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John Douglas, el hombre que logró meterse en la mente de asesinos en serie y creó los primeros perfiles criminales del FBI


El experto en asesinos seriales John E. Douglas, un año después de retirarse del FBI, en 1996.

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El experto en asesinos seriales John Douglas, un año después de retirarse del FBI, en 1996.

John Douglas trabajó durante 25 años para el Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI, por sus siglas en inglés). Pero no es un exagente más: es uno de los máximos expertos en el mundo en asesinos seriales.

De hecho, él y sus colegas inventaron ese término en los años setenta para describir a aquellos individuos que habían asesinado a al menos tres personas, con cierta periodicidad entre cada asesinato y con la motivación de lograr una gratificación psicológica.

Douglas fue un pionero en el uso de la perfilación criminal: la elaboración de perfiles criminológicos de delincuentes peligrosos.

Fue él quien tuvo la idea de sentarse y analizar la historia, el comportamiento y la psicología de los asesinos. Y también de examinar las escenas del crimen y buscar patrones y detalles, todo para intentar comprender por qué estas personas hicieron lo que hicieron, y cómo lo logaron.

Entrevistó a decenas de asesinos en serie, entre ellos algunos de los más famosos como Ted Bundy, Charles Manson y John Wayne Gacy (alias El payaso asesino), y hoy puede recitar de memoria los detalles de muchos de los homicidios más espeluznantes de la historia reciente de EE.UU..

Esto ha convertido a este hombre de 73 años en una especie de base de datos humana del crimen. Y también en la inspiración detrás de películas como “El silencio de los inocentes” y series como “Mindhunter”.

“No creo que exista el mal, que estas personas nazcan con un gen de la maldad, una especie de gen asesino”, señaló Douglas en una entrevista con la periodista Andrea Kennedy del programa “Outlook”, del Servicio Mundial de la BBC.

“Creo que estas personas se hacen malvadas y son llevadas a hacer estos crímenes que ciertamente son malignos”, opinó el autor de varios libros, entre ellos The killer across the table (“El asesino del otro lado de la mesa”), que acaba de publicarse.

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Charles Manson, uno de los muchos asesinos con los que habló Douglas.

Reclutado

Este experto en mentes criminales no nació queriendo ser detective del FBI.

“Cuando era chico quería ser veterinario“, confesó. De hecho, arrancó la carrera de veterinaria, pero debió interrumpir sus estudios universitarios cuando fue reclutado para servir en la Fuerza Aérea, durante la época de la guerra de Vietnam.

Fue durante este período que un agente del FBI se le acercó para preguntarle si estaba interesado en unirse a esa fuerza. Douglas, quien en esa época era un estudiante pobre, se vio atraído por las posibilidades económicas que ofrecía esta nueva oportunidad.

En la década de 1970 comenzó su carrera en Detroit. Ya en ese época se distinguía por el detalle con el que interrogaba a los sospechosos que detenía.

Eventualmente Douglas empezó a trabajar para la unidad de ciencia del comportamiento del FBI, un departamento relativamente nuevo dedicado a entender la psicología de los criminales.

Tenía 32 años y sentía que sabía mucho menos sobre la mente de los criminales que muchos de sus colegas que habían entrevistado a algunos de los asesinos más famosos de la época.

Fue entonces que tuvo la idea de visitar a todos estos criminales y entrevistarlos él mismo.

Junto con su compañero Robert Ressler fue a la prisión de San Quentin, en California, a hablar con Edmund Kemper, un hombre de más de 2 metros de altura y 130 kilos de peso que había asesinado a su madre, sus abuelos y a siete mujeres, seis de ellas estudiantes universitarias.

Douglas y Ressler no tenían un plan. Simplemente usaron su instinto.

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John E. Douglas

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Douglas (der.) y Robert Ressler (izq.), junto con Edmund Kemper, el primer asesino en serie al que entrevistaron.

