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Doce dirigentes del ‘procés’ secesionista, ante el Supremo



Llegó el día. El exvicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras y otros 11 líderes independentistas catalanes se sientan este martes en el banquillo del Tribunal Supremo acusados de promover y ejecutar el pulso al Estado que culminó en la consulta secesionista ilegal del 1 de octubre de 2017 y la posterior declaración unilateral de independencia. La vista marcará la agenda política de los próximos tiempos. Desde la primera sesión: el día que arranca el juicio, el Congreso inicia el debate de los presupuestos, donde el voto de los partidos independentistas determinará el futuro de la legislatura. Las consencuencias políticas van más allá de España. Con la UE a la espera de una sentencia clave para la estabilidad territorial de uno de sus países más relevantes, la vista será íntegramente retransmitida por televisión, en un esfuerzo inédito del Supremo por exhibir las garantías de un proceso que el independentismo cuestiona desde el primer día.

Han pasado casi 15 meses y medio desde que, el 31 de octubre de 2017, la Fiscalía General del Estado se querelló por rebelión contra el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont y los 13 consejeros de su último Govern, la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, y cinco miembros de la Mesa de la Cámara. En este tiempo, en la causa judicial y la política española han ocurrido cosas que nadie sospechaba: la muerte de José Manuel Maza, el fiscal general del Estado que promovió la querella, apenas 20 días después de registrarla; el fracaso de las órdenes europeas e internacionales de detención dictadas contra siete líderes independentistas, entre ellos el expresident Puigdemont, que huyeron del país y pusieron contra las cuerdas a la justicia española, y, sobre todo, una moción de censura que fulminó al Gobierno de Mariano Rajoy y llevó a la presidencia a Pedro Sánchez.

Pese a estos episodios, el guion judicial ha seguido su curso para llegar hasta este miércoles casi idéntico a como lo escribió el fiscal general: los líderes independentistas serán juzgados por rebelión, un delito que castiga a quienes se levanten “violenta y públicamente” para, entre otros objetivos, “derogar, suspender o modificar total o parcialmente la Constitución” o “declarar la independencia de una parte del territorio nacional”. El juicio se celebrará en Madrid, bajo la batuta del más alto órgano jurisdiccional del Estado. Y, como defendió la Fiscalía desde el inicio de la causa, los nueve procesados por este delito están en prisión preventiva y los que ocupaban cargo político han sido suspendidos de sus funciones.

Ese relato que la Fiscalía ya esbozó en su querella y que en la instrucción de la causa se ha ido apuntalando sitúa a los 12 acusados a la cabeza del procés. Y el procés, a juicio del ministerio público, es un plan, “una estrategia perfectamente planificada, concertada y organizada” con un único objetivo: fracturar el orden constitucional para conseguir la independencia de Cataluña. Esa estrategia, siempre según el ministerio público, se basaba en la actuación sincronizada de la las instituciones catalanas —Govern y Parlament—, los partidos independentistas y las entidades sociales soberanistas (Assemblea Nacional de Catalunya y Òmnium Cultural, fundamentalmente).

La respuesta política al desafío independentista fue la activación del artículo 155 de la Constitucion, por el que el Gobierno central tomó el control de la Generalitat. La respuesta judicial fue aquella querella de la Fiscalía que llega ahora a juicio. Todos los acusados lo están por “dirigir, promover y/o participar activamente” en la ejecución de este proyecto, aunque los autores intelectuales son Junqueras, Forcadell y los presidentes de ANC y Òmnium (Jordi Sànchez y Jordi Cuixart). También Puigdemont, pero el expresident se libró del juicio tras fugarse a Bélgica unas horas antes de que el ministerio público presentara la querella.

Los cuatro acusados para los que se piden las penas más altas (25 años de cárcel para Junqueras; 17 para Forcadell, Sànchez y Cuixart) controlaban, según la Fiscalía, los tres motores de la rebelión: ejecutivo, parlamentario y social. En el siguiente escalón de responsabilidad sitúa a los otros cinco exconsejeros encarcelados (Joaquim Forn, Jordi Turull y Josep Rull, del PDeCAT, y Raül Romeva y Dolors Bassa, de ERC). Para ellos la petición es inferior: 16 años de cárcel. La Fiscalía rebaja la acusación de los tres únicos procesados en libertad provisional (los exconsejeros Carles Mundó, Meritxell Borràs y Santi Vila). No les atribuye rebelión sino desobediencia (un delito que no acarrea penas de cárcel), pero pide para ellos siete años de prisión por malversación.

