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EL PAÍS

“La mayor amenaza para la democracia es darla por hecho”



Wolfgang Schäuble lo ha sido casi todo en la política alemana y también en la europea, donde ha encarnado el papel de guardián de la ortodoxia financiera. Desde hace un año, preside el Bundestag alemán, agitado por el populismo de derechas y por una fragmentación política que ha desatado una crisis que no amaina. Schäuble es consciente de que Alemania ha dejado de ser un referente de estabilidad política para toda Europa.

Las luchas internas de la gran coalición de Gobierno y sobre todo, la irrupción de la ultraderecha (Alternativa por Alemania, Afd) han desestabilizado un sistema que este político conservador, conoce como pocos. El presidente del Parlamento recibe a EL PAÍS, La Repubblica y Le Figaro en su oficina del Bundestag de Berlín, cuyos pasillos recorre desde hace 46 años.

Mide muy bien sus respuestas, tal vez acostumbrado a sus días de arquitecto de la zona euro, en los que una coma suya era capaz de mover mercados. Pero de sus palabras y también de sus omisiones se intuye que asistimos al fin de una era en Alemania; la que se inauguró con el mandato de Merkel hace 13 años.

A sus 76 años, Schäuble irradia una vitalidad envidiable y se mueve en silla de ruedas tras sufrir un atentado en los noventa. Aquí en Alemania sigue siendo un político muy valorado, al que en momentos de crisis como el actual muchos alemanes escuchan con atención. “La mayor amenaza para la democracia es darla por hecho”, advierte.

Pregunta. Durante años, Alemania ha sido un ancla de estabilidad para Europa y para el mundo. Ahora, salta de una crisis política a la siguiente. ¿Cómo explica usted esta inestabilidad?

Respuesta. Todavía somos un país relativamente estable para los estándares internacionales. Pero tanto en Europa como en Norteamérica, este modelo de democracia y de Estado de derecho está un poco más bajo presión y los partidos tradicionales también. La razón probablemente es doble. La mayor amenaza para la democracia es darla por hecho. Los economistas llaman a esto complacencia. Durante 70 años hemos tenido en Europa paz, estabilidad y crecimiento económico. Sorprendentemente, en una encuesta reciente la gran mayoría de los preguntados en Europa decían que la situación en su país era mejor que nunca, pero cuando se les preguntaba si a sus hijos les irá mejor, la respuesta, al contrario de otras generaciones decían que no lo creían.

P. ¿Cuál es la segunda razón?

R. Estos cambios increíblemente rápidos y profundos, consecuencia de las formas de comunicación modernas, transforman no solo la economía y los mercados financieros, sino también nuestra sociedad y nuestros sistemas políticos. La globalización crece. Además, hay un creciente escepticismo sobre la eficiencia de la Unión Europea. A eso se le suma que tenemos algo que ya no creíamos posible: un nuevo partido a la derecha. Todo esto llega en un momento en el que la CDU/CSU [bloque conservador que lidera Angela Merkel] ha gobernado durante un tiempo excepcionalmente largo y exitoso. Pero en los sistemas humanos, todo tiene siempre su tiempo y hay algún momento en el que se sienten los efectos de una cierta fatiga con el paso del tiempo. El efecto es conjunto, no hay más que observar el caso de los socialdemócratas en Europa.

P. Recientemente usted aludía al final de la era Merkel.

R. Yo no he dicho eso. Yo solo digo que con el tiempo surgen siempre dificultades.

P. Pero la crisis existe en su partido.

R. Las crisis son buenas; nada avanza sin crisis.

P. En Berlín se habla de la posibilidad de que Merkel ceda el liderazgo del partido en el congreso de diciembre como primer paso hacia una posible sucesión.

R. Merkel piensa que la sucesión se decidirá cuando llegue el momento. Ha sido elegida para este periodo legislativo y ha dicho claramente que ella cree que fue un gran error cuando el canciller Schröder, que se enfrentó a dificultades en su partido, entregó la presidencia del partido. Ella no piensa repetir ese error. Yo comparto esa opinión. Merkel tiene un estilo de liderazgo que se caracteriza —y ella misma lo ha explicado— por el que le gusta comprometerse lo más tarde posible. Mantiene abiertas el mayor número de opciones posibles hasta el final. No se va a comprometer antes de tiempo.

P. ¿Gobernará hasta el final de la legislatura?

R. Ha sido elegida, y la Constitución establece, fruto en parte de la experiencia del fracaso de la República de Weimar, que los cancilleres tienen una posición muy fuerte. Desde la I Guerra Mundial, siempre había minorías capaces de derribar al canciller, como en Italia, y siempre dificultades para alcanzar mayorías para elegir a un canciller. Ahora, la Constitución de la República Federal establece la moción de censura constructiva. Es decir, un canciller elegido solo puede ser derribado eligiendo a un nuevo canciller. No puedo predecir el curso de esta legislatura, pero pase lo que pase, nuestras instituciones son fuertes y las crisis son siempre oportunidades.

P. ¿La elección de un jefe parlamentario en la CDU distinto del candidato de Merkel es un síntoma de la debilidad de la canciller?

R. La elección de [Ralph] Brinkhaus fue una pequeña sorpresa. Por supuesto que en el partido después de un largo periodo de éxito hay también un deseo de cambio. Cuando no se quieren grandes cambios, la elección de un nuevo jefe del grupo parlamentario es una oportunidad ideal.

P. Ustedes se sientan junto a Afd en el Parlamento desde hace un año. Desde la violencia en Chemnnitz, crece la preocupación acerca de los vínculos de Afd con el movimiento neonazi. ¿Le preocupa este ascenso extremista? ¿Corre peligro la democracia alemana?

R. El mayor peligro es que demos la democracia por hecho. Ahora ya no es como antes, cuando pensábamos que después de Hitler nunca tendríamos un nuevo partido a la derecha en Alemania. Ahora lo tenemos, como en otros países europeos. Pero la democracia no corre peligro, lo podemos manejar. Mi papel como presidente es que todos [los partidos] tengan los mismos derechos y las mismas obligaciones en el Parlamento. Dentro de Afd hay diferencias. Unos dicen que son un partido conservador moderado y otros hacen causa común con gente que en ocasiones son verdaderos neonazis. Insistimos en que el consenso constitucional debe aplicarse en nuestro país.

P. ¿Puede la CDU evitar la discusión sobre si podría coaligarse con Afd cuando se convierta en primera y segunda fuerza por ejemplo en el Este?

R. La negativa es clara y no es algo que esté en cuestión. No se lucha contra ellos diciendo que en caso de emergencia formarías con ellos una coalición.

P. ¿Fue la decisión de Merkel de abrir las fronteras en 2015 un error?

R. No. Creo que hubo buenas razones y pocas alternativas para la decisión de 2015. Los refugiados estaban ya en la estación de Budapest. El problema es que no se evitaron lo suficientemente rápido las falsas interpretaciones en la Red de que Alemania estaba abierta para todo el mundo. Pero la crisis de refugiados está bajo control, gracias también a la cooperación europea.

P. La crisis del euro, la de los refugiados. ¿Será capaz Europa de sobrevivir?

R. Europa será capaz de sobrevivir a estos retos, pero África seguirá siendo nuestro continente vecino y el Mediterráneo nuestro mar interior.

P. ¿Cómo puede Europa superar la crisis?

R. La unidad europea siempre ha salido fortalecida de las crisis. Superamos la Guerra, el Telón de Acero… Cuando vemos que tantas personas en el mundo sueñan con vivir en Europa y cuando tantos gobernantes del mundo temen que su propio pueblo desee vivir con nuestra libertad, nuestro Estado de derecho y la protección de la democracia y la dignidad humana, entonces los europeos no debemos ser timoratos.

P. Pero Europa está más dividida que nunca. ¿Es posible llegar a acuerdos con [el primer ministro húngaro Viktor] Orbán o con [el vicepresidente italiano Matteo] Salvini?

R. Siempre hay que respetar a los políticos que han sido elegidos en sus países. Hay que intentar hablar con ellos sin adoptar sus posiciones.

P. ¿Serán las elecciones europeas del año que viene un punto de inflexión?

R. Durante la crisis griega, el entonces presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, me dijo: ‘Wolfgang, esta va a ser la peor crisis desde la Gran depresión. Y yo le dije: Jean-Claude, la Segunda Guerra Mundial también fue mala. Sé que la situación es peligrosa, pero creo que podemos gestionar esta crisis porque hemos superado crisis mayores. También sé que hay mucha preocupación acerca de que cómo va a ser la mayoría en el Parlamento Europeo. Creo que debemos aprovechar el impulso de Macron para trabajar más en esa dirección. En Alemania, hemos necesitado mucho tiempo para formar gobierno y que ahora tenemos nuestras crisis. Sé que algunos socios miran a Alemania con preocupación, pero estamos intentando mejorar las cosas.

Matar las reformas

P. ¿Ha matado Merkel todos los planes europeos de Macron?

R. No. Ella sabe que Europa necesita una nueva dinámica. La cuestión es quién lo puede lograr. Una parte importante de las reformas sociales y económicas son, según las leyes europeas competencia de los Estados Miembros. Yo siempre he dicho que estoy a favor de la solidaridad, pero eso no debe enviar los incentivos incorrectos. Lo que no puede hacer Europa lo deben hacer los Estados miembros, y ahí, hemos retrocedido un poco. Además, para algunas reformas habría que ceder soberanía y cambiar los tratados.

P. Pero hace un año, usted se mostró partidario de un ministro de Finanzas europeo, de un fondo para la eurozona. ¿Todo eso ha muerto?

R. Yo estoy a favor de completar la unión bancaria y para eso no hay que cambiar los tratados. Pero si creas un presupuesto [para la eurozona], tiene que haber también un Parlamento al que se le transfieran las competencias. Y lo mismo para un ministro, no basta el título, tiene que tener competencias. O lo haces intergubernamental a través de acuerdos entre los Estados Miembros, o lo haces europeo.

P. En Alemania siguen aferrados al déficit cero.

R. Los socialistas se inclinan a pensar que cuando el Estado gasta, se solucionan todos los problemas, pero nunca ha funcionado. Nuestro problema es que la ejecución de las inversiones es demasiado lenta por el peso del proceso jurídico y la burocracia.

P. Pronto se cumplirán 30 años de la caída del muro. La extrema derecha es allí ahora muy fuerte. ¿Qué ha ido mal?

R. La transformación de los países del antiguo Pacto de Varsovia es mucho más difícil de lo que imaginamos en 1990. En Alemania ha ido mejor, pero tenemos un problema demográfico significativo ligado a la migración interior y al desarrollo desigual en las regiones. Tenemos experiencias muy distintas tras 40 años de división y dos dictaduras. Pero cuando dos personas menores de 30 años se encuentran, salvo por el dialecto, no reconocerías si vienen del norte de Alemania, del sur, de Baden-Württemberg o de Mecklemburgo. Somos diferentes, pero ya no es el Este contra el Oeste. Se ha hecho bastante bien.

España, un socio importante

Pregunta. El auge populista es en parte una consecuencia, según numerosos observadores de la política de austeridad de la que usted es el máximo representante. ¿Se arrepiente de haber impuesto esa doctrina en Europa?

Respuesta. No, el populismo en Europa tiene otras causas. Tiene que ver con evitar enfrentarse a la realidad. Esto se aplica a la migración, para los que no entienden que en este mundo crecemos juntos y que para muchos es atractivo venir aquí. No queremos construir muros como otros. Ya hemos tenido suficientes muros en Alemania. Pero cuando se hacen promesas poco realistas, avivas el populismo y la demagogia. Nosotros solo tratamos de aplicar el pacto de estabilidad. Si le pregunta a mi antiguo colega, [Luis] De Guindos, él siempre ha dicho que sanear el país y el presupuesto, es la base para un crecimiento sostenible.

P. Alemania considera a España el alumno aplicado que ha hecho bien las reformas

R. España no es nuestro alumno. Nadie es nuestro alumno. España es un socio importante.

P. Lo cierto es que en España, el desempleo y la desigualdad son enormes. ¿Aún piensa que las reformas y los recortes fueron los adecuados?

R. Ustedes han tenido un cambio de Gobierno y yo no soy ministro de Finanzas desde hace un año. Pero creo que en los años en que fui ministro [2009-2017] y trabajé junto con los colegas españoles tuvimos posiciones comunes con España: la convicción de que una política fiscal y presupuestaria sólida es un requisito para el crecimiento. En Alemania lo hemos demostrado desde 2009. El pacto de estabilidad deja suficiente margen de maniobra.



