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"Crisis de violencia" en Puerto Rico: lo que se esconde tras la oleada de asesinatos a plena luz del día en la isla


Militar en las calles de Puerto Rico.

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En 2004, el gobierno de Puerto Rico decidió desplegar la Guardia Nacional contra una oleada de violencia.

A plena luz del día, una ráfaga de disparos retumba en una avenida cercana al aeropuerto.

Un hombre queda tendido en el suelo, mientras otros siguen disparando, se refugian en varios vehículos y rematan a la víctima con el motor en marcha.

Se trata de Puerto Rico y la escena, ocurrida el pasado 6 de enero y difundida por redes sociales, fue el inicio de una oleada de violencia que ha generado preocupación en la isla.

Al día siguiente de esa balacera, un conductor se acercó a dos hermanos y les disparó en mitad del día. Poco después, otro asesinato en una gasolinera era grabado por las cámaras de seguridad cuando el reloj marcaba tan solo las nueve de la mañana.

El FBI y los sindicatos de policía lo consideran una “crisis de violencia” y aseguran que son incidentes “sin precedentes”, pues habitualmente los sucesos de este tipo solían ocurrir de noche.

El gobierno, por su parte, reconoce que es una situación preocupante pero destaca que el número de homicidios ha caído considerablemente en los últimos años.

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CORTESIA DE CBS NEWS

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Las cámaras de seguridad captaron varios de los incidentes ocurridos esta semana: en esta, un hombre con la cara cubierta dispara a un conductor en una gasolinera a alrededor de las 9 de la mañana.

En las primeras semanas de 2019, en Puerto Rico se registraron 22 asesinatos -algunos de ellos captados por cámaras y ampliamente difundidos por internet-, lo que llevó a las autoridades a convocar una reunión extraordinaria y anunciar una nueva campaña contra el crimen.

La isla, que atraviesa por una crisis económica y aún se está recuperando de la devastación que dejó el huracán María, llegó a su máximo de homicidios en 2011 (1.164) y desde entonces el número ha ido cayendo hasta los 641 registrados en 2018, según datos del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico.

No obstante, la tasa de asesinatos per cápita (unos 19 por 100.000) sitúa al territorio como uno de los más peligrosos de Estados Unidos y a la par de países como México.

Calles sin policías

El violento inicio de año en Puerto Rico llevó al director del Buró Federal de Investigaciones (FBI) en la isla, Douglas Leff, a considerar que estaban frente a una “crisis de violencia”.

“Podrían mandar al FBI entero aquí y aún así estaríamos rebasados de trabajo. Esa es la situación que tenemos aquí ahora mismo”, comentó Jeff en una entrevista con la cadena estadounidense CBS.

El sargento José Marín, director ejecutivo del Sindicato de Policías Puertorriqueños, coincide al cien por cien con esa afirmación y va más allá.

“Nosotros nunca habíamos visto que los delincuentes comenzaran las balaceras durante el día frente a multitudes, se bajan de los carros y sin ningún desprecio, sin ningún miedo a ser arrestados”, señala en conversación con BBC Mundo.

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El sindicato de policías denuncia que muchos agentes están abandonando el cuerpo y que tienen dificultades para reclutar nuevos.

En línea con el FBI, Marín atribuye la mayor parte de esta violencia a grupos organizados de narcotráfico y a ajustes de cuentas entre ellos, y advierte que ahora estos grupos “se han movido a la impunidad”.

¿La razón? La falta de policías en las calles, según el representante sindical.

Marín describe una situación complicada para el cuerpo de policía: no consiguen mantener a sus agentes ni reclutar a nuevos.

Desde 2013, cuenta, el número de agentes se ha ido reduciendo poco a poco y se ha pasado de unos 18.000 a los 9.000 actuales, según sus cifras. Desde el gobierno, señalan que se pasó de unos 17.500 a 12.000.

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Instituto de Estadísticas de Puerto Rico

El director ejecutivo del sindicato de policías explica que la razón es el empeoramiento de las condiciones de trabajo, en concreto, por los cambios en el sistema de retiro o el impago de horas extra.