A la acusación de la Fiscalía se suman las de la Abogacía del Estado y de Vox, única acusación popular. El relato de ambos sobre el pulso al Estado coincide en lo esencial con el del ministerio público, pero cada uno les otorga una calificación jurídica distinta, un dato que anticipa un debate jurídico muy abierto.

Lo que para la Fiscalía es rebelión, para la Abogacía del Estado —dependiente del Gobierno— es sedición, delito que persigue a los que se alcen “pública y tumultuariamente” para impedir la aplicación de las leyes o el ejercicio de funciones de cualquier autoridad. Cuando esa calificación se presentó , en noviembre pasado, se interpretó como un gesto de Pedro Sánchez a los partidos independentistas que apoyaron su moción de censura. Ese cambio se traduce en una rebaja en la petición de penas: 12 años de cárcel para Junqueras, y entre 11 y siete para el resto.

El papel del Vox

Vox, que en sus intervenciones se refiere a los líderes independentistas como “golpistas”, no ve solo un delito de rebelión, sino dos. E introduce otro que ni las otras acusaciones ni el Supremo citan: organización criminal. Como resultado, la petición de penas se dispara: 74 años de cárcel para Junqueras y los otros cinco exconsejeros encarcelados; 62 para Forcadell, Sànchez y Cuixart y 24 para Borràs, Mundó y Vila.

El tribunal ha considerado que existen indicios para juzgar a los dirigentes independentistas por rebelión. Pero, a partir de este miércoles, son las acusaciones las que tienen que probar que se dieron los requisitos que exige ese delito, especialmente la violencia. Ahí jugarán un papel esencial los peritos, las pruebas y las comparecencias de los más de 500 testigos citados por el Supremo, entre ellos el expresidente Rajoy, el lehendakari Iñigo Urkullu y la alcaldesa Ada Colau.

La larga lista de testimonios y pruebas juega en contra de la agenda con la que trabaja el tribunal, que pretende acabar el juicio antes de la campaña de las elecciones del 26 de mayo. De momento, la intención es celebrar sesiones los martes, miércoles y jueves, por la mañana y por la tarde. Si se acerca mayo y el calendario resulta imposible de cumplir, la sala está decidida a ocupar también los lunes, los viernes e incluso la mañana de los sábados. Parar el juicio durante la campaña no es una opción, según fuentes del tribunal, porque hay presos preventivos. Pero la idea de ver carteles electorales con candidatos que están siendo juzgados en una vista retransmitida por televisión provoca el mismo rechazo entre la mayoría de magistrados.

La vista empezará abordando las cuestiones previas planteadas por las defensas. Una fase que el tribunal aspira a solventar en una o dos sesiones, para dar paso a la siguiente: los interrogatorios a los acusados. Será la primera vez que comparezcan ante los siete magistrados que les van a juzgar, presididos por Manuel Marchena. Quedan por ver detalles menores pero con una formidable carga política: dónde se sentarán los acusados y si testifican en catalán. Pero el alcance de la vista, en su primer día, va más allá de lo judicial: la presencia del president Quim Torra, las protestas en los alrededores del tribunal y el debate de los presupuestos en el Congreso. La legislatura está en juego a kilómetro y medio del Supremo.



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EL PAÍS

Nairo Quintana, el orgullo de Colombia hecho ciclista



La subida al Alto de Las Palmas es una autopista que se eleva hasta los 2.435 metros, y sobre ella vuela Nairo Quintana, solo, aclamado en apoteosis. Cruza la línea de meta. Levanta los brazos. Y Carlos Vives canta su himno al ciclismo. Y en los corazones de un público apasionado y loco suena el verso, “el halcón montañero que sube ligero”, y Nairo deja por unos segundos de ser el León de Tunja para personificar él solo todo el inmenso orgullo nacional en su cuerpecito de campesino de Boyacá que no para de recorrer Colombia en bicicleta buscando siempre sus raíces, mezclarse con la vida.

Ser campeón ciclista es algo que colmaría de felicidad a muchos; ser campeón ciclista en Colombia es quizás una de las máximas aspiraciones que cualquiera pueda tener en su vida.

Por detrás, los hijos de Nairo se disputan la victoria de la general del Tour Colombia, que se lleva Superman López por delante de Iván Sosa. Todo se decidió por 4s. Ambos suspiran aliviados. Ambos están vivos. La batalla que libraron para llegar hasta allí así había sido tan brutal, y a veces dramática, que durante muchos kilómetros de la subida ninguno de los dos tuvo nunca nada seguro.

