jeque Osama (bin Laden) quería tener un registro de la gente que donaba dinero, de la gente a la que había que escuchar o de los que contribuyeron a la yihad“, explicó el Moussaoui desde su celda.

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Francia planea reclutar escritores de ciencia ficción para prepararse para las amenazas militares del futuro


Día de la toma de la Bastilla.

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Los franceses buscan maneras innovadoras de mejorar las capacidades de su ejército.

Los franceses le apuestan a la imaginación para mejorar su capacidad militar.

El ejército de Francia anunció sus planes para crear un equipo de escritores de ciencia ficción cuya tarea será predecir posibles amenazas futuras.

A este grupo de visionarios se le ha dado el nombre de Equipo Rojo y será responsable de proponer escenarios que no hayan sido pensados antes por los estrategas militares del país europeo, según un nuevo informe de la Agencia de Innovación para la Defensa.

El informe también asegura que el trabajo de este equipo será altamente confidencial y tendrá gran utilidad en la lucha contra “elementos maliciosos”.

La noticia coincide con la reciente presentación de un innovador llamado Franky Zapata que sorprendió a la multitud durante el desfile del 14 de julio al pilotear un flyboard de propulsión a chorro frente a los asistentes.

“Estoy orgulloso de nuestro moderno e innovador ejército“, dijo más tarde en Twitter el presidente Emmanuel Macron, junto a un video del hombre mientras sobrevolaba los Campos Elíseos.

El “equipo rojo”

El ejército francés ha dicho que se espera que el grupo de cuatro o cinco escritores sea capaz de pensar con más creatividad que los tradicionales integrantes del ejército.

El equipo desarrollará técnicas como el juego de roles para imaginar cómo las organizaciones terroristas o los fuerzas de países extranjeros podrían usar tecnología avanzada contra Francia.

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Nuevas armas antidrones fueron exhibidas este domingo durante la celebración de la toma de la Bastilla.

Durante las celebraciones de este fin de semana también se exhibió una futurista arma de emisión de microondas llamada Nerod F5, diseñada para atacar a los drones mediante el bloqueo de las señales.

Este no es el primer paso que da Francia hacia la innovación dentro de sus fuerzas militares. Actualmente el país europeo incluso desarrolla experimentos con el plan de enviar robots para que apoyen a sus tropas en Mali.

La ministra de Defensa, Florence Parly, ha asegurado que el país cuenta con todos los ases en esta carrera” por la innovación dentro del ejército.

Ficción convertida en realidad

¿Le dará resultado a Francia su innovador plan de usar a escritores de ciencia y ficción para preparase para las amenazas del futuro?

Habrá que esperar. Mientras tanto, aquí te dejamos varios ejemplos donde algunas de las mentes más avanzadas de su tiempo resultaron ser profetas del porvenir.

El alunizaje: en su novela “De la Tierra a la Luna”, publicada en 1865, el escritor Julio Verne describió cómo tres personas era enviadas al satélite natural en una nave espacial desde Florida, EE.UU. La versión de Verne comparte algunas similitudes con la misión de la vida real que puso al hombre en la Luna, 104 años después.

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HG Wells habló de la bomba atómica en una de sus obras, en 1914.

Los teléfonos con video: el primer ejemplo de un teléfono con capacidad para reproducir video apareció en 1927, en la película alemana de Fritz Lang, Metrópolis.

La bomba atómica: el escritor inglés HG Wells predijo la bomba atómica en su novela “El mundo liberado”, publicada en 1914. Basándose en la ciencia atómica de entonces, en esta obra Wells habló de bombas que explotaban “indefinidamente”.

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