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Fray Bentos: cómo una pequeña ciudad de Uruguay revolucionó nuestra forma de comer


Fábrica

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Shafik Meghji

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El Paisaje Industrial Fray Bentos fue declarado Patrimonio Mundial en 2015.

“La empresa decía que aprovechaba todas las partes de la vaca menos el mugido”, dijo Diana Cerilla, al tiempo que me guiaba al corazón de lo que llama la “sala para matar”.

En la década de 1930, hasta 1.600 vacas por día (además de miles de ovejas, cerdos, gallinas y otros animales) conocían su final en el matadero antes de ser procesados, empaquetados y exportados a distintas partes del mundo.

Le eché una mirada a la espeluznante formación de ganchos, poleas, ruedas, cadenas, cintas de transporte y balanzas, inmóviles pero ominosas, y empecé a temblar.

A simple vista, una planta procesadora de carne abandonada desde hace tiempo ubicada en las afueras de una ciudad del campo uruguayo no suena como un destino turístico muy tentador, mucho menos como un lugar declarado Patrimonio Mundial por Unesco.

Pero el Paisaje Industrial Fray Bentos tuvo un profundo impacto en la manera en que el mundo come, creando una de las marcas británicas más famosas del siglo XX, transformando la economía uruguaya y ayudando a la producción mundial de comida a ingresar a la era industrial.

Además, el lugar es un despliegue impresionante de tecnología de vanguardia de la época victoriana, que lentamente se va oxidando. Para aquellos que tienen una pasión por la arqueología industrial, tiene una belleza misteriosa.

Un lujo en lata

En 1863, la Liebig Extract of Meat Company (Compañía Liebig de Extracto de Carne) fundó una fábrica a orillas del río Uruguay y comenzó a producir “extracto de carne” usando una técnica patentada por el pionero químico alemán Justus von Liebig.

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Trabajadores de más de 60 países se vieron atraídos por los trabajos proporcionados por la fábrica ilustrada aquí en un mural de Ángel Juárez Masare.

Cortes baratos de carne (disponibles en grandes cantidades en Uruguay gracias a la floreciente industria ganadera) eran hervidos para producir un nutritivo caldo que originalmente estaba dirigido a pacientes convalecientes. El proceso luego fue refinado, el líquido solidificado y Oxo -un pequeño cubo de caldo- surgió.

A medida que trabajadores de Uruguay y otros 60 países fueron llegando, una ciudad comenzó a crecer alrededor de la fábrica dirigida por alemanes y financiada por británicos.

Si bien en un principio se llamó Villa Independencia, la ciudad luego fue rebautizada en honor a un ermitaño del siglo XVII llamado Fray Bentos, quien supuestamente vivía en una cueva cercana.

Poco después, Liebig empezó a producir otro popular producto con los cortes baratos: corned beef enlatado.

Los cubos de caldo Oxo y el corned beef se convirtieron en la materia prima de la cocina de la clase obrera a lo largo de Europa, para quienes hasta entonces la carne era un producto de lujo.

Asimismo, se convirtieron en raciones baratas, fáciles de cargar y con extensas fechas de vencimiento para los soldados británicos y alemanes durante la Primera Guerra Mundial, así como también para exploradores como Robert Falcon Scott y Ernest Shackleton.

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Según Unesco, “el lugar mismo, así como las instalaciones industriales, viviendas e instituciones presentes en él, permiten aprehender la totalidad del proceso de una producción de carne que tuvo una importancia mundial”.

En 1924, la empresa fue comprada por la compañía British Vestey Group (Grupo Británico Vestey) y rebautizada Frigorífico Anglo del Uruguay.

Gracias a los rápidos avances de la tecnología de refrigeración, “El Anglo” comenzó a exportar carne congelada a distintas partes del mundo, así como también Oxo, corned beef y más de 200 otros productos, desde cuero hasta jabones, pasando por salchichas y mermeladas.

Solo en 1943, 16 millones de latas de corned beef partieron de Fray Bentos, en su vasta mayoría, con el objetivo de alimentar al bando Aliado en la Segunda Guerra Mundial.

Hasta la realeza británica lo degustó: “Recuerdo comer corned beef hasta que me saliera por las orejas”, dijo el príncipe Carlos a los periodistas en 1999 cuando visitó Uruguay.