Antes de que llegaran los profesionales, en el escenario el alcalde Medellín premia a los mejores de la marcha multitudinaria en bicicleta que ha convertido la meta en un extravío y una fiesta. “El ciclismo es la medida de las cosas buenas”, dice el ganador proclamado, quien renuncia a su trofeo porque, añade, otro compañero llegó antes que él pero había cometido un error de inscripción y no figuraba en la lista. Y le llama al otro al estrado para que el alcalde le cuelgue la medalla como Superman recibirá más tarde el maillot naranja de campeón y el trofeo de campeón, hermoso como el Poporo Quimbaya, la joya precolombina del recipiente usado para masticar hojas de coca, y Carlos Vives le celebrará cantándole en el podio.

Superman, a quien aclama hasta Nairoman, hecho carne y hueso en el cuerpo rotundo de un de Nairo que se ha hecho un traje de superhéroe que a todos liberará con los colores de la bandera colombiana –capa amarilla, cuerpo y brazos rojo, pecho azul y una N gigantesca–, ha ganado por arrojo y osadía, y por la frialdad de pistard con la que sometió al más joven Sosa en un surplace alucinante de escaladores en el Peñasco, la parte final, la curva más dura de la subida, casi al 10%.

Froome, que había sudado tirando del pelotón, gregario generoso, al comienzo de la subida, ya se había apartado. El proceso de destilación de esfuerzos y tácticas que le sucedió durante casi 10 kilómetros de ascensión dejó como producto puro un cuarteto que asciende en estado de flow, en casi éxtasis espiritual, aislado del ruido y del alboroto de espectadores ebrios que corren y tropiezan a su alrededor: Egan y su jefe, Sosa, López y Nairo. “Íbamos concentrados, toda nuestra energía al 100% invertida en cada mínimo detalle”, cuenta Nairo, que, junto a Egan abandonó súbito y sobresaltado su mundo interior cuando un espectador de tantos empujó a otro que trastabilló y cayó sobre el cuarteto. El drama multiplicó las emociones. Sosa y Nairo pusieron pie a tierra y quedaron descolgados. Justo entonces ya había empezado a acelerar Superman, el más fuerte y decidido. Bernal se fue con él, pero se frenó para esperar a Sosa, el único del Sky que podía ganar la general, y ayudarlo a remontar. Y, quizás a su pesar, Superman se quedó solo. Sosa se recuperó y se acercó a toda velocidad. López le esperó. Sosa dudó. ¿Le paso? ¿No le paso? ¿Me quedo a rueda? Superman no le dio opción. Se paró como un sprinter en el velódromo. Obligó a frenar a Sosa. El primero que arrancara ganaría. A los dos les pasó Nairo, lo que no les preocupó, porque no era un peligro para la general. Le dejaron ir. Solo les interesaba el triunfo final, que se jugarían en su cuerpo a cuerpo. Quedaba menos de un kilómetro para la meta, que cruzaron finalmente pegados, unos metros después del aclamado Nairo.

Apoyado en una verja, Parlante Agudelo lo contempla todo entre despistado y sorprendido. Lleva recorridas con su enorme moto rosa decenas de Vueltas a Colombia repartiendo caramañolas con líquido a los ciclistas desde los tiempos más heroicos, y lo sabe todo y lo ha visto todo y lo ha vivido, pero el sábado, el comisario de la UCI no apreció su estilo, su forma de hacer las cosas y le expulsó de carrera mientras permitía escandalosamente que el coche del Sky remolcara a su rebufo a Froome al pelotón tras haberse cortado.

Lo antiguo ya no vale. Parlante, un mito, vive su crepúsculo, como ya lo vivieron los pistoleros del Far West. La modernidad exige otras cosas, como bien sabe Dave Brailsford, el jefe del Sky que habla con el presidente Iván Duque y con el responsable del deporte en Colombia y los presidentes de Ecopetrol y Postobón, la principal empresa pública y la gran empresa privada. A todos les calienta la oreja. El futuro del ciclismo es Colombia, les dice. Sois casi los mejores, solo un pequeño paso os separa de ser los número uno del mundo. Ya sabéis, ¿eh? Si necesitáis ayuda, ya sabéis dónde estoy. Y les vende un plan A, un plan B, un plan C. Ideas que valen 10, 20, 30 millones de euros para que su equipo no se seque, para que Colombia triunfe. Para que los mejores talentos del futuro colombiano, como el magnífico Jhojan García, de Fusa como Lucho, y del Postobón que forja día a día Saldarriaga, y séptimo en Las Palmas, sigan siendo, como Nairo, el orgullo de Colombia.

