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EL PAÍS

Íñigo Errejón a Rocío Monasterio: “Para ser de colegio privado es muy maleducada”



Íñigo Errejón, durante un momento del debate.



Rifirrafe entre Rocío Monasterio, del partido ultraderechista Vox, e Íñigo Errejón (Más Madrid) en el debate. Monasterio ha atacado a Errejón diciéndole que “tiene las manos blanditas y no ha trabajado en su vida”. Errejón le ha respondido que hay dos diferencias entre Más Madrid y Vox: “A mí me gusta mi país como está ahora, no el de hace 50 años, de los Santos Inocentes y los señoritos a caballo” y que “cuando Vox llega a un Gobierno le perdonan impuestos a los ricos” (en referencia al impuesto de sucesiones, suprimido en Andalucía). Monasterio ha interrumpido a Errejón y este le ha espetado: “Para ser de colegio privado, está usted muy mal educada. En la enseñanza pública enseñan a no interrumpir”.

Después, los candidatos han hablado sobre el maltrato en las residencias de ancianos, como el ocurrido en un centro de mayores de Hortaleza, un escándalo reciente que estalló cuando la cadena SER reveló el vídeo de una trabajadora agrediendo a una anciana.  En este caso, ha habido otro rifirrafe entre ambos candidatos. Monasterio ha señalado que como la mujer era la agresora, la víctima no pudo recurrir a las autoridades de la misma manera que si hubiera sido un hombre. “Uno tiene derecho a tener protección contra la violencia, da igual cuál sea su género”, ha añadido.

Para el candidato de Más Madrid, es necesario mejorar las ratios de trabajadores por cada anciano. En su opinión, los contratos “son recibidos por dos o tres empresas que son especialistas en escatimar gastos”. Gabilondo, por su parte, ha pedido colaboración y moderación. Se ha preguntado si los candidatos dan impresión a los votantes de madurez para abordar los asuntos de envergadura de Madrid. Ha puesto el ejemplo de las residencias de mayores. Gabilondo ha dicho que es un asunto insostenible que necesita de pactos entre partidos. Ha señalado que “con el resentimiento y la descalificación de los debates”, los políticos llegarán tras las elecciones incapacitados para resolver los problemas de Madrid.

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EL PAÍS

Una legión de escoltas para el expresidente del BBVA


Tras 22 años de banquero, Francisco González, (Chantada, Lugo, 75 años) se ha convertido en un hombre temeroso. Pese a que ya no es presidente del BBVA, mantiene una verdadera legión de escoltas: 14 profesionales de la seguridad le protegen dentro y fuera de su casa. Y a su mujer la vigilan dos más, 16 en total. Incluso ahora, que está jubilado desde el pasado de diciembre, la entidad asume todos los gastos, según fuentes no oficiales del banco y exmiembros de la seguridad de la entidad.

González dispone de cuatro coches de gran cilindrada también sufragados por el BBVA; tres para su uso y otro más para su mujer. El BBVA declinó confirmar este dato, pero apuntó: “El expresidente González tiene la seguridad que se considera adecuada según criterios técnicos. Se cubre su gasto como se ha hecho con otros expresidentes”. No obstante, Emilio Ybarra, que dejó el banco en 2001, solo tiene un coche con conductor. Este diario también ha tratado de contactar con González, pero el banco no ha facilitado ningún acceso al exdirectivo.

González se mueve con dos grandes coches: él viaja en un BMW blindado, le sigue un segundo vehículo y un tercero se adelanta al lugar donde va a ir para comprobar que no haya problemas. Cuenta con cuatro escoltas en los dos coches, más uno de los que está en su casa, que se encarga del tercer vehículo. Además, tiene ocho más destinados en su domicilio, que cuenta con un sofisticado sistema de cámaras, un servicio que también corre a cuenta del banco.

Su protección contrasta con la de Carlos Torres, actual presidente del banco: tiene ocho personas de seguridad y se mueve en un solo coche con dos escoltas. El consejero delegado, Onur Genç, dispone de tres empleados de seguridad y un vehículo.

Dos millones de euros de coste

FG, como se le conoce en el mercado, renunció a la presidencia de honor el 14 de marzo pasado, aunque mantuvo intacto su servicio de escoltas, que tiene un coste anual cercano a los dos millones de euros, según profesionales de la seguridad consultados. Además, cuando el expresidente viaja (incluido el mes de vacaciones en Andratx, Mallorca), los gastos de desplazamiento de la seguridad también corren a cuenta del BBVA: hoteles, aviones y restaurantes (tan selectos como los que frecuenta González).

Llegada del expresidente del BBVA, Francisco González, a su despacho particular en Madrid el pasado 18 de junio.


Llegada del expresidente del BBVA, Francisco González, a su despacho particular en Madrid el pasado 18 de junio.

Según algunas de las fuentes consultadas, González tendría un contrato aprobado por el consejo de administración del banco que le cubre los gastos de seguridad durante siete años desde su jubilación; otras fuentes lo elevan a 10 años. Este directivo entró en el mundo de la banca en 1996 al ocupar la presidencia de Argentaria, gracias a su amistad con el expresidente José María Aznar. Posteriormente, en 1999 alcanzó la presidencia del BBVA, donde estuvo hasta diciembre de 2018, cuando dejó el cargo envuelto en la polémica por la supuesta relación del banco con el comisario jubilado José Manuel Villarejo, que realizó escuchas a políticos, empresarios y periodistas.

El portal Moncloa.com y El Confidencial publicaron una supuesta conversación entre José Corrochano, ex director general de Seguridad del BBVA, y Villarejo en la que el primero le pedía al comisario jubilado detalles sobre una investigación y aseguraba que el “presi” le llamaba cada diez o quince días. Corrochano dejó el banco en abril de 2018, dos meses antes de que se publicaran las primeras facturas con pagos a Villarejo y de que se abriera una investigación interna. Las pesquisas las dirigió Joaquín Gortari, uno de los ejecutivos más cercanos a González (hoy es responsable de la auditoría interna) y se reenfocaron en enero pasado con la contratación de PwC, y los despachos Uría y Garrigues, aunque todavía no se ha cerrado.

En la página web de la entidad, en los textos que resumen la gestión de González, dicen que “le obsesionan dos cosas: la tecnología y los principios”. Los que le conocen de cerca añaden una tercera: la seguridad. Quizá esto se debe a que su llegada al banco fusionado fue convulsa, ya que exigió la dimisión de todos los consejeros y altos ejecutivos procedentes del BBV, sin esperar a juicio, cuando se supo que tenían fondos de pensiones en el paraíso fiscal de Jersey. Él asumió la presidencia única y, posteriormente, la justicia no condenó a los directivos despedidos.

Desde que se hizo con las riendas del BBVA, FG reforzó su seguridad alcanzando niveles extraordinarios. En diciembre de 2018, cuando pasó a ser presidente de honor, quedó en un segundo plano, lo que hizo pensar a algunos en el BBVA que rebajaría su costosísimo sistema de seguridad, pero no fue así. Incluso cuando dejó completamente el banco, en marzo pasado, tampoco redujo su protección.

El más vigilado

Esta situación convierte a FG en el expresidente más protegido del Ibex 35 y, probablemente, está entre los más defendidos incluso si se tiene en cuenta a los máximos responsables en activo, que cuentan, habitualmente, con un coche con dos escoltas y unas cuatro personas de seguridad en el domicilio. Cuando las empresas son más pequeñas, el dispositivo consiste en un conductor y un escolta.

Diferentes profesionales de seguridad, que piden el anonimato, consideran que el dispositivo de González es “claramente excesivo, ya que España, y Madrid en concreto, es una de las zonas más seguras de Europa”. También apuntan que, tras el cese definitivo de ETA, los empresarios rebajaron su seguridad, algo que no ha hecho González, pese a su enorme fortuna (se fue con un fondo de pensiones de 80 millones), ya que no asume el coste de su seguridad.

El expresidente del BBVA siempre repitió que sus normas en la gestión eran la ética y la transparencia y que todo lo que hiciera el banco podía ser publicado en la primera página de un periódico.

Inés Díaz, la jefa de seguridad que lo controla todo

El departamento de Seguridad del BBVA está en el ojo del huracán tras saltar el escándalo de las facturas pagadas por el banco a Villarejo por más de 10 millones. Entre 2002 y 2018, Julio Corrochano fue el responsable de la Seguridad. Sin embargo, en 2004 fichó a Inés Díaz Ochagavía como directora de Producción, cargo en el que estuvo hasta 2018. Ese año, todavía bajo la presidencia de González, fue ascendida a directora general de Seguridad para el grupo en el lugar de Corrochano.

Las facturas pagadas a Villarejo van desde 2003 a 2017 y se supone que son el centro de la investigación interna que realiza PwC. También se supone que son el eje de las diligencias que ya ha abierto la Audiencia Nacional. Desde 2004, Díaz Ochagavía fue la responsable de gestionar y supervisar los presupuestos, el volumen de inversiones, la contratación de servicios al exterior, el seguimiento de los gastos y mantener el control interno de los procesos del departamento de Seguridad Corporativa, según un documento del BBVA.

Es decir, el puesto que ocupaba Díaz Ochagavía implicaba el control de los gastos y el acceso a los justificantes de los pagos. Esta ejecutiva es la responsable de la seguridad de los directivos y, por lo tanto, del equipo de escoltas asignados a FG.



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EL PAÍS

El calor suma hasta cinco grados más en el segundo día de la ola



Al calor se suma ese jueves más calor, a la espera del reventón final de las temperaturas del viernes. En el segundo día de la ola de calor, que durará al menos hasta el lunes, vuelven a subir las temperaturas. Lo harán, sobre todo, en el valle del Ebro, en las zonas de Zaragoza, Tarragona y en la desembocadura del río, donde sumarán entre cuatro y cinco grados a los ya de por sí altos valores del miércoles, detalla Fernando García, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). También añadirán entre tres y cuatro grados más en el norte de Castilla y León, mientras que en el resto del país serán de uno a dos grados.

La máxima del miércoles la marcó Bilbao aeropuerto con 39,6 grados, Hijar (Teruel) con 39,4 y Palma de Mallorca aeropuerto, con 39.2, tres lugares “poco habituales” según Rubén del Campo, uno de los portavoces de la Aemet. Todos los valores del top ten superaron los 38 grados e incluyen Zaragoza, Lleida, Ciudad Real y Navarra.

“Pueden haber caído dos récords de temperatura máxima para junio en estaciones con solera. Habrá que confirmarlo”, avanzaba anoche Del Campo. Se trata de Daroca (Zaragoza), con más de 100 años de historia, donde se llegó a 39,1 ºC (su cota máxima estaba en 39,0 ºC en 2015) y Molina de Aragón (Guadalajara), con 70 años de serie, que marcó 36,1 ºC (36 ºC en 1994). Estos datos son provisionales y, de certificarse, serían los dos primeros récords de esta ola cuya intensidad promete más. Según el experto, peligran los de Zaragoza, Logroño y Lleida, y es posible que el de Pamplona y el de Madrid Retiro.

Este nuevo apretón de las temperaturas dibuja un mapa con 30 provincias bajo aviso por altas temperaturas, de los que 18 son naranja: Jaén, todo Aragón, Ciudad Real, Guadalajara, Toledo, Burgos, Soria, toda Cataluña salvo Tarragona, Madrid, Navarra, La Rioja y País Vasco. El aviso naranja o riesgo importante es el segundo nivel de una escala de tres y supone “fenómenos no habituales y con cierto grado de peligro para las actividades usuales”, por lo que hay que estar atento a las recomendaciones de Protección Civil.

En amarillo, el nivel más bajo, están Granada, Cantabria, Albacete, Cuenca, Ávila, Palencia, Segovia, Valladolid, Tarragona, Extremadura y Baleares. El aviso amarillo indica que no hay riesgo para población en general pero sí para sectores vulnerables, como ancianos, enfermos y niños, y no se recomienda hacer deporte o trabajar a pleno sol en las horas centrales del día.

El viernes se producirá el pico de las temperaturas, que sufrirán una nueva subida que se mantendrá a lo largo del sábado y del domingo. Lo peor estará de nuevo en el valle del Ebro, Navarra, La Rioja y Zaragoza, que bordearán el límite del aviso rojo, que está en 42 grados en esas zonas. “Hacia la desembocadura del río, las temperaturas subirán tres grados más, mientras que en el centro peninsular y en el suroeste, el ascenso será de dos a tres grados”, avanza García.

Buena parte de la Península y Baleares superarán el viernes los 35º, lo que supone entre 5 y 10º por encima de lo normal. En el tercio norte —Castilla y León, Navarra, sur del País Vasco, La Rioja, norte de Aragón y parte de Cataluña— tendrán entre 5 y 10º más que lo habitual y en el valle del Ebro navarro, riojano y vasco, hasta 15º de más.

“La masa de aire muy cálido de procedencia norteafricana que está causando esta la de calor se va recalentando día a día y no le da tiempo a enfriarse en estas noches, que son las más cortas del año cuando amanece y las temperaturas vuelven a subir”, explica el meteorólogo, que añade que “hay mucha estabilidad en la atmósfera, lo que hace que no se renueve el aire”.

Para el viernes, la Aemet eleva a 24 las provincias en naranja: todo Aragón, Castilla-La Mancha menos Albacete, Cataluña y Extremadura, Córdoba, Granada, Jaén, Ávila, Burgos, Valladolid, Madrid, Navarra, La Rioja y Álava. En amarillo estarán Sevilla, Cantabria, Albacete, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Zamora, Castellón, Valencia y Baleares. El sábado y el domingo se espera que las altas temperaturas se sostengan con mínimas variaciones. La ribera del Duero se colaría también al borde del aviso rojo, ya que se anuncian 41 grados.



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Cicatrices de una frontera sangrienta


El general Rafael Betances tenía la costumbre de pasarse las manos por la cara. Era el típico gesto de cansancio o de calor, pero cada vez que los vecinos de Dajabón veían como se levantaba las gafas para arrastrar sus manos desde la frente hasta el mentón, había un murmullo: “se está quitando los fantasmas de los haitianos que ha matado”.

En una casita del lado dominicano de la frontera con Haití, Nancy Betances, 67 años, recuerda que su abuelo la sentaba en sus piernas cuando se reunía con sus amigos a recordar historias de aquella época. Su abuelo, de origen alemán, blanco y de ojos azules como su nieta, fue uno de los militares enviados a Dajabón (87.000 habitantes) por el dictador Rafael Trujillo en 1937.

La frontera fue la avanzadilla de una terrible limpieza étnica ejecutada contra los haitianos en todo el país vecino. En apenas un mes, de septiembre a octubre, las tropas dominicanas asesinaron a casi 20.000 haitianos, convertidos en el enemigo público número uno del régimen racista y homicida que dominó el país durante más de 30 años.

Nancy recuerda que su abuelo le contaba que el dictador amenazó a los militares con asesinar a sus familias si no cumplían las órdenes. La matanza provocó incluso el malestar de EE UU, socio de la dictadura Trujillista, que la calificó como una “campaña sistemática de exterminación”. Nancy recuerda también lo que le decían otros niños en el colegio: “tu abuelo tiraba a los niños haitianos hacia arriba y los pinchaba con la bayoneta”.

Los cientos de cadáveres bajaban flotando por el río que separa ambos países, tiñendo el agua de rojo. El río se llama Massacre, en francés. El nombre es de mucho antes de Trujillo, pero su bautismo también viene de la sangre. Desde que a finales del siglo XVII se convirtió en frontera natural entre las dos colonias, los franceses le pusieron este nombre por las escabechinas entre las tropas españolas y los ladrones de vacas y cerdos, los llamados bucaneros.

En realidad, la matanza del 1937 fijó definitivamente los límites territoriales entre los vecinos. “Además de reforzar la construcción del haitiano como antagonista sobre el que definir la identidad dominicana, también había la intención de detener el comercio agrícola y ganadero haitiano, que iba en aumento. El corte, como se llamó, inauguró la frontera como hecho político”, explica Wilfred Lozano, sociólogo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

“Antes aquí no había frontera, todos iban de un lado a otro sin problema. Después del 37 muchos se fueron y quedaron los militares como mi abuelo”, añade Nancy, que preside una asociación de comerciantes dominicanos y, en su tiempo libre, dirige también una asociación contra la trata infantil. “Yo me siento en deuda por aquel problema. Los haitianos son seres humanos como nosotros”.

El Massacre, que trasportaba los cadáveres río abajo, es hoy una sucia mancha marrón que apenas llega a las rodillas por donde cruzan haitianos con bolsas en la cabeza o pilas de sillas atadas. Dajabón es uno de los puntos fronterizos más populosos porque alberga dos veces a la semana el llamado mercado binacional. Haití es el segundo socio comercial de dominicana. Representa el 12% total de exportaciones. El camino de vuelta, es de apenas el 3%

Un hombre cruza por el Río Massacre para llegar de Dajabón, República Dominicana a Ouanaminthe, en Haití.


Un hombre cruza por el Río Massacre para llegar de Dajabón, República Dominicana a Ouanaminthe, en Haití. EL PAÍS

Los niños de la calle

Es lunes y a las ocho de la mañana los guardas fronterizos armados con aparatosos fusiles acaban de abrir los portones metálicos de la entrada. Una estampida de gente cruza a uno y otro lado del puente. A pie, en moto, en carromato. Por debajo, más haitianos pasan descalzos por el río. Arroz y manufacturas van para un lado, textiles y animales para el otro.

No todo son mercancías y no todas son legales. “Los días que hay mercado, es más difícil controlar los flujos y no todos vuelven. Se producen situaciones irregulares que son aprovechadas por traficantes. Las personas muchas veces terminan en una situación de sometimiento y violencia. Y los menores son los más vulnerables”, dice Bridget Wooding, directora de OBMICA, un think tank dominicano sobre migración. Por las calles de Dajabón se ven grupos de niños varones, cargando cajas de limpiabotas o con cartones para cubrir los cristales de los coches del angustioso calor caribeño. No hay niñas trabajando en las calles de la ciudad.

“Las redes de prostitución infantil femenina están organizadas desde Haití. Suelen funcionar a pedido. La menor sale de origen con el traficante y es enviada al destino ya en dominicana”, dice Carlos Alomia, responsable de la atención a migrantes del centro Montalbo. La organización jesuita tiene un albergue infantil con 40 literas. Abre de 8 de la noche a 8 de la mañana.

“Así evitamos los horarios de más riego. Suelen ser niños sin familia o con familia en Haití que intentan ahorrar algo de dinero aquí. Están expuestos a explotación laboral y sexual, muchos la tienen ya normalizada. Nos encontramos con niños de 13 años que nos piden preservativos”, dice Marieanny Santos, psicóloga del centro.

Nancy Betances, frente al Altar Votivo de Dajabón


Nancy Betances, frente al Altar Votivo de Dajabón EL PAÍS

El mercado tiene su epicentro en un edificio de dos pisos distribuidos por cajones de cemento que separan cientos de puestos. Por fuera, la actividad comercial se desparrama como un zoco árabe entre las calles sin asfaltar. Mckencie Eppie atiende un puesto de sandalias y pantalones. Es haitiano, tiene 25 años y lleva desde 2012 trabajando en el mercado. “Me va bien, mis jefes son dominicanos y me cuidan para que no me pase nada malo”. En otro puesto, Rosa Martínez, dominicana, 62, ha venido a buscar calcetines para sus nietos. “Compro algo y me voy. No me gustan nada los haitianos. Cuando llega uno, llegan todos”.

Los registros oficiales dicen que hay cerca de medio millón de migrantes haitianos en República Dominicana. Algo menos de la mitad, en situación irregular. La mayoría trabajan en la construcción o en la agricultura. Los flujos son constantes desde que a comienzos del siglo XX, una sucesión de golpes de estado, asonadas militares —incluida la ocupación estadounidense— y catástrofes naturales arrasaron las instituciones y la economía del país. Haití es el país más pobre de América. 

En otro parteaguas de la relación reciente entre ambos vecinos, el Tribunal Constitucional dominicano negó en 2013 la nacionalidad a casi medio millón de descendientes de migrantes haitianos irregulares. El fallo afectaba a tres generaciones de dominicanos de origen haitiano, hijos en su mayoría de jornaleros contratados durante el último siglo por la industria del azúcar dominicana en condiciones, muchas veces, de semiesclavitud.

“La lógica es: el haitiano es bueno en cuanto trabaja para ti”, apunta Gustavo Toribio, responsable durante 16 años de la coordinación nacional de migración del centro de los Jesuitas. “En las escuelas se nos decía que los haitianos son gente mala y que nos quieren quitar el país. Hay que tener en cuenta que nuestra independencia la proclamamos ante la expulsión de Haití en 1844. Pero lo que no se cuenta, por ejemplo, es que los haitianos nos ayudaron durante la primera invasión estadounidense”.

Toribio es un dominicano negro de 47 años, que hoy dirige un departamento del gobierno estatal. “De todas maneras, en la República Dominicana no se persigue directamente el extranjero, sino al negro. Es más, el dominicano negro es el que más odia al haitiano”. Un ejemplo fácil es el mismo dictador que ordenó la matanza de los años 30: Rafael Trujillo se embadurnaba cada mañana de polvos de talco para disimular su piel mestiza.



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