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Corea del Norte sacude su liderazgo militar mientras la cumbre Kim-Trump se acerca


(CNN) – Tres altos funcionarios militares de Corea del Norte fueron reemplazados antes de la histórica cumbre entre el líder Kim Jong Un y el presidente de Estados Unidos Donald Trump, según varias fuentes.

Los tres parecen haber sido reemplazados por personal más joven leal a Kim, como parte de una transformación en curso del establecimiento político y militar del país desde que el joven líder tomó el poder en 2011.

La agencia de noticias de Corea del Sur, Yonhap, citando fuentes anónimas de inteligencia, reportó que el jefe de Defensa Pak Yong Sik había sido reemplazado por No Kwang Chol; mientras que el general Ri Myong Su, jefe del Estado Mayor del Ejército Popular de Corea (KPA por sus siglas en inglés) había sido reemplazado por su adjunto, Ri Yong Gil.

El reemplazo del general de Ejército Kim Su Gil por Kim Jong Gak como director de la oficina política general del KPA fue mencionado anteriormente por la prensa estatal norcoreana, y confirmado este lunes por el Ministerio de Unificación de Corea del Sur, que se ocupa de los asuntos de Corea del Norte.

“Todos estos tipos (promovidos) son tipos de Kim Jong Un”, dijo Michael Madsen, autor del respetado blog North Korea Leadership Watch. “Los tres han tenido posiciones muy sensibles y de alto nivel bajo el liderazgo de Kim Jong Un; ellos son leales (a él) y todos han tenido experiencia interactuando con delegaciones extranjeras”.

Los tres hombres que fueron reemplazados, Pak, Ri y Kim, tienen 68, 81 y 77 años, respectivamente.

Apoyando el poder

Madden dijo que la reorganización de la cúpula del Ejército norcoreano fue hecha al parecer por una serie de razones, entre ellas, la preparación de la cumbre Kim-Trump y el futuro de las conversaciones e intercambios de Corea del Sur.

En particular, el Buró Político General del Ejército (BPG) es responsable de auditar y supervisar las operaciones generales del KPA, que controla un gran número de corporaciones comerciales y otros negocios que podrían estar altamente involucrados en cualquier negociación intercoreana o proyectos de infraestructura.

Los comisarios políticos del buró están posesionados en todo el KPA y pueden influenciar la actividad del ejército en todos los niveles.

“[Kim] no va a querer que esos comisarios militares tomen cualquier tipo de asistencia que pueda llegar al norte”, dice Madden. “Ese fue un problema durante el periodo de resplandor, una gran cantidad de apropiación indebida y malversación”.

Madden agregó que el tamaño y la amplitud de las responsabilidades de BPG es tal que —más que cualquier otra organización de Corea del Norte— presenta la amenaza más realista posible para el poder de Kim.

“Desde aproximadamente junio de 2017 hasta principios de este año, el Buró Político General del Ejército estuvo bajo investigación [por el gobernante Partido de los Trabajadores], la primera vez en 20 años que el BPG está bajo investigación”, dice Madden.

Al poner al BPG firmemente bajo el Partido y su propio control, Kim al parecer busca evitar repetir una acción extrema que tomó contra su tío, Jang Song Thaek, a principio de su mandato.

Jang Song Thaek, quien había sido un poderoso hombre en Corea del Norte, fue ejecutado en 2013 después de que supuestamente construyó un poder alternativo al de su sobrino.

La cumbre de Singapur

Los preparativos aún están en marcha para la cumbre entre Kim Jong Un y Donald Trump en Singapur, la primera vez que un presidente de Estados Unidos en funciones se reúna con un líder norcoreano.

Trump se reunió con el exjefe de espías de Corea del Norte Kim Yong Chol por cerca de 90 minutos el viernes, que es el primer funcionario de alto nivel de Corea del Norte en visitar Estados Unidos en 18 años.

El presidente Trump dijo que la reunión de Singapur hace parte de un “proceso” que continuará por algún tiempo: “Les dije hoy, ‘Tómense su tiempo. Podemos ir rápido. Podemos ir lentamente’”.

Esto representa un cambio respecto a las anteriores declaraciones de Trump, que parecían indicar que esperaba que se firmara un acuerdo en Singapur sobre desnuclearización y otros asuntos, y planteó la posibilidad de que se tratara más de una reunión y un encuentro entre los dos líderes.

