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"Cisma" en la Iglesia ortodoxa: por qué el enfrentamiento entre Rusia y Ucrania se convirtió también en una guerra religiosa


Vladimir Putin, el presidente de Rusia, encendiendo unas velas en un templo ortodoxo.

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El presidente de Rusia, Vladimir Putin, identifica a la Iglesia ortodoxa con el nacionalismo ruso.

Vladimir Putin puede perder pronto una de las mayores fuentes de influencia que posee en Ucrania (y de lo que él mismo llama el “mundo ruso”): el de la Iglesia ortodoxa.

Para el presidente de Rusia, Ucrania se encuentra en el centro del nacimiento del pueblo ruso. Esta es, además de por su importante posición geoestratégica y el tamaño del país, una de las razones por las que Moscú quiere seguir manteniendo la soberanía espiritual sobre la antigua república soviética.

En la última década, los conflictos entre Rusia y Ucrania se han extendido al terreno económico, diplomático y hasta militar, como demostró la crisis de Crimea y la anexión rusa de la península.

Ahora, la confrontación se ha movido también al terreno religioso con la decisión del patriarca de Constantinopla, Bartolomé I, de despejar el camino para la independencia de la Iglesia ortodoxa ucraniana anunciada este jueves, Moscú va camino de perder la partida.

Un nuevo patriarcado

Durante siglos, la mayor parte de los creyentes ortodoxos ucranianos han obedecido a un mismo patriarcado (las cabezas jerárquicas bajo las que se organiza la Iglesia ortodoxa): el de Moscú. .

Pero desde los años 90, con el colapso de la Unión Soviética, quien se erigió como líder de la Iglesia ortodoxa ucraniana de Kiev, el patriarca Filaret, buscó independizar a la Iglesia ucraniana de Moscú.

Sus deseos le costaron la excomunión y la acusación de querer crear un cisma dentro de la segunda religión cristiana con más adeptos (unos 300 millones), por detrás del catolicismo, con 1.200 millones.

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El patriarca Filaret fue exlpulsado de la Iglesia ortodoxa rusa acusado de intentar un “cisma” a finales de los 90.

Este jueves, el sínodo de Constantinopla anunció que revoca la excomunión de Filaret y que procede “a concederle la autocefalia (independencia) a la Iglesia de Ucrania”.

Esta decisión culmina un proceso iniciado en abril de este año en el que un grupo de ortodoxos ucranianos, con el apoyo del presidente de su país, Petrós Poroshenko, le pidió a la Iglesia ecuménica de Constantinopla la mencionada autocefalia.

No fue algo completamente nuevo, como le recuerda a BBC Mundo el teólogo Aristotle Papanikolau, profesor de Teología y director y cofundador del Centro de Estudios Cristianos Ortodoxos de la Universidad de Fordham, en Estados Unidos.

Hubo al menos otros dos intentos en el pasado: uno en el Medievo y otro a principios del siglo XX, antes de que estallara la Revolución rusa.

La diferencia es que esta es la primera vez que Constantinopla, la autoridad competente para otorgar la independencia, ha demostrado que acepta el pedido.

En septiembre, el patriarca Bartolomé I de Constantinopla, hoy en día Estambul, publicó un comunicado en el que dijo que “en preparación para la provisión de la autocefalía a la Iglesia ortodoxa de Ucrania se enviará a dos patriarcas ecuménicos a Kiev”.

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El patriarca Bartolomé I de Constantinopla presidió estos días en Estambul un consejo eclesiástico que puede marcar el destino de la Iglesia ortodoxa ucraniana.

Y esta semana, el consejo eclesiástico de Constantinopla, que se reunió en Estambul durante tres días bajo la presidencia de Bartolomé I, tomó varias decisiones que apuntan hacia la independencia de la Iglesia ucraniana.

“El sínodo procederá a la concesión de la Autocefalia a la Iglesia de Ucrania“, dijo en un comunicado.

Además, “el consejo decidió rehabilitar al patriarca Filaret, excomulgado por la Iglesia ortodoxa rusa por liderar un proceso de ruptura en los años 90”.

También se rehabilitó a Makarly, patriarca de la Iglesia ortodoxa autocéfala ucraniana, no reconocida por el mundo ortodoxo.

Todo a pesar del fuerte rechazo de Moscú, que sostiene que la primacía de Constantinopla es solo una formalidad y que las decisiones referentes a las autocefalias deben ser tomadas en conjunto por todas las iglesias ortodoxas.