Sin renunciar a la imagen antigua de un campesino en bicicleta, el lunes Nairo emprendará el regreso a pedalazos de Medellín a Tunja, parando en los pueblos para ser abrazado por la gente. Y les pregunatará, ¿qué se come aquí?



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EL PAÍS

Tensiones entre Israel y Polonia por el Holocausto



Israel y Polonia se han embarrado en una nueva crisis diplomática, que ha llevado al primer ministro polaco Mateusz Morawiecki a cancelar este domingo una visita a Jerusalén para participar en una cumbre con varios países europeos. El motivo de este rifirrafe son unas declaraciones que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, realizó sobre la colaboración de polacos con los nazis en el Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial.

El papel de los ciudadanos polacos durante el Holocausto es un asunto de máxima sensibilidad para los dos países, que ya ha provocado agrias discusiones entre Israel y Polonia, sobre todo después de que Gobierno ultraconservador de Ley y Justicia (PiS) aprobase hace un año una ley que convertía en delito realizar declaraciones similares a las que pronunció Netanyahu.

El primer ministro israelí participó esta semana en una cumbre en Varsovia sobre Oriente Próximo y allí, según la prensa de su país, sostuvo que “polacos cooperaron con los alemanes” en el exterminio de judíos. Sus portavoces aclararon posteriormente que Netanyahu no hablaba de la nación polaca, ni de todos los polacos y que se refería solo a casos individuales.

Aun así, el Gobierno polaco convocó al embajador israelí para pedir explicaciones y Morawiecki suspendió su asistencia a una cumbre que reúne esta semana en Jerusalén a los representantes del grupo de Visegrado (República Checa, Polonia, Hungría y Eslovaquia). Asistiría en su lugar el ministro de Exteriores, Jacek Czaputowicz. La portavoz del Gobierno, Joanna Kopcinska, señaló para justificar la cancelación: “Las cuestiones sobre la verdad histórica y el sacrificio que Polonia padeció durante la Segunda Guerra Mundial tienen una importancia fundamental para nuestro país”.

La aprobación en febrero de 2018 de una ley que penaba con hasta tres años de cárcel sostener que los polacos colaboraron con los nazis o hablar de “campos de exterminio polacos” para referirse a los campos como Auschwitz, que los nazis construyeron en la Polonia ocupada, provocó también tensiones entre los dos países. Estados Unidos, entre otros Estados, y expertos en el Holocausto de todo el mundo se sumaron a las protestas contra la ley polaca. Las presiones hicieron su efecto, porque en junio se retiraron las penas de cárcel, aunque se mantuvieron las multas.

La Segunda Guerra Mundial es un tema extraordinariamente sensible en Polonia. El país fue invadido y arrasado por los nazis y los soviéticos, que exterminaron a cientos de miles de polacos. Los alemanes instalaron en la Polonia ocupada los seis campos de exterminio que crearon durante el Holocausto y los polacos no tuvieron nada que ver con ellos. De hecho, Auschwitz fue primero destinado a asesinar polacos. El Gobierno polaco en el exilio denunció su existencia, aunque no fue escuchado por los aliados. Además, pese a que estaba penado con la muerte, muchos polacos ayudaron y escondieron a judíos durante la Shoah.

Pero esa historia tiene también otra cara. Polonia contaba con la mayor población judía de Europa y unos tres millones de judíos polacos fueron asesinados durante la Shoah (el 90%). La milenaria cultura judía polaca fue borrada del mapa. Impulsados por un arraigado antisemitismo, muchos polacos permanecieron indiferentes, cuando no denunciaron y entregaron a sus vecinos judíos a los nazis. La apertura de los archivos tras la caída del comunismo ha permitido a historiadores de primera fila, como Jan T. Gross, Havi Dreifuss, Jan Grabowski, Barbara Engelking, Timothy Snyder o Keith Lowe, documentar persecuciones de judíos por parte de polacos y pogromos durante el conflicto, sin la participación de los nazis, y también una vez terminada la guerra y la ocupación.

La narración de esta parte de la historia provoca un profundo rechazo por parte del Gobierno ultraconservador y nacionalista polaco. De hecho, numerosos representantes oficiales fueron tremendamente críticos con el filme Ida, con el que Polonia ganó el Oscar a la mejor película extranjera en 2015, porque relata el asesinato de una familia judía por parte de sus vecinos polacos.