“Antes, un policía no tenía temor de perder su vida, porque sabía que si fallecía, su familia quedaba completamente protegida, con un retiro que podía cubrir las necesidades de sus hijos; hoy en día, se eliminó ese sistema de retiros y se envía a los policías a un retiro indigente, donde se recibe una cantidad tan ínfima que los policías no pueden sobrevivir”.

Además, explica que el devastador paso del huracán María agravó las cosas, pues muchos agentes trabajaron horas extra ayudando en las tareas de reconstrucción y con la esperanza de poder recibir una paga por ello para arreglar sus viviendas -que también habían quedado dañadas o destruidas-, pero ese cobro no llegó “hasta 6 ó 7 meses después”.

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Cómo viven los puertorriqueños que no tienen luz seis meses después del huracán María

En un principio, el secretario del Departamento de Seguridad Pública de la isla, Héctor Pesquera, descartó que existiera una crisis de violencia, pero en conversación con BBC Mundo consideró que “es algo preocupante; en ese sentido es una crisis”.

No obstante, Pesquera señaló que ello no quiere decir que “sea más peligroso que antes” e insiste en la reducción del número de homicidios.

“Sí que es preocupante, pero decir que es un sitio donde no se puede salir, eso no es cierto“.

El secretario consideró que la violencia registrada no está vinculada directamente al número de agentes, pues, en su opinión, “no es necesariamente la cantidad alta de policías la que va a reducir la incidencia criminal”.

“Estamos todos unidos para combatir el crimen (…) Sabemos que hay preocupación en la sociedad”, aseguró el gobernador de la isla, Ricardo Roselló, el pasado día 9 de enero, tras detallar un plan que incluye más inversión para la unidades policiales o pedir más recursos federales.

“Necesitamos fondos, pero estamos atravesando por una situación fiscal que no había en años anteriores y tenemos unas restricciones fiscales que no existían anteriormente”, detalló Pesquera en declaraciones a BBC Mundo.

Miedo de salir de casa

“Hay una crisis de seguridad muy grave en estos momentos”, remarca por su parte Adalberto Vega Vélez, presidente de la Central Auténtica de Trabajadores.

La crisis no solo afecta a las unidades policiales, también se está produciendo un “éxodo” en otros sectores, precisa Vega.

“La gente no se siente segura ni en sus hogares ni en sus trabajos, ni cuando salen a sitios de diversión, ni nada de eso”, comenta en declaraciones a BBC Mundo.

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La gente toma cada vez más medidas para “estar segura”, comentan desde la isla.

Estos días, Michelle Hernández Fraley, que fue superintendente de la policía de Puerto Rico en 2017 durante el paso del huracán María, realizó una dura declaración que se repite en todas las conversaciones: no sale de casa después de las seis de la tarde.

“Personalmente, en la noche, no salgo de casa. A menos de que sea una emergencia, que tenga que ir al hospital”, manifestó en una entrevista con CBS.

“El sentir de Michelle, es el mismo sentir de todo el mundo”, remarca el representante del sindicato policial.

Una crisis de “décadas”

Pese a la gravedad de los asesinatos ocurridos estas últimas semanas, para la puertorriqueña Myra Rivera, no se trata de un problema “actual” ni nada que no haya ocurrido en el pasado.

“Yo lo veo como una crisis, pero no como una crisis de ahora”, dice Rivera, que perdió a su hija de 19 años por una bala perdida hace casi dos décadas, un caso que sigue sin resolverse.

Rivera habla de un problema prolongado, “de 3 ó 4 décadas“, y cree que es hora de que se tomen medidas distintas.

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Imagen de uno de los crímenes recientes captada por cámaras de seguridad y difundida en Youtube.

Tras la muerte de su hija, fundó una organización, Alianza Para la Paz Social (Alapás), y junto a otros grupos realizaron una propuesta al gobierno basada en 7 ejes, desde planes de prevención a corregir la desigualdad social o crear un organismo con participación ciudadana.