Así, la reacción de la Iglesia rusa ante lo anunciado este jueves ha sido de profundo malestar.

Su portavoz dijo que Estambul “cruzó una línea roja” al revocar la excomunión de Filaret, quien aspira a liderar una futura Iglesia ucraniana independiente.

“Esto legaliza el cisma. Con sus acciones, Constantinopla cruza una línea roja y, de forma catastrófica, socava la unidad de la Ortodoxia global”, dijo.

En este sentido, la jerarquía de la Iglesia ortodoxa rusa comparó la situación actual con el Gran Cisma de 1054 que separó el cristianismo oriental y occidental, y advirtió que esto puede llevar a una ruptura irreversible en la comunidad global ortodoxa.

El Kremlin también expresó su descontento, diciendo que se opone a cualquier movimiento que conduzca a una división en el seno la fe ortodoxa.

Pero, ¿es esto una cuestión meramente religiosa?

¿Por qué es importante?

Primero, por su carga simbólica.

La capital ucraniana, Kiev, fue el punto de partida y origen de la Iglesia ortodoxa rusa, algo que acostumbra a recordar el propio presidente Putin. Fue allí donde el príncipe Vladimir, figura eslava medieval reverenciada tanto por Rusia como por Ucrania, se convirtió al cristianismo en el año 988.

“Si la Iglesia ucraniana gana su autocefalia, Rusia perderá el control de esa parte de la historia que reclama como origen de la suya propia“, asegura BBC Mundo el doctor Taras Kuzio, profesor en la Universidad Nacional Academia de Mohyla de Kiev y miembro no residente de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos.

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La catedral de Sofía, en Kiev, es un símbolo para la religión ortodoxa del este de Europa.

“Perderá también gran parte de los símbolos históricos que forman parte del nacionalismo ruso que defiende Putin, tales como el monasterio de las Cuevas de Kiev o la catedral de Santa Sofía, que pasarán a ser enteramente ucranianos. Es un golpe para los emblemas nacionalistas de los que presume Putin”.

Pero es además, en su opinión, una cuestión geopolítica.

“Para Putin es como el colapso de la Unión Soviética en 1991 porque representa la ruptura de su proyecto, el del mundo ruso‘, donde Ucrania juega un papel central. Y viene a probar que su estrategia de chico duro para acercar a la antigua república soviética no ha hecho sino alejarla incluso más”.

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Rusia y Ucrania han tenido conflictos diplomáticos, económicos, militares y ahora también religiosos.

No opina lo mismo el doctor Nikolay Mitrokhin, de la Universidad Este de Finlandia, quien cree que la independencia de la Iglesia ortodoxa ucraniana no tendría implicaciones geoestratégicas. Se trata de un “cambio simbólico”, estima.

No está probada la influencia que la Iglesia ortodoxa de Moscú puede tener sobre los ucranianos ortodoxos. Y la propaganda imperialista de Putin depende de otros muchos factores, no solo del clero, cuya misión no es particularmente apoyar el modelo imperial ruso, a pesar de que algunos (de sus miembros) sí lo hagan”.

Los seguidores

También está el tema pastoral. La escisión puede suponer para Rusia una disminución de hasta el 40% de sus fieles ya que más de un tercio de los ortodoxos de la Iglesia de Moscú son ucranianos.

Y puede perder más de 12.000 parroquias, con sus líderes, sus edificios emblemáticos y sus contribuciones monetarias. Fuentes del servicio ruso de la BBC en Kiev predicen que si Ucrania obtiene la independencia eclesiástica una gran parte significativa de sus fieles adherirían a la nueva iglesia.

La reducción en el número de adeptos de la Iglesia ortodoxa rusa, que cuenta con unos 120 millones de los 300 millones de fieles que hay en todo el mundo, haría poco sostenible la afirmación de que Moscú es el protector de todos los ortodoxos cristianos y una” Tercera Roma”, como la denomina el patriarcado moscovita.

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A pesar de que el 80% de los rusos se declaran ortodoxos, solo un 5% acude a la iglesia, asegura Papanikolau.

La relevarían en importancia, por número de fieles, la Iglesia ortodoxa rumana y la misma ucraniana, por lo que quedaría relegada a un tercer puesto, indicó el doctor Kuzio. Una clasificación con la que también coincidió Papanikolau.

Pero el patriarcado de Moscú asegura que esas estimaciones carecen de base y que una nueva iglesia conducirá a la toma violenta de templos en Ucrania y al derramamiento de sangre.