La Casa Azul de Corea del Sur rechazó el lunes las sugerencias de que podría anunciarse un final formal a la Guerra de Corea en la cumbre entre Trump y Kim.

Es poco probable que Kim pase mucho tiempo en Singapur. Las sanciones hacen difícil que un alto funcionario de Corea del Norte viaje al exterior, y Madden dice que Kim tampoco querrá imponer una carga excesiva al gobierno de Singapur, que tendrá que lidiar con los onerosos arreglos de seguridad causados por la presencia de ambos líderes en la ciudad.

También ha habido especulación de que Kim no desea dejar Corea del Norte por un periodo prolongado de tiempo, ya que esto puede alentar a los opositores que quedan en su gobierno a aprovechar la oportunidad de organizar un golpe.

En 1971, Idi Amin se tomó el poder en Uganda mientras el presidente Milton Obote estaba en Singapur para una reunión con líderes de la Commonwealth.

Madden dice que cualquier intento similar de tomarse el poder durante la ausencia del líder norcoreano es poco probable, señalando los viajes anteriores de Kim a Beijing y Dalian, China, que ocurrieron sin problemas.



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China podría arrollar al ejército estadounidense en Asia en horas, advierte un informe australiano


Hong Kong (CNN) — El ejército de Estados Unidos ya no es la fuerza principal en Asia y los misiles del ejército de China podrían arrollar sus bases en horas, según un nuevo informe.

El estudio realizado por el Centro de Estudios de Estados Unidos, de la Universidad de Sydney, en Australia, advierte que la estrategia de defensa estadounidense en la región del Indo-Pacífico “está en medio de una crisis sin precedentes” y podría tener que batallar para defender a sus aliados contra China.

LEE: Estados Unidos está en riesgo de perder una guerra con China o Rusia, advierten expertos

Vehículos militares chinos transportan misiles balísticos DF-26 durante un desfile en Beijing en 2015.

Eso significa que Australia, Japón y otros socios estadounidenses deben desarrollar y reorientar sus fuerzas en la región, y considerar una mayor cooperación con Estados Unidos para garantizar su seguridad, según el estudio.

El informe destaca áreas donde el ejército de China está haciendo grandes avances en comparación con Estados Unidos y sus aliados y socios asiáticos. El principal de ellos es el de los misiles.

“China ha desplegado una formidable variedad de misiles de precisión y otros sistemas de contraintervención para socavar la primacía militar de Estados Unidos”, señala el informe. Esos misiles se cuentan por miles, añade.

Casi todas las instalaciones militares de Estados Unidos en el Pacífico occidental, así como las de sus socios y aliados clave, “podrían quedar inutilizadas por ataques de precisión en las primeras horas de un conflicto”, según el informe.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de China dijo el lunes que no había visto el informe, pero el portavoz Geng Shuang enfatizó que la política militar del país era “de naturaleza defensiva”.

“China se encuentra firmemente en el camino del desarrollo pacífico y nuestra compacta política nacional es de naturaleza defensiva”, dijo Geng.

LEE: Armas láser de Rusia y China amenazan a satélites de EE.UU., dice reporte del Pentágono

CNN contactó al Pentágono para obtener comentarios, pero no había recibido respuesta al momento de la publicación.

Poco sorprendente

Gran parte del informe australiano debería ser poco sorprendente para el Pentágono.

Un informe de noviembre de 2018 al Congreso por parte de la Comisión de Estrategia de Defensa Nacional dijo que “el ejército de EE.UU. podría sufrir bajas inaceptablemente altas” y “podría tener dificultades para ganar, o tal vez podría perder, una guerra con China o Rusia”.

Seis meses después, el informe anual del Departamento de Defensa de EE. UU. sobre el ejército de China dijo que Beijing tenía la intención de desarrollar un ejército de clase mundial y convertirse en “el poder preeminente en la región del Indo-Pacífico”.

Más de 2.000 misiles balísticos de intermedio, corto y mediano alcance que pueden llegar a objetivos terrestres y marítimos son parte de ese plan, según el informe del Pentágono.

El estudio australiano cuestiona la capacidad de Estados Unidos para mantenerse al día con los avances de China y advierte que Washington enfrenta una crisis de “insolvencia estratégica”.

