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EL PAÍS

El equipo de ‘Dos Cataluñas’ devuelve el premio Cinema for Peace tras recibirlo de manos de Puigdemont



En la foto, Puigdemont (derecha), tras entregar el premio a Álvaro Longoria. En vídeo, tráiler del documental ‘Dos Cataluñas’.



El codirector del documental Dos Cataluñas, Álvaro Longoria, ha devuelto la mañana de este martes el premio que recibió la noche del lunes por parte de la Fundación Cinema for Peace, que le fue entregado de manos de Carles Puigdemont, que se desplazó a Berlín para asistir a la gala. En una carta que ha entregado junto al trofeo, Longoria cuenta: “Creemos que el acto de entrega no ha sido imparcial y le ha fallado a nuestra ética profesional y a uno de los principios claves de nuestro documental, la neutralidad”

En entrevista con EL PAÍS, el cineasta, conocido tanto por dirigir documentales como por su labor de productor a través de la empresa Morena Films, ha subrayado: “Nosotros no sabíamos los detalles de la entrega, solo que estábamos nominados, y nadie nos habló de un discurso político previo”, lo que hizo Puigdemont al subir al escenario. “Por la gente del expresidente catalán nos enteramos hace unos días de la posibilidad de su presencia”; cuenta Longoria, “e insistimos a la organización que no le sentaran en nuestra mesa, porque nuestro filme no quiere ser pieza de manipulación informativa, sino de denuncia de estos actos”. Desde Cinema for Peace, que cuenta con Mijaíl Gorbachov como presidente honorífico, les explicaron que Puigdemont ni siquiera iba a hablar. “De repente, vimos que subía al escenario, con lo que pensé que efectivamente habíamos ganado, y realizó su propio discurso”, asegura Longoria. Su compañero de codirección, Gerardo Olivares, presente también en Berlín, decidió no acudir a la cena al enterarse de la presencia del político. “Yo sí fui porque ya había confirmado y porque desde la fundación me habían insistido en la no manipulación del evento”. Junto a Puigdemont subió la soprano alemana Anna Maria Kaufmann, que cantó Don’t cry for me Catalonia, versión del clásico de Andrew Lloyd Webber No llores por mí Argentina.

Durante su discurso, el expresident relató, según los asistentes, una cronología de los hechos ocurridos en Cataluña. Y explicó: “Mañana comienza en Madrid un juicio contra miembros del Gobierno de Cataluña, líderes sociales y la expresidenta del Parlamento catalán por organizar un referéndum de independencia en nuestro país […]. Además, otros siete miembros del Parlamento y del Gobierno están viviendo en el exilio, en tres países europeos diferentes”. Antes de entrar a la cena, el político aseguró a un grupo de periodistas: “Para mí es importante poder estar presente en este evento en un marco de reconocido prestigio que destaca los trabajos cinematográficos en favor de los derechos humanos y particularmente la paz con la que nos sentimos muy comprometidos”.

Dos Cataluñas ganó en la categoría Cine para la Paz y la Justicia, en la que también competía El silencio de otros, de Almudena Carracedo y Robert Bahar. El documental, producido por Netflix, sobre los últimos meses del proceso independentista, se compone de dos horas organizadas fundamentalmente con aportaciones de políticos, periodistas, politólogos, académicos… En el proceso de documentación y filmación sus autores realizaron hasta 85 entrevistas, siempre con la idea de que fuera ecuánime y que hubiera voces de todas las partes. Longoria asegura que no ha recibido ninguna presión de Netflix para devolver el galardón, aunque sí les fue avisando de todos sus pasos

Cinema for Peace es una fundación con sede en Berlín, que inició sus actividades tras el 11-S. Desde 2002 celebra una gala de entrega de premios en la capital alemana, aprovechando la presencia de numerosas estrellas del cine en la Berlinale. Entre sus miembros están Charlize Theron y el artista chino Ai Weiwei, que ayer asistió a la gala. Entre otros asistentes se pudo a ver al músico y activista Bob Geldof, a las actrices Catherine Deneuve, Faye Dunaway, Nastassja Kinski y Katja Riemann, a productores de cine y a políticos alemanes como el excanciller Gerhard Schröder. Este periódico ha intentado sin éxito ponerse en contacto con Cinema for Peace.



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EL PAÍS

Nairo Quintana, el orgullo de Colombia hecho ciclista



La subida al Alto de Las Palmas es una autopista que se eleva hasta los 2.435 metros, y sobre ella vuela Nairo Quintana, solo, aclamado en apoteosis. Cruza la línea de meta. Levanta los brazos. Y Carlos Vives canta su himno al ciclismo. Y en los corazones de un público apasionado y loco suena el verso, “el halcón montañero que sube ligero”, y Nairo deja por unos segundos de ser el León de Tunja para personificar él solo todo el inmenso orgullo nacional en su cuerpecito de campesino de Boyacá que no para de recorrer Colombia en bicicleta buscando siempre sus raíces, mezclarse con la vida.

