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Encuentran culpable a productor musical mexicano acusado de abusar sexualmente de un joven cantante


(CNN Español) — Un productor musical acusado de abusar sexualmente de un joven cantante, a quien representó y asesoró por varios años, ha sido encontrado culpable. Mario Enrique Miranda Palacios recibió el veredicto el lunes tras un juicio de seis semanas realizado en la ciudad de Tampico, en el estado mexicano de Tamaulipas.

Miranda, quien también es un conocido promotor de artistas, fue encontrado culpable bajo dos cargos: violación y tráfico de personas. El productor de 47 años fue arrestado en marzo de 2018. Originalmente enfrentaba cargos de violación, corrupción de menores y prostitución forzada. Pero la Fiscalía modificó los cargos para incluir el de trafico de personas que contempla penas más severas.

Con base a los cargos de los que fue encontrado culpable, Miranda enfrenta una sentencia de 30 a 63 años en prisión, según la Fiscalía.

La reacción de la víctima tras el veredicto fue de júbilo.

“Me siento satisfecho. Yo siempre pensé que teníamos las pruebas necesarias y testigos para comprobar todo lo que había pasado. En el momento que fue anunciado el veredicto fue un choque de emociones. Estaba nervioso y desesperado por conocerlo, aunque ya estaba tranquilo porque sabia que al hablar públicamente había logrado algo y demostrado que todo lo que decía era verdad”, dijo Luis Armando Campos.

El caso causó revuelo en México cuando salió a la luz pública porque la víctima de Miranda es un joven cantante que llegó hasta la etapa de semifinales en el concurso “La Voz México” en el 2014. Fue precisamente en ese concurso que Campos, quien ahora tiene 23 años, conoció personalmente a Yuri, una cantante de fama internacional.

Campos dice que fue Yuri quien lo convenció que debía denunciar el abuso a las autoridades, una experiencia que hasta ese momento había mantenido en secreto.

“Destruyó mi adolescencia”, le dijo recientemente Campos a CNN al referirse a Miranda.

Campos dice que su pesadilla empezó cuando tenía 14 años, un momento en su vida en el que, para fines prácticos, ya estaba sólo debido a la separación de sus padres.

Rita Hernández, miembro de la mesa directiva de la Comisión Unidos Vs Trata, una organización sin fines de lucro dedicada a proteger víctimas de tráfico humano que le otorgó asistencia legal y consejería a Campos, dice que en el momento que Miranda conoció a Campos el adolescente de 14 años era muy vulnerable.

“Tenemos que recordar también que no nada más era un niño, sino que era un niño pobre. Era un niño que tenía muchas carencias y su talento era su boleto para salir de la pobreza”, dijo Hernández.

Hernández dice que el entonces adolescente de 14 años estaba en la miseria y, como ya no vivía con sus padres, se convirtió en presa fácil para un hombre que le ofreció apoyo económico y promover su carrera.

“Y entonces cuando un adulto, conocedor del campo, con ciertos éxitos, viene y te dice yo quiero adoptarte, yo te voy a hacer famoso, yo voy a caminar contigo, etcétera, etcétera, pues es muy fácil para una familia decir ‘este productor de grandes eventos en la ciudad va a hacer famoso a mi hijo’”, dijo Hernández.

Campos dice que Miranda se mostró tan servicial, que convenció hasta a su propia madre de que era una persona en quien ella podría confiar el bienestar de su hijo.

“Para cuando ya mi mamá toma la decisión de irse, él le ofrece ayudarme, que él se iba a hacer cargo de mí, porque me veía como un hijo, que me quería apoyar con la escuela; que me quería apoyar con mis gastos”, dijo Campos.

Al principio, Mario Enrique Miranda Palacios, el promotor, cumplió con sus promesas, cultivando el talento de Campos y puliendo su voz de cantante. Pero Campos dice que las cosas pronto empezaron a cambiar. Afirma que, cuando tenía 14 años, Miranda le pidió una vez que llegara temprano a un ensayo.

“Me metió a su oficina y ahí fue donde, por primera vez, me hizo que me quitara los zapatos, las calcetas y me besó los pies. Dijo que eso era algo normal, que, aparte, él me tenía becado en su academia y que era una forma de agradecer; que no era nada malo, que él no le iba a decir a nadie, que eso era algo muy normal”, dijo Campos.

Campos dice que lo que empezó como abuso verbal y sexual empeoró para convertirse posteriormente en prostitución forzada, algo que para el entonces adolescente de 14 años fue devastador.

“Muchísimo porque no tenía a quien contárselo, no tenía con quien ir. Me amenazaba, como mi papá tenía antecedentes legales, me amenazaba con meterlo a la cárcel otra vez, que era muy fácil para él, que él tenía todo el dinero del mundo, todas las relaciones, todo el poder”, dijo Campos.

“Hay que entender que Luis Armando era un jovencito. Era un niño, prácticamente, de 12, 13 años cuando se empezó a involucrar en los proyectos de este hombre”, agregó Hernández de la Comisión Unidos V Trata.

Campos dice que fue obligado, bajo coacción, a vivir como esclavo durante cuatro años. Amenazas contra su familia, engaños y abuso psicológico, dice, fueron los factores que lo mantuvieron callado y sumiso durante todo ese tiempo. Pero, al final, llegó el momento en el que se armó de valor y decidió ignorar las amenazas, lo que le permitió huir tras cumplir los 18 años.

“Yo creo que fue todo ese coraje. Fue la necesidad de sentir una paz y una tranquilidad. Fueron los gritos que me daba, las amenazas, que fueron causando ese coraje dentro de mí”, dijo Campos.

Al inicio del juicio Miranda se declaró inocente.

Mediante su abogado, Juan Jorge Olvera Reyes, Miranda negó las acusaciones, diciendo que, en realidad, Campos y él tuvieron una “relación romántica”.

Olvera Reyes también negó que su cliente hubiera esclavizado a Campos, añadiendo que el joven no decidió ir a las autoridades hasta que la relación llegó a su fin, que lo hizo “motivado por la venganza” y que tenían cartas, videos, fotos y testigos para probarlo.

Campos niega haber tenido una relación consensual con Miranda y aseguró que la defensa sólo estaba utilizando una estrategia legal para beneficio de su cliente. El hecho de que la interacción ocurrió cuando Campos era un menor de edad, entre los 14 y casi hasta los 18, fue uno de los argumentos más importantes de la Fiscalía.

Además de su carrera de cantante, Campos también es actualmente un activista que habla abiertamente sobre su odisea.

“Conforme lo vas contando, más y más, te vas librando. Es como una terapia que te ayuda muchísimo. Y, bueno, contárselo a otras personas que recientemente han pasado por eso y que ahora ven cómo estás saliendo adelante, pues también te ayuda a sentirte bien”, dijo Campos.

Asegura que lloró tras enterarse de que el hombre que abusó de él fue finalmente puesto tras las rejas. El veredicto de culpable, afirma, lo hace sentir que ha recuperado parte de la libertad que perdió cuando estuvo en cautiverio.

“Fueron muchos los que me acusaron de haber denunciado a Miranda por corrupción y por amor al dinero. Sólo los involucrados sabemos lo que pasó. Más que la justicia terrenal, creo en la justicia divina y Dios bien sabe lo que yo sufrí”, finalizó Campos.

El 3 de septiembre la corte dará a conocer si Miranda recibe los 63 años de prisión que pide la Fiscalía.



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Lo que dice una masacre en una boda sobre el plan de Trump de abandonar Afganistán


Londres (CNN) — El contrato de matrimonio acababa de firmarse y las festividades estaban en pleno apogeo. Pero justo cuando los parientes cercanos de los recién casados salían de una habitación del piso de arriba para unirse a cientos de amigos y familiares en un salón de bodas en Kabul, alguien no invitado se adelantó. Lo que debería haber sido un momento de celebración se convirtió en una escena de carnicería inimaginable, cuando un terrorista suicida de ISIS se inmoló frente a la banda tocando en la sección de hombres del lugar.

Las autoridades dicen que al menos 63 murieron, los novios sobrevivieron, pero los familiares creen que la cifra de muertos puede ser mayor. La muerte violenta es un hecho cotidiano en Kabul, pero este ataque sorprendió a muchos con su salvajismo. “Antes de la explosión estábamos tan felices, toda nuestra familia, parientes y amigos estaban en el salón y estábamos disfrutando de la boda”, dijo a CNN Basir Jan, un hermano del novio. “Cuando ocurrió la explosión, vi los cadáveres de mis familiares y amigos. Ocho de mis amigos más cercanos murieron en la explosión. Era una escena que siempre recordaré”.

La devastación representa una tragedia personal de las familias que fueron atacadas en Kabul el fin de semana. Pero también proporcionó un telón de fondo sangriento para las etapas finales de las conversaciones de paz que se están celebrando ahora entre los talibanes y Estados Unidos.

A wedding hall is devastated after a suicide bomber targeted a ceremony in Kabul.

El principal negociador de Estados Unidos, el representante especial Zalmay Khalilzad, tuiteó poco después de que el atacante entró en la celebración: “Debemos acelerar el Proceso #AfghanPeace, incluidas las negociaciones intraafganas. El éxito aquí pondrá a los afganos en una posición mucho más fuerte para derrotar a ISIS”.

Es un tuit que se las arregla para ser sorprendentemente oportunista, defectuoso pero en gran medida preciso al mismo tiempo. Preciso, ya que un acuerdo de paz entre EE.UU. y los talibanes permitiría a ambos centrarse en ISIS, una parte relativamente pequeña pero brutal de la insurgencia que se desata en Afganistán ahora. Defectuoso, porque un acuerdo de paz no garantizaría que los talibanes no persiguieran a su principal enemigo, el Gobierno afgano primero, antes de llegar a ISIS. Oportunista, ya que el tuit también expuso la actitud de “acuerdo a toda costa” detrás de las conversaciones ahora: la masacre es un reflejo de lo mucho que ha colapsado Afganistán, no de qué tan bien podría arreglarlo el acuerdo de paz propuesto. Trump quiere salir de Afganistán, eso está claro, a pesar de decir el año pasado que ganaría. Pero, ¿qué tanto de un final sin gloria en la guerra más larga de EE.UU. está dispuesto a tolerar para que eso suceda?

Para recapitular: hace unos meses, Estados Unidos hizo una concesión clave con los talibanes, acordó dirigir conversaciones que excluían al Gobierno afgano de la mesa, algo que los insurgentes siempre quisieron.

Fuentes cercanas a las conversaciones dicen que están 99% resueltas en torno a un acuerdo entre EE.UU. y los talibanes que implicaría una reducción de las tropas estadounidenses y, lo que es más importante, un alto el fuego entre estos dos combatientes.

LEE: Trump se reunirá con funcionarios de seguridad en Afganistán a medida que aumentan las preocupaciones sobre la retirada de Estados Unidos

Ese alto el fuego no necesariamente pondría fin a la lucha entre los talibanes y las fuerzas del Gobierno afgano, solo eliminaría el poder aéreo de EE.UU. del campo de batalla. El Gobierno afgano y los talibanes comenzarían entonces conversaciones de paz separadas, dicen las fuentes. Los críticos afganos del plan temen que, a medida que esas conversaciones de paz inevitablemente tropiecen, el Gobierno de Kabul comenzará a perder territorio ante los talibanes, abandonado por Washington y con la potencia de fuego estadounidense inactiva.

Afghans carry the body of a victim of a wedding hall bombing during a mass funeral in Kabul.

Afganos cargan el cuerpo de una víctima de la masacre en una boda en un funeral masivo en Kabul.

La contranarrativa de esta sombría evaluación es triple. Primero, los talibanes saben que deben unir fuerzas con un Gobierno reconocido internacionalmente para calificar por ayuda extranjera, por lo que es poco probable que se vuelva al atavismo de la década de 1990. Además, EE. UU. eventualmente debe abandonar Afganistán de una forma u otra, o al menos reducir sus gastos allí. Y, finalmente, que la violencia ha disparado el progreso de estas conversaciones, ambas partes tratando de afirmar el dominio en el campo de batalla, y que la paz y la reducción de la violencia tienen que ser la única prioridad.

Esta conclusión es válida, pero pierde un punto: la razón por la cual Estados Unidos se fue a Afganistán en primer lugar. Al Qaeda no ha desaparecido. De hecho, cuando el antiguo líder talibán Mullah Omar murió, su sucesor, Mullah Habitullah, hizo al líder de Al Qaeda en la insurgencia afgana, Sarraj Haqqani, el comandante de sus operaciones militares. Según los informes, el hijo de Habitullah también se convirtió en un terrorista suicida en Helmand en 2017. Esto no representa una dilución moderada de los talibanes, como algunos de sus discursos quisieran sugerir. Y Al Qaeda puede estar en un momento bajo, pero todavía están en el campo. Fueron los hombres detrás del 11 de septiembre, por cierto.

Los detalles del acuerdo aparecerán la próxima semana más o menos. Parece probable que implicará una reducción en los niveles de tropas de Estados Unidos y limitará lo que Estados Unidos puede hacer en el campo de batalla, mientras que el Gobierno afgano y los que están detrás de la insurgencia hacen lo que pueden. También se enfrentará a elecciones presidenciales en Afganistán, por lo general un asunto comprometido y escaso, que serán el 28 de septiembre. Los afganos elegirán a un presidente justo cuando se ve un tambaleante acuerdo de paz.

El presidente Trump puede venderlo como un acuerdo histórico. Pero solo en los próximos meses sabremos si le da a Al Qaeda más espacio para crecer y lo que significa para los cientos de miles de afganos que lucharon por los estadounidenses y por la forma de vida que Estados Unidos les ofreció.

LEE: Trump: Podría ganar la guerra en Afganistán “en 1 semana, pero no quiero matar a 10 millones de personas”

Para los afganos, es una cuestión de vida o muerte, una propuesta mucho más seria que la que arriesga Estados Unidos: la posibilidad de que su guerra más larga termine con una traición, y la posibilidad de que el enemigo que intentaron vencer vuelva a florecer.

“Quiero paz para mi país”, dice Basir Jan, el hermano del novio del ataque de bodas. “Pero nunca lo entendemos”.

Ehsan Popalzai contribuyó reportando desde Kabul.



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Lo que dice una masacre en una boda sobre el plan de Trump de abandonar Afganistán


Londres (CNN) — El contrato de matrimonio acababa de firmarse y las festividades estaban en pleno apogeo. Pero justo cuando los parientes cercanos de los recién casados salían de una habitación del piso de arriba para unirse a cientos de amigos y familiares en un salón de bodas en Kabul, alguien no invitado se adelantó. Lo que debería haber sido un momento de celebración se convirtió en una escena de carnicería inimaginable, cuando un terrorista suicida de ISIS se inmoló frente a la banda tocando en la sección de hombres del lugar.

Las autoridades dicen que al menos 63 murieron, los novios sobrevivieron, pero los familiares creen que la cifra de muertos puede ser mayor. La muerte violenta es un hecho cotidiano en Kabul, pero este ataque sorprendió a muchos con su salvajismo. “Antes de la explosión estábamos tan felices, toda nuestra familia, parientes y amigos estaban en el salón y estábamos disfrutando de la boda”, dijo a CNN Basir Jan, un hermano del novio. “Cuando ocurrió la explosión, vi los cadáveres de mis familiares y amigos. Ocho de mis amigos más cercanos murieron en la explosión. Era una escena que siempre recordaré”.

La devastación representa una tragedia personal de las familias que fueron atacadas en Kabul el fin de semana. Pero también proporcionó un telón de fondo sangriento para las etapas finales de las conversaciones de paz que se están celebrando ahora entre los talibanes y Estados Unidos.

A wedding hall is devastated after a suicide bomber targeted a ceremony in Kabul.

El principal negociador de Estados Unidos, el representante especial Zalmay Khalilzad, tuiteó poco después de que el atacante entró en la celebración: “Debemos acelerar el Proceso #AfghanPeace, incluidas las negociaciones intraafganas. El éxito aquí pondrá a los afganos en una posición mucho más fuerte para derrotar a ISIS”.

Es un tuit que se las arregla para ser sorprendentemente oportunista, defectuoso pero en gran medida preciso al mismo tiempo. Preciso, ya que un acuerdo de paz entre EE.UU. y los talibanes permitiría a ambos centrarse en ISIS, una parte relativamente pequeña pero brutal de la insurgencia que se desata en Afganistán ahora. Defectuoso, porque un acuerdo de paz no garantizaría que los talibanes no persiguieran a su principal enemigo, el Gobierno afgano primero, antes de llegar a ISIS. Oportunista, ya que el tuit también expuso la actitud de “acuerdo a toda costa” detrás de las conversaciones ahora: la masacre es un reflejo de lo mucho que ha colapsado Afganistán, no de qué tan bien podría arreglarlo el acuerdo de paz propuesto. Trump quiere salir de Afganistán, eso está claro, a pesar de decir el año pasado que ganaría. Pero, ¿qué tanto de un final sin gloria en la guerra más larga de EE.UU. está dispuesto a tolerar para que eso suceda?

Para recapitular: hace unos meses, Estados Unidos hizo una concesión clave con los talibanes, acordó dirigir conversaciones que excluían al Gobierno afgano de la mesa, algo que los insurgentes siempre quisieron.

Fuentes cercanas a las conversaciones dicen que están 99% resueltas en torno a un acuerdo entre EE.UU. y los talibanes que implicaría una reducción de las tropas estadounidenses y, lo que es más importante, un alto el fuego entre estos dos combatientes.

LEE: Trump se reunirá con funcionarios de seguridad en Afganistán a medida que aumentan las preocupaciones sobre la retirada de Estados Unidos

Ese alto el fuego no necesariamente pondría fin a la lucha entre los talibanes y las fuerzas del Gobierno afgano, solo eliminaría el poder aéreo de EE.UU. del campo de batalla. El Gobierno afgano y los talibanes comenzarían entonces conversaciones de paz separadas, dicen las fuentes. Los críticos afganos del plan temen que, a medida que esas conversaciones de paz inevitablemente tropiecen, el Gobierno de Kabul comenzará a perder territorio ante los talibanes, abandonado por Washington y con la potencia de fuego estadounidense inactiva.

Afghans carry the body of a victim of a wedding hall bombing during a mass funeral in Kabul.

Afganos cargan el cuerpo de una víctima de la masacre en una boda en un funeral masivo en Kabul.

La contranarrativa de esta sombría evaluación es triple. Primero, los talibanes saben que deben unir fuerzas con un Gobierno reconocido internacionalmente para calificar por ayuda extranjera, por lo que es poco probable que se vuelva al atavismo de la década de 1990. Además, EE. UU. eventualmente debe abandonar Afganistán de una forma u otra, o al menos reducir sus gastos allí. Y, finalmente, que la violencia ha disparado el progreso de estas conversaciones, ambas partes tratando de afirmar el dominio en el campo de batalla, y que la paz y la reducción de la violencia tienen que ser la única prioridad.

Esta conclusión es válida, pero pierde un punto: la razón por la cual Estados Unidos se fue a Afganistán en primer lugar. Al Qaeda no ha desaparecido. De hecho, cuando el antiguo líder talibán Mullah Omar murió, su sucesor, Mullah Habitullah, hizo al líder de Al Qaeda en la insurgencia afgana, Sarraj Haqqani, el comandante de sus operaciones militares. Según los informes, el hijo de Habitullah también se convirtió en un terrorista suicida en Helmand en 2017. Esto no representa una dilución moderada de los talibanes, como algunos de sus discursos quisieran sugerir. Y Al Qaeda puede estar en un momento bajo, pero todavía están en el campo. Fueron los hombres detrás del 11 de septiembre, por cierto.

Los detalles del acuerdo aparecerán la próxima semana más o menos. Parece probable que implicará una reducción en los niveles de tropas de Estados Unidos y limitará lo que Estados Unidos puede hacer en el campo de batalla, mientras que el Gobierno afgano y los que están detrás de la insurgencia hacen lo que pueden. También se enfrentará a elecciones presidenciales en Afganistán, por lo general un asunto comprometido y escaso, que serán el 28 de septiembre. Los afganos elegirán a un presidente justo cuando se ve un tambaleante acuerdo de paz.

El presidente Trump puede venderlo como un acuerdo histórico. Pero solo en los próximos meses sabremos si le da a Al Qaeda más espacio para crecer y lo que significa para los cientos de miles de afganos que lucharon por los estadounidenses y por la forma de vida que Estados Unidos les ofreció.

LEE: Trump: Podría ganar la guerra en Afganistán “en 1 semana, pero no quiero matar a 10 millones de personas”

Para los afganos, es una cuestión de vida o muerte, una propuesta mucho más seria que la que arriesga Estados Unidos: la posibilidad de que su guerra más larga termine con una traición, y la posibilidad de que el enemigo que intentaron vencer vuelva a florecer.

“Quiero paz para mi país”, dice Basir Jan, el hermano del novio del ataque de bodas. “Pero nunca lo entendemos”.

Ehsan Popalzai contribuyó reportando desde Kabul.



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Asesor de Trump visita Guatemala e insiste que el acuerdo firmado no es de un tercer país seguro


(CNN Español) — El acuerdo firmado a finales de julio entre Guatemala y EE.UU., en el despacho del presidente Donald Trump, y que inicialmente fue confirmado por las autoridades estadounidenses, como un “acuerdo del tercer país seguro”, es un “convenio de cooperación y asilo”, según confirmó este lunes, en reunión con periodistas Mauricio Claver-Carone, asistente especial para el presidente Donald Trump y director senior para Asuntos Hemisféricos de Occidente y Consejo Nacional de Seguridad.

Claver-Carone dijo en la residencia de la Embajada estadounidense en Ciudad de Guatemala que este es un acuerdo limitado y a corto plazo, que busca otorgar asilo político a un número limitado de personas que son perseguidas por razones que encuadran dentro de los convenios internacionales. El funcionario aseveró que lo firmado entre ambos países se basa en la Convención de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), y que este es únicamente para apoyar a salvadoreños y hondureños.

El propósito de este convenio, según Claver-Carone, es definir los casos en los que estos centroamericanos sufren de persecución política, religiosa o de algún otro tipo. Pero, según el funcionario, este convenio no cubre a quienes huyen de su país por razones económicas: “Es peligroso e injusto que por razones económicas (los migrantes), quieran ir a Estados Unidos (pero) no pueden ir, por un proceso que no están haciendo”.

Claver-Carone aseguró que lo firmado entre los dos países ayudará a largo plazo a los guatemaltecos, porque el gobierno estadounidense triplicará el programa H2A, que se traduce en visas destinadas a trabajadores agrícolas de Guatemala. Este acuerdo fue firmado en Guatemala entre ambos países cuatro días después de la firma del convenio en la sala Oval de la Casa Blanca el pasado 26 de julio.

Durante el tiempo de espera y mientras EE.UU. procesa la información para determinar si esa persona (salvadoreña u hondureña) es apta para formar parte del programa de asilados, en Guatemala “habría un sitio donde tuvieran que estar (los migrantes) y también para aquellos que no cumplan esos requisitos para poder devolverlos a su país”.

Estados Unidos todavía no aclara cuál será el lugar o la forma en la que se resguardarán a los centroamericanos mientras esperan su proceso de asilo. “Depende de la capacidad necesaria y eso, se está midiendo. Actualmente ya hay proceso de evolución. Ya hay un proceso y se va midiendo, se va acogiendo y acoplando a las circunstancias”, dijo Claver-Carone.

El asistente especial del mandatario estadounidense aseguró que en los próximos días Guatemala firmará un acuerdo con la agencia de la ONU para los Refugiados. Así mismo el funcionario estadounidense afirmó que Estados Unidos estará a cargo de la parte económica pero será ACNUR y el gobierno de Guatemala quienes estarán a cargo del procesamiento y desarrollo del mismo.

Aunque Mauricio Claver-Carone recordó que este convenio es limitado, también indicó que se contempla que dentro de su creación este acuerdo de cooperación y asilo para salvadoreños y hondureños, se pueda extender si las circunstancias lo ameritan.

 



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