“Tiempos modernos” en Uruguay

Hoy en día, la planta está abierta al público. Los edificios de oficinas fueron renovados y transformados en un museo que exhibe objetos de los tiempos de apogeo de la fábrica, incluyendo máquinas de escribir antiguas, pósters clásicos, equipamiento rudimentario para luchar contra incendios y camiones de transporte desvencijados.

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Para la clase obrera europea la carne era un producto de lujo que llegó a sus mesas gracias al corned beef.

Otra parte está ocupada por una universidad local, manteniendo vivas las tradiciones tecnológicas de la planta. Pero la mayor parte del enmarañado complejo fue mantenida como estaba y deambular por estos edificios vastos, silenciosos y poco iluminados es una experiencia fascinante.

La sala de máquinas parece salida de una escena de un cómic retrofuturista, con generadores a diésel oxidados, enormes turbinas y compresores de vapor adornados con palancas, válvulas y ruedas conectadas por una multitud de tubos y chimeneas.

En las paredes de la sala contigua hay paneles de mármol cubiertos de medidores e interruptores que controlaban la producción eléctrica de la planta: en 1883 este fue el primer lugar de Uruguay que generó electricidad.

“La fábrica me recuerda a la película ‘Tiempos modernos’ de Charles Chaplin”, dice Cerilla, la directora del museo, mientras me hacía la recorrida.

Afuera, una altísima torre de agua se asoma sobre una cantidad de edificios construidos con una mezcla de ladrillos, cemento, vidrio y hierro corrugado. Muchos no pueden visitarse por razones de seguridad, incluyendo el lugar donde alguna vez llegaron a almacenarse 18.000 toneladas de carne congelada.

Pero sí es posible asomarse a Casa Grande, la opulenta mansión donde vivía el director y que incluye vitrales, pisos de madera, dos pianos y un gong para marcar el inicio de una comida.

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Los uruguayos son los mayores consumidores de carne de vaca per cápita del mundo: alrededor de 56 kg por persona al año.

“Esta fue la revolución industrial en Uruguay”, dijo el guía Nicolás Cremella. “Fray Bentos fue muy importante para Uruguay: fue la verdadera capital del país, no Montevideo. Fue la única industria de carne y empleó gente a lo largo de todo el país”, agregó.

El cierre del frigorífico

La empresa pudo haber generado empleo a nivel nacional, pero las ganancias se fueron para el exterior.

Los productos de Fray Bentos siguieron siendo populares en la Europa de posguerra, pero lentamente comenzaron a decaer a medida que la tecnología alimentaria se fue desarrollando y los hábitos alimenticios fueron cambiando.

A fines de la década de 1960, el Frigorífico Anglo pasó a manos del gobierno uruguayo y finalmente cerró en 1979.

“Fue terrible para la gente de la ciudad cuando finalmente cerró”, dijo Cerilla, cuyos padre y abuelo trabajaron en la planta. “Mucha gente se fue y otros tantos directamente emigraron”.

A pesar de la caída inicial, Fray Bentos logró recuperarse. Desde hace más de una década aloja a la floreciente fábrica de celulosa UPM y en 2015 recibió un impulso cuando el Frigorífico Anglo fue declarado patrimonio cultural de la humanidad por la Unesco.

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El corned beef puede haber puesto a Fray Bentos en el mapa mundial, pero allí casi no se lo consume.

Mientras tanto, en el mundo, la marca Fray Bentos hoy en día pertenece a Baxters, que todavía la usa para una variedad de productos enlatados, como puddings y albóndigas.

¿Y el corned beef?

En la tarde fui a la ciudad atravesando el barrio Anglo, un suburbio de unos 300 hogares construidos para el personal de mando de la compañía.

El olor a césped recién cortado, árboles floreciendo y humo de asado flotaba en el aire, mientras pasaba por grupos de casonas con techos de hierro corrugado y jardines exuberantes.

Cerca de allí estaban los clubes de golf, tenis, fútbol y remo que alguna vez fueron el centro focal de la vida de los expatriados.

S. W. Johnson, el director británico de la planta en la década de los 30, brindó una mirada sobre este periodo: “Teníamos el Club Social y Atlético Anglo, con un salón para bailes, uno de bridge y otro de pool y billar, una biblioteca que solo tenía libros y revistas en inglés… y un bar (el encargado uruguayo también aceptaba apuestas en lo que entonces era el negocio ilegal de la quiniela y lotería)”.