Ser campeón ciclista es algo que colmaría de felicidad a muchos; ser campeón ciclista en Colombia es quizás una de las máximas aspiraciones que cualquiera pueda tener en su vida.

Por detrás, los hijos de Nairo se disputan la victoria de la general del Tour Colombia, que se lleva Superman López por delante de Iván Sosa. Todo se decidió por 4s. Ambos suspiran aliviados. Ambos están vivos. La batalla que libraron para llegar hasta allí así había sido tan brutal, y a veces dramática, que durante muchos kilómetros de la subida ninguno de los dos tuvo nunca nada seguro.

Antes de que llegaran los profesionales, en el escenario el alcalde Medellín premia a los mejores de la marcha multitudinaria en bicicleta que ha convertido la meta en un extravío y una fiesta. “El ciclismo es la medida de las cosas buenas”, dice el ganador proclamado, quien renuncia a su trofeo porque, añade, otro compañero llegó antes que él pero había cometido un error de inscripción y no figuraba en la lista. Y le llama al otro al estrado para que el alcalde le cuelgue la medalla como Superman recibirá más tarde el maillot naranja de campeón y el trofeo de campeón, hermoso como el Poporo Quimbaya, la joya precolombina del recipiente usado para masticar hojas de coca, y Carlos Vives le celebrará cantándole en el podio.

Superman, a quien aclama hasta Nairoman, hecho carne y hueso en el cuerpo rotundo de un de Nairo que se ha hecho un traje de superhéroe que a todos liberará con los colores de la bandera colombiana –capa amarilla, cuerpo y brazos rojo, pecho azul y una N gigantesca–, ha ganado por arrojo y osadía, y por la frialdad de pistard con la que sometió al más joven Sosa en un surplace alucinante de escaladores en el Peñasco, la parte final, la curva más dura de la subida, casi al 10%.

Froome, que había sudado tirando del pelotón, gregario generoso, al comienzo de la subida, ya se había apartado. El proceso de destilación de esfuerzos y tácticas que le sucedió durante casi 10 kilómetros de ascensión dejó como producto puro un cuarteto que asciende en estado de flow, en casi éxtasis espiritual, aislado del ruido y del alboroto de espectadores ebrios que corren y tropiezan a su alrededor: Egan y su jefe, Sosa, López y Nairo. “Íbamos concentrados, toda nuestra energía al 100% invertida en cada mínimo detalle”, cuenta Nairo, que, junto a Egan abandonó súbito y sobresaltado su mundo interior cuando un espectador de tantos empujó a otro que trastabilló y cayó sobre el cuarteto. El drama multiplicó las emociones. Sosa y Nairo pusieron pie a tierra y quedaron descolgados. Justo entonces ya había empezado a acelerar Superman, el más fuerte y decidido. Bernal se fue con él, pero se frenó para esperar a Sosa, el único del Sky que podía ganar la general, y ayudarlo a remontar. Y, quizás a su pesar, Superman se quedó solo. Sosa se recuperó y se acercó a toda velocidad. López le esperó. Sosa dudó. ¿Le paso? ¿No le paso? ¿Me quedo a rueda? Superman no le dio opción. Se paró como un sprinter en el velódromo. Obligó a frenar a Sosa. El primero que arrancara ganaría. A los dos les pasó Nairo, lo que no les preocupó, porque no era un peligro para la general. Le dejaron ir. Solo les interesaba el triunfo final, que se jugarían en su cuerpo a cuerpo. Quedaba menos de un kilómetro para la meta, que cruzaron finalmente pegados, unos metros después del aclamado Nairo.

Apoyado en una verja, Parlante Agudelo lo contempla todo entre despistado y sorprendido. Lleva recorridas con su enorme moto rosa decenas de Vueltas a Colombia repartiendo caramañolas con líquido a los ciclistas desde los tiempos más heroicos, y lo sabe todo y lo ha visto todo y lo ha vivido, pero el sábado, el comisario de la UCI no apreció su estilo, su forma de hacer las cosas y le expulsó de carrera mientras permitía escandalosamente que el coche del Sky remolcara a su rebufo a Froome al pelotón tras haberse cortado.