Y además Rusia no es la única que puede sufrir las consecuencias de este conflicto.

Si Moscú cumple su amenaza de romper con Constantinopla, la Iglesia ortodoxa oriental acabaría siendo más débil y pobre, pues perdería al único país de la región que contribuye con importantes sumas de dinero y que tiene una verdadera influencia a nivel mundial.

Por qué ahora

El anuncio de la escisión entre ambas iglesias es, para algunos, algo lógico en términos históricos.

“Tras la caída del Imperio Bizantino, las iglesias ortodoxas independientes fueron configurándose en el siglo XIX de acuerdo a las fronteras nacionales de los países y este es el patrón que, con retraso, está siguiendo ahora Ucrania”, explica el teólogo Papanikolau.

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Ucrania es estratégicamente importante para Rusia por su acceso al mar Negro, su población (62 millones de personas) y porque su situación geográfica en territorio europeo.

Pero reconoce también que la autocefalia es un evento importante “dada la historia entre los dos países y porque el nacimiento de la religión ortodoxa rusa se sitúa en Kiev”.

Y hay también otras razones que hacen que una iglesia ucraniana independiente reconocida sea hoy más factible que nunca. Papanikolau cree que se trata de una “tormenta perfecta” en la que confluyen varios factores.

Por un lado la identificación de Iglesia-Estado que han seguido otras naciones. Por otro, la posibilidad del Patriarcado de Constantinopla, continuamente atacado desde Moscú, de reducir significativamente el poder de la Iglesia ortodoxa rusa.

Esta es una tesis que también comparte el profesor Kuzio, quien cree que es una forma de contrarrestar las fuerzas pro-rusas dentro de las 14 iglesias ortodoxas reconocidas.

Y por último, y más importante para Papanikolau, es una razón puramente espiritual, alejada de cualquier motivación de influir en la geopolítica.

“¿Cómo pueden los ucranianos aceptar como guías espirituales a miembros de una iglesia que se cree implicada en las agresiones imperialistas rusas?“, dice reconociendo el impacto que la guerra de Crimea y su posterior anexión pudo haber tenido en la actitud de los eclesiásticos de Constantinopla.

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Rusia mantiene presencia militar en la península ucraniana de Crimea.

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Rusia se anexó Crimea en 2014.

Pero Nikolay Mitrokhin considera que “el clero de la Iglesia ortodoxa rusa no es el grupo social que más apoyó las protestas prorrusas en 2014“.

“Decir que la Iglesia ortodoxa de Moscú es un ‘vehículo de la política de Putin’ es repetir las tesis infundadas de los políticos de derecha de Ucrania”, afirma.

La Iglesia ortodoxa y el Kremlin

Pero lo cierto es que la Iglesia ortodoxa rusa ha sido identificada con el Estado durante siglos.

Desde la época imperial de los zares hasta el comunismo (aunque en menor medida), cuando los altos cargos eclesiásticos mantenían estrechos lazos con el secretario general del Partido Comunista.

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El presidente ruso Vladimir Putin mantiene estrechos vínculos con el líder de la Iglesia ortodoxa rusa, Cirilo I.

Fue tras el fin de la Unión Soviética, con el renacimiento del nacionalismo ruso en las (cortas) presidencias de Boris Yeltsin y después con Putin, que la Iglesia de Moscú vio legitimado su papel unificador y de institución soberana sobre las iglesias ucranianas.

Hoy en día, la Iglesia ortodoxa rusa, y en particular su patriarca Cirilo I, comparte muchos de los mensajes nacionalistas y patrióticos del presidente Putin. En particular esa idea del “mundo ruso” bajo el que Bielorrusia, Ucrania y Rusia son un solo y mismo pueblo con una única iglesia y cultura.

Ahora, la independencia eclesiástica de Kiev amenaza con romper el último vínculo relevante que Rusia tiene con su antiguo imperio.

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Crisis en Venezuela: Maduro propone adelantar a las elecciones a la Asamblea Nacional


Maduro

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Maduro volvió a insistir en adelantar las elecciones al único órgano estatal que no controla.

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, se mostró este lunes partidario de adelantar las elecciones a la Asamblea Nacional en Venezuela, la única institución estatal que controla la oposición.

“Vamos a elecciones de la Asamblea Nacional para ver quién tiene los votos. Asumimos el reto, vamos para buscar una solución pacífica, democrática y electoral”, dijo Maduro en un acto con sus seguidores en Caracas para conmemorar un año de su triunfo en las elecciones presidenciales de mayo de 2018.