“Dado que no teníamos la bendición y maldición de la televisión y la radio era usada principalmente para escuchar la BBC, que nos traía noticias de ‘casa’, teníamos una vida muy activa”, escribió en un relato recogido en “Uruguay: una guía de viaje y compañía literaria”, de Andrew Graham-Yoll.

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La ciudad de Fray Bentos tiene unos 25.000 habitantes y está ubicada a orillas del río Uruguay, en el límite con Argentina.

Para cuando llegué al centro de la ciudad, era temprano en la tarde y la vida empezaba a resurgir a medida que los fraybentinos se despertaban de sus siestas. Un grupo de niños jugaba a las escondidas en la plaza principal, Plaza Constitución, algunos de los cuales usaban de escondite pérgola de hierro donada por la compañía en 1902, la cual es una réplica de la que alguna vez se erigió en el Crystal Palace de Londres.

Los padres estaban sentados en los bancos tomando mate, mientras las cotorras cataban desde las ramas de las numerosas palmeras, sauces y árboles de palo borracho.

Para la cena, me pareció apropiado probar el producto que puso a la ciudad en el mapa. Los uruguayos son los mayores consumidores de carne de vaca per cápita del mundo (alrededor de 56 kg por persona al año) y la industria ganadera es una parte clave de la economía.

Y aunque Fray Bentos sigue siendo sinónimo de carne en conserva, pocos lugareños la comen hoy. “No nos gusta comer carne de latas, nos gusta la carne fresca”, me dijo Cremella. “La gente en Fray Bentos puede tener latas de carne en conserva en casa, tal vez en el estante como una decoración o recuerdo, pero no para comer”.

Por supuesto que ninguno de los restaurantes que visité tenía carne en conserva en el menú, ni tampoco los tres primeros supermercados por los que pasé. Finalmente, cuando estaba a punto de rendirme, encontré una pequeña tienda con un par de latas a la venta. Las etiquetas decían: “Marca Uruguay – Hecho en Brasil”.

Lee la nota original en inglés enBBC Travel.

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Llegada del Apolo 11 a la Luna: Frances Northcutt, la mujer que a los 25 años fue la primera ingeniera en el centro de control de las misiones Apolo


Frances Northcutt en el centro de control de la NASA en Houston en 1969

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Northcutt trabajó en los programas de computación que calculaban la trayectoria de regreso de las misiones desde la Luna. En la imagen se ve a la matemática en el centro de control de la NASA en Houston en 1969.

Frances Northcutt era una matemática de 25 años cuando hizo historia.

Fue en 1968 que Northcutt, conocida por muchos por su apodo “Poppy”, se convirtió en la primera mujer que trabajó como ingeniera en el centro de control de las misiones Apolo de la NASA.

De sus cálculos dependía directamente la trayectoria que las naves espaciales debían seguir para regresar de la Luna.

Eso fue exactamente lo que sucedió con la misión Apolo 11, que el 16 de julio de 1969 partió con los astronautas Neil Armstrong, Edwin “Buzz” Aldrin y Michael Collins hacia la Luna y los trajo de vuelta a la Tierra 8 días después.

A pesar de su trabajo pionero, la discriminación enfrentada por Northcutt (aunque no de sus colegas) la llevó a cambiar de rumbo y dedicar su energía a otra misión: defender los derechos de las mujeres.

Medio siglo después de Apolo 11, Northcutt habló desde Texas con BBC Mundo sobre su papel en las históricas misiones Apolo, su lucha de décadas por la igualdad y sus consejos para mujeres en cualquier parte del mundo que enfrentan discriminación.

¿Cómo llegó a trabajar en las misiones Apolo?

Antes que nada, tenía una buena aptitud en matemáticas.

Pero en esa época -y francamente hoy en día- había muchos estereotipos sobre lo que era un trabajo adecuado para una mujer. Si tenías un título, tenías tres opciones: ser enfermera, maestra o tal vez secretaria ejecutiva.

Las matemáticas te daban más oportunidades y por eso busqué dedicarme a ello.

¿Cuál era su trabajo específico en el centro de control?

Yo trabajaba para TRW Systems, una empresa contratada por la NASA que tenía a su cargo el desarrollo de programas de computación para calcular las trayectorias en las misiones a la Luna.