Lo antiguo ya no vale. Parlante, un mito, vive su crepúsculo, como ya lo vivieron los pistoleros del Far West. La modernidad exige otras cosas, como bien sabe Dave Brailsford, el jefe del Sky que habla con el presidente Iván Duque y con el responsable del deporte en Colombia y los presidentes de Ecopetrol y Postobón, la principal empresa pública y la gran empresa privada. A todos les calienta la oreja. El futuro del ciclismo es Colombia, les dice. Sois casi los mejores, solo un pequeño paso os separa de ser los número uno del mundo. Ya sabéis, ¿eh? Si necesitáis ayuda, ya sabéis dónde estoy. Y les vende un plan A, un plan B, un plan C. Ideas que valen 10, 20, 30 millones de euros para que su equipo no se seque, para que Colombia triunfe. Para que los mejores talentos del futuro colombiano, como el magnífico Jhojan García, de Fusa como Lucho, y del Postobón que forja día a día Saldarriaga, y séptimo en Las Palmas, sigan siendo, como Nairo, el orgullo de Colombia.

Sin renunciar a la imagen antigua de un campesino en bicicleta, el lunes Nairo emprendará el regreso a pedalazos de Medellín a Tunja, parando en los pueblos para ser abrazado por la gente. Y les pregunatará, ¿qué se come aquí?



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EL PAÍS

Tensiones entre Israel y Polonia por el Holocausto



Israel y Polonia se han embarrado en una nueva crisis diplomática, que ha llevado al primer ministro polaco Mateusz Morawiecki a cancelar este domingo una visita a Jerusalén para participar en una cumbre con varios países europeos. El motivo de este rifirrafe son unas declaraciones que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, realizó sobre la colaboración de polacos con los nazis en el Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial.

El papel de los ciudadanos polacos durante el Holocausto es un asunto de máxima sensibilidad para los dos países, que ya ha provocado agrias discusiones entre Israel y Polonia, sobre todo después de que Gobierno ultraconservador de Ley y Justicia (PiS) aprobase hace un año una ley que convertía en delito realizar declaraciones similares a las que pronunció Netanyahu.

El primer ministro israelí participó esta semana en una cumbre en Varsovia sobre Oriente Próximo y allí, según la prensa de su país, sostuvo que “polacos cooperaron con los alemanes” en el exterminio de judíos. Sus portavoces aclararon posteriormente que Netanyahu no hablaba de la nación polaca, ni de todos los polacos y que se refería solo a casos individuales.

Aun así, el Gobierno polaco convocó al embajador israelí para pedir explicaciones y Morawiecki suspendió su asistencia a una cumbre que reúne esta semana en Jerusalén a los representantes del grupo de Visegrado (República Checa, Polonia, Hungría y Eslovaquia). Asistiría en su lugar el ministro de Exteriores, Jacek Czaputowicz. La portavoz del Gobierno, Joanna Kopcinska, señaló para justificar la cancelación: “Las cuestiones sobre la verdad histórica y el sacrificio que Polonia padeció durante la Segunda Guerra Mundial tienen una importancia fundamental para nuestro país”.

La aprobación en febrero de 2018 de una ley que penaba con hasta tres años de cárcel sostener que los polacos colaboraron con los nazis o hablar de “campos de exterminio polacos” para referirse a los campos como Auschwitz, que los nazis construyeron en la Polonia ocupada, provocó también tensiones entre los dos países. Estados Unidos, entre otros Estados, y expertos en el Holocausto de todo el mundo se sumaron a las protestas contra la ley polaca. Las presiones hicieron su efecto, porque en junio se retiraron las penas de cárcel, aunque se mantuvieron las multas.

La Segunda Guerra Mundial es un tema extraordinariamente sensible en Polonia. El país fue invadido y arrasado por los nazis y los soviéticos, que exterminaron a cientos de miles de polacos. Los alemanes instalaron en la Polonia ocupada los seis campos de exterminio que crearon durante el Holocausto y los polacos no tuvieron nada que ver con ellos. De hecho, Auschwitz fue primero destinado a asesinar polacos. El Gobierno polaco en el exilio denunció su existencia, aunque no fue escuchado por los aliados. Además, pese a que estaba penado con la muerte, muchos polacos ayudaron y escondieron a judíos durante la Shoah.

Pero esa historia tiene también otra cara. Polonia contaba con la mayor población judía de Europa y unos tres millones de judíos polacos fueron asesinados durante la Shoah (el 90%). La milenaria cultura judía polaca fue borrada del mapa. Impulsados por un arraigado antisemitismo, muchos polacos permanecieron indiferentes, cuando no denunciaron y entregaron a sus vecinos judíos a los nazis. La apertura de los archivos tras la caída del comunismo ha permitido a historiadores de primera fila, como Jan T. Gross, Havi Dreifuss, Jan Grabowski, Barbara Engelking, Timothy Snyder o Keith Lowe, documentar persecuciones de judíos por parte de polacos y pogromos durante el conflicto, sin la participación de los nazis, y también una vez terminada la guerra y la ocupación.

La narración de esta parte de la historia provoca un profundo rechazo por parte del Gobierno ultraconservador y nacionalista polaco. De hecho, numerosos representantes oficiales fueron tremendamente críticos con el filme Ida, con el que Polonia ganó el Oscar a la mejor película extranjera en 2015, porque relata el asesinato de una familia judía por parte de sus vecinos polacos.