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EL PAÍS

Carta abierta a Ana Schulz



Ana Schulz y Cristóbal Fernández han dirigido Mudar la piel, documental que indaga en la amistad entre Juan Gutiérrez, padre de Ana y mediador entre ETA y el Estado, y Roberto Flórez, el agente del Centro Superior de Información de la Defensa —CESID— que lo espió.

Enfrentarte a los fantasmas, los silencios, los secretos que te rodearon cuando eras niña; encarar la opacidad y la densidad del pasado, la memoria escurridiza, la presencia de ese pasado en el ahora, la necesidad de entender; hacer tangible, dar coherencia narrativa a aquello que reside entre el ruido blanco y el rumor, la intuición y el secreto. Quieres investigar algo que te resulta incomprensible, incluso inadmisible: la amistad de tu padre (un hombre que ha llevado a cabo una gran labor pública de mediador entre ETA y el Estado) y un espía de los servicios del CESID que, según tu interpretación de la realidad, le traicionó.

Te habrán dicho alguna vez, supongo, que esta historia no tiene que ver contigo, que pertenece a tu padre. Igual también te han pedido que no escarbes, que no expongas, que hay cosas de las que es mejor no hablar, que la familia, que para qué. Pero sabes que la historia de tu padre también te pertenece porque te ha marcado profundamente, aunque no sepas muy bien cómo formular esa impronta. Investigar la huella, medir su profundidad, solo es posible a través de los vericuetos de la intimidad, del relato reflexivo, del recorrido a través de los grises.

La obra resultante refleja el proceso mismo de indagación: el largo caminar por la zona gris de los afectos. Nos regalas metáforas visuales que llenan tu narración de poesía y sugerencia: juegos de espejos, niebla, un péndulo de un viejo reloj con la imagen desenfocada de tu padre, contraluces y claroscuros, y una secuencia de varios segundos en los que tú, una Ana luminosa y serena, vas conduciendo y entras en un túnel oscuro del que pocos segundos después surge un Roberto de apariencia inquietante, sentado en el asiento trasero. Toda una metáfora, perdona que me ponga psicoanalítica, de tu acercamiento a ese pasado donde la violencia impregnaba nuestras vidas: de niñas sentíamos la amenaza, la presencia de la violencia en nuestro entorno, pero la normalizábamos. Solo con el paso de los años somos capaces de mirar al pasado, a ese fardo siniestro que llevamos en el asiento trasero, y, a través de mecanismos oblicuos, representarlo.

Podrías haber hecho un documental tipo thriller, pero como te dijo Juan Pablo Villalobos vía Twitter, elegiste la reflexión, el tono sereno, el discurso de lo íntimo.

Lo íntimo indivisible de lo político, el relato personal atravesado por la historia que desgarró nuestra sociedad, es una forma de pensarnos y de investigar muy propia de nuestra generación (tú naciste en 1979; yo soy un poco más vieja, de 1974), y por eso también tu obra me recordó a Asier ETA Biok, de Aitor Merino (1973), otro documental que reflexiona sobre afectos contradictorios. Lo íntimo y tu mirada, también, como forma de cuestionar el pacto entre miembros de la generación anterior: las complicidades, silencios, secretos que aceptan y protegen ellos, como si fueran solo cosa suya, pero que heredamos. En esa reflexión también nos encontramos, Ana: llenamos los silencios heredados con narraciones propias.

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EL PAÍS

21 jóvenes sientan en el banquillo a EE UU por el cambio climático



Sus padres se conocieron en una protesta por la tala de árboles en los bosques de Oregón. Asistió a su primera manifestación con solo dos meses de edad. A los 10 años se empezó a implicar “más en serio” en el activismo medioambiental. A los 15, demandó a su Estado. Y hoy, a los 22, su nombre ha pasado a la historia, enfrentado al de la gran potencia mundial, bautizando la más importante batalla legal hasta la fecha en la lucha contra el cambio climático: “Juliana contra los Estados Unidos de América”.

“Mi apellido es como un nombre de pila, pero yo me llamo Kelsey. Es gracioso. Si viera allí mi nombre, Kelsey, supongo que sería diferente. Pero lo importante es que esto es una acción colectiva”, advierte Kelsey Juliana. Ella es una de los 21 jóvenes que en 2015, cuando tenían entre nueve y 18 años, demandaron al Gobierno de Estados Unidos por considerar que con sus acciones, al provocar el cambio climático deliberadamente, ha puesto en peligro sus derechos constitucionales a la vida, a la libertad y a la propiedad, y ha incumplido su deber de proteger recursos públicos esenciales. Hasta el 20 de enero de 2017, al frente de la principal institución demandada estaba Barack Obama. Hoy está Donald Trump, un presidente que ha calificado el cambio climático de “farsa”.