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Luego de las misiones Apolo, Northcutt estudió leyes y se dedicó a defender los derechos de las mujeres.

Teníamos que calcular los ángulos a los que se debían encender los propulsores y durante cuánto tiempo para asegurar que la nave estuviese en la trayectoria correcta para regresar a la Tierra, en lo que se llama el corredor de reentrada.

Si la nave estaba fuera de ese corredor, podía quemarse.

Mi recuerdo de esos días es que vivía para trabajar: sábados, domingos, noches. Trabajábamos hasta estar tan agotados que íbamos a casa a dormir para volver y seguir trabajando.

¿El programa estaba diseñado para emergencias?

En términos modernos podría decirse que creábamos apps. El objetivo era que, en caso de emergencias, si había que abortar la misión, esta app o programa era tan rápida y precisa que optimizaba todos tus requerimientos de combustible.

Pero el programa no solo servía para emergencias. Fue usado en todos los vuelos a la Luna, en Apolo 8, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16 y 17.

Cuando se planeó Apolo 8, la misión fue acelerada porque había un temor de que los rusos iban a llegar antes a la Luna. Como los controladores de vuelo de la NASA no estaban familiarizados con nuestros programas, nos invitaron a trabajar en el centro de control para ayudarlos.

Es como si tuvieran una nueva app y aún no sabían usarla.

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Northcutt junto a un modelo del módulo lunar de Apolo 14 durante un debate en un estudio de TV británico en 1971.

Con 25 años fue la primera ingeniera mujer en el centro de control, ¿qué recuerdos tiene sobre el ambiente de trabajo?

Había tan pocas mujeres en diferentes roles en el centro de control de la misión que para mí no era inusual a veces ser la única mujer en la sala.

Claro que sentía la presión de tener un buen desempeño, pero en general no tuve problemas con mis colegas hombres.

Sentí mucho más sexismo por parte de la prensa que de los otros ingenieros.

¿Podría darnos ejemplos de ese sexismo?

La prensa siempre busca estereotipos y ponía mucho énfasis en mi ropa y apariencia. Probablemente algo similar ocurre ahora.

Cuando una mujer se postula a un puesto político en mi país (Estados Unidos) abundan los comentarios sobre su peinados o su vestuario.

Frances Northcutt en 1970

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Sentí mucho más sexismo por parte de la prensa que de los otros ingenieros.

El sexismo era más perverso hace 50 años, pero todavía existe.

Creo que la situación de las mujeres en cierto sentido es mejor ahora, pero en cierto sentido también es peor, por todo el acoso que sufren en las redes sociales.

¿Fue difícil enfrentar ese sexismo hace medio siglo?

Cuando comencé a trabajar en TRW Systems tenía el cargo de “computress”, algo así como técnica de computación.

Si vieron la película Hidden Figures o “Figuras ocultas” estarán familiarizados con el término.

Comencé haciendo muchos y muchos cálculos para los ingenieros y al principio no tenía mucha experiencia en temas espaciales.

Pero luego de trabajar allí un tiempo, me dije a mí misma: “Yo sé tanto como ellos. Y aún si hay algo que no sé, soy tan lista como ellos y puedo aprenderlo”.

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Los controladores de vuelo celebran el éxito de Apolo 11 tras confirmarse el regreso a salvo de los astronautas el 24 de julio de 1969.

Luego de las misiones Apolo, mientras seguía trabajando como ingeniera en TRW Systems comenzó a estudiar abogacía por las noches. ¿Por qué tomó esa decisión?

Yo tuve suerte y no experimenté tanto sexismo en mi lugar de trabajo, pero mi experiencia me hizo ver las dificultades y la discriminación que enfrentaban las mujeres, por ejemplo en los salarios.

También coincidió con una nueva ola de feminismo en Estados Unidos.

Me interesó cada vez más la ley como un medio que podía o bien oprimir o bien liberar a las mujeres. Así que acabé estudiando leyes.

Siempre sentí que por mi visibilidad en la prensa tenía la oportunidad y la responsabilidad de hacer algo para mejorar la situación de las mujeres.

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El regreso seguro de los astronautas de las misiones Apolo dependía directamente de los programas de computación creados por Northcutt y sus colegas.

¿Qué cambios pudo lograr?

Aún antes de recibirme como abogada fui elegida por el alcalde de Houston para abogar por los derechos de las mujeres.