A través de su organización, Rivera ha ayudado a otras víctimas de la violencia, sobre todo a familias en las que murió alguien por asesinato por asalto, bala perdida u otras razones.

Muchas de ellas, cuenta, decidieron abandonar el país al poco tiempo, entre una cierta sensación de impunidad por el número de casos sin esclarecer, como el de la propia Rivera.

En Puerto Rico, los asesinatos no se esclarecen”

Myra Rivera, fundadora de Alianza Para la Paz Social

“Uno se tiene que preguntar (…): ¿quién gana con todo esto; con mantener una crisis tan prolongada? Hay grupos que están fomentando que todo el mundo ande armado, como si volviéramos al viejo oeste, a ver quién dispara primero. Pero no vamos a las causas, a la desigualdad, a la falta de educación…”.

En opinión de Rivera, la crisis de fondo radica en la “condición colonial” de Puerto Rico, “estado libre asociado” de Estados Unidos: “Es un país que no puede tener sus propias decisiones”.

“Si el gobernador no controla el presupuesto, ¿cómo vamos a tomar las demás decisiones?”.

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Por qué tantas mujeres jóvenes no se identifican con el término feminista



La marcha de las Mujeres

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La marcha de las Mujeres fue convocada en Washington, D.C. el 21 de enero de 2017

En los últimos años, los movimientos feministas han atraído una atención significativa en Europa y América del Norte.

Entonces, ¿por qué tantas mujeres jóvenes dicen que no se identifican con el término?

Según una encuesta llevada a cabo en Reino Unido y en Estados Unidos, menos de una de cada cinco mujeres jóvenes se etiquetaría a sí misma como feminista.

Es una cifra sorprendente, ya que el feminismo y la defensa de los derechos de las mujeres en la búsqueda de la igualdad entre los sexos, ha centrado mucha atención últimamente.

Un día después de la investidura de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, millones de personas en todo el mundo se unieron a la Marcha de las Mujeres 2017.

Uno de los objetivos principales era defender los derechos de las mujeres, que muchos sentían amenazados.

Otro momento clave fue cuando más de 80 mujeres denunciaron por acoso sexual al productor de cine Harvey Weinstein, alegaciones que él niega.

#MeToo y otros

Los movimientos online también han ganado notoriedad.

La actriz Alyssa Milano sugirió que cualquier persona que haya sido “acosada o agredida sexualmente” debía responder a su tweet poniendo “#MeToo”, resucitando un movimiento iniciado por la activista Tarana Burke en 2006.

Medio millón de personas respondieron en las primeras 24 horas y el hashtag se ha utilizado en más de 80 países.

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La presentadora británica Jameela Jamil aboga por desarrollar una actitud positiva hacia el cuerpo

Muchas otras celebridades han abrazado públicamente el feminismo, incluidas las actrices Emma Watson, que lanzó una campaña de igualdad junto con Naciones Unidas, o la presentadora británica Jameela Jamil.

Movimientos como #sexismodiario y la célebre charla en Ted de la escritora Chimamanda Ngozi Adichie, “Todos debemos ser feministas”, también han sintonizado con millones de personas.

Rechazo al feminismo

Todos estos eventos han ayudado a atraer atención sobre el feminismo.

Así que puede ser sorprendente que la identidad “feminista” no haya ganado más popularidad entre las mujeres jóvenes de occidente.

En Reino Unido solo ha habido un pequeño aumento en el número de mujeres que se identifican como feministas.

Una encuesta de YouGov en 2018 reveló que el 34% de las mujeres en Reino Unido respondieron “sí” cuando se les preguntó si eran feministas, en comparación con el 27% de 2013.

Es más o menos lo que ocurre en el resto de Europa: menos de la mitad de los hombres y mujeres encuestados en cinco países están de acuerdo en que son feministas. Pero las diferencias entre los países fueron notorias.

Mientras el 8% de los encuestados en Alemania se reconocía feminista, en Suecia esa cifra llegó hasta el 40%.

Sin embargo, las personas no parecen rechazar el término feminismo porque estén en contra de la igualdad de género o porque crean que se ha logrado.