Hablando con Kemper, Douglas descubrió que odiaba profundamente a su madre, quien lo encerraba en el sótano de niño. Allí degollaba y descuartizaba los muñecos de su hermana, a quien también odiaba porque era el centro de atención de su madre.

“Más tarde hizo eso mismo con sus víctimas”, contó el exagente, quien consideró que los crímenes de Kemper “eran predecibles”.

Experto interrogador

Douglas estaba convencido de que estudiar a asesinos como él podía aportar información valiosa para entender la mente criminal. Junto con Ressler viajaron por todo el país entrevistando a los criminales más violentos.

No todos los entrevistados estaban tan abiertos al diálogo como Kemper, pero Douglas desarrolló técnicas para hacerlos revelar sus secretos, entre ellas responder preguntas sobre su propia vida privada y no reaccionar ante las revelaciones que oía, incluso las más grotescas, como el asesinato de niños.

Creaba una empatía falsa con ellos“, señaló el experto.

También empezó a utilizar ciertos “trucos”, como colocar su silla a una altura menor que la de su interlocutor para que ellos se sintieran en una posición de dominio (algo que le funcionó muy bien con Manson, de poca estatura).

Y se aseguraba de que los criminales pudieran mirar hacia una ventana o puerta, de manera tal que tuvieran para donde desviar la vista si algún tema los incomodaba.

Douglas se dio cuenta de que grabar las conversaciones inhibía a sus interlocutores así que dejó de llevar una grabadora y empezó a transcribir las conversaciones de memoria.

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Douglas empezó a memorizar sus conversaciones con asesinos, para no intimidarlos con grabaciones.

A pesar de que los hombres con los que hablaba habían asesinado a sangre fría, asegura que él no sentía temor.

“Incluso los peores asesinos en el fondo son predadores, son cobardes, buscan a los más débiles, a personas que son vulnerables, susceptibles: los más ancianos, los más jóvenes, las trabajadoras sexuales, las personas que se fugaron de la casa”, observa.

Sin embargo, reconoce que a su familia le preocupa la posibilidad de que alguno de estos asesinos recobre la libertad y los busque a ellos o a Douglas.

Patrones

Eventualmente, Douglas empezó a reconocer ciertos patrones en las historias de vida que escuchaba.

Todos los asesinos habían sufrido abusos y abandono en su infancia, en particular de mano de sus madres.

La mayoría había sido o un bully (acosador) o una víctima de acoso. Muchos habían cometido algún crimen de índole sexual, lo que les daba una sensación de poder.

Y todos eran narcisistas y manipuladores.

Otro importante indicio que tenían en común era la crueldad hacia los animales.

“El maltrato animal es un buen indicador”, resaltó el exagente. “Si alguien es despiadado con un animal indefenso no te sorprendas de lo que podría pasar en el futuro”.

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Quienes lastiman a animales pueden luego lastimar a otros seres humanos, advierte el experto.

La relación de confianza que establecía Douglas con los asesinos hacía que le contaran detalles sobre sus crímenes que nunca antes habían revelado. Eso permitió reforzar las penas de algunos de ellos, que de otra forma podían haber salido libres.

Un ejemplo es el de Joseph McGowan, un maestro de escuela que había asesinado a una niña de siete años que le tocó la puerta para venderle galletas.

En 1998 McGowan estaba a punto de salir en libertad condicional hasta que Douglas habló con él y determinó que si saliera volvería a asesinar.

El experto considera que casi ninguno de los asesinos con los que habló podría ser rehabilitado. Para él, nunca fueron “habilitados” en primer lugar.

Desgaste

Lo más duro de su trabajo, contó, eran las preguntas que le hacían los familiares de las víctimas.

“Querían saber si su ser amada había sufrido dolor, si había luchado, si fue atacada sexualmente”, recordó. “Si no les dabas los detalles se enojaban contigo”.

Su trabajo fue impactando su vida personal. Y cada vez trabaja más, porque otros colegas le pedían que colaborara con sus casos.