Ni la oposición ni gran parte de la comunidad internacional reconoció los resultados de aquella votación, porque, denuncian, no fueron limpias ni transparentes.

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Nicolás Maduro: “Que nadie se meta en Venezuela”

El presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, quien se declaró en enero “presidente encargado” del país invocando la Constitución y la ilegitimidad que atribuye a la permanencia de Maduro en el poder.

Junto a lo que llama “cese de la usurpación” (salida de Maduro),Guaidó exige la celebración de “unas elecciones libres” en Venezuela y cuenta con el apoyo de Estados Unidos y la mayoría de países de la Unión Europea y América Latina.

Pero Maduro, que conserva el apoyo de Rusia, China, Cuba y Bolivia, entre otros, se ha negado reiteradamente a repetir las presidenciales.

No es la primera vez que el líder chavista plantea la posibilidad de adeltantar las elecciones al Parlamento, que se vio despojado de la mayoría de sus poderes cuando en 2017 se creó la Asamblea Nacional Constituyente, un órgano plenipotenciario que tenía el objetivo declarado de elaborar una nueva Constitución, algo que hasta ahora no ha cumplido.

Más información, en breve.

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Google rompe con Huawei: cómo te puede afectar la ruptura entre los dos gigantes tecnológicos (y qué alternativa hay)


Mano que sujeta un dispositivo Huawei P30

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Huawei prometió continuar suministrando actualizaciones de seguridad para sus teléfonos inteligentes.

Las restricciones impuestas a Huawei para acceder al sistema operativo Android de Google extenderá una larga sombra sobre el lanzamiento de los últimos dispositivos de la empresa china.

La compañía invitó a medios de todo el mundo a Londres, Reino Unido, para que este martes sean testigos del lanzamiento de sus teléfonos inteligentes Honor 20.

La BBC entiende que los dispositivos todavía ofrecerán la experiencia Android completa, incluido el uso de la tienda de aplicaciones Google Play.

Pero, a no ser que se resuelva antes el choque con el gobierno de Estados Unidos, las futuras versiones están destinadas a ofrecer una experiencia mucho más limitada.

Es de suponer que Google no quiere romper lazos con la segunda compañía que más teléfonos Android vende en el mundo después de Samsung: Huawei dijo recientemente que más de 500 millones de consumidores usan sus dispositivos.

En teoría, la Oficina de Industria y Seguridad de Estados Unidos puede emitir una licencia para que Google mantenga su relación con Huawei, o al menos partes de ella, o incluso dé un giro total y abandone totalmente sus restricciones.

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Huawei

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Huawei envió esta invitación para el lanzamiento de sus nuevos teléfonos inteligentes de la gama Honor.

Entonces ¿cuáles pueden ser algunas de las consecuencias de la ruptura de Google con Huawei?

¿Qué hizo Google exactamente?

El gigante tecnológico estadounidense suspendió toda la actividad de negocios con Huawei relacionada con transferencias de hardware, software y servicios técnicos no públicos.

Esto no quiere decir que Huawei haya perdido todo acceso a Android, ya que el sistema operativo es un proyecto de código abierto. Cualquier fabricante puede modificarlo e instalarlo en sus dispositivos sin necesidad de obtener permiso.

Pero en la práctica, todos los grandes fabricantes se apoyan en el soporte de Google.

Además, Google controla el acceso a varias piezas adicionales de software, como:

  • Google Play
  • sus propias aplicaciones
  • la ayuda virtual del asistente de Google
  • el servicio de correo Gmail
  • herramientas que permiten a servicios de terceros acceder a ciertas funciones.

¿Cómo afecta esto a dispositivos de Huawei ya existentes?

Quienes tengan teléfonos de Huawei o de la subsidiaria Honor no se encontrarán con que de repente no pueden instalar nuevas apps o recibir actualizaciones de los servicios de Google.

La razón es que sus dispositivos ya han sido certificados mediante las pruebas de compatibilidad Compatibility Test Suite (CTS) y Vendor Test Suite (VTS).

En consecuencia, Google puede ofrecerles nuevas versiones de sus productos y autorizar descargas de su tienda Play sin tener que lidiar directamente con Huawei.

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Según la empresa de análisis IDC, Huawei envió unos 3,1 millones de dispositivos a Reino Unido entre abril de 2018 y marzo de 2019, convirtiéndola en la tercera marca más popular después de Apple y Samsung.

Sin embargo, el tema se hace más complejo cuando se trata de actualizaciones de seguridad.

En estos casos, normalmente Google les da a los fabricantes de dispositivos Android el código para sus parches de software un mes antes de revelar al público los detalles de las vulnerabilidades encontradas.

Esto les da a los fabricantes tiempo suficiente para comprobar que los parches no le causan problemas a su propio software y así poder preparar una versión de los parches a descargar.

Ahora, Huawei solo conocerá los parches el mismo día que sean revelados al Proyecto de Código Abierto de Android (AOSP, por sus siglas en inglés), lo que significa que habrá una demora antes de que los pueda distribuir.

Teóricamente, esto puede derivar en una situación en la que se revele una falla seria y los dispositivos de Huawei queden expuestos durante varios días o semanas.

¿Qué pasa con los nuevos teléfonos?

Los nuevos teléfonos no serán certificados y, en consecuencia, no podrán tener preinstalado los Google Mobile Services (GMS).

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Se especula con la posibilidad de que los usuarios de Huawei se queden estancados en la versión actual de Android.

El GMS incluye una serie de las apps propias de Google:

  • la tienda Google Play para apps, música y otros medios
  • Google Photos
  • YouTube
  • Google Maps
  • almacenamiento en la nube de Google Drive
  • llamadas de video Google Duo

Algunos de estos servicios todavía serán accesibles a través de la web, pero para muchas personas esta opción es menos cómoda.

Esta pérdida no tendrá mucho impacto en usuarios radicados en China, que ya tienen bloqueado el acceso a la mayoría de las herramientas de Google, pero fuera de China puede ser un factor difícil de asumir para muchos consumidores.

Todavía podrán instalarse aplicaciones de terceros a través de tiendas alternativas o mediante un proceso que se conoce como sideloading (instalación manual de aplicaciones).

Pero Google impide que sus propias apps se instalen en dispositivos no certificados.

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Huawei no será capaz de instalar Goggle Mobile Services para las aplicaciones en los próximos teléfonos.

La pérdida de acceso al GMS también significa que los desarrolladores no serán capaces de intervenir en las interfaces de programación de aplicaciones (API, por sus siglas en inglés) de Google en los nuevos dispositivos.

La consecuencia es que las apps pueden perder algunas funciones.

“Imaginemos que una app quiere mandarle una notificación a tu dispositivo”, le explicó a la BBC Mishaal Rahman, editor jefe del sitio de noticias XDA-developers.com.

“Hay muchas, muchas posibilidades de que esté usando los servicios de Google Play para lanzar la notificación. Por tanto, cualquier aplicación, incluida la red social Twitter, puede dejar de funcionar con notificaciones”.

Otro ejemplo, añadió el experto, sería la pérdida de Casting, un servicio que les permite a los dispositivos transmitir audio y video de forma inalámbrica a un televisor u otro equipo.

¿Y qué pasará con las futuras versiones de Android?

Hay mucha especulación en torno a la posibilidad de que los dispositivos de Huawei puedan quedarse estancados en la versión actual de Android.

Pero Rahman cree que es improbable que eso ocurra, dado que la siguiente versión, Android Q, también será de código abierto y Google ya ha compartido la mayor parte del código fuente con Huawei y otros socios.

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El éxito de la división de telefonía móvil de Huawei se ha ligado a la popularidad del sistema operativo Android, de Google.

Sin embargo, Rahman agregó que la situación se puede complicar para el lanzamiento subsiguiente, el de Android R, en 2020.

“Lo que ocurre es que los principales socios de Google, que incluyen a compañías como Huawei y Samsung, reciben acceso a un anticipo del código muchos meses antes del lanzamiento al público de la versión beta”, explicó.

“Esto les da una gran ventaja para adaptar sus propios lanzamientos de software.

“Con la situación actual, Huawei puede perder varios meses de tiempo para el desarrollo de sus productos”.

Si la empresa china aceptara que solo podrá ofrecer el sistema operativo mucho más tarde que sus competidores, se puede enfrentar a una pesadilla de marketing, apuntó Rahman

Android es una marca y para poder usarla tu software debe estar certificado“, explicó.

“Así que, aunque Huawei continúe vendiendo dispositivos haciendo uso del código abierto, legalmente no puede llamar Android a sus dispositivos”.

¿Cuál es la alternativa?

Huawei le dijo al diario alemán Die Welt en marzo pasado que tenía preparado su “propio sistema operativo” como Plan B.

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El CEO de Huawei, Richard Yu, dijo que la firma tiene un sistema operativo propio como alternativa a Android.

