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EL PAÍS

El pasado de corrupción del PP no escampa nunca



El peor pasado del PP no escampa. Ha resucitado con fuerza inesperada en una semana teóricamente clave para cimentar este segundo mandato en La Moncloa de Mariano Rajoy al menos hasta el final de la legislatura. Todos los planes para recuperar la iniciativa, multiplicarse en la calle, acentuar el contraataque hacia Ciudadanos y presentar a Rajoy como el único y gran activo para consolidar la recuperación de España, se han arruinado en unas horas, esfumados por la persistencia de la corrupción popular en no desaparecer y hacerse irrespirable tras la contundente sentencia del caso Gürtel y el ingreso en prisión del histórico Eduardo Zaplana.

Rajoy, sin embargo, no se mueve de su guion clásico: ni dimite, ni reconoce la gravedad de los hechos probados, ni prejuzga a los condenados ni toma medidas drásticas. Entrega la iniciativa a la oposición para que acuerde una alianza por ahora inviable que le desaloje de La Moncloa. Y el país se encamina de nuevo a otro periodo de incertidumbre y crisis política e institucional, con daños a su imagen.

La capacidad memorística de Mariano Rajoy es mítica, pero sin corazón ni ataduras con el pasado. Tras casi 35 años de carrera política, en los que ha pasado por casi todos los cargos imaginables, apenas le quedan en sus equipos y en su entorno dos amigos de la época anterior al Congreso de 2008, cuando rediseñó el PP de José María Aznar a su actual gusto y estilo. Los dos supervivientes son Ana Pastor y Javier Arenas. Los demás son colaboradores, que hablan bien eso sí de su trato personal. Necesarios hasta que dejan de ser útiles e imprescindibles. El hombre tranquilo, sensato y que aparentemente nunca se moja ni hace nada radical ha dejado por el camino y para mantenerse como el dirigente de la derecha más longevo en el poder (14 años) un largo reguero de cadáveres políticos.

“Mirar para otro lado”

El verano pasado, en un encuentro con jóvenes organizado por la Asociación para el Progreso de la Dirección y Adecco sobre la competitividad y el talento en España, Rajoy dejó para la historia una de esas frases suyas que intentó ser un consejo para los malos momentos en cualquier aspecto de la vida: “Hay que saber decir que sí, saber decir que no, mirar hacia otro lado cuando hay que hacerlo y tener fortaleza en las circunstancias difíciles”. No le molesta admitir que en ocasiones tiende a hacerse el tonto y a simular que no se entera de lo que está ocurriendo a su alrededor, si no le gusta lo que atisba. Como en las disputas de poder internas. O también, cuando se destapa otro caso de corrupción que afecta a uno de sus antiguos amigos y compañeros de Gabinete y de escapadas, opta por dejar de mencionar por su nombre al afectado. Pasa a ser innombrable e impávido responde: “Sobre la persona por la que usted se interesa”.

Frustrado el plan para recuperar la iniciativa

J. C./C.E.C., Madrid

Desde la dirección nacional del PP se había marcado en rojo esta semana de mayo para superar definitivamente los lastres que mantienen paralizada esta legislatura. Y se había diseñado un plan para intentar retomar la iniciativa, con mayor presencia aún en las calles y en los pueblos de España de Mariano Rajoy (algo que lleva haciendo meses) y también de los principales cargos institucionales, especialmente los casi 300 parlamentarios de que dispone el partido entre el Congreso y el Senado. Ese plan ha nacido frustrado.

En ese calendario soñado por el PP había tres citas clave esta pasada semana: superar la votación de presupuestos (como finalmente se logró con el apoyo a última hora del PNV); lograr que el nuevo presidente de la Generalitat, Quim Torra, nombrarse un gobierno legítimo que pudiese funcionar y levantar el artículo 155; y asimilar bien una sentencia del juicio principal del caso Gürtel.