En esa época no había mujeres en el departamento de bomberos, había mucha discriminación salarial y pocas mujeres en puestos municipales. Mi trabajo era aumentar esa participación.

También mejoré el tratamiento por parte de la policía de las mujeres que denunciaban casos de violación.

NASA

Me dije a mi misma: yo sé tanto como ellos. Y aún si hay algo que no sé, soy tan lista como ellos y puedo aprenderlo.

¿Cuál es su mensaje para las mujeres que, medio siglo después de su experiencia, siguen enfrentando discriminación?

Ojalá pudiera tener una respuesta para todas las situaciones, pero no la tengo.

Yo les diría simplemente que deben persistir aún ante la discriminación.

No digo que sea fácil, pero la única forma en que será más fácil en el futuro es persistir, aunque tu lugar de trabajo sea un sitio hostil. Y algo que pueden hacer las mujeres es apoyarse entre sí.

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Northcutt participó en el filme sobre las misiones Apolo del documentalista Tom Jennings (izq). que fue realizado con motivo del 50° aniversario de la llegada del hombre a la Luna.

En el 50° aniversario del Apolo 11, ¿cuál es su principal reflexión?

Para mí, no solo Apolo 11 sino todas las misiones Apolo mostraron que los seres humanos somos capaces de grandes cosas si realmente nos enfocamos en ellas.

Si les dedicamos nuestra energía y recursos, y trabajamos juntos, podemos resolver la mayoría de los problemas.

Y ahora tenemos muchos problemas incluyendo el cambio climático, algo que requerirá un enorme compromiso de muchas personas, pero podemos encontrar respuestas si no perdemos tiempo y las buscamos.

¿Qué es lo más importante en la vida para Frances Northcutt?

Trabajar en cosas en las que crees.

He sido afortunada de haber trabajado en proyectos en los que creía y eso significa que te levantas cada día con entusiasmo y puedes aportar tu capacidad íntegra.

Así que diría que lo más importante es encontrar algo en lo que creen y trabajar en ello.

* La BBC no se hace responsable del contenido de páginas externas.



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Kevin Spacey: desestiman cargos en el único caso criminal por asalto sexual contra el actor


Kevin Spacey a la salida de un juzgado en Nantucket donde fue instruido de cargos en enero de 2019

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Spacey enfrenta varias acusaciones de conducta sexual inapropiada, pero la mayoría son demandas civiles.

Los fiscales de Massachusetts, Estados Unidos, abandonaron un caso criminal de asalto sexual y agresión contra el actor Kevin Spacey.

Spacey, de 59 años, estaba acusado de manosear a un joven de 18 años en un bar en 2016.

Pero el caso fue sobreseído el miércoles después de que el demandante rehusó rendir testimonio sobre un teléfono desaparecido, que la defensa argüía podría probar la inocencia del actor.

Spacey, un actor y director de fama internacional, ha enfrentado varias acusaciones de conducta sexual inapropiada, pero este era el único que había resultado en un caso criminal.

Las acusaciones se remontan tres años, cuando el demandante alega que Spacey le compró bebidas alcohólicas y luego lo manoseó en una bar en la isla de Nantucket, Massachusetts.

El demandante fue citado a comparecer este mes después de haber dicho que había perdido el teléfono celular que utilizó la noche del supuesto asalto.

Los abogados de Spacey lo habían acusado de eliminar mensajes de texto y sostuvieron que el móvil podía servir para probar la inocencia de su cliente.

La madre del demandante, la presentadora de televisión Heather Unruh, reconoció ante el juez que había borrado algunas imágenes de “actividades de chicos universitarios” del teléfono antes de que se extraviara.

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Heather Unruh, la madre del demandante, reconoció haber borrado imágenes del teléfono celular.

Pero la credibilidad del demandante quedó en entredicho cuando invocó la Quinta Enmienda -que le otorga a un testigo el derecho a no incriminarse- y rehusó comparecer.

En un comunicado, la Fiscalía Distrital de Cape and Islands, declaró que la “no disponibilidad del testigo demandante” los motivó a abandonar el caso.

Su abogado, Mitchell Garabedian, declaró en un comunicado, el miércoles, que su cliente había “demostrado enorme valor bajo circunstancias difíciles”.

Las acusaciones se dieron después de que otro actor alegó que cuando tenía 14 años, Spacey -en ese entonces de 26- se había subido encima de él en una cama.