El mismo estudio reveló que ocho de cada 10 personas creía que los hombres y las mujeres deben ser tratados de igual manera en todos los aspectos, y muchos estaban de acuerdo en que el sexismo sigue siendo un problema.

Esto supone una transformación en la actitud.

Otro estudio, que involucró a 27.000 personas en EE.UU., reveló que dos tercios creían en la igualdad de género en 2016, en comparación con un cuarto que lo hacía en 1977.

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La charla en Ted de la escritora Chimamanda Ngozi Adichie, “Todos debemos ser feministas”, acumula más de 6 millones de visitas.

Y en una encuesta de 2017 en Reino Unido, el 8% dijo que estaba de acuerdo con los roles tradicionales de género: que un hombre debería ganar dinero y una mujer debería quedarse en casa, en comparación con el 43% de los encuestados que pensaba así en 1984.

Si muchos creen que la igualdad de género es importante y que aún no se ha llegado a ese nivel, ¿por qué relativamente pocas personas, incluidas las mujeres jóvenes, se identifican como feministas?

Es probable que crean que el término no le representa.

El sondeo sugiere que el término feminista no atrae a las mujeres de clase trabajadora.

Sí a la igualdad

Casi una de cada tres personas calificadas como ABC1, es decir, aquellas con trabajos gerenciales, administrativos o profesionales, se identifica con el término feminista en una encuesta de 2018.

Sin embargo esto pasa solo en una de cada cinco personas C2DE, aquellas que tienen un trabajo manual, están jubilados o son trabajadores ocasionales o desempleados.

Pero en conjunto, ocho de cada 10 personas de ambos grupos, creen que hombres y mujeres deben ser iguales en todos los aspectos, según una encuesta de 2015.

Esto puede sugerir que los grupos de personas con bajos ingresos respaldan la igualdad que sustenta la idea del feminismo, pero no están interesados en la palabra en sí.

Y no solo eso. El grupo étnicopuede determinar la visión sobre el feminismo.

Un estudio sobre la opinión de los millennials estadounidenses encontró que el 12% de las mujeres hispanas, el 21% de las mujeres afroestadounidenses, el 23% de las mujeres asiáticas y el 26% de las mujeres blancas se identifican como feministas.

Tres cuartas partes de todas las mujeres encuestadas dijeron que el movimiento feminista ha hecho “mucho” o “algo” para mejorar la vida de las mujeres blancas.

Sin embargo, solo el 60% dijo que había logrado mucho para las mujeres de otras etnias, un sentimiento compartido por el 46% de las mujeres afroamericanas.

Luchando contra estereotipos

Otro obstáculo pueden ser algunos de los estereotipos y conceptos erróneos asociados con el feminismo.

En su introducción en el libro recientemente publicado “Las feministas no visten de rosa y otras mentiras” (Feminists Don’t Wear Pink and Other Lies), la curadora Scarlett Curtis se refiere al estereotipo de que las feministas no usan maquillaje, se afeitan las piernas o les gustan los niños.

Estos estereotipos han persistido a lo largo de los siglos. En la década de 1920, a las feministas solían llamarlas “solteronas” y abundaban las especulaciones sobre sus preferencias sexuales.

Casi un siglo después, estos puntos de vista siguen siendo predominantes.

Tras entrevistar a un grupo diverso de mujeres jóvenes alemanas y británicas para mi artículo, encontré que la asociación del término “feminismo” con el odio a los hombres, el lesbianismo o la falta de feminidad eran factores clave en el rechazo a la etiqueta “feminista”.

La mayoría dijo que no querían llamarse feministas porque temían que les asociaran con estos rasgos.

Y eso a pesar de que muchas dejaron claro que no eran homófobas y algunas incluso se identificaron como lesbianas o bisexuales.

Entonces, ¿cómo podría mejorar la imagen del feminismo?

Podría decirse que, como sociedad, deberíamos hacer más para cuestionar lo que se espera de cómo deben verse y actuar las mujeres.

Trabajar para hacer que este movimiento sea más inclusivo podría significar que el feminismo represente las experiencias y preocupaciones de diversos grupos de mujeres.