“Empecé con 59 casos en mi primer año pero para cuando me retiré del FBI estaba trabajando en más de 1.000 casos al año”, reveló.

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Douglas llegó a trabajar en 1.000 casos por año.

Cada vez que aparecían víctimas de asesinatos que podían estar conectados, Douglas era consultado para que creara un perfil criminal del posible asesino en serie.

Él inspeccionaba las escenas del crimen y analizaba a las víctimas y la forma en la que fueron asesinadas para crear una especie de imagen del criminal: su probable edad, su raza y sus posibles antecedentes.

Esto ayudaba a la policía a encontrar al culpable.

En 1981 aportó información clave para lograr el arresto de Wayne Williams, un joven que por dos años había aterrorizado a la población de Atlanta, en Georgia, al asesinar a niños.

Un año después trabajaba en un famoso caso conocido como el del “asesino del Río Verde” —un hombre sospechoso de haber asesinado a al menos 13 mujeres cerca de Seattle— cuando sufrió un colapso emocional.

Empezó a sufrir ataques de pánico. Un día empezó a sentir un fuerte dolor de cabeza. Lo terminaron internando en terapia intensiva. Tenía encefalitis, una inflamación cerebral que lo dejó en coma.

Recuperó la conciencia cinco días más tarde, pero su cuerpo estaba paralizado. Tardó cinco meses en recuperarse.

“Un psicólogo me dijo que estaba sufriendo de estrés postraumático“, señaló. No obstante, volvió a trabajar con el FBI.

Fue recién en 1995, cuando cumplió 50 años, que decidió retirarse. “Simplemente era demasiado“, confesó.

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Douglas escribió una novela titulada “Mindhunter”, basada en su experiencia, junto con Mark Olshaker en 1995.

Ese mismo año Douglas publicó su libro Mindhunter (“Cazador de cerebros”), que fue un éxito y luego inspiraría la serie en Netflix. También se ha dedicado a dar charlas sobre su experiencia.

Pero aunque ya no es agente, reconoce que toda la espeluznante información que recopiló a lo largo de su vida laboral aún le pesa.

“No importa lo que haga, no puedo salir de mi mente. Vive conmigo“.

Puedes escuchar los dos programas de Outlook sobre John Douglas (en inglés) aquí y aquí

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Bianca Denvis: el brutal asesinato de una adolescente que volvió a poner a Instagram y otras redes sociales en el ojo del huracán


Bianca Devins

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Bianca Devins tenía 17 años cuando fue asesinada brutalmente.

Bianca Devins, de 17 años, acudió en la noche del pasado sábado a un concierto en Nueva York, con Brandon Clark, un chico de 21 al que conocía desde hacía algunos meses.

Al día siguiente fue encontrada muerta en su ciudad natal, Utica, situada a unos 400 kilómetros de la ciudad estadounidense.

Clark le había cortado la garganta y luego había subido fotos del cuerpo a redes sociales, antes de ser detenido mientras se propinaba cuchilladas a sí mismo en el cuello, explicó la policía.

El joven fue ingresado en un hospital y ha sido acusado de asesinato en segundo grado.

Imágenes del cuerpo de Devins aparecieron en la cuenta de Brandon Clark en la app encriptada Discord, así como en 4chan y en su perfil de Instagram, de donde fueron eliminadas, pero no antes de ser copiadas y compartidas por otros usuarios.

Una imagen subida a su cuenta de Instagram el domingo por la mañana mostraba el cadáver de Devins y la leyenda “Lo siento Bianca”, publicaron The New York Times y Buzzfeed.

Según este último medio, la foto seguía en la red el domingo por la noche, aunque había sido puesta tras un filtro de contenido sensible. Instagram eliminó la cuenta de Clark el lunes.

Las imágenes generaron indignación por la distribución de contenido tan violento en redes sociales y puso de manifiesto los problemas que tienen las compañías tecnológicas para evitarlo.

Instagram afirmó el lunes que estaba trabajando con la policía, utilizando tecnología y reportes de usuarios para eliminar todas las cuentas que estaban distribuyendo las imágenes.

“Estamos tomando todas las medidas para remover este contenido de nuestras plataformas”, aseguró un portavoz de Facebook, dueña de Instagram.

“Nuestro objetivo es actuar lo más pronto posible. Siempre hay espacio para mejorar”, añadió.

“Nuestros pensamientos están con los afectados por este trágico evento”.

Según la policía, Clark también se sacó selfies junto con el cadáver, cubierto con una lona, después de que llegara la policía al lugar.

Una “joven maravillosa”

La familia de la chica la describió como una “artista talentosa, una hermana querida, hija y prima, y una joven maravillosa”.

En un comunicado subido a Facebook, la policía de Utica explicó que todo indica que la pareja se conoció en Instagram hace dos meses.

Utilizaron esta red social como principal forma de comunicación y su relación “progresó hasta convertirse en íntima personalmente”, según la policía.

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Los hechos sucedieron en Utica, una ciudad a unos 390 kilómetros de Nueva York.

“Habían pasado tiempo juntos y conocían las familias de ambos”.

La noche anterior a los hechos, habían estado juntos en un concierto y discutieron cuando volvían del mismo, tras salir del local alrededor de las 10 pm y encaminarse hacia Utica, situada a casi 400 kilómetros.

Tras recibir reportes de usuarios de Discord, la policía estaba ya buscando a la pareja cuando Clark llamó a los servicios de emergencia para hacer “afirmaciones incriminatorias”, así como aludir a que iba a “hacerse daño a sí mismo”.

Similitudes con Christchurch

“La difusión online de imágenes gráficas tiene similitudes espeluznantes con los tiroteos que ocurrieron en Nueva Zelanda solo hace cuatro meses”, afirmó la reportera de Tecnología de la BBC, Zoe Kleinman.

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Las dificultades para eliminar material violento de redes sociales se han visto en otros casos, como el tiroteo en Christchurch, Nueva Zelanda.

“En aquella ocasión, el asesino publicó en vivo en Facebook un video durante 17 minutos mientras disparaba a hombres, mujeres y niños en dos mezquitas.

“Facebook fue criticada por no eliminar todos los rastros de las imágenes inmediatamente después de los hechos”, dijo Kleinman.

Los gigantes tecnológicos han explicado que están desarrollando herramientas avanzadas automatizadas para mantener la seguridad de sus plataformas.

“Pero tragedias como esta sugieren que todavía queda un largo camino por recorrer, y que la paciencia tanto de sus usuarios como de las autoridades globales se está agotando”, dice Kleinman.

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El fallo de seguridad que permite a hackers modificar archivos enviados por WhatsApp y Telegram


Ilustración malware.

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La vulnerabilidad ocurre entre el momento en el que se envía un archivo y el tiempo que se recibe.

Son conocidas por el cifrado de sus mensajes, sin embargo, expertos acaban de descubrir una vulnerabilidad en WhatsApp y Telegram en Android que puede comprometer los archivos enviados a través de ambas aplicaciones de mensajería.

Los investigadores de la firma de ciberseguridad Symantec dieron a conocer cómo hackers pueden utilizar un malware para alterar los archivos multimedia enviados a través de los servicios sin que los usuarios lo sepan.

Esta vulnerabilidad fue denominada “Media File Jacking“.

Por qué pasa en Android

La vulnerabilidad tiene lugar en el tiempo que pasa entre que los archivos multimedia recibidos a través de las aplicaciones se escriben en la memoria externa del smartphone y el momento en que se cargan en la interfaz del chat de la aplicación, explicó Symantec en su blog.

“Este lapso de tiempo crítico presenta una oportunidad para que actores malintencionados intervengan y manipulen los archivos multimedia sin el conocimiento del usuario”.

Las aplicaciones en Android pueden almacenar archivos e información en dos ubicaciones: interna y externa.

En el caso del almacenamiento interno, los archivos solo pueden ser accesibles a través de la propia aplicación, lo que impide a otras apps acceder a ellos.

Sin embargo, otras aplicaciones pueden acceder a los archivos guardados en el almacenamiento externo.

Según Android, “el almacenamiento interno es mejor cuando quiere estar seguro de que ni el usuario ni otras aplicaciones pueden acceder a tus archivos”.

Por el contrario, “el almacenamiento externo es el mejor lugar para los archivos que no requieren restricciones de acceso y para los archivos que deseas compartir con otras aplicaciones o permitir al usuario acceder con una computadora”.

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WhatsApp guarda los archivos en el almacenamiento externo de forma predeterminada.

WhatsApp guarda los archivos en el almacenamiento externo de forma predeterminada y Telegram lo hace cuando la función “Guardar en la galería” de la aplicación está activada.

Esto significa que si un usuario tiene o descarga una aplicación maliciosa con acceso al almacenamiento externo, esta podría utilizarse para acceder a los archivos multimedia de WhatsApp y Telegram, y manipularlos.

Por ejemplo, si un usuario recibe una foto en WhatsApp, el malware podría manipular la imagen sin que el receptor se dé cuenta.

Cómo protegerse

Para reducir el riesgo puedes desactivar el guardado automático de archivos en el almacenamiento externo tanto en WhatsApp como en Telegram.

En el caso de WhasApp, que lo hace automáticamente, tienes que ir al menú de Ajustes > ‘Chats’ y desactivar la opción ‘Visibilidad de archivos multimedia’.

En el caso de Telegram, el almacenamiento externo no está activado por defecto, pero si la tienes activada puedes ir a Ajustes > Ajustes de chat y desactivar la opción de ‘Guardar en galería’.

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Telegram solo guarda los archivos en el almacenamiento externo si la función “Guardar en la galería” está activada.

Symantec hizo varias recomendaciones a WhatsApp y Telegram de cambios en la validación y almacenamiento de archivos para corregir la vulnerabilidad.

Sin embargo, WhatsApp dijo que cambiar su sistema de almacenamiento limitaría la capacidad del servicio para compartir archivos multimedia e incluso podría introducir otros problemas de privacidad.

“WhatsApp ha analizado detenidamente este tema y es similar a preguntas anteriores sobre el almacenamiento de dispositivos móviles que afectan al ecosistema de aplicaciones”, dijo WhatsApp a través de un comunicado.

“WhatsApp sigue las mejores prácticas actuales de los sistemas operativos para el almacenamiento de medios y espera poder ofrecer actualizaciones en línea con el desarrollo continuo de Android”.

Telegram no se pronunció de manera inmediata al respecto.

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La demostración científica de que la copa menstrual es tan fiable como los tampones


Una mujer sujeta un tampón en una mano y una copa menstrual en otra.

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1 de cada 10 mujeres de entre 14 y 21 años no tiene los medios suficientes para comprar productos para la regla.

Si una fuga cuando tienes el periodo es una de las cosas que más te preocupa, un amplio estudio concluyó, entre otras cosas, que las copas menstruales son tan fiables como los tampones o las toallas higiénicas.

Las copas menstruales se encajan en la vagina y recogen la sangre de la menstruación.

Pero, a diferencia de los tampones, son reutilizables.

Aunque han ganado popularidad, el estudio halló que las copas menstruales no son tan conocidas entre las mujeres.

El trabajo, publicado en la revista Lancet Public Health, analizó 43 estudios con 3.300 mujeres y niñas que viven en países ricos y pobres.

Las preocupaciones más habituales a la hora de probar una copa menstrual iban desde el dolor y la dificultad para ajustarlo bien o retirarlo, así como otras inquietudes relativas a fugas y roces.

Pero la revisión encontró que las complicaciones se daban poco.

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Algunas copas menstruales están hechas de silicona médica suave, no tienen látex y son hipoalergénicas.