Spacey pidió disculpas por cualquier comportamiento inapropiado del que dijo no tener memoria.

El famoso actor, ganador de dos Oscar, se ha visto envuelto en múltiples acusaciones de asalto sexual. Como consecuencia, Netflix lo expulsó del elenco de la popular serie “House of Cards” y las escenas en las que aparecía en una de sus últimas películas “Todo el dinero del mundo”, fueron vueltas a filmar con otro actor.

El caso en Nantucket era uno de los pocos casos criminales que se proseguía como resultado del escándalo #MeToo que sacudió a Hollywood.



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25 años del caso AMIA: por qué ni un solo sospechoso ha sido arrestado o juzgado por el peor atentado en la historia de Argentina (y por qué dos presidentes han sido acusados de encubrirlo)


La AMIA tras la explosión del 18 de julio de 1994

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El 18 de julio de 1994, a las 09.53 de la mañana, estalló un artefacto en el edificio de la AMIA, en pleno centro de Buenos Aires. Más de 80 personas murieron y cerca de 300 resultaron heridas.

El atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), el principal centro comunitario de la colectividad judía argentina, que dejó 85 muertos en 1994, no es solo el peor atentado en la historia de Argentina.

También es uno de los ejemplos más grandes de impunidad que tiene este país.

Quizás el mayor reflejo de ello es que, un cuarto de siglo después del ataque, no solo no ha sido arrestado ninguno de los autores ni juzgado ni un solo sospechoso, sino que el que está preso es el juez que llevó la causa original.

En febrero pasado, Juan José Galeano fue condenado a seis años de prisión por haber usado dinero del Estado para pagar a testigos falsos para que acusaran a un grupo de policías de ser la “conexión local” del ataque.

En el juicio también se condenó a los principales responsables del aparato de inteligencia que operó cuando ocurrió el atentado en 1994, y que en vez de investigar lo que pasó intentaron encubrir lo ocurrido.

Incluso el presidente de entonces, Carlos Menem (1989-99), fue acusado de desviar la investigación, presuntamente exigiéndole al juez que no investigara la llamada “pista siria”, que involucraba a un empresario cercano a su familia.

Sin embargo, el tribunal absolvió a Menem de ese delito.

Pero no solo quienes dirigían el país cuando ocurrió el atentado han sido salpicados por la mancha negra que el caso AMIA significa para la justicia argentina.

A 25 años del atentado, el caso sigue teniendo ramificaciones: en los próximos meses un segundo jefe de Estado será juzgado por supuestamente tratar de encubrir a los autores del crimen.

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Cristina Fernández de Kirchner será la segunda exmandataria juzgada por presuntamente tratar de encubrir a quienes atacaron la AMIA.

Esta vez la que estará sentada en el banquillo será la expresidenta y actual candidata a vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner (2007-15), acusada de haber firmado un pacto con los presuntos agresores para garantizar su impunidad.

Es decir, dos exmandatarios han sido o están siendo juzgados por supuestamente encubrir el crimen, pero ni uno solo de los autores se ha tenido que presentar ante la justicia.

¿Quiénes cometieron el ataque y por qué no han sido juzgados?

Los responsables

Según la justicia argentina, el atentado fue ejecutado por el grupo militante chiita Hezbolá, de origen libanés, bajo órdenes de Irán, algo que ese país siempre ha negado.

El primero que acusó a Irán de estar detrás del atentado fue un exdiplomático de ese país llamado Manoucher Motamer, quien luego sería señalado como agente de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA).

Poco tiempo después del ataque, Motamer acusó a funcionarios de la embajada iraní en Buenos Aires de organizarlo.

La acusación fue replicada por los gobiernos de EE.UU. e Israel, quienes señalaron a Hezbolá como los autores materiales del ataque.

Hezbolá ya había sido consideradao responsable por la justicia argentina de haber estado detrás del atentado con cochebomba contra la Embajada de Israel en Buenos Aires, que ocurrió dos años antes que el ataque contra la AMIA y dejó 22 víctimas fatales y más de 200 heridos.

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Hezbolá fue acusado también de haber atacado la Embajada de Israel en Buenos Aires, el 17 de marzo de 1992.

Sin embargo, el llamado “juicio por el atentado de la AMIA”, que comenzó en Buenos Aires en septiembre de 2001, no se enfocó en Hezbolá o Irán, sino en la “conexión local”.