La situación en Cataluña sigue enmarañada y enquistada. Los presupuestos pasaron el miércoles a última hora el trámite del Congreso, no sin dificultades, y Rajoy en la mañana del jueves, a primera hora, declaró que ese era un gran día para España, para el Gobierno, para el PP y para los españoles y se mostró con “fuerzas y ganas” para plantearle en su día a su partido la posibilidad de volver a ser candidato en las siguientes elecciones generales. Esas manifestaciones y deseos de Rajoy apenas aguantaron unas horas. Esa misma mañana se conoció la sentencia del caso Gürtel y todo se trastocó.

La estrategia pensada por el PP para las próximas semanas consistía en incrementar sus ataques contra el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, para intentar rebajar sus expectativas de voto en las encuestas y para recuperar en parte el discurso de defensa de la unidad de España que hasta ahora se atribuían casi en solitario. En el entorno directo de Rajoy, tanto en La Moncloa como en el PP, no cejaban de criticar en estas semanas pasadas la escasa estatura política de Rivera y la contraponían a la buena relación recuperada con Pedro Sánchez, como políticos con visión de Estado por su comportamiento “fructífero” en todo lo relacionado con la crisis independentista en Cataluña. La presentación de la moción de censura este viernes por parte del socialista Pedro Sánchez lo alteró todo y varió radicalmente el tono de esa relación. En el PP ya vuelven a hablar sobre Sánchez como un Judas traidor.

Esa persona puede ser Rodrigo Rato, Eduardo Zaplana o Jaume Matas, que en unos meses o años han transitado para Rajoy de ser íntimos amigos, los artífices del milagro económico de España y los ejemplos de gestión en sus territorios que deberían ser copiados para el futuro Gobierno del país, a ser “una de las noticias que no me hubiera gustado que se hubiera producido nunca”.

El espectro de aquel PP de vino y rosas de José María Aznar, con mayorías absolutas y campañas electorales sin límites de gastos, lleva pasando lentamente factura a Rajoy casi desde que tomó posesión como presidente y candidato del partido en 2003.

Pero el epítome que culminó ese período grandilocuente fue la boda de Estado en El Escorial de Ana Aznar Botella y Alejandro Agag, que se celebró un año antes, en septiembre de 2002, y a la que fueron invitados todos los personajes de la trama Gürtel, que ya campaba a sus anchas en el PP, y figuras tan simbólicas del aznarismo como las de Rodrigo Rato, Francisco Álvarez Cascos, Miguel Blesa, Eduardo Zaplana, Jaume Matas, Francisco Camps, Ana Mato y Jesús Sepúlveda o Luis Bárcenas. La mayoría de esos dirigentes han desaparecido con el tiempo del escenario del PP de Rajoy, se han separado de sus parejas iniciales, han sufrido graves problemas médicos y/o han pasado algún periodo por la cárcel.

Del amigo Rato, compañero en la larga y dura travesía en la oposición a Felipe González, Rajoy se distanció en cuanto Aznar le designó digitalmente sucesor ese verano de 2003 tras haber rechazado antes esa opción el todopoderoso vicepresidente económico. Cuando en 2014 saltó el escándalo de las tarjetas black de Caja Madrid, Rajoy llamó a Arenas y le encomendó por la vía de los hechos consumados la ingrata tarea de comunicar a Rato en persona que iba a ser expulsado del PP. Nunca más se supo.

Rajoy argumenta ahora que no tiene sentido la moción de censura del socialista Pedro Sánchez porque los actos y personas condenados por Gürtel (el PP incluso a título lucrativo) corresponden a una lejana época del pasado y no afectan a nadie de su actual Gobierno.

Esa ha sido la estrategia de defensa durante los nueve años que ha durado la instrucción judicial del caso, obviando que a Luis Bárcenas le ascendió él de gerente a tesorero en el Congreso del PP en 2008, que pese a las denuncias incluso internas acumuladas dejó de trabajar con Gürtel a nivel nacional pero no les denunció ni impidió que se asentaran en las instituciones gobernadas por el partido en Madrid y la Comunidad Valenciana o que encomendó a Federico Trillo toda una ardua labor de torpedeo de esas investigaciones judiciales.

Rajoy hace gala de una gran memoria, pero en la supervivencia política no tiene corazón ni amigos. Así se explica la neutralidad con la que despachó esta semana el encarcelamiento de Zaplana por un presunto blanqueo de hasta 10,5 millones de euros: “Desconozco los hechos que se hayan podido producir. Esperemos a lo que digan la Justicia y el propio Eduardo Zaplana”.

Cuando en 2004 perdió las elecciones frente a José Luis Rodríguez Zapatero, Rajoy y el PP entraron en crisis de identidad. Rajoy nominó a Zaplana su portavoz en el Congreso, por su estrecha relación y porque le necesitaba como ariete sin escrúpulos contra el zapaterismo. Eran los tiempos en los que Rajoy, Zaplana y Jaume Matas hacían planes y viajes con sus parejas matrimoniales. Disfrutaban de yates privados en Baleares o de fines de semana en París para ver ganar a Juan Carlos Ferrero la final de tenis de Roland Garros (2003) y se hacían fotos todos juntos delante de Notre Dame.

Uno de esos excompañeros de Rajoy luego condenado y que ha pasado por la cárcel no se engaña ahora sobre la personalidad del líder: “¿Éramos amigos?, no lo sé. Rajoy es inasequible a cualquier demostración de amistad, es muy reservado y le cuesta abrirse y exteriorizar las cosas”.

Zaplana y Matas

Rajoy y Zaplana fueron junto a Ana Pastor los tres ministros del último Gabinete de Aznar que acudieron en 2003 a la toma de posesión en la Consoltat del Mar de Mallorca, ante 600 invitados, de Jaume Matas como presidente autonómico balear. Entonces le retrató como amigo y valoró su “personalidad, coraje, determinación y valentía”. Solo un año más tarde afirmó que intentaría “hacer en España lo que Jaume” estaba haciendo en Baleares.

Matas fue condenado por 12 delitos como presidente balear, inhabilitado siete años y sentenciado a tres por el caso Nóos. Cuando el PP le exigió la baja, en 2010, Rajoy manifestó: “Le deseamos lo mejor, que se defienda y, si puede, demuestre su inocencia”. Luego ingresó en prisión y por una infección de tuberculosis en el oído se quedó sordo. Solo Zaplana, enfermo de leucemia, se interesó estos años por sus padecimientos.

A Rajoy tampoco le agrada desprenderse de gente con la que ha estado trabajando años. Pero eso no quiere decir que no los despache, cuando empiezan a ser molestos. Eso sí, no directamente. Sucedió cuando concluyó, para el Congreso del PP de 2008, que debía desembarazarse de los estertores del aznarismo, que en aquel momento ya solo representaban Ángel Acebes como secretario general del partido y el ahora detenido Zaplana. De Zaplana, siempre en el filo de múltiples sospechas, se liberó antes de llegar al cónclave y el exministro de Trabajo fichó por Telefónica. A Acebes no le dijo nada sobre su futuro hasta que el exministro del Interior del 11-M se encontró en vísperas del Congreso con que él tuvo que aclarar que renunciaba a seguir en el cargo sin que el presidente le hubiese dirigido la palabra. Acebes también se pasó al sector privado.

Rajoy escondió todo lo que pudo la corrupción de Gürtel

C. E. C./J. C., Madrid

El entorno de Mariano Rajoy insiste ahora en que el corazón de la corrupción del PP viene heredada del círculo de José María Aznar, que guarda silencio y esta semana ha viajado a Nueva York mientras el actual presidente sufre las graves consecuencias políticas de la sentencia. La discusión eterna del partido es qué parte corresponde a Aznar y cuál a Rajoy, como si ambos pudieran separarse fácilmente después de años trabajando mano a mano. En aquellos tiempos, Aznar era el líder y Francisco Correa, cabecilla de la Gürtel, era amigo de su yerno, Alejandro Agag, y mostró todo su poderío al acudir a la boda de su hija. Pero en esa época Rajoy ya era un hombre clave del aznarismo y dirigía las campañas que montaba Correa.

Separar las responsabilidades de ambos no es fácil, pero aznaristas —cada vez quedan menos— y marianistas discuten eternamente sobre quién trajo la corrupción al PP. Lo que no es discutible es qué hizo la dirección de Rajoy cuando estalló el caso Gürtel. Estiró al máximo posible cualquier dimisión y trató de cuidar con esmero a sus responsables por si tiraban de la manta.

En el apogeo de Aznar dentro del PP, Correa entendió que podía comprar fácilmente las voluntades de algunos cargos asentados en Génova 13 que se quedaron al frente del aparato. El más representativo de todos ellos fue Jesús Sepúlveda, que antes de ser alcalde de Pozuelo era uno de los responsables de la organización de los actos electorales. Correa llegó a regalarle un Jaguar y en el juicio confesó que otros dos coches de lujo más. El caso de Sepúlveda es una evidencia de esa complicada connivencia entre el aznarismo y el marianismo. Teóricamente, el exalcalde de Pozuelo fue expulsado de la política por sus vínculos con Gürtel en 2009. Pero Rajoy y su equipo decidieron reintegrarlo al PP de forma discreta y pagarle 120.000 euros anuales de salario durante cuatro años. Justo hasta que la prensa lo publicó y se vieron obligados a despedirlo. Rajoy era en aquellos años amigo personal del matrimonio entre Sepúlveda y Ana Mato, que sigue recolocada como asesora en Europa.

Algo similar se hizo con Gerardo Galeote, otro personaje de ese núcleo central de la organización de la trama Gürtel. Rajoy siempre trató de esconder debajo de la alfombra los problemas que se acumulaban con el caso Gürtel. Su obsesión era ganar tiempo, esperar que el escándalo se agotara. Y, sobre todo, evitar a toda costa un enfrentamiento con sus protagonistas, todos ellos personas con las que había trabajado media vida en el PP. El presidente fue muchos años un hombre de aparato y vicesecretario de organización y, por lo tanto, conocía todas las miserias del partido.

El que más información tenía de todos resultó ser el mayor beneficiario de la corrupción: Luis Bárcenas. Tanto Rajoy como Javier Arenas, su hombre más fiel aún dentro del PP, eran amigos del extesorero. El presidente siempre confió en las explicaciones que Bárcenas le daba y trató de que la opinión pública creyera que habían roto mientras en privado le trataba como un amigo y enviaba SMS de aliento.

La relación con Bárcenas era tan estrecha y el miedo que le tenían en Génova era tan fuerte que Rajoy tuvo que desmentir varias veces en público que el extesorero le estuviera chantajeando. “Yo soy sospechoso de muchas cosas, pero si algo he demostrado en política es que no acepto chantajes ni presiones. Yo no funciono a base de presiones”, refutó abiertamente en julio de 2009. Para entonces, Bárcenas en teoría ya no era tesorero. La realidad es que Bárcenas llevaba todas las cuentas, conservaba su despacho y decidía incluso que el PP le pagara sus carísimos abogados.

La cita clave de Rajoy con el matrimonio Bárcenas se produjo en el PP en marzo de 2010 y con Javier Arenas de testigo. El extesorero, presionado por su mujer, harta de tener a los periodistas en la puerta de su casa, había decidido rendirse. Estaba dispuesto incluso a dejar su cargo de senador. Pero puso condiciones. Quería mantener su sueldo —18.000 euros al mes— una secretaria, coche oficial y un despacho, la sala Andalucía, para guardar sus papeles. Y quería la cabeza del gerente, Cristóbal Páez, al que él había fichado y con quien luego se enfrentó. Rajoy las aceptó todas hasta enero de 2013, cuando se descubrieron sus cuentas en Suiza.

Luego Bárcenas fue detenido, entró en prisión, insinuó que podía hacer daño y más tarde se disipó, para intentar proteger de una condena grave a su esposa. No ha sido posible y queda por ver ahora su reacción.



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EL PAÍS

Paul B. Preciado, el comisario más influyente del arte contemporáneo



Paul B. Preciado ha entrado directo al puesto 23 de la lista de los personajes más influyentes y poderosos del mundo del arte, elaborada por la revista Art Review desde hace casi dos décadas. Entre artistas, galeristas y directores de museos de arte contemporáneo, el filósofo y activista aparece como el primer comisario de la clasificación, gracias a su capacidad para incluir en la agenda del relato cultural enfoques e inquietudes centradas en las políticas sexuales, identidad de género y discursos queer.

Paul Beatriz Preciado es un hombre transgénero, en proceso de desidentificación de la feminidad y denuncia la limitación de las opciones para construir cualquier subjetividad y la ausencia de libertad para ello. Entiende el comisariado de arte en los espacios institucionales y museos como una forma de activismo cultural y eso le ha traído algún disgusto. Hace tres años, Bartomeu Marí, entonces director del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) censuró una pieza de la artista austriaca Ines Boujack, incluida en la muestra La Bestia i el Sobirà. La obra representaba al rey Juan Carlos sonorizado por la líder laborista boliviana Domitila Barrios de Chúngara. Marí cerró la exposición y despidió a Valentín Roma, Conservador jefe, y a Preciado, Jefe de programas públicos, y comisarios de la muestra. Marí también dimitió.

Roma dirige desde hace dos años La Virreina Centre de la Imatge de Barcelona y acaba de inaugurar la exposición Réquiem por la norma, sobre la obra de Lorenza Böttner, artista chilena que pintaba con los pies y la boca y cuyo trabajo “constituye un himno a la disidencia corporal y de género”. El comisario es Paul Preciado y vuelve a exponer la diversidad de cuerpos y géneros y a denunciar su invisibilización. Este año, Preciado ha terminado su papel como Comisario de Programas Públicos en Documenta 14 (Kassel y Atenas), donde desarrolló un dispositivo de exposición que llamó Parlamento de los cuerpos, que viaja ahora por otras instituciones internacionales. En el Museo de arte moderno de Varsovia ha reunido a colectivos antifascistas, transfeministas, antiracistas y artísticos de la ciudad, en una coalición contra la ultraderecha. Y atiende a este periódico durante su viaje a Taipei, para trabajar sobre la artista Shu Lea Cheang, que representará a Taiwán en la Bienal de Venecia de 2019.

Un espacio para disentir

Explica a EL PAÍS que “el museo no debe construir un relato, porque un relato es un consenso, un punto de vista, y por tanto una frontera que genera exclusión”. “El rol revolucionario del museo es convertirse en un espacio conde se puedan discutir y negociar sin cesar las representaciones y los lenguajes disidentes. Un lugar de disenso y de confrontación democrática y no de consenso normativo”, añade. Para Preciado es imprescindible poder imaginar el cambio el museo es crucial para ello, porque es un espacio en el que se encuentran artistas, activistas y críticos de todos los ámbitos “para construir nuevos imaginarios sociales”. Para eso, el museo hoy y del mañana debe ser un centro de experimentación social.

Es autor de Testo yonqui (Espasa Calpe), Pornografía. Arquitectura y sexualidad en ‘Playboy’ durante la guerra fría (finalista del Premio Anagrama de Ensayo 2010) o Manifiesto contrasexual (Anagrama), entre otros libros. La próxima primavera publicará en Anagrama Un apartamento en Urano. Preciado define el museo como “una máquina colectiva de construcción de imágenes de la norma y de la patología, como un gran aparato colectivo a través del que se construye el relato nacional, de invención de memoria”. Además, apunta que es un dispositivo que nos enseña a mirar, que “nos dice qué hay que mirar y cómo hacerlo”.

Con incluir no basta

“No se trata de ‘incluir’ a las mujeres, los homosexuales, transexuales, o discapacitados en el museo….De hecho, ya estaban incluidos, pero a través de una mirada que los construía como objeto de deseo (en lugar de sujeto de la representación) o como desviados o patológicos. Se trata de cuestionar la epistemología normativa del museo, es decir los marcos de representaciones del museo que establecen la diferencia entre lo masculino y lo femenino, entre lo normal y lo patológico”, explica a este periódico. A Preciado le interesan las obras y actitudes que cuestionan la narración hegemónica de la historia del arte y nuestro modo de mirar. “No se trata solo de incluir mujeres, homosexuales o artistas no-blancos, sino de modificar los marcos de representación normativos, que han construido la diferencia patriarcal y colonial, que hace que unos cuerpos sean sujetos de la representación y otros objetos subalternos”, añade.

El personaje más poderoso de la lista de Art Review es David Zwirner, galerista con un emporio que se extiende por Nueva York, Londres y Hong Kong. Pero otra de las entradas llamativas es la del pintor negro Kerry James Marshall, de 62 años, que ha pasado del puesto 68 al segundo lugar, tras la venta de Past Times por 18 millones de euros. El cuadro ha pasado a poder del rapero Puff Daddy, que pagó el pasado mayo el precio más alto jamás pagado por un cuadro de un artista negro vivo. La comunidad negra protege y reivindica lo propio, con su dinero, su poder y su fuerza, como hicieron los Obama con sus retratos presidenciales en la National Portrait Gallery, encargados a Kehinde Willey y a Amy Sherald. La mirada del blanco nuclear en el mercado del arte se ha manchado (un poco) este 2018. En el enorme lienzo de Marshall, un grupo de afroamericanos se divierte en un idílico entorno, con actividades que tradicionalmente se esperan sólo de los blancos. De hecho, es una revisión de la pintura de ocio burgués del siglo XIX, a la manera de La Grand Jatte, de Seurat, o del Almuerzo campestre, de Manet.



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EL PAÍS

El presidente chino visitará España el 28 de noviembre



El presidente chino, Xi Jinping, iniciará el próximo 28 de noviembre una visita de Estado a España, un formato que incluye un recibimiento formal por parte de los Reyes, una cena de gala en el Palacio Real, una reunión con el presidente del Gobierno y también una visita a las Cortes.

En este caso, según la agenda que manejan las Cortes y a la que ha tenido acceso Europa Press, la parte parlamentaria de la visita tendrá lugar en el Senado, el mismo miércoles 28 por la mañana. Es la segunda visita de Estado de un mandatario extranjero este año a España, después de la del presidente portugués, Marcelo Rebelo de Sousa, el pasado abril.

La visita de Xi, que será la primera con este rango desde la de su antecesor, Hu Jintao, en 2005, coincide con el 45 aniversario de las relaciones diplomáticas entre los dos países. En mayo de 2017, el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, transmitió a Xi la invitación de Felipe VI para visitar España.

Este año, con motivo del aniversario, los dos jefes de Estado se han enviado cartas de felicitación. En la enviada por el presidente Xi, que puede consultarse en la web de la embajada china en España, éste expresa su deseo de reforzar la cooperación en diversas áreas, impulsar la Asociación Estratégica Integral entre ambos países y aumentar los intercambios de alto nivel.

Xi ya estuvo brevemente en España en noviembre de 2016, cuando realizó una escala de menos de 24 horas en Gran Canaria durante la cual mantuvo una reunión con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría.

La visita viene precedida de un viaje que hizo el pasado mayo el consejero de Estado y ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi. En esa ocasión, Wang fue el primer ministro de Exteriores chino que viajaba a España en 10 años y fue recibido por el Rey, por el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y por el ministro Alfonso Dastis.

Según la cancillería española, unas 600 empresas españolas están implantadas en China, en su mayoría pequeñas sociedades aunque también multinacionales como Inditex (textil), Telefónica, Técnicas Reunidas (ingeniería petrolera) o los bancos Santander, BBVA y la Caixa.

Por su lado, las compañías chinas muestran “un interés creciente” por España, asegura el ministerio, citando al grupo Huawei (tecnología) o JSTI (ingeniería).

El anterior presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, efectuó una visita oficial a China en septiembre de 2014.



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EL PAÍS

Los candidatos se miden hoy en un debate en televisión, cita clave de la campaña



La campaña andaluza encara esta noche uno de los momentos decisivos con el primer debate entre los cuatro candidatos a la Junta de Andalucía. Es la primera vez que los líderes de las que hace tres años y medio eran las formaciones emergentes se enfrentan a los aspirantes de los partidos tradicionales. Lo harán en Canal Sur, la televisión pública andaluza, a las 21.30, en una cita clave para determinar la capacidad de aguante de la candidata socialista a la reelección, Susana Díaz, ante el embate del resto de partidos que pugna por acabar con 37 años de gobierno socialista, y las credenciales del resto para competir por el segundo puesto.

También será de interés comprobar el grado de sintonía entre los aspirantes del PP y Ciudadanos, Juan Manuel Moreno y Juan Marín, de cara a forjar la hipotética pinza parlamentaria o de Gobierno y la empatía, inexistente en la pasada legislatura, entre Díaz y la cabeza de lista de Adelante Andalucía, Teresa Rodríguez, cuyo apoyo —y las condiciones que imponga para él— es, ahora mismo, la única esperanza de los socialistas para mantenerse en el poder.

El formato del debate, que durará dos horas y estará dividido en cuatro bloques —’Empleo, economía y política fiscal’, ‘Servicios públicos esenciales. Derechos básicos’, ‘Transparencia. Confianza en la vida pública’, y ‘El reto territorial. Andalucía en el estado de las autonomías’— permitirá finalmente que las propuestas programáticas de los candidatos brillen por encima de los eslóganes políticos que han acaparado la atención en estos primeros días de campaña.

Así se preparan los aspirantes

Díaz llega a la cita como favorita, esgrimiendo un discurso en positivo frente a las críticas del resto de formaciones. Los debates no son el punto fuerte de la candidata que dedicó toda la tarde de ayer y todo este lunes para preparar la cita de esta noche con su equipo más cercano de asesores. Hoy en un cara a cara centrado en política andaluza pretende defender su programa y poner en práctica la reivindicación sobre la que pivota su mensaje electoral: que se hable de los problemas de la región en un tono positivo y propositivo. Díaz acude dispuesta a no caer en las provocaciones que le lancen sus adversarios políticos, aseguran fuentes cercanas a la presidenta.

Moreno es quizás quien más se la juega en este primer debate. Llega opacado por la presencia de Pablo Casado y su caravana paralela. Necesita demostrar que podría ser un líder sólido para el futuro de su partido y no un cadáver político, como se percibe entre las propias filas populares. Esa debilidad está siendo explotada desde el PSOE e incluso desde Ciudadanos, donde su candidato ni siquiera lo contempla como presidente en un futuro tándem, de sumar los escaños necesarios para desbancar a los socialistas del poder.

El candidato del PP andaluz lleva días, aunque solo a ratos, preparando el debate. Este domingo por la tarde sí ha reunido a su equipo de ocho personas entre gabinete, comunicación, estrategia y campaña durante horas para afinar ideas y argumentos en sus 30 minutos de intervención. “El debate es importante, como en todas las elecciones, aunque al ser a cuatro es muy difícil acabar como perdedor o ganador”, inciden fuentes de su equipo. Sobre el tono, Moreno decidirá si pasa al ataque -además de exponer argumentos- en función de la marcha del debate. Su objetivo es “aprovechar al máximo para convencer sobre nuestro proyecto, porque hablar del enemigo no es lo suyo”, destacan estas fuentes. Este lunes el candidato tiene un acto por la mañana en el centro de Sevilla y luego pasará toda la tarde concentrado preparando el debate.

Marín también está teniendo un segundo y hasta tercer plano en esta campaña. Va acompañado prácticamente todas las jornadas por los dirigentes nacionales de la formación, Albert Rivera e Inés Arrimadas y en muchos actos ha debido compartir protagonismo con otra de as apuestas de Ciudadanos para las elecciones andaluzas, el ex seleccionador nacional de baloncesto Javier Imbroda, el candidato por Málaga. Pese a ser la principal muleta del PSOE en estos tres años y medio, Marín sigue siendo uno de los líderes menos conocidos por parte de los andaluces y la cita de esta noche podría ser su oportunidad de mostrar que tiene el carisma que se le exige a un líder.

Ciudadanos concede máxima importancia al debate electoral de este lunes porque es de los pocos acontecimientos en campaña que verdaderamente puede mover el voto, según sus análisis. La cúpula cree que la campaña está siendo de momento plana porque al PSOE le interesa que no haya mucha movilización y no se escuchen los mensajes del resto para seguir en su cómoda posición de liderazgo. Marín tratará de contrarrestar el discurso de ser muleta de los socialistas que cree que empleará Moreno contra él con su compromiso de que no volverá a investir a  Díaz y con su oferta al PP para pactar y descabalgarla del poder. Sí reivindicará los logros concretos de su acuerdo con el PSOE –como la supresión del impuesto de sucesiones o la renuncia al acta de Chaves y Griñán- para reforzar la idea de que su partido sí es útil porque consigue cosas, frente a la “inutilidad” del PP, que no ha logrado nada en 40 años de oposición. Marín disparará contra PSOE y PP; y reivindicará a Ciudadanos como un partido limpio, de profesionales de la sociedad civil que no han vivido toda la vida de la política. Y un partido que está unido, sin los problemas internos del bipartidismo. El candidato de Ciudadanos sacará a relucir la igualdad entre españoles, uno de los ejes discursivos de su campaña, y esgrimirá el papel de su formación en Cataluña en el combate contra el nacionalismo.

Rodríguez ha protagonizado los duelos más intensos con la presidenta andaluza en el Parlamento andaluz de esta última legislatura. Es la candidata con más seguidores y más preponderancia en redes sociales, pero en este debate necesita presentarse como una dirigente sólida capaz de liderar a una izquierda alternativa sólida, no solo ante los suyos, que ya están convencidos, sino ante los votantes desencantados del PSOE que es donde puede encontrar el nicho necesario para crecer en escaños. Rodríguez se ha refugiado en Cádiz, la ciudad donde reside para preparar este encuentro. “Me falta dar las últimas puntadas y encontrar la manera de sintetizar las medidas”. La intención de la dirigente de Podemos es presentar su programa de 24 medidas para 24 meses y cuantificarlas. “La sociedad andaluza nos exige rigor y concreción, cuánto van a costar estas propuestas, de dónde vamos a sacar el dinero”, sostiene.

“La campaña no es un diálogo de sordos y sordas que contamos nuestras propuestas. Cuando contrastamos podemos explicar mejor nuestras ideas”. Durante la campaña andaluza solo habrá dos debates, el 19 y 26 de noviembre. “Serían deseables más, con mayor frecuencia y formato cara a cara, nos hemos ofrecido a hacerlos con Susana Díaz, pero no ha querido”, reclama la candidata.

Tras este debate, los candidatos volverán a verse las caras, justo una semana después, en otro encuentro similar en TVE.



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