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“La vida a veces se conecta de maneras imprevisibles”: la paradójica historia de Alejandro Gaviria, el ministro de Salud de Colombia, que se enfermó de cáncer


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Alejandro Gaviria ha sido muy abierto con su enfermedad, publicó un blog cuando lo diagnosticaron con cáncer y en su cuenta de Instagram publica frecuentemente fotos sobre las novedades. (Foto cortesía @agaviriau)

Doce horas bastaron para que la vida de Alejandro Gaviria cambiara drásticamente. Lo que en la mañana era una sensación de hastío e indigestión que él le atribuyó al exceso de la noche anterior, de repente se convirtió en un cáncer linfático.

Una enfermedad, con toda la crudeza que la palabra trae en su letras, que en su caso era, además de triste y preocupante, bastante paradójica.

Alejandro Gaviria es desde hace casi seis años el ministro de Salud y de Protección Social de Colombia, así que de gerente de la salud pasó en una mañana a convertirse en el paciente.

Un paciente de un sistema de salud controvertido, en un país que él mismo describe como “muy desigual”.

Pero hay otra serie de eventos, de decisiones previas que tomó como funcionario público, de políticas que lideró desde su posición, que ahondan la perplejidad de lo que le pasó.

El también autor del libro “Alguien tiene que llevar la contraria”, reeditado recientemente, está invitado al Hay Festival de Cartagena, a la ciudad colombiana, este fin de semana para compartir su historia y sus polémicas posiciones sobre lo que él considera derechos fundamentales, aunque algunos las califiquen como políticas demasiado liberales.

BBC Mundo conversó con él.

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Gaviria hablando en la Organización Mundial de la Salud, antes de ser diagnosticado con cáncer. (Foto cortesía @agaviriau)

En su libro “Alguien tiene que llevar la contraria” hay una frase que incluyó en un discurso de grado universitario: “De todas las vidas que pudieron haber vivido, tendrán sólo una para contar”.

Esa frase que utilicé en el discurso la había leído por ahí en un cuento que siempre me quedó grabado del novelista y cuentista americano Ethan Canin, del cuento The Palace Thief (“El ladrón del palacio”, en español), que terminaba con esa frase, y yo creo que así me he tratado de definir yo de alguna manera. La importancia de enlazar en nuestras vidas. Que aunque de alguna manera todo lo que me pasó tenía probabilidad cero de que pasara, me pasó.

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Una foto de archivo de Gaviria promocionando su libro “Alguien tiene que llevar la contraria”. (Foto cortesía @agaviriau)

Yo había estudiado ingeniería. Después fui decano de economía, y sin haberlo pensado, con una probabilidad muy pequeña, terminé en este cargo de ministro de Salud.

Luego me tropecé con otra circunstancia, también fortuita, de terminar enfermo de cáncer. Pero no sólo eso.

Hay algunas conexiones que son absolutamente extrañas. No son místicas, porque yo no creo en el destino, no creo en la divina providencia, pero sí creo que la vida a veces se conecta de maneras imprevisibles y esto hace que las vidas, las de todos, sean interesantes de contar”.

¿Cómo empezó el capítulo del cáncer en su vida?

Después de una mañana de reuniones en las que estuve con dolor de estómago toda la mañana, llegué torcido del dolor a la clínica. Pensé que podía tener algo normal, como cálculos en la vesícula o apendicitis, por el dolor tan insoportable.

Hasta que me dicen: “Hay que hacerle una ecografía”. Y ahí viene como el primer momento de terror, en el que me doy cuenta que tengo algo más grave.

Cuando veo la cara que hace el radiólogo que me está haciendo la ecografía y yo comienzo a preguntar insistentemente “¿Hay algo grave?” y el tipo se queda callado, y yo insisto “¿Hay algo para preocuparme?” y el tipo sigue callado… hasta que dice “Sí, hay un tema preocupante. Usted tiene muchos ganglios muy inflamados y tiene que quedarse hospitalizado”.