Ese juicio terminó en escándalo cuando se reveló que los imputados fueron falsamente acusados. La causa fue declarada nula y todos quedaron absueltos en 2004.

El juez Galeano, que había sido removido del caso en pleno juicio, fue destituido en 2005 y fue enviado a juicio años después, junto con Menem y otros funcionarios.

Mientras la justicia argentina vivía uno de los episodios más vergonzosos de su historia, los esfuerzos por atrapar a los responsables del ataque se vieron frustrados.

En agosto de 2003, en medio del juicio en Buenos Aires, Argentina pidió la extradición del exembajador iraní en ese país, Hade Soleimanpour, quien ahora estaba en Reino Unido.

Tres meses después del pedido, Londres lo rechazó por falta de evidencias.

Nisman

Tras la anulación del juicio, el entonces presidente Néstor Kirchner (2003-2007) decidió crear una fiscalía especial para investigar lo ocurrido en la AMIA.

Kirchner puso a cargo de esa investigación a Alberto Nisman, quien venía trabajando como fiscal en la causa AMIA desde 1997.

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Alberto Nisman fue nombrado fiscal especial de la causa AMIA en 2004.

Fue Nisman quien se concentró en la llamada “pista iraní”, basándose en información que recibía de los servicios secretos de EE.UU. e Israel.

En octubre de 2006 Nisman acusó formalmente a Irán de estar detrás del atentado y a Hezbolá de ejecutarlo y pidió la captura de los responsables.

Un año después, la Interpol accedió al pedido argentino y emitió órdenes de detención (conocidas como “notificaciones rojas”) para cinco exfuncionarios iraníes:

  • Ahamad Vahidi, entonces ministro de Defensa iraní y exjefe de la Guardia Revolucionaria
  • Alí Fallhijan, exministro de Seguridad
  • Mohsen Rezai, excomandante de la Guardia Revolucionaria
  • Mohsen Rabbani, exagregado cultural de la embajada de Irán en Buenos Aires
  • Ahmad Reza Ashgari, el exsecretario de esa sede diplomática

Irán, que siempre ha acusado a EE.UU. e Israel de involucrar a Argentina en un complot en su contra e incluso ha sostenido que el ataque contra la AMIA fue un “autoatentado” israelí, se ha negado a entregar a los sospechosos y tampoco ha permitido que sean interrogados.

El “memorándum de entendimiento”

El laberinto sin fin que es el caso AMIA volvió a tomar un giro inesperado tras la llegada al poder de Cristina Fernández de Kirchner en 2007.

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Hablando ante los miembros de la ONU, Fernández exigió a Irán que entregue a los sospechosos de haber organizado el ataque contra la AMIA.

En septiembre de 2009 la jefa de Estado exhortó a Irán a que extraditara a los exfuncionarios cuestionados durante un discurso que dio ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU).

Sin embargo, tres años más tarde, durante su segundo mandato, la presidenta sorprendió con el anuncio de una nueva estrategia para llevar ante la justicia a los iraníes sospechados.

Fernández dijo que firmaría un “memorándum de entendimiento” con Irán para intentar avanzar en la causa.

Este pacto, que fue firmado en enero de 2013 en Etiopía, preveía la creación de una Comisión de la Verdad integrada por cinco juristas internacionales (dos elegidos por cada país y un quinto consensuado) para analizar las investigaciones sobre el atentado.

También estipulaba que la Justicia argentina podría interrogar en Irán a los cinco imputados que están requeridos por Interpol.

Un mes más tarde, el Congreso argentino -con mayoría kirchnerista- aprobó el acuerdo, dándole rango de tratado internacional. Pero el Parlamento iraní nunca trató el asunto, por lo que el pacto no entró en vigencia.

No obstante, eso no evitó la controversia que generó el memorándum: tanto las entidades representativas de la comunidad judía como todos los partidos de oposición rechazaron el acuerdo.

La Justicia les dio la razón a estos críticos y, en mayo de 2014, declaró el memorándum inconstitucional por considerar que la justicia argentina estaba renunciando a su propia jurisdicción para juzgar a los iraníes en una comisión extrajudicial.

Acusación y muerte

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El pacto con Irán fue ampliamente rechazado.