Un coche hacia el precipicio

La profesora Mary Wood recurre a un ejemplo gráfico para explicar el caso: “Es como si estás en el asiento trasero de un coche con tus hijos. Todos nosotros, y las generaciones futuras, estamos en ese asiento trasero. Y hay un solo conductor que se llama Donald Trump. Él sabe que está dirigiendo el coche hacia el precipicio climático, y no solo no está frenando, sino que está pisando el acelerador con más fuerza. La pregunta es: ¿quieres que un agente de policía detenga el coche antes de caer por el precipicio?”.

En la sala, la juez escuchará las exposiciones de las partes y, al final, redactará una resolución. “En ella, tendrá que determinar qué derechos tienen los demandantes”, explica Wood. “Tendrá que decir si esos derechos han sido violados. Y por último, en caso de que considere que sí han sido violados, hablará de los parámetros del remedio. Estructurará probablemente un proceso en el que los demandantes se reunirán con los abogados del Gobierno con regularidad. Estos irán a esas reuniones con un plan y ese plan será exigible”.

Fideicomiso público

 

“¡Has llevado a juicio a Donald Trump!”, les sueltan, admirados, sus compañeros de clase. Y Juliana admite que, a veces, a ella misma le cuesta creerlo. “Los 21 compartimos una carga colectiva, porque este caso es enorme”, explica por teléfono esta alumna de Estudios Medioambientales en la Universidad de Oregón. “Y ese peso que sentimos, cuando estamos todos juntos se transforma en una liberación, una celebración, nos convierte en una familia”, asegura Juliana.

Mientras sus amigos están inmersos en un arranque de curso como otro cualquiera, estos 21 jóvenes repartidos por todo el país, representados por la organización Our Children’s Trust, se preparan para la vista que arranca el próximo lunes en la Corte de Distrito de Eugene, Oregón, la primera instancia de la Justicia federal. Un hito inédito en un fascinante proceso judicial, también conocido como La Juventud contra el Gobierno (#youthvgov), que marca un antes y un después en la lucha legal contra el cambio climático.

La base jurídica más novedosa del caso reside en el concepto de fideicomiso público. “Es un concepto sencillo”, explica por teléfono Mary Wood, profesora de la Universidad de Oregón y reputada experta en derecho medioambiental, cuya literatura académica se encuentra en el origen de esta demanda. “El público es propietario de los recursos naturales. No es propiedad privada, pero sí propiedad pública. Y el Gobierno, porque es la institución que perdura, debe gestionar esos recursos como fideicomisario para los ciudadanos presentes y las generaciones futuras. Si se prueba que el Gobierno con sus acciones ha alterado sustancialmente la atmósfera y el sistema climático, habría violado ese fideicomiso público que debe a los ciudadanos”, explica.

Todo empezó en 2010, en una conferencia de Wood en la universidad. “Yo había escrito durante 20 años sobre derecho medioambiental, y lo que veía era un fracaso sistemático”, recuerda la profesora de la Universidad de Oregón. “Desarrollé una estrategia nueva. Había que plantear casos en nombre de niños por todo el país y por todo el mundo, basados en la doctrina del fideicomiso público, que es la que da en el clavo. Resulta que entre el público de la conferencia estaba Julia Olson, una veterana litigante con una maravillosa reputación en su país. Al final de la charla vino a verme y me dijo que quería sacar eso adelante”.

Olson se puso manos a la obra. Creó la organización Our Children’s Trust y se asoció con un montón de jóvenes que ya estaban implicados en el activismo medioambiental. Juntos emprendieron una acción “sin precedentes en la historia del derecho”, según Wood, que consistió en presentar demandas en paralelo en cada uno de los Estados del país.

El proceso fue ganando peso y, ya en el año 2016, se puso en marcha el caso federal, para el que se añadió al del fideicomiso público una nueva serie de alegaciones constitucionales. “Se podría resumir en la idea de que el Gobierno está infringiendo los derechos constitucionales a la vida, la libertad y la propiedad de los jóvenes demandantes al crear un sistema climático que será inhabitable”, explica Mary Wood. “Lo que alegan los demandantes, y espero que prueben, es que el Gobierno toma decisiones que empujan el sistema climático a la catástrofe”.