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Gaviria ha dado cuenta de la evolución de su enfermedad a través de las redes sociales. (Foto cortesía @agaviriau)

Al lado mío estaba hospitalizado quien había sido el jefe de la clínica, que había tenido un linfoma y casualmente estaba en recuperación. Él es el que entra y me dice: “Mire, esto parece un linfoma, tenemos que esperar a que le hagan una biopsia pero yo creo que la evidencia va hacia allá”.

Y ahí ya empieza todo esto. Eso fue el primero de junio del año pasado.

¿Qué cáncer tiene?

Exactamente es un “linfoma no Hodgkin de célula B grande c-MYC positivo”. Es en el sistema linfático. Yo lo tenía en la región retroperitoneal y tenía muchas masitas pequeñas y una en el lado izquierdo grande, de aproximadamente 7 centímetros.

¿Y ese diagnóstico tuvo que ver con que había comido mucho la noche anterior y por eso se sintió mal, o estaba de todas formas destinado a saberse?

Es una buena pregunta. Yo creo que tuve una suerte que fue la siguiente: uno de los ganglios que estaban creciendo se necrosó. Soltó un líquido y eso produjo lo que se llama una peritonitis química. Y de ahí vino el dolor.

Si eso no hubiera pasado, no tenía ningún síntoma, porque esto era completamente asintomático, y lo que pudo haber pasado es que dos, tres, cuatro, cinco meses después se me apareciera como una bola en el cuello y ya completamente invadido.

¿Qué fue lo primero que hizo cuando lo diagnosticaron?

Yo salí un poco como confundido y recuerdo que en el camino del oncólogo a mi oficina puse a buscar en Google y ahí empecé a ver que era complicado.

Ese mismo sábado me tocó llamar al presidente (Juan Manuel Santos). Me dijo “Pues si puede seguir de ministro y si su salud se lo permite, quédese, yo le pido que se quede”.

La forma más antipática de las desigualdades de nuestra sociedad son las desigualdades en salud”.

Alejandro Gaviria

Esperé el diagnostico claro y al final decidí quedarme para también estar ocupado. Aunque muchas veces me pregunté durante este tiempo si me excedí con esa decisión.

Durante su gestión usted había dado duras batallas por sacar adelante ciertas políticas que de una u otra manera tienen una relación directa con su enfermedad…

En este tema es justo donde vienen las conexiones extrañas con mi enfermedad, con mi cáncer.

Empiezo con la primera. Una de las tareas más difíciles que me tocó a mí en el ministerio desde el comienzo fue ponerle orden al desorden de los medicamentos. Por razones de un mal diseño institucional el sistema de salud de Colombia estaba al borde de la catástrofe financiera porque se pagaban los medicamentos a cualquier precio. Me tocó controlar los precios de los medicamentos que es muy complejo.

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“La gran mayoría (de los pacientes de cáncer) quiere compartir esta experiencia. Se genera una solidaridad inmediata”, afirma Gaviria. (Foto cortesía @agaviriau)

En esas primeras medidas que se tomaron en el ministerio por allá en el año 2013, había un medicamento que era como el paradigma representativo de toda esta lucha que se llamaba rituximab, producido por la farmacéutica Roche.

Cuando a mí me da el cáncer y me van a aplicar el medicamento y me describen el coctel de quimioterapia que me van a poner me dicen que se llama R-EPOCH, y yo digo “¿Esa R qué significa”. Y me dicen: “Es el medicamento rituximab”.

Es decir mi medicamente era el mismo cuyo precio logramos regular tiempo atrás.

¿Cuál es la siguiente casualidad?

Hay una segunda cosa que me parece también interesante que tiene que ver con la prohibición de las aspersiones aéreas con glifosato.

Me toco ese debate por allá hace dos año. En marzo de 2015, la Agencia Internacional de Estudios sobre Cáncer había sacado una monografía diciendo que había evidencia de una probable conexión entre el glifosato como sustancia y el cáncer.