Los resultados de 13 de los estudios revelaron que aproximadamente el 70% de las mujeres quieren continuar usando copas menstruales una vez que se familiarizan con la forma cómo se usa.

Cuatro estudios, en los que participaron casi 300 mujeres en total, compararon las pérdidas que se daban mientras se usa una copa menstrual y las que ocurren con compresas desechables o tampones.

El nivel de fugas fue similar en tres de los estudios y significativamente menor entre las copas menstruales en un estudio.

“A pesar de que existen 1.900 millones de mujeres en todo el mundo en edad de menstruar y que pasan un promedio de 65 días al año con el flujo sanguíneo menstrual, hay pocos estudios que comparen productos sanitarios”, explicó la profesora Penelope Phillips-Howard, de la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool, autora principal de la investigación.

Costo de la copa menstrual

Entre los 12 y 52 años, una mujer que no tenga hijos tendrá alrededor de 480 períodos.

¿Son más baratas las copas menstruales que los tampones o las toallas sanitarias?

Una copa cuesta entre US$18 y US$31, que es una cifra muy superior a una caja de tampones, pero se puede reutilizar cada mes y dura hasta 10 años, lo que la convierte en una opción rentable a largo plazo.

Al ser reutilizables, en lugar de desechables, las copas menstruales también se consideran una opción más ecológica para el medio ambiente que los tampones y las toallas sanitarias.

Los investigadores creen que hacer las copas menstruales disponibles a nivel mundial podría ayudar a abordar la falta de acceso a productos sanitarios y los problemas de salud relacionados, como las infecciones.

Funcionan incluso cuando el agua y los baños no están disponibles o no son suficientes.

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A largo plazo son más baratas que las compresas o los tampones, porque son reusables durante varios años.

¿Cómo funcionan?

Las copas menstruales están hechas de un material suave y flexible, como goma o silicona.

Una vez que se insertan en la vagina, crean un sello de succión que impide la filtración de sangre.

Recogen más sangre menstrual que los tampones o toallas sanitarias, pero se deben vaciar y lavar con regularidad.

Hay dos tipos principales: una copa vaginal con forma de campana que se sitúa en la parte baja de la vagina, y una copa cervical que se coloca más arriba, como un diafragma de anticoncepción.

¿Cómo usarlas?

Lo primero es encontrar el tamaño que mejor se adapta a nuestro cuerpo.

El tamaño no tiene que ver con que el flujo menstrual sea mayor o menor.

Asegúrate de que la copa está limpia y seca antes de usarla.

Ahora dobla la copa e introdúcela en el interior de la vagina.

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Antes de introducirla en la vagina, hay que doblar la copa, tal y como se ve en la image.

Al colocarla, la copa se desplegará y formará una zona segura a prueba de fugas.

Para quitarla, tienes que apretar la parte inferior de la copa.

Vacía el contenido en el inodoro y enjuague o limpie la copa.

La recomendación es esterilizarla entre periodos.

¿No te gusta?

Hay muchas marcas diferentes disponibles, pero la copa menstrual puede no ser para todas.

Podría llevarte varios intentos llegar a sentirte segura al usar una.

“Hay toda una gama de productos y merece la pena ser perseverante para encontrar la que más se ajusta a nosotras”, explicó Debra Holloway, enfermera asesora en ginecología y miembro del Royal College of Nursing de Reino Unido.

Lo que usan las mujeres debería ser una elección personal, dicen los expertos.

Pero es necesario aportar consejos y pruebas con la información necesaria para tomar esta decisión

El año pasado, la estudiante universitaria Claudia Neuray contó para la BBC su experiencia usando una copa menstrual como parte de un desafío para ser más ecológico.

Quería “reducir los desechos y ahorrar dinero“.

“Mis compañeros de piso pensaron que era un poco asqueroso, pero cuando me acostumbré descubrí que era igual de bueno”, dijo.

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