La gran virtud del litigio, explica Wood, es que “por primera vez saca al derecho medioambiental de los profundos precipicios legales donde ha languidecido durante más de cuatro décadas, y lo vincula a los derechos constitucionales”. En julio el Tribunal Supremo dictaminó en favor de los demandantes, y hasta la fecha ha sorteado diversos envites procesales de los demandados. Pero el momento de la verdad llegará el próximo lunes. “Será una gran fiesta”, prevé Juliana. “Habrá una exhibición de apoyo enorme y los ojos del mundo estarán allí”.

Casos como este, a nivel federal y que implican derechos civiles, pueden demorarse durante años, incluso décadas. Pero al margen del desenlace, para los demandantes el proceso en sí mismo es crucial. “Necesitamos ganar este caso y tengo confianza en que lo haremos”, asegura Juliana. “Pero es importante el propio proceso, y que lo siga gente de todo el mundo. ¡Incluida España! Este caso cuenta la historia de cómo el daño climático afecta a la gente, sobre todo a los jóvenes. No en el futuro, sino ahora mismo. Pero también es una historia de corrupción, de un Gobierno que ha desatendido a las personas en favor de los intereses corporativos. El Gobierno de EE UU es un enorme poder global y estamos llevando a ese poder a los tribunales. Es muy emocionante”, concluye.



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EL PAÍS

Iglesias y Puigdemont hablan 45 minutos por teléfono y coinciden en “abrir espacios de diálogo”



El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha hablado este domingo por teléfono con el expresident de la Generalitat Carles Puigdemont, huido de la justicia española en Bélgica. “Hemos conversado durante 45 minutos. Me ha invitado a tener una reunión presencial. Se lo agradezco y lo consideraré, pero por el momento pienso que lo importante es mantener el contacto. Estamos de acuerdo en la necesidad de abrir espacios de diálogo político sin exclusión de ningún tema”, ha escrito en su cuenta de Twitter el líder de Podemos. Iglesias, además, se reunirá este lunes con el lehendakari, Íñigo Urkullu (PNV), para tratar la situación en Cataluña e intercambiar opiniones de cara a la negociación de los Presupuestos Generales. Ambos encuentros llegan pocos días después de que Iglesias visitara a Oriol Junqueras, el presidente de ERC, en la prisión de Lledoners (Barcelona).

La reunión que Iglesias tendrá este lunes con Urkullu en la sede de la Presidencia del Gobierno Vasco, en Vitoria, será el primer encuentro visita oficial entre ambos políticos. El lehendakari ya había visitado hace semanas a Junqueras, en el centro penitenciario donde está recluido. El PNV ya ha intentado mediar en la situación catalana, sin éxito, y en medio de un gran secretismo. La reunión con Iglesias escenifica una vez más la voluntad de intermediación del nacionalismo vasco y su papel en la operación para desatascar la negociación de las cuentas.

El apoyo de Esquerra y del PDeCAT es indispensable para aprobar el proyecto acordado entre Iglesias y el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Ambas formaciones insisten en pedir antes de sentarse a la mesa un gesto del Gobierno hacia los líderes independentistas procesados por un presunto delito de rebelión y malversación. El pasado sábado, el líder republicano Joan Tardà insistió en que Sánchez pida a la fiscalía que retire los cargos. Otras voces abogan por que la Abogacía del Estado también modifique su posicionamiento.

Desvincular las cuentas

El líder de la formación morada sopesaba ya desde hacía días ponerse en contacto con el expresident para intentar acercar posiciones. Así lo aseguró el pasado sábado la portavoz de En Comú Podem, Lucía Martín, que dijo que Iglesias le llamaría de manera inminente. “Hablaremos con quien haga falta. En principio no creo que haya un problema gravísimo para que eso pase”, dijo Martín en una entrevista en RAC-1.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, por su parte, abogó este domingo una vez más por separar la negociación de las cuentas del proceso judicial contra los líderes independentistas, si bien considera que su situación es injusta. “Evidentemente que tenemos que pensar en desjudicializar la política, pero también tenemos que pensar en la gente que no llega a fin de mes”, ha dicho la alcaldesa.



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