Pero la verdadera controversia explotó casi un año después, a comienzos de 2015, cuando el fiscal especial Nisman acusó a la presidenta, al canciller, Héctor Timerman, y a otros funcionarios de haber buscado encubrir a los autores iraníes del atentado a través del memorándum.

Nisman presentó una denuncia judicial, basada en escuchas realizadas por agentes de inteligencia argentinos, que afirmaba que el pacto con Irán buscaba el levantamiento de las notificaciones rojas de Interpol.

Según el fiscal especial, Argentina, que atravesaba una crisis energética, habría accedido a negociar la impunidad de los iraníes a cambio de petróleo y otros acuerdos económicos.

Si bien Fernández y el resto de los acusados siempre negaron que esto fuera cierto y aseguraron que el pacto no contemplaba eliminar los pedidos de captura de Interpol, y aunque la justicia argentina originalmente desechó la denuncia de Nisman, todo cambió después del 18 de enero de 2015.

Ese día fue hallado sin vida, con un tiro en la cabeza, el fiscal Nisman, quien 24 horas más tarde debía presentarse ante el Congreso para mostrar las evidencias con las que fundamentaba su acusación.

Su muerte, originalmente catalogada como un suicidio, fue declarada homicidio años más tarde.

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La justicia argentina confirmó en 2018 que Nisman fue asesinado.

El rabino que presidió el sepelio de Nisman en 2015 dijo que este había sido “la víctima 86 del atentado de la AMIA”. No obstante, varios de los familiares de los muertos en ese ataque rechazaron tajantemente esas palabras y, por el contario, se mostraron muy críticos hacia el trabajo del fiscal.

La presidenta de la organización Memoria Activa, Adriana Reisfeld, le dijo a BBC Mundo que el fiscal había sido “un obstáculo” para llegar a la verdad, y aclaró que no apoyaba su denuncia contra Fernández.

En 2016, un año después de que Fernández fuera sucedida en el poder por Mauricio Macri, la justicia reabrió la denuncia de Nisman y en marzo de 2018 envió la causa por presunto encubrimiento a juicio oral.

¿Se hará justicia?

En tanto, a 25 años del peor atentado en suelo argentino, los familiares de las víctimas siguen esperando que se haga justicia.

En una entrevista con la BBC en 2015, el entonces canciller Timerman -quien falleció a finales de 2018- remarcó por qué es tan difícil lograr avances en la causa AMIA.

“Creemos que alguna gente en Irán cometió un crimen en Argentina, (pero) hay una ley que dice que ningún iraní será extraditado a otro país”, señaló, justificando la decisión de su gobierno de negociar con Teherán.

El actual gobierno de Macri, opuesto políticamente al kirchnerismo, ha coincidido que estas limitaciones hacen prácticamente imposible juzgar a los responsables.

En declaraciones realizadas esta semana, la ministra de Seguridad de Argentina, Patricia Bullrich, señaló que no se pudo “avanzar más” porque las personas sospechosas de haber cometido el ataque “están en su país y no fueron entregadas, sino se hubiese podido hacer un juicio“.

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El gobierno argentino impulsa la creación de un juicio en ausencia para los responsables del atentado de la AMIA.

Ante esta traba judicial, el gobierno ha propuesto otras manera de intentar “sanar la herida” que dejó la AMIA.

Por un lado, busca incorporar la figura del juicio en ausencia al Código Penal argentino, a través de un proyecto legislativo que divide opiniones entre la comunidad judía (algunos incluso cuestionan las evidencias que apuntan a Irán y consideran que un juicio podría cerrar la posibilidad de abrir nuevas investigaciones).

Por otra parte, Macri conmemoró el 25 aniversario del ataque con la firma de tres decretos. Uno oficializa el 18 de julio como día de Duelo Nacional en homenaje a las víctimas. Otro crea una indemnización para una decena de exempleados de la AMIA.

Pero el más significativo es el que crea el primer registro de “personas y entidades vinculadas a actos de terrorismo y su financiamiento”, en el que estará incluido Hezbolá.

El registro, que funcionará bajo la órbita del Ministerio de Justicia, tendrá como fin “facilitar la cooperación doméstica e internacional para prevenir, combatir y erradicar el terrorismo y su financiamiento”.

Según Bullrich, esto representa una “condena simbólica”, a falta de una condena judicial, y dificultará el accionar del grupo acusado de estar detrás de los dos mayores atentados cometidos en Argentina.

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