Sin embargo, cualquiera que sea la etiqueta que las mujeres decidan adoptar, la indicación de que la gran mayoría de las personas ahora apoya la igualdad, y reconoce que aún no se ha logrado, es alentadora.

*Sobre esta pieza

Esta pieza de análisis fue encargada por la BBC a una experta que trabaja para una organización externa.

La doctora Christina Scharff es una profesora de Cultura, Medios e Industrias creativas del King’s College de Londres.

Texto editado por Eleanor Lawrie.

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Jussie Smollett: abogados del actor niegan que él participara en su propio ataque "homofóbico y racista"


Jussie Smollett en 2017

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EPA/FACUNDO ARRIZABALAGA

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Jussie Smollett es uno de los protagonistas de la serie televisiva Empire.

Los abogados del actor estadounidense Jussie Smollett han negado que él tuviera cualquier participación en el ataque del que fue víctima el mes pasado, el cual fue perpetrado, según su testimonio, por dos hombres blancos.

El pronunciamiento se produce después de que medios estadounidenses citaran fuentes que aseguran que la policía cree que él podría haberle pagado a dos hermanos nigerianos para realizar el ataque ocurrido el 29 de enero.

Los hermanos, que trabajaron como extras en la producción Empire, la serie en la que Smollett actuó, han sido interrogados por la policía de Chicago.

La policía sólo ha dicho que “la trayectoria de la investigación” ha cambiado.

¿Qué dijeron los abogados?

“Jussie Smollett está molesto y devastado por los recientes reportes de que los perpetradores son individuos que él conoce”, señalaron en un comunicado Todd Pugh y Victor Henderson.

“Ahora él ha sido más victimizado por las acusaciones atribuidas a estos supuestos perpetradores de que Jussie jugó un rol en su propio ataque. Nada puede estar más lejos de la verdad y cualquier persona que diga lo contrario está mintiendo”.

Uno de los hermanos es el entrenador personal de Smollett y los abogados dijeron que es “imposible creer que esta persona pudiera haber desempeñado un rol en el crimen en contra de Jussie o que afirmara falsamente que hubo complicidad de Jussie”.

¿Y la policía?

Las autoridades interrogaron a los dos hermanos, Ola y Abel Osundairo, la semana pasada y se informó que aún cooperan con la investigación.

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Policía de Chicago

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La policía de Chicago difundió esta imagen de CCTV de dos “personas de interés” en el caso.

Los hermanos habían salido de Estados Unidos después del ataque denunciado por Smollett y fueron arrestados a su regreso, el miércoles.

El viernes fueron dejados en libertad sin cargos.

Fuentes policiales citadas por medios estadounidenses dijeron que los hermanos compraron una cuerda que fue usada en el supuesto ataque en una ferretería cercana.

El sábado, el vocero de la policía de Chicago, Anthony Guglielmi, indicó: “Podemos confirmar que la información recibida de individuos interrogados por la policía en la investigación del caso Empire ha, de hecho, cambiado la trayectoria de la investigación”.

“Hemos contactado al abogado del actor de Empire para solicitar una entrevista de seguimiento“, añadió el funcionario.

Dos días antes, el jueves, Guglielmi había negado un informe de prensa que apuntaba a que detectives estaban investigando si Smollett había organizado el ataque. De acuerdo con el vocero de la policía hasta ese momento no había “evidencia para decir que esto es un engaño”, reportó la agencia de noticias Reuters.

Ola y Abel Osundairo participaron como extras de la producción Empire, la cual se trata sobre un magnate del hip-hop y su familia.

En una publicación en Instagram, Ola Osundairo (derecha) es visto junto al creador de la serie Lee Daniels (en el centro).

¿Qué dijo Smollet del ataque?

El actor indicó que dos hombres blancos le gritaban insultos raciales y homofóbicos mientras lo golpeaban, le lanzaban una sustancia química y le ponían una cuerda alrededor del cuello.