En China, quizá eso no sea un gran problema, puesto que los dueños de los dispositivos pasan la mayor parte del tiempo en WeChat, una plataforma que permite el funcionamiento de apps de terceros.

Otros desarrolladores quedarán probablemente bajo presión para lanzar rápidamente versiones de sus aplicaciones autónomas para el nuevo sistema operativo.

Pero en otros lugares, la medida puede ser altamente problemática, opinó Rahman.

“La parte fundamental del éxito de un sistema operativo móvil es el número de aplicaciones disponibles en el mercado.

“Y a la par que el iOS de Apple, Android tiene una enorme plataforma de desarrolladores“.

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El dramático caso de Vincent Lambert, el hombre al que están dejando morir en Francia en contra de la voluntad de sus padres


Vincent Lambert

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Vincent Lambert ha estado en estado vegetativo desde 2008.

La decisión de mantener con vida a Vincent Lambert ha dividido a su propia familia, pero también a Francia.

Médicos en la ciudad de Reims (norte) iniciaron este lunes el proceso de desconexión al soporte artificial que mantiene con vida al hombre de 42 años.

Lambert ha estado en estado vegetativo desde que sufrió un accidente de motocicleta en 2008.

Durante mucho tiempo su esposa ha pedido que le retiren los tubos de alimentación, mientras que sus padres insisten en que la vida de su hijo debe sostenerse.

En el Hospital Sebastopol de Reims, los médicos informaron que el inicio de la desconexión se produce tras una sentencia judicial inapelable que ordena detener la nutrición e hidratación que recibe el paciente.

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Pierre y Viviane Lambert se oponen a que su hijo Vincent sea desconectado del soporte vital.

Los familiares confirmaron que los sistemas de apoyo estaban siendo apagados, algo que el abogado de sus padres, Jean Paillot, calificó como una medida “vergonzosa”.

Una década de cuidados

Lambert era un enfermero psiquiátrico hasta que sufrió un accidente de tráfico en 2008.

Desde entonces ha permanecido hospitalizado en estado cuadripléjico de parálisis, con mínima conciencia.

Se le ha mantenido vivo con comida y agua a través de un tubo gástrico, y el hombre puede respirar sin ayuda artificial y ocasionalmente abre los ojos.

Después de varios años de tratamiento para mejorar su condición, el equipo médico de Lambert recomendó en 2013 que la atención se detuviera, algo en lo que estuvo de acuerdo su esposa Rachel.

El caso ha sido revisado en varias instancias judiciales hasta llegar al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH).

Ese máximo tribunal de Europa confirmó la decisión de un tribunal francés de permitir que Lambert sea desconectado del soporte vital artificial.

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El caso ha dividido a la sociedad francesa que apoya o rechaza la desconexión de Lambert.

El caso ha resultado ser extremadamente divisivo en Francia, donde la eutanasia es ilegal.

División más allá de la familia

Aunque Rachel Lambert desde un principio estuvo de acuerdo en que su esposo fuera desconectado, el resto de su familia denunció que no fueron consultados.

Entonces comenzó la larga batalla legal sobre su cuidado.

Su esposa, seis de sus hermanos y un sobrino están de acuerdo con la terirada del apoyo artificial, pero tanto sus padres Pierre y Viviane, quienes son católicos devotos, como otros dos hermanos del paciente creen que este debe seguir con vida.

En 2015, los padres de Lambert publicaron un video a través de un sitio web católico conservador en YouTube que, según dijeron, se mostraba cómo el hombre reaccionaba físicamente al estar con miembros de la familia.

Los médicos involucrados en su cuidado se quejaron de que el video era engañoso.

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El paciente ha estado bajo alimentación e hidratación artificial.

En tanto, el Comité de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad había pedido a Francia que retrasara la decisión de retirar el soporte vital mientras investigan su caso más a fondo.

El TEDHdijo que rechazó este lunes la solicitud de los padres y hermanos de Lambert de que se tuvieran en cuenta las recomendaciones del comité de la ONU.

El Ministerio de Salud francés ha dicho que no está obligado a seguir esa petición.

Los padres de Lambert pidieron ayuda al presidente Emmanuel Macron a través de una carta: “Señor presidente, Vincent Lambert morirá sin hidratación en la semana del 20 de mayo si no hace nada y usted es el último y el único que puede intervenir”.

“En Francia, en 2019, nadie debe morir de hambre y sed”, escribieron en la carta.


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