Yo me acuerdo haber leído el estudio y después recordé que el cáncer que se mencionaba en esa monografía era el linfoma no Hodgkin, de nuevo, el cáncer que yo tengo. En su momento para mí era una enfermedad desconocida, jamás había oído hablar de ella, tenía incluso un nombre extraño, misterioso y ahí estuvo.

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Gaviria fue diagnosticado con linfoma no Hodgkin. (Foto cortesía @agaviriau)

La tercera ya es mucho más anecdótica y es el cannabis y los derivados del cannabis. El cannabis medicinal que esa fue otra pelea que tuvimos aquí donde lo reglamentamos. Colombia fue el país, después de Uruguay que más avanzó en América Latina en la reglamentación de los derivados del cannabis.

Yo me ocupé primero de los temas. Pero en esos debates me di cuenta que yo tenía tener los argumentos de salud pública y leí muchos artículos, incluso leí un libro publicado en Estados Unidos hace dos años que resumía toda la evidencia científica sobre los derivados del cannabis.

Leía mucho sobre el tema, apuntando en una libretica y lo repetía en los debates. Pero cuando me vino mi quimioterapia y en algún momento las nauseas eran muy fuertes, como ya había tenido contacto con todos estos señores que estaban haciendo algo, o que tenían estos intereses de empezar a producir derivados del cannabis y ya se les habían dado las licencias, pues muchos me dijeron “Mira, aquí, nosotros tenemos estas gotitas y te las podemos enviar”. Y utilicé yo el cannabis medicinal.

Eran dos gotitas sublinguales y yo pues me apliqué cinco. Y recuerdo que en la clínica había una televisión apagada en frente mío, y detrás estaban las cosas de quimioterapia que eran cuatro bolsas negras que se reflejaban en la pantalla. Yo las veía ahí, después de haberme aplicado las gotitas yo miro la pantalla y veo que hay como cuatro, cinco patos verdes bailando sobre la pantalla.

Dígame algo cotidiano que lo haya puesto triste visto desde la perspectiva de su enfermedad

Yo creo que Carolina (esposa) y Tomás (hijo) siempre fueron optimistas. Yo creo que la actitud era “usted no se puede morir y no se va a morir”. Pero yo tenía momentos difíciles, a veces cuando salía temprano de la oficina y llegaba antes que llegara Tomás del colegio. Oía los pasos rápidos que venían a saludarme y me daba como una tristeza… Cerraba los ojos y pensaba “Hijueputa, ¿por qué me está pasando esto?”.

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“Tu tiempo es limitado”: el tatuaje del ministro Gaviria. (Foto cortesía @agaviriau)

¿Cómo ha sido su experiencia compartiendo con otros pacientes con cáncer cuando tiene quimioterapia o radioterapia?

Una cosa que aprendí de los pacientes oncológicos es que a todos se nos exacerba el existencialismo. Todos además somos habladores, muy locuaces. La gran mayoría quiere compartir esta experiencia. Se genera una solidaridad inmediata. Todos queremos contarnos la historia. Le sirve a uno mucho contar las historias.

¿Usted cree, por ejemplo, que una experiencia de estas le aumenta al empatía?

A mí me ha llamado la atención el tema de la empatía, por supuesto, pero un poco más allá de la empatía, es ver la forma más antipática de las desigualdades de nuestra sociedad, que son las desigualdades en salud.

Yo terminé la quimioterapia en el mes de diciembre. Generalmente llegaba 7:00 – 7:30 AM. Me gustaba llegar, sentarme en la salita a esperar con los pacientes y oír sus historia. Entender las dificultades. Me di cuenta que el sistema de salud logra hacer algunas igualdades de acceso pero hay tantas desigualdades en las vidas de todos y somos un país tan desigual, que el sistema no puede corregirlas todas.

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Gaviