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Fray Bentos: cómo una pequeña ciudad de Uruguay revolucionó nuestra forma de comer


Fábrica

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Shafik Meghji

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El Paisaje Industrial Fray Bentos fue declarado Patrimonio Mundial en 2015.

“La empresa decía que aprovechaba todas las partes de la vaca menos el mugido”, dijo Diana Cerilla, al tiempo que me guiaba al corazón de lo que llama la “sala para matar”.

En la década de 1930, hasta 1.600 vacas por día (además de miles de ovejas, cerdos, gallinas y otros animales) conocían su final en el matadero antes de ser procesados, empaquetados y exportados a distintas partes del mundo.

Le eché una mirada a la espeluznante formación de ganchos, poleas, ruedas, cadenas, cintas de transporte y balanzas, inmóviles pero ominosas, y empecé a temblar.

A simple vista, una planta procesadora de carne abandonada desde hace tiempo ubicada en las afueras de una ciudad del campo uruguayo no suena como un destino turístico muy tentador, mucho menos como un lugar declarado Patrimonio Mundial por Unesco.

Pero el Paisaje Industrial Fray Bentos tuvo un profundo impacto en la manera en que el mundo come, creando una de las marcas británicas más famosas del siglo XX, transformando la economía uruguaya y ayudando a la producción mundial de comida a ingresar a la era industrial.

Además, el lugar es un despliegue impresionante de tecnología de vanguardia de la época victoriana, que lentamente se va oxidando. Para aquellos que tienen una pasión por la arqueología industrial, tiene una belleza misteriosa.

Un lujo en lata

En 1863, la Liebig Extract of Meat Company (Compañía Liebig de Extracto de Carne) fundó una fábrica a orillas del río Uruguay y comenzó a producir “extracto de carne” usando una técnica patentada por el pionero químico alemán Justus von Liebig.

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Trabajadores de más de 60 países se vieron atraídos por los trabajos proporcionados por la fábrica ilustrada aquí en un mural de Ángel Juárez Masare.

Cortes baratos de carne (disponibles en grandes cantidades en Uruguay gracias a la floreciente industria ganadera) eran hervidos para producir un nutritivo caldo que originalmente estaba dirigido a pacientes convalecientes. El proceso luego fue refinado, el líquido solidificado y Oxo -un pequeño cubo de caldo- surgió.

A medida que trabajadores de Uruguay y otros 60 países fueron llegando, una ciudad comenzó a crecer alrededor de la fábrica dirigida por alemanes y financiada por británicos.

Si bien en un principio se llamó Villa Independencia, la ciudad luego fue rebautizada en honor a un ermitaño del siglo XVII llamado Fray Bentos, quien supuestamente vivía en una cueva cercana.

Poco después, Liebig empezó a producir otro popular producto con los cortes baratos: corned beef enlatado.

Los cubos de caldo Oxo y el corned beef se convirtieron en la materia prima de la cocina de la clase obrera a lo largo de Europa, para quienes hasta entonces la carne era un producto de lujo.

Asimismo, se convirtieron en raciones baratas, fáciles de cargar y con extensas fechas de vencimiento para los soldados británicos y alemanes durante la Primera Guerra Mundial, así como también para exploradores como Robert Falcon Scott y Ernest Shackleton.

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Según Unesco, “el lugar mismo, así como las instalaciones industriales, viviendas e instituciones presentes en él, permiten aprehender la totalidad del proceso de una producción de carne que tuvo una importancia mundial”.

En 1924, la empresa fue comprada por la compañía British Vestey Group (Grupo Británico Vestey) y rebautizada Frigorífico Anglo del Uruguay.

Gracias a los rápidos avances de la tecnología de refrigeración, “El Anglo” comenzó a exportar carne congelada a distintas partes del mundo, así como también Oxo, corned beef y más de 200 otros productos, desde cuero hasta jabones, pasando por salchichas y mermeladas.

Solo en 1943, 16 millones de latas de corned beef partieron de Fray Bentos, en su vasta mayoría, con el objetivo de alimentar al bando Aliado en la Segunda Guerra Mundial.

Hasta la realeza británica lo degustó: “Recuerdo comer corned beef hasta que me saliera por las orejas”, dijo el príncipe Carlos a los periodistas en 1999 cuando visitó Uruguay.

“Tiempos modernos” en Uruguay

Hoy en día, la planta está abierta al público. Los edificios de oficinas fueron renovados y transformados en un museo que exhibe objetos de los tiempos de apogeo de la fábrica, incluyendo máquinas de escribir antiguas, pósters clásicos, equipamiento rudimentario para luchar contra incendios y camiones de transporte desvencijados.

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Para la clase obrera europea la carne era un producto de lujo que llegó a sus mesas gracias al corned beef.

Otra parte está ocupada por una universidad local, manteniendo vivas las tradiciones tecnológicas de la planta. Pero la mayor parte del enmarañado complejo fue mantenida como estaba y deambular por estos edificios vastos, silenciosos y poco iluminados es una experiencia fascinante.

La sala de máquinas parece salida de una escena de un cómic retrofuturista, con generadores a diésel oxidados, enormes turbinas y compresores de vapor adornados con palancas, válvulas y ruedas conectadas por una multitud de tubos y chimeneas.

En las paredes de la sala contigua hay paneles de mármol cubiertos de medidores e interruptores que controlaban la producción eléctrica de la planta: en 1883 este fue el primer lugar de Uruguay que generó electricidad.

“La fábrica me recuerda a la película ‘Tiempos modernos’ de Charles Chaplin”, dice Cerilla, la directora del museo, mientras me hacía la recorrida.

Afuera, una altísima torre de agua se asoma sobre una cantidad de edificios construidos con una mezcla de ladrillos, cemento, vidrio y hierro corrugado. Muchos no pueden visitarse por razones de seguridad, incluyendo el lugar donde alguna vez llegaron a almacenarse 18.000 toneladas de carne congelada.

Pero sí es posible asomarse a Casa Grande, la opulenta mansión donde vivía el director y que incluye vitrales, pisos de madera, dos pianos y un gong para marcar el inicio de una comida.

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Los uruguayos son los mayores consumidores de carne de vaca per cápita del mundo: alrededor de 56 kg por persona al año.

“Esta fue la revolución industrial en Uruguay”, dijo el guía Nicolás Cremella. “Fray Bentos fue muy importante para Uruguay: fue la verdadera capital del país, no Montevideo. Fue la única industria de carne y empleó gente a lo largo de todo el país”, agregó.

El cierre del frigorífico

La empresa pudo haber generado empleo a nivel nacional, pero las ganancias se fueron para el exterior.

Los productos de Fray Bentos siguieron siendo populares en la Europa de posguerra, pero lentamente comenzaron a decaer a medida que la tecnología alimentaria se fue desarrollando y los hábitos alimenticios fueron cambiando.

A fines de la década de 1960, el Frigorífico Anglo pasó a manos del gobierno uruguayo y finalmente cerró en 1979.

“Fue terrible para la gente de la ciudad cuando finalmente cerró”, dijo Cerilla, cuyos padre y abuelo trabajaron en la planta. “Mucha gente se fue y otros tantos directamente emigraron”.

A pesar de la caída inicial, Fray Bentos logró recuperarse. Desde hace más de una década aloja a la floreciente fábrica de celulosa UPM y en 2015 recibió un impulso cuando el Frigorífico Anglo fue declarado patrimonio cultural de la humanidad por la Unesco.

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El corned beef puede haber puesto a Fray Bentos en el mapa mundial, pero allí casi no se lo consume.

Mientras tanto, en el mundo, la marca Fray Bentos hoy en día pertenece a Baxters, que todavía la usa para una variedad de productos enlatados, como puddings y albóndigas.

¿Y el corned beef?

En la tarde fui a la ciudad atravesando el barrio Anglo, un suburbio de unos 300 hogares construidos para el personal de mando de la compañía.

El olor a césped recién cortado, árboles floreciendo y humo de asado flotaba en el aire, mientras pasaba por grupos de casonas con techos de hierro corrugado y jardines exuberantes.

Cerca de allí estaban los clubes de golf, tenis, fútbol y remo que alguna vez fueron el centro focal de la vida de los expatriados.

S. W. Johnson, el director británico de la planta en la década de los 30, brindó una mirada sobre este periodo: “Teníamos el Club Social y Atlético Anglo, con un salón para bailes, uno de bridge y otro de pool y billar, una biblioteca que solo tenía libros y revistas en inglés… y un bar (el encargado uruguayo también aceptaba apuestas en lo que entonces era el negocio ilegal de la quiniela y lotería)”.

“Dado que no teníamos la bendición y maldición de la televisión y la radio era usada principalmente para escuchar la BBC, que nos traía noticias de ‘casa’, teníamos una vida muy activa”, escribió en un relato recogido en “Uruguay: una guía de viaje y compañía literaria”, de Andrew Graham-Yoll.

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La ciudad de Fray Bentos tiene unos 25.000 habitantes y está ubicada a orillas del río Uruguay, en el límite con Argentina.

Para cuando llegué al centro de la ciudad, era temprano en la tarde y la vida empezaba a resurgir a medida que los fraybentinos se despertaban de sus siestas. Un grupo de niños jugaba a las escondidas en la plaza principal, Plaza Constitución, algunos de los cuales usaban de escondite pérgola de hierro donada por la compañía en 1902, la cual es una réplica de la que alguna vez se erigió en el Crystal Palace de Londres.

Los padres estaban sentados en los bancos tomando mate, mientras las cotorras cataban desde las ramas de las numerosas palmeras, sauces y árboles de palo borracho.

Para la cena, me pareció apropiado probar el producto que puso a la ciudad en el mapa. Los uruguayos son los mayores consumidores de carne de vaca per cápita del mundo (alrededor de 56 kg por persona al año) y la industria ganadera es una parte clave de la economía.

Y aunque Fray Bentos sigue siendo sinónimo de carne en conserva, pocos lugareños la comen hoy. “No nos gusta comer carne de latas, nos gusta la carne fresca”, me dijo Cremella. “La gente en Fray Bentos puede tener latas de carne en conserva en casa, tal vez en el estante como una decoración o recuerdo, pero no para comer”.

Por supuesto que ninguno de los restaurantes que visité tenía carne en conserva en el menú, ni tampoco los tres primeros supermercados por los que pasé. Finalmente, cuando estaba a punto de rendirme, encontré una pequeña tienda con un par de latas a la venta. Las etiquetas decían: “Marca Uruguay – Hecho en Brasil”.

Lee la nota original en inglés enBBC Travel.

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Por qué tantas mujeres jóvenes no se identifican con el término feminista



La marcha de las Mujeres

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La marcha de las Mujeres fue convocada en Washington, D.C. el 21 de enero de 2017

En los últimos años, los movimientos feministas han atraído una atención significativa en Europa y América del Norte.

Entonces, ¿por qué tantas mujeres jóvenes dicen que no se identifican con el término?

Según una encuesta llevada a cabo en Reino Unido y en Estados Unidos, menos de una de cada cinco mujeres jóvenes se etiquetaría a sí misma como feminista.

Es una cifra sorprendente, ya que el feminismo y la defensa de los derechos de las mujeres en la búsqueda de la igualdad entre los sexos, ha centrado mucha atención últimamente.

Un día después de la investidura de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, millones de personas en todo el mundo se unieron a la Marcha de las Mujeres 2017.

Uno de los objetivos principales era defender los derechos de las mujeres, que muchos sentían amenazados.

Otro momento clave fue cuando más de 80 mujeres denunciaron por acoso sexual al productor de cine Harvey Weinstein, alegaciones que él niega.

#MeToo y otros

Los movimientos online también han ganado notoriedad.

La actriz Alyssa Milano sugirió que cualquier persona que haya sido “acosada o agredida sexualmente” debía responder a su tweet poniendo “#MeToo”, resucitando un movimiento iniciado por la activista Tarana Burke en 2006.

Medio millón de personas respondieron en las primeras 24 horas y el hashtag se ha utilizado en más de 80 países.

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La presentadora británica Jameela Jamil aboga por desarrollar una actitud positiva hacia el cuerpo

Muchas otras celebridades han abrazado públicamente el feminismo, incluidas las actrices Emma Watson, que lanzó una campaña de igualdad junto con Naciones Unidas, o la presentadora británica Jameela Jamil.

Movimientos como #sexismodiario y la célebre charla en Ted de la escritora Chimamanda Ngozi Adichie, “Todos debemos ser feministas”, también han sintonizado con millones de personas.

Rechazo al feminismo

Todos estos eventos han ayudado a atraer atención sobre el feminismo.

Así que puede ser sorprendente que la identidad “feminista” no haya ganado más popularidad entre las mujeres jóvenes de occidente.

En Reino Unido solo ha habido un pequeño aumento en el número de mujeres que se identifican como feministas.

Una encuesta de YouGov en 2018 reveló que el 34% de las mujeres en Reino Unido respondieron “sí” cuando se les preguntó si eran feministas, en comparación con el 27% de 2013.

Es más o menos lo que ocurre en el resto de Europa: menos de la mitad de los hombres y mujeres encuestados en cinco países están de acuerdo en que son feministas. Pero las diferencias entre los países fueron notorias.

Mientras el 8% de los encuestados en Alemania se reconocía feminista, en Suecia esa cifra llegó hasta el 40%.

Sin embargo, las personas no parecen rechazar el término feminismo porque estén en contra de la igualdad de género o porque crean que se ha logrado.

El mismo estudio reveló que ocho de cada 10 personas creía que los hombres y las mujeres deben ser tratados de igual manera en todos los aspectos, y muchos estaban de acuerdo en que el sexismo sigue siendo un problema.

Esto supone una transformación en la actitud.

Otro estudio, que involucró a 27.000 personas en EE.UU., reveló que dos tercios creían en la igualdad de género en 2016, en comparación con un cuarto que lo hacía en 1977.

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La charla en Ted de la escritora Chimamanda Ngozi Adichie, “Todos debemos ser feministas”, acumula más de 6 millones de visitas.

Y en una encuesta de 2017 en Reino Unido, el 8% dijo que estaba de acuerdo con los roles tradicionales de género: que un hombre debería ganar dinero y una mujer debería quedarse en casa, en comparación con el 43% de los encuestados que pensaba así en 1984.

Si muchos creen que la igualdad de género es importante y que aún no se ha llegado a ese nivel, ¿por qué relativamente pocas personas, incluidas las mujeres jóvenes, se identifican como feministas?

Es probable que crean que el término no le representa.

El sondeo sugiere que el término feminista no atrae a las mujeres de clase trabajadora.

Sí a la igualdad

Casi una de cada tres personas calificadas como ABC1, es decir, aquellas con trabajos gerenciales, administrativos o profesionales, se identifica con el término feminista en una encuesta de 2018.

Sin embargo esto pasa solo en una de cada cinco personas C2DE, aquellas que tienen un trabajo manual, están jubilados o son trabajadores ocasionales o desempleados.

Pero en conjunto, ocho de cada 10 personas de ambos grupos, creen que hombres y mujeres deben ser iguales en todos los aspectos, según una encuesta de 2015.

Esto puede sugerir que los grupos de personas con bajos ingresos respaldan la igualdad que sustenta la idea del feminismo, pero no están interesados en la palabra en sí.

Y no solo eso. El grupo étnicopuede determinar la visión sobre el feminismo.

Un estudio sobre la opinión de los millennials estadounidenses encontró que el 12% de las mujeres hispanas, el 21% de las mujeres afroestadounidenses, el 23% de las mujeres asiáticas y el 26% de las mujeres blancas se identifican como feministas.

Tres cuartas partes de todas las mujeres encuestadas dijeron que el movimiento feminista ha hecho “mucho” o “algo” para mejorar la vida de las mujeres blancas.

Sin embargo, solo el 60% dijo que había logrado mucho para las mujeres de otras etnias, un sentimiento compartido por el 46% de las mujeres afroamericanas.

Luchando contra estereotipos

Otro obstáculo pueden ser algunos de los estereotipos y conceptos erróneos asociados con el feminismo.

En su introducción en el libro recientemente publicado “Las feministas no visten de rosa y otras mentiras” (Feminists Don’t Wear Pink and Other Lies), la curadora Scarlett Curtis se refiere al estereotipo de que las feministas no usan maquillaje, se afeitan las piernas o les gustan los niños.

Estos estereotipos han persistido a lo largo de los siglos. En la década de 1920, a las feministas solían llamarlas “solteronas” y abundaban las especulaciones sobre sus preferencias sexuales.

Casi un siglo después, estos puntos de vista siguen siendo predominantes.

Tras entrevistar a un grupo diverso de mujeres jóvenes alemanas y británicas para mi artículo, encontré que la asociación del término “feminismo” con el odio a los hombres, el lesbianismo o la falta de feminidad eran factores clave en el rechazo a la etiqueta “feminista”.

La mayoría dijo que no querían llamarse feministas porque temían que les asociaran con estos rasgos.

Y eso a pesar de que muchas dejaron claro que no eran homófobas y algunas incluso se identificaron como lesbianas o bisexuales.

Entonces, ¿cómo podría mejorar la imagen del feminismo?

Podría decirse que, como sociedad, deberíamos hacer más para cuestionar lo que se espera de cómo deben verse y actuar las mujeres.

Trabajar para hacer que este movimiento sea más inclusivo podría significar que el feminismo represente las experiencias y preocupaciones de diversos grupos de mujeres.

Sin embargo, cualquiera que sea la etiqueta que las mujeres decidan adoptar, la indicación de que la gran mayoría de las personas ahora apoya la igualdad, y reconoce que aún no se ha logrado, es alentadora.

*Sobre esta pieza

Esta pieza de análisis fue encargada por la BBC a una experta que trabaja para una organización externa.

La doctora Christina Scharff es una profesora de Cultura, Medios e Industrias creativas del King’s College de Londres.

Texto editado por Eleanor Lawrie.

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Jussie Smollett: abogados del actor niegan que él participara en su propio ataque "homofóbico y racista"


Jussie Smollett en 2017

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EPA/FACUNDO ARRIZABALAGA

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Jussie Smollett es uno de los protagonistas de la serie televisiva Empire.

Los abogados del actor estadounidense Jussie Smollett han negado que él tuviera cualquier participación en el ataque del que fue víctima el mes pasado, el cual fue perpetrado, según su testimonio, por dos hombres blancos.

El pronunciamiento se produce después de que medios estadounidenses citaran fuentes que aseguran que la policía cree que él podría haberle pagado a dos hermanos nigerianos para realizar el ataque ocurrido el 29 de enero.

Los hermanos, que trabajaron como extras en la producción Empire, la serie en la que Smollett actuó, han sido interrogados por la policía de Chicago.

La policía sólo ha dicho que “la trayectoria de la investigación” ha cambiado.

¿Qué dijeron los abogados?

“Jussie Smollett está molesto y devastado por los recientes reportes de que los perpetradores son individuos que él conoce”, señalaron en un comunicado Todd Pugh y Victor Henderson.

“Ahora él ha sido más victimizado por las acusaciones atribuidas a estos supuestos perpetradores de que Jussie jugó un rol en su propio ataque. Nada puede estar más lejos de la verdad y cualquier persona que diga lo contrario está mintiendo”.

Uno de los hermanos es el entrenador personal de Smollett y los abogados dijeron que es “imposible creer que esta persona pudiera haber desempeñado un rol en el crimen en contra de Jussie o que afirmara falsamente que hubo complicidad de Jussie”.

¿Y la policía?

Las autoridades interrogaron a los dos hermanos, Ola y Abel Osundairo, la semana pasada y se informó que aún cooperan con la investigación.

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Policía de Chicago

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La policía de Chicago difundió esta imagen de CCTV de dos “personas de interés” en el caso.

Los hermanos habían salido de Estados Unidos después del ataque denunciado por Smollett y fueron arrestados a su regreso, el miércoles.

El viernes fueron dejados en libertad sin cargos.

Fuentes policiales citadas por medios estadounidenses dijeron que los hermanos compraron una cuerda que fue usada en el supuesto ataque en una ferretería cercana.

El sábado, el vocero de la policía de Chicago, Anthony Guglielmi, indicó: “Podemos confirmar que la información recibida de individuos interrogados por la policía en la investigación del caso Empire ha, de hecho, cambiado la trayectoria de la investigación”.

“Hemos contactado al abogado del actor de Empire para solicitar una entrevista de seguimiento“, añadió el funcionario.

Dos días antes, el jueves, Guglielmi había negado un informe de prensa que apuntaba a que detectives estaban investigando si Smollett había organizado el ataque. De acuerdo con el vocero de la policía hasta ese momento no había “evidencia para decir que esto es un engaño”, reportó la agencia de noticias Reuters.

Ola y Abel Osundairo participaron como extras de la producción Empire, la cual se trata sobre un magnate del hip-hop y su familia.

En una publicación en Instagram, Ola Osundairo (derecha) es visto junto al creador de la serie Lee Daniels (en el centro).

¿Qué dijo Smollet del ataque?

El actor indicó que dos hombres blancos le gritaban insultos raciales y homofóbicos mientras lo golpeaban, le lanzaban una sustancia química y le ponían una cuerda alrededor del cuello.

“Este es el país Maga”, asegura que le dijeron, refiriéndose al slogan del presidente de Estados Unidos, Donald Trump: Make America Great Again (“Hagamos Estados Unidos grande de nuevo”).

El actor indicó que el ataque lo “cambió para siempre”.

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Los conflictos violentos por recursos (como el agua) que ya está creando el cambio climático


Puesta de sol

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Mali se mueve de extremo a extremo: de la sequía a las inundaciones.

Todo en Mami rezuma agotamiento. Sus redondos y marrones ojos están llenos de tristeza y su cuerpo palpita de dolor.

“Primero, atacaron grupos armados” explica con una voz cansada, sentada en un tapete de plástico con sus cinco hijos pequeños acurrucados junto a ella, en la legendaria ciudad maliense de Tombuctú, otrora una gran capital cultural.

“Luego vino la lluvia, e hizo el resto”.

Las peores lluvias en 50 años en el norte de Mali se llevaron por delante toda su cosecha.

Esas lluvias se filtraron a través de las grietas en su casa de barro, causadas por una explosión en el ataque de un grupo armado.

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Mami perdió toda su cosecha en las peores lluvias en Mali en 50 años.

Las grietas se ven por todas partes en una tierra frágil ahora doblemente maldita por el conflicto y el cambio climático.

Se prevé que el aumento de las temperaturas en el Sahel sea 1,5 veces mayor que el promedio mundial, según Naciones Unidas.

“No ha estado en nuestro radar”, admitió Peter Maurer, presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

“Con frecuencia ponemos la mira en las armas y los actores armados, y quizás en el subdesarrollo, pero ahora vemos que el cambio climático está provocando conflictos entre las comunidades y este es un tipo diferente de violencia”.

La región más vulnerable

Mali tiene una importante misión de mantenimiento de la paz de la ONU, así como una fuerza multinacional antiterrorista para combatir la creciente amenaza de grupos extremistas en todo el Sahel, vinculados a Al Qaeda y al Estado Islámico.

Según informes, el año pasado se registró el mayor número de muertos por violencia contra civiles desde la crisis de 2012, cuando grupos islámicos ocuparon las principales ciudades del norte de Mali, incluida Tombuctú.

Pero detrás de la violencia, se avecina otra tormenta.

La región del Sahel -que incluye a Mali, Níger, Burkina Faso, Chad y Mauritania- comprende algunos de los Estados más pobres y frágiles del mundo, y está considerada como la más vulnerable al cambio climático.

En una visita al norte de Mali con el CICR, fue alarmante ver cómo las consecuencias del cambio climático se entrelazan con lo que ya siempre ha sido una dura existencia en el borde del desierto del Sahara.

“La fragilidad de Mali te mira fijamente a la cara”, señala Maurer, mientras estamos, rodeados por una multitud, en un campamento abarrotado para familias que huyen de la inseguridad y el hambre en comunidades del norte de Mali.

“Toda la atención de la comunidad internacional está en conflictos altamente visibles en Siria, Irak y Yemen, pero la fragilidad aquí dura décadas”.

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Los decrecientes niveles de agua están creando tensiones entre pastores y agricultores.

Mali ahora se tambalea entre sequías e inundaciones. Ambas son cada vez más duraderas y causan un enorme daño en los cultivos y ganado.

Y eso significa que los agricultores y pastores nómadas, de diferentes grupos étnicos, se están enfrentando por unos recursos menguantes.

“Siempre ha habido pequeños enfrentamientos entre ganaderos y agricultores, pero los niveles de agua están disminuyendo y eso está generando mucha tensión”, explica Hammadoun Cisse, un pastor que encabeza un comité de reconciliación que intenta mediar entre las comunidades.

Y los grupos islamistas están echando más gasolina al fuego.

“Vienen como protectores de comunidades y luego intentan imponernos su forma de vida”, explica Cisse.