Por ejemplo, Estados Unidos está viendo que su flota de submarinos de ataque de propulsión nuclear se está reduciendo en un momento en que son todavía más necesarios.

“En pocas palabras, a medida que el ambiente sobre la superficie se vuelve más letal debido a los despliegues chinos de misiles de crucero, tecnologías hipersónicas y defensas antiaéreas, la ventaja duradera de Estados Unidos en la guerra submarina será cada vez más importante en el equilibrio de poder regional”, señala el informe.

Pero el almirante Phil Davidson, jefe del Comando Indo-Pacífico de Estados Unidos, le dijo al Congreso en marzo que solo había recibido la mitad de los submarinos necesarios en el Pacífico cada día.

El informe australiano sostiene que es vital que Canberra y socios como Japón necesiten dar un paso adelante para llenar el vacío que Estados Unidos está dejando.

LEE: El “nivel sin precedentes” de la cooperación entre China y Rusia amenaza el dominio de Estados Unidos

“Washington requerirá un apoyo significativo y continuo de sus aliados y socios regionales para disuadir con éxito el aventurerismo chino”, dijo.

El informe, por ejemplo, sugiere que Australia aumente su producción de submarinos de propulsión convencional, que son ideales para operaciones cerca de las costas o en áreas como el Mar del Sur de China.

También alentó la “defensa colectiva” a través de un software que permite la comunicación entre aliados.

Mayor cooperación

Una mayor cooperación entre EE. UU. y sus aliados ya está en marcha.

Estados Unidos y Australia completaron recientemente sus ejercicios bienales Talisman Sabre en el norte de Australia, que este año también incluyeron un contingente de la Fuerza de Autodefensa de Japón que realizó dos desembarcos anfibios.

El informe australiano dice que se necesita más de lo mismo y más allá de Australia.

“Los ejercicios deben practicarse y demostrar una rápida dispersión de las fuerzas de ataque con base en tierra y aire desde la base concentrada en territorio japonés, Okinawa y Guam, hasta pequeñas ubicaciones geográficamente diversas (alrededor del Mar del Sur de China)”, dijo.

“El objetivo principal de tales ejercicios debería ser reforzar la capacidad colectiva de disuadir, evitar y, si es necesario, mitigar la posible agresión china”, dijo.

El informe señala que el ejército australiano está acosado por uno de los mismos males que afectan a sus aliados estadounidenses: fuerzas muy dispersas. Entre 2001 y 2018, Australia gastó más del triple en operaciones en el Medio Oriente que en el Indo-Pacífico.

La tensión que los conflictos en Afganistán, Iraq y Siria han puesto sobre el presupuesto, el equipo y las operaciones del ejército de EE. UU. han “afectado la preparación” de Washington para una gran competencia de poder en el Indo-Pacífico”, dijo.



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Lo que dice una masacre en una boda sobre el plan de Trump de abandonar Afganistán


Londres (CNN) — El contrato de matrimonio acababa de firmarse y las festividades estaban en pleno apogeo. Pero justo cuando los parientes cercanos de los recién casados salían de una habitación del piso de arriba para unirse a cientos de amigos y familiares en un salón de bodas en Kabul, alguien no invitado se adelantó. Lo que debería haber sido un momento de celebración se convirtió en una escena de carnicería inimaginable, cuando un terrorista suicida de ISIS se inmoló frente a la banda tocando en la sección de hombres del lugar.

Las autoridades dicen que al menos 63 murieron, los novios sobrevivieron, pero los familiares creen que la cifra de muertos puede ser mayor. La muerte violenta es un hecho cotidiano en Kabul, pero este ataque sorprendió a muchos con su salvajismo. “Antes de la explosión estábamos tan felices, toda nuestra familia, parientes y amigos estaban en el salón y estábamos disfrutando de la boda”, dijo a CNN Basir Jan, un hermano del novio. “Cuando ocurrió la explosión, vi los cadáveres de mis familiares y amigos. Ocho de mis amigos más cercanos murieron en la explosión. Era una escena que siempre recordaré”.

La devastación representa una tragedia personal de las familias que fueron atacadas en Kabul el fin de semana. Pero también proporcionó un telón de fondo sangriento para las etapas finales de las conversaciones de paz que se están celebrando ahora entre los talibanes y Estados Unidos.