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EL PAÍS

El victorioso paseo de Messi



En una frase ácida y que recordaba a la bravuconada del afamado entrenador Bill Shankly –“Esta ciudad tiene dos grandes equipos: el Liverpool y el filial del Liverpool”, dijo para irritar a los del Everton a mediados de los 60-, Jorge Valdano definió la capitalidad del 10 del Barça en el planeta fútbol. “El mejor es Messi. Y el segundo, es Messi lesionado”, soltó. Pero lo que es una evidente exageración, quizá se arrima un poco a la realidad.

Ante el Valladolid, por ejemplo, La Pulga jugó a medio gas, todavía en busca del ritmo que perdió antes de sufrir una fuerte contractura en el abductor) frente al Valencia. Y, por más que no le salieron las cosas, con más pérdidas que pases que descontaran líneas de presión, fue el único que hizo jugar a sus compañeros, que absorbió por definición a dos defensores a cada vez que tocaba el esférico y, sobre todo, que generó peligro. También, claro, hizo su gol de rigor porque suma 22 dianas en los 22 encuentros de LaLiga que ha disputado, Pichichi incontestable, 11 temporadas consecutivas totalizando más de 31 tantos, líder de un equipo que después del partido pesadilla del sábado almorzó el domingo con un colchón de nueve puntos sobre el Madrid, derrotado en el Bernabéu por el Girona.

No es un secreto que Messi gestiona sus esfuerzos. “Corro por él porque se lo ha ganado”, explicaba Rakitic. “Prefiero tener que tapar yo los huecos que deje en defensa para que luego en ataque esté fresco porque no hay nada igual”, señalaba Sergi Roberto. Generosidad, en cualquier caso, interesada porque todos en el Barça saben que el balón debe pasar por Leo, la frontera exigida que convierte melones en pelotas, que reparte caramelos y define los goles. Y eso es lo que hace siempre con el Barça, que se articula a su alrededor. “Cuanto más juguemos para Messi, mejor”, llegó a decir Valverde en una rueda de prensa del curso anterior, cuando asumía las riendas del equipo. Cosa que hizo el equipo frente al Valladolid, por más que el 10 jugara al paso.

No es una novedad que Messi dispute todo un partido caminando. En el clásico de diciembre de 2017, por ejemplo, se pasó el 83% del tiempo caminando sobre el césped de Chamartín y participó en los tres goles del equipo sobre el Madrid, hizo bailar a los rivales y trazó más del doble de regates (6) que todo el rival junto (2). Guardiola, que entendió su juego como sus silencios, lo aclaró: “Messi se pasa el partido caminando, radiografiando la situación a cada instante. Es el jugador que menos corre de LaLiga. Ahora bien, cuando le llega la pelota tiene la radiografía completa del espacio/tiempo. Sabe dónde está cada uno. ¡Y pam!”. El Valladolid lo entendió.

Leo decidió economizar los esfuerzos, sabedor de que sale de una lesión reciente y de que este martes afronta el duelo de la ida de los cuartos de final de la Champions ante el Olympique Lyon Pero se bastó con su cabeza y sus pies para descomponer el sábado al equipo pucelano. Si bien tardó en coger el hilo, porque fueron varias las ocasiones en las que, extrañamente, se le escapó un control o entregó un mal pase, pronto entendió que su equipo no necesitaba una catapulta sino un ariete porque Boateng jugaba de espaldas a la portería y poco más. Así, probó a Masip en siete ocasiones e hizo diana solo en una, desde los 11 metros. Aunque falló en la repetición, ya cuando agonizaba el partido, y situó su estadística de acierto en penas máximas en el 75,5% (ha marcado 68 de 90). “Es que aunque no lo parezca, Leo también es humano”, defendió Aleñá.

El tanto, en cualquier caso, le dejó más Pichichi –suma 22 por los 15 de Luis Suárez-, pero no escondió que no está en su mejor versión porque fue el que más balones perdió (32, por los 14 de Aleñá, el segundo en la estadística) y el que más pases erró (10, por los ocho de Aleña). Pero sí que dejó a Dembélé, primero, y Luis Suárez, después, delante del portero. También provocó que el balón le hiciera cosquillas al poste por dos veces y originó cantidad de huecos con sus pequeños arrastres. “Messi lo hace todo bien”, resolvió al acabar el encuentro Guillermo Amor, responsable de las relaciones institucionales del club. Y si no, casi todo. Pero la Champions, como aprendió el Barça en el curso pasado, no perdona y el Lyon, equipo de ida y vuelta, exigirá algo más que un paseo del 10. Valverde recupera de momento a Umtiti y pierde por lesión a Vermaelen.



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