“Nosotros no aceptamos este tipo de cultura islámica con ideas yihadistas, así que esto crea otro conflicto”.

Cada historia que oímos en el norte de Mali fue una de múltiples amenazas y todas terriblemente enredadas.

Una dura existencia, en números

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  • Las temperaturas en el Sahel han aumentado casi 1ºC desde 1970, según el Instituto Internacional para el Desarrollo Sustentable.
  • Se prevé que el aumento de las temperaturas en la región sea 1,5 veces mayor que la media global, dice la ONU
  • Aproximadamente el 80% de la tierra cultivable del Sahel está afectada por la degradación, incluida la erosión del suelo y la deforestación, estima la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

“Perdimos todo nuestro ganado en la sequía de los 70 y tuvimos que cambiarnos de ciudad”, dice Rabiatou Aguissa, mientras se agacha en un taburete de plástico en un complejo de paredes polvorientas en Tombuctú.

Madre de ocho niños, ella también perdió a su marido.

Su hermano pequeño se unió a un grupo armado y él estaba tan molesto que murió del trauma“, cuenta, mientras reajusta la tela alrededor de su cabeza.

Junto a ella, hay otro recordatorio de una vida en pequeños pedazos.

Paquetes del tamaño de un pulgar de sal, cebollas, pescado seco y tomates se ensamblan en una pequeña bandeja de metal, lista para la venta en la carretera.

Dos agujas de tejer sobresalen de la bandeja, otra herramienta para tratar de llegar a fin de mes.

Una población creciente y cada vez más frágil

En su estrecho recinto amurallado, y en todos los lugares a los que fuimos, los grupos de niños risueños son otra señal de lo que nos espera.

La población en el Sahel se dobla cada 20 años, y cada generación es más frágil que la anterior.

El Banco Mundial considera que esta región se está quedando atrás en la batalla contra la pobreza.

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Los grupos armados recluyan a jóvenes pastores cuyos animales murieron.

Nos reunimos con Younoussa, de 17 años, en el Centro para el Tránsito y la Reorientación en Gao, un lugar de rehabilitación para jóvenes que fueron reclutados a la fuerza por grupos armados.

Casi 50 jóvenes, entre 13 y 17 años, se disponen a desayunar cuando llegamos.

Younoussa nos cuenta que se convirtió en pastor a los 13 años, pero muchos otros niños comienzan a atender a los rebaños desde los 9 o 10 años. Como muchos jóvenes malienses, nunca fue a la escuela, solo a clases de Corán.

Nos dice que la inseguridad obligó a su familia a huir de su casa, pero él se quedó para vigilar su ganado.

“Pero no llovía, y los animales no tenían nada para comer. Murieron, uno tras otro”.

“Para sobrevivir, no tuve otra opción que unirme a un grupo armado”, nos dice.

Nos detalla cómo ganaba el equivalente a US$3 por mes, trabajando en la cocina y en puestos de control.

La mayoría de estos jóvenes no quieren admitir si combatieron o no.

“No quiero estar con un grupo armado”, dice Younoussa, visiblemente triste. “Quiero estar con mi familia otra vez y conseguir un trabajo”.

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Los agricultores tienen que pensar más allá de su propia familia.

Esta peligrosa mezcla de factores en Mali puede parecer abrumadora, pero hay destellos de esperanza.

Como casi todos los malienses tienen que vivir de la tierra, ahí es donde tiene que empezar la lucha.

“Los agricultores no están solos”, dice Sossou Geraud Houndonougho, quien trabaja en agua y saneamiento para el CICR en la ciudad de Mopti.

“Tenemos que enseñarles no solo a plantar su propio jardín para su familia, sino a trabajar juntos para plantar un bosque para su comunidad, para su futuro”, explica.

Y el medidor, Cisse, hace una petición de diálogo: “Debemos sentarnos y hablar, y ver qué podemos hacer, no con armas sino con el diálogo, para reducir las diferencias entre nosotros”.

“Vemos ejemplos prometedores, a nivel local, que nos muestran que la paz es posible y que hay mucha energía para responder al cambio climático”, considera Maurer del CICR. “Pero está claro que no lo superarán a menos que haya un apoyo de la comunidad internacional que vaya más allá de la seguridad”.

Y el mensaje es claro desde Mali: el tiempo se está acabando.

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