A wedding hall is devastated after a suicide bomber targeted a ceremony in Kabul.

El principal negociador de Estados Unidos, el representante especial Zalmay Khalilzad, tuiteó poco después de que el atacante entró en la celebración: “Debemos acelerar el Proceso #AfghanPeace, incluidas las negociaciones intraafganas. El éxito aquí pondrá a los afganos en una posición mucho más fuerte para derrotar a ISIS”.

Es un tuit que se las arregla para ser sorprendentemente oportunista, defectuoso pero en gran medida preciso al mismo tiempo. Preciso, ya que un acuerdo de paz entre EE.UU. y los talibanes permitiría a ambos centrarse en ISIS, una parte relativamente pequeña pero brutal de la insurgencia que se desata en Afganistán ahora. Defectuoso, porque un acuerdo de paz no garantizaría que los talibanes no persiguieran a su principal enemigo, el Gobierno afgano primero, antes de llegar a ISIS. Oportunista, ya que el tuit también expuso la actitud de “acuerdo a toda costa” detrás de las conversaciones ahora: la masacre es un reflejo de lo mucho que ha colapsado Afganistán, no de qué tan bien podría arreglarlo el acuerdo de paz propuesto. Trump quiere salir de Afganistán, eso está claro, a pesar de decir el año pasado que ganaría. Pero, ¿qué tanto de un final sin gloria en la guerra más larga de EE.UU. está dispuesto a tolerar para que eso suceda?

Para recapitular: hace unos meses, Estados Unidos hizo una concesión clave con los talibanes, acordó dirigir conversaciones que excluían al Gobierno afgano de la mesa, algo que los insurgentes siempre quisieron.

Fuentes cercanas a las conversaciones dicen que están 99% resueltas en torno a un acuerdo entre EE.UU. y los talibanes que implicaría una reducción de las tropas estadounidenses y, lo que es más importante, un alto el fuego entre estos dos combatientes.

LEE: Trump se reunirá con funcionarios de seguridad en Afganistán a medida que aumentan las preocupaciones sobre la retirada de Estados Unidos

Ese alto el fuego no necesariamente pondría fin a la lucha entre los talibanes y las fuerzas del Gobierno afgano, solo eliminaría el poder aéreo de EE.UU. del campo de batalla. El Gobierno afgano y los talibanes comenzarían entonces conversaciones de paz separadas, dicen las fuentes. Los críticos afganos del plan temen que, a medida que esas conversaciones de paz inevitablemente tropiecen, el Gobierno de Kabul comenzará a perder territorio ante los talibanes, abandonado por Washington y con la potencia de fuego estadounidense inactiva.

Afghans carry the body of a victim of a wedding hall bombing during a mass funeral in Kabul.

Afganos cargan el cuerpo de una víctima de la masacre en una boda en un funeral masivo en Kabul.

La contranarrativa de esta sombría evaluación es triple. Primero, los talibanes saben que deben unir fuerzas con un Gobierno reconocido internacionalmente para calificar por ayuda extranjera, por lo que es poco probable que se vuelva al atavismo de la década de 1990. Además, EE. UU. eventualmente debe abandonar Afganistán de una forma u otra, o al menos reducir sus gastos allí. Y, finalmente, que la violencia ha disparado el progreso de estas conversaciones, ambas partes tratando de afirmar el dominio en el campo de batalla, y que la paz y la reducción de la violencia tienen que ser la única prioridad.

Esta conclusión es válida, pero pierde un punto: la razón por la cual Estados Unidos se fue a Afganistán en primer lugar. Al Qaeda no ha desaparecido. De hecho, cuando el antiguo líder talibán Mullah Omar murió, su sucesor, Mullah Habitullah, hizo al líder de Al Qaeda en la insurgencia afgana, Sarraj Haqqani, el comandante de sus operaciones militares. Según los informes, el hijo de Habitullah también se convirtió en un terrorista suicida en Helmand en 2017. Esto no representa una dilución moderada de los talibanes, como algunos de sus discursos quisieran sugerir. Y Al Qaeda puede estar en un momento bajo, pero todavía están en el campo. Fueron los hombres detrás del 11 de septiembre, por cierto.

Los detalles del acuerdo aparecerán la próxima semana más o menos. Parece probable que implicará una reducción en los niveles de tropas de Estados Unidos y limitará lo que Estados Unidos puede hacer en el campo de batalla, mientras que el Gobierno afgano y los que están detrás de la insurgencia hacen lo que pueden. También se enfrentará a elecciones presidenciales en Afganistán, por lo general un asunto comprometido y escaso, que serán el 28 de septiembre. Los afganos elegirán a un presidente justo cuando se ve un tambaleante acuerdo de paz.

El presidente Trump puede venderlo como un acuerdo histórico. Pero solo en los próximos meses sabremos si le da a Al Qaeda más espacio para crecer y lo que significa para los cientos de miles de afganos que lucharon por los estadounidenses y por la forma de vida que Estados Unidos les ofreció.

LEE: Trump: Podría ganar la guerra en Afganistán “en 1 semana, pero no quiero matar a 10 millones de personas”

Para los afganos, es una cuestión de vida o muerte, una propuesta mucho más seria que la que arriesga Estados Unidos: la posibilidad de que su guerra más larga termine con una traición, y la posibilidad de que el enemigo que intentaron vencer vuelva a florecer.

“Quiero paz para mi país”, dice Basir Jan, el hermano del novio del ataque de bodas. “Pero nunca lo entendemos”.

Ehsan Popalzai contribuyó reportando desde Kabul.



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Lo que dice una masacre en una boda sobre el plan de Trump de abandonar Afganistán


Londres (CNN) — El contrato de matrimonio acababa de firmarse y las festividades estaban en pleno apogeo. Pero justo cuando los parientes cercanos de los recién casados salían de una habitación del piso de arriba para unirse a cientos de amigos y familiares en un salón de bodas en Kabul, alguien no invitado se adelantó. Lo que debería haber sido un momento de celebración se convirtió en una escena de carnicería inimaginable, cuando un terrorista suicida de ISIS se inmoló frente a la banda tocando en la sección de hombres del lugar.

Las autoridades dicen que al menos 63 murieron, los novios sobrevivieron, pero los familiares creen que la cifra de muertos puede ser mayor. La muerte violenta es un hecho cotidiano en Kabul, pero este ataque sorprendió a muchos con su salvajismo. “Antes de la explosión estábamos tan felices, toda nuestra familia, parientes y amigos estaban en el salón y estábamos disfrutando de la boda”, dijo a CNN Basir Jan, un hermano del novio. “Cuando ocurrió la explosión, vi los cadáveres de mis familiares y amigos. Ocho de mis amigos más cercanos murieron en la explosión. Era una escena que siempre recordaré”.

La devastación representa una tragedia personal de las familias que fueron atacadas en Kabul el fin de semana. Pero también proporcionó un telón de fondo sangriento para las etapas finales de las conversaciones de paz que se están celebrando ahora entre los talibanes y Estados Unidos.

A wedding hall is devastated after a suicide bomber targeted a ceremony in Kabul.

El principal negociador de Estados Unidos, el representante especial Zalmay Khalilzad, tuiteó poco después de que el atacante entró en la celebración: “Debemos acelerar el Proceso #AfghanPeace, incluidas las negociaciones intraafganas. El éxito aquí pondrá a los afganos en una posición mucho más fuerte para derrotar a ISIS”.

Es un tuit que se las arregla para ser sorprendentemente oportunista, defectuoso pero en gran medida preciso al mismo tiempo. Preciso, ya que un acuerdo de paz entre EE.UU. y los talibanes permitiría a ambos centrarse en ISIS, una parte relativamente pequeña pero brutal de la insurgencia que se desata en Afganistán ahora. Defectuoso, porque un acuerdo de paz no garantizaría que los talibanes no persiguieran a su principal enemigo, el Gobierno afgano primero, antes de llegar a ISIS. Oportunista, ya que el tuit también expuso la actitud de “acuerdo a toda costa” detrás de las conversaciones ahora: la masacre es un reflejo de lo mucho que ha colapsado Afganistán, no de qué tan bien podría arreglarlo el acuerdo de paz propuesto. Trump quiere salir de Afganistán, eso está claro, a pesar de decir el año pasado que ganaría. Pero, ¿qué tanto de un final sin gloria en la guerra más larga de EE.UU. está dispuesto a tolerar para que eso suceda?