“Este es el país Maga”, asegura que le dijeron, refiriéndose al slogan del presidente de Estados Unidos, Donald Trump: Make America Great Again (“Hagamos Estados Unidos grande de nuevo”).

El actor indicó que el ataque lo “cambió para siempre”.

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Los conflictos violentos por recursos (como el agua) que ya está creando el cambio climático


Puesta de sol

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Mali se mueve de extremo a extremo: de la sequía a las inundaciones.

Todo en Mami rezuma agotamiento. Sus redondos y marrones ojos están llenos de tristeza y su cuerpo palpita de dolor.

“Primero, atacaron grupos armados” explica con una voz cansada, sentada en un tapete de plástico con sus cinco hijos pequeños acurrucados junto a ella, en la legendaria ciudad maliense de Tombuctú, otrora una gran capital cultural.

“Luego vino la lluvia, e hizo el resto”.

Las peores lluvias en 50 años en el norte de Mali se llevaron por delante toda su cosecha.

Esas lluvias se filtraron a través de las grietas en su casa de barro, causadas por una explosión en el ataque de un grupo armado.

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Mami perdió toda su cosecha en las peores lluvias en Mali en 50 años.

Las grietas se ven por todas partes en una tierra frágil ahora doblemente maldita por el conflicto y el cambio climático.

Se prevé que el aumento de las temperaturas en el Sahel sea 1,5 veces mayor que el promedio mundial, según Naciones Unidas.

“No ha estado en nuestro radar”, admitió Peter Maurer, presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

“Con frecuencia ponemos la mira en las armas y los actores armados, y quizás en el subdesarrollo, pero ahora vemos que el cambio climático está provocando conflictos entre las comunidades y este es un tipo diferente de violencia”.

La región más vulnerable

Mali tiene una importante misión de mantenimiento de la paz de la ONU, así como una fuerza multinacional antiterrorista para combatir la creciente amenaza de grupos extremistas en todo el Sahel, vinculados a Al Qaeda y al Estado Islámico.

Según informes, el año pasado se registró el mayor número de muertos por violencia contra civiles desde la crisis de 2012, cuando grupos islámicos ocuparon las principales ciudades del norte de Mali, incluida Tombuctú.

Pero detrás de la violencia, se avecina otra tormenta.

La región del Sahel -que incluye a Mali, Níger, Burkina Faso, Chad y Mauritania- comprende algunos de los Estados más pobres y frágiles del mundo, y está considerada como la más vulnerable al cambio climático.

En una visita al norte de Mali con el CICR, fue alarmante ver cómo las consecuencias del cambio climático se entrelazan con lo que ya siempre ha sido una dura existencia en el borde del desierto del Sahara.

“La fragilidad de Mali te mira fijamente a la cara”, señala Maurer, mientras estamos, rodeados por una multitud, en un campamento abarrotado para familias que huyen de la inseguridad y el hambre en comunidades del norte de Mali.

“Toda la atención de la comunidad internacional está en conflictos altamente visibles en Siria, Irak y Yemen, pero la fragilidad aquí dura décadas”.

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Los decrecientes niveles de agua están creando tensiones entre pastores y agricultores.

Mali ahora se tambalea entre sequías e inundaciones. Ambas son cada vez más duraderas y causan un enorme daño en los cultivos y ganado.

Y eso significa que los agricultores y pastores nómadas, de diferentes grupos étnicos, se están enfrentando por unos recursos menguantes.

“Siempre ha habido pequeños enfrentamientos entre ganaderos y agricultores, pero los niveles de agua están disminuyendo y eso está generando mucha tensión”, explica Hammadoun Cisse, un pastor que encabeza un comité de reconciliación que intenta mediar entre las comunidades.

Y los grupos islamistas están echando más gasolina al fuego.

“Vienen como protectores de comunidades y luego intentan imponernos su forma de vida”, explica Cisse.

“Nosotros no aceptamos este tipo de cultura islámica con ideas yihadistas, así que esto crea otro conflicto”.

Cada historia que oímos en el norte de Mali fue una de múltiples amenazas y todas terriblemente enredadas.

Una dura existencia, en números

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  • Las temperaturas en el Sahel han aumentado casi 1ºC desde 1970, según el Instituto Internacional para el Desarrollo Sustentable.
  • Se prevé que el aumento de las temperaturas en la región sea 1,5 veces mayor que la media global, dice la ONU
  • Aproximadamente el 80% de la tierra cultivable del Sahel está afectada por la degradación, incluida la erosión del suelo y la deforestación, estima la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

“Perdimos todo nuestro ganado en la sequía de los 70 y tuvimos que cambiarnos de ciudad”, dice Rabiatou Aguissa, mientras se agacha en un taburete de plástico en un complejo de paredes polvorientas en Tombuctú.

Madre de ocho niños, ella también perdió a su marido.

Su hermano pequeño se unió a un grupo armado y él estaba tan molesto que murió del trauma“, cuenta, mientras reajusta la tela alrededor de su cabeza.

Junto a ella, hay otro recordatorio de una vida en pequeños pedazos.

Paquetes del tamaño de un pulgar de sal, cebollas, pescado seco y tomates se ensamblan en una pequeña bandeja de metal, lista para la venta en la carretera.

Dos agujas de tejer sobresalen de la bandeja, otra herramienta para tratar de llegar a fin de mes.

Una población creciente y cada vez más frágil

En su estrecho recinto amurallado, y en todos los lugares a los que fuimos, los grupos de niños risueños son otra señal de lo que nos espera.

La población en el Sahel se dobla cada 20 años, y cada generación es más frágil que la anterior.

El Banco Mundial considera que esta región se está quedando atrás en la batalla contra la pobreza.

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Los grupos armados recluyan a jóvenes pastores cuyos animales murieron.

Nos reunimos con Younoussa, de 17 años, en el Centro para el Tránsito y la Reorientación en Gao, un lugar de rehabilitación para jóvenes que fueron reclutados a la fuerza por grupos armados.

Casi 50 jóvenes, entre 13 y 17 años, se disponen a desayunar cuando llegamos.

Younoussa nos cuenta que se convirtió en pastor a los 13 años, pero muchos otros niños comienzan a atender a los rebaños desde los 9 o 10 años. Como muchos jóvenes malienses, nunca fue a la escuela, solo a clases de Corán.

Nos dice que la inseguridad obligó a su familia a huir de su casa, pero él se quedó para vigilar su ganado.

“Pero no llovía, y los animales no tenían nada para comer. Murieron, uno tras otro”.

“Para sobrevivir, no tuve otra opción que unirme a un grupo armado”, nos dice.

Nos detalla cómo ganaba el equivalente a US$3 por mes, trabajando en la cocina y en puestos de control.

La mayoría de estos jóvenes no quieren admitir si combatieron o no.

“No quiero estar con un grupo armado”, dice Younoussa, visiblemente triste. “Quiero estar con mi familia otra vez y conseguir un trabajo”.

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Los agricultores tienen que pensar más allá de su propia familia.

Esta peligrosa mezcla de factores en Mali puede parecer abrumadora, pero hay destellos de esperanza.

Como casi todos los malienses tienen que vivir de la tierra, ahí es donde tiene que empezar la lucha.

“Los agricultores no están solos”, dice Sossou Geraud Houndonougho, quien trabaja en agua y saneamiento para el CICR en la ciudad de Mopti.

“Tenemos que enseñarles no solo a plantar su propio jardín para su familia, sino a trabajar juntos para plantar un bosque para su comunidad, para su futuro”, explica.

Y el medidor, Cisse, hace una petición de diálogo: “Debemos sentarnos y hablar, y ver qué podemos hacer, no con armas sino con el diálogo, para reducir las diferencias entre nosotros”.

“Vemos ejemplos prometedores, a nivel local, que nos muestran que la paz es posible y que hay mucha energía para responder al cambio climático”, considera Maurer del CICR. “Pero está claro que no lo superarán a menos que haya un apoyo de la comunidad internacional que vaya más allá de la seguridad”.

Y el mensaje es claro desde Mali: el tiempo se está acabando.

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