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EL PAÍS

El victorioso paseo de Messi



En una frase ácida y que recordaba a la bravuconada del afamado entrenador Bill Shankly –“Esta ciudad tiene dos grandes equipos: el Liverpool y el filial del Liverpool”, dijo para irritar a los del Everton a mediados de los 60-, Jorge Valdano definió la capitalidad del 10 del Barça en el planeta fútbol. “El mejor es Messi. Y el segundo, es Messi lesionado”, soltó. Pero lo que es una evidente exageración, quizá se arrima un poco a la realidad.

Ante el Valladolid, por ejemplo, La Pulga jugó a medio gas, todavía en busca del ritmo que perdió antes de sufrir una fuerte contractura en el abductor) frente al Valencia. Y, por más que no le salieron las cosas, con más pérdidas que pases que descontaran líneas de presión, fue el único que hizo jugar a sus compañeros, que absorbió por definición a dos defensores a cada vez que tocaba el esférico y, sobre todo, que generó peligro. También, claro, hizo su gol de rigor porque suma 22 dianas en los 22 encuentros de LaLiga que ha disputado, Pichichi incontestable, 11 temporadas consecutivas totalizando más de 31 tantos, líder de un equipo que después del partido pesadilla del sábado almorzó el domingo con un colchón de nueve puntos sobre el Madrid, derrotado en el Bernabéu por el Girona.

No es un secreto que Messi gestiona sus esfuerzos. “Corro por él porque se lo ha ganado”, explicaba Rakitic. “Prefiero tener que tapar yo los huecos que deje en defensa para que luego en ataque esté fresco porque no hay nada igual”, señalaba Sergi Roberto. Generosidad, en cualquier caso, interesada porque todos en el Barça saben que el balón debe pasar por Leo, la frontera exigida que convierte melones en pelotas, que reparte caramelos y define los goles. Y eso es lo que hace siempre con el Barça, que se articula a su alrededor. “Cuanto más juguemos para Messi, mejor”, llegó a decir Valverde en una rueda de prensa del curso anterior, cuando asumía las riendas del equipo. Cosa que hizo el equipo frente al Valladolid, por más que el 10 jugara al paso.

No es una novedad que Messi dispute todo un partido caminando. En el clásico de diciembre de 2017, por ejemplo, se pasó el 83% del tiempo caminando sobre el césped de Chamartín y participó en los tres goles del equipo sobre el Madrid, hizo bailar a los rivales y trazó más del doble de regates (6) que todo el rival junto (2). Guardiola, que entendió su juego como sus silencios, lo aclaró: “Messi se pasa el partido caminando, radiografiando la situación a cada instante. Es el jugador que menos corre de LaLiga. Ahora bien, cuando le llega la pelota tiene la radiografía completa del espacio/tiempo. Sabe dónde está cada uno. ¡Y pam!”. El Valladolid lo entendió.

Leo decidió economizar los esfuerzos, sabedor de que sale de una lesión reciente y de que este martes afronta el duelo de la ida de los cuartos de final de la Champions ante el Olympique Lyon Pero se bastó con su cabeza y sus pies para descomponer el sábado al equipo pucelano. Si bien tardó en coger el hilo, porque fueron varias las ocasiones en las que, extrañamente, se le escapó un control o entregó un mal pase, pronto entendió que su equipo no necesitaba una catapulta sino un ariete porque Boateng jugaba de espaldas a la portería y poco más. Así, probó a Masip en siete ocasiones e hizo diana solo en una, desde los 11 metros. Aunque falló en la repetición, ya cuando agonizaba el partido, y situó su estadística de acierto en penas máximas en el 75,5% (ha marcado 68 de 90). “Es que aunque no lo parezca, Leo también es humano”, defendió Aleñá.

El tanto, en cualquier caso, le dejó más Pichichi –suma 22 por los 15 de Luis Suárez-, pero no escondió que no está en su mejor versión porque fue el que más balones perdió (32, por los 14 de Aleñá, el segundo en la estadística) y el que más pases erró (10, por los ocho de Aleña). Pero sí que dejó a Dembélé, primero, y Luis Suárez, después, delante del portero. También provocó que el balón le hiciera cosquillas al poste por dos veces y originó cantidad de huecos con sus pequeños arrastres. “Messi lo hace todo bien”, resolvió al acabar el encuentro Guillermo Amor, responsable de las relaciones institucionales del club. Y si no, casi todo. Pero la Champions, como aprendió el Barça en el curso pasado, no perdona y el Lyon, equipo de ida y vuelta, exigirá algo más que un paseo del 10. Valverde recupera de momento a Umtiti y pierde por lesión a Vermaelen.



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