Para recapitular: hace unos meses, Estados Unidos hizo una concesión clave con los talibanes, acordó dirigir conversaciones que excluían al Gobierno afgano de la mesa, algo que los insurgentes siempre quisieron.

Fuentes cercanas a las conversaciones dicen que están 99% resueltas en torno a un acuerdo entre EE.UU. y los talibanes que implicaría una reducción de las tropas estadounidenses y, lo que es más importante, un alto el fuego entre estos dos combatientes.

LEE: Trump se reunirá con funcionarios de seguridad en Afganistán a medida que aumentan las preocupaciones sobre la retirada de Estados Unidos

Ese alto el fuego no necesariamente pondría fin a la lucha entre los talibanes y las fuerzas del Gobierno afgano, solo eliminaría el poder aéreo de EE.UU. del campo de batalla. El Gobierno afgano y los talibanes comenzarían entonces conversaciones de paz separadas, dicen las fuentes. Los críticos afganos del plan temen que, a medida que esas conversaciones de paz inevitablemente tropiecen, el Gobierno de Kabul comenzará a perder territorio ante los talibanes, abandonado por Washington y con la potencia de fuego estadounidense inactiva.

Afghans carry the body of a victim of a wedding hall bombing during a mass funeral in Kabul.

Afganos cargan el cuerpo de una víctima de la masacre en una boda en un funeral masivo en Kabul.

La contranarrativa de esta sombría evaluación es triple. Primero, los talibanes saben que deben unir fuerzas con un Gobierno reconocido internacionalmente para calificar por ayuda extranjera, por lo que es poco probable que se vuelva al atavismo de la década de 1990. Además, EE. UU. eventualmente debe abandonar Afganistán de una forma u otra, o al menos reducir sus gastos allí. Y, finalmente, que la violencia ha disparado el progreso de estas conversaciones, ambas partes tratando de afirmar el dominio en el campo de batalla, y que la paz y la reducción de la violencia tienen que ser la única prioridad.

Esta conclusión es válida, pero pierde un punto: la razón por la cual Estados Unidos se fue a Afganistán en primer lugar. Al Qaeda no ha desaparecido. De hecho, cuando el antiguo líder talibán Mullah Omar murió, su sucesor, Mullah Habitullah, hizo al líder de Al Qaeda en la insurgencia afgana, Sarraj Haqqani, el comandante de sus operaciones militares. Según los informes, el hijo de Habitullah también se convirtió en un terrorista suicida en Helmand en 2017. Esto no representa una dilución moderada de los talibanes, como algunos de sus discursos quisieran sugerir. Y Al Qaeda puede estar en un momento bajo, pero todavía están en el campo. Fueron los hombres detrás del 11 de septiembre, por cierto.

Los detalles del acuerdo aparecerán la próxima semana más o menos. Parece probable que implicará una reducción en los niveles de tropas de Estados Unidos y limitará lo que Estados Unidos puede hacer en el campo de batalla, mientras que el Gobierno afgano y los que están detrás de la insurgencia hacen lo que pueden. También se enfrentará a elecciones presidenciales en Afganistán, por lo general un asunto comprometido y escaso, que serán el 28 de septiembre. Los afganos elegirán a un presidente justo cuando se ve un tambaleante acuerdo de paz.

El presidente Trump puede venderlo como un acuerdo histórico. Pero solo en los próximos meses sabremos si le da a Al Qaeda más espacio para crecer y lo que significa para los cientos de miles de afganos que lucharon por los estadounidenses y por la forma de vida que Estados Unidos les ofreció.

LEE: Trump: Podría ganar la guerra en Afganistán “en 1 semana, pero no quiero matar a 10 millones de personas”

Para los afganos, es una cuestión de vida o muerte, una propuesta mucho más seria que la que arriesga Estados Unidos: la posibilidad de que su guerra más larga termine con una traición, y la posibilidad de que el enemigo que intentaron vencer vuelva a florecer.

“Quiero paz para mi país”, dice Basir Jan, el hermano del novio del ataque de bodas. “Pero nunca lo entendemos”.

Ehsan Popalzai contribuyó reportando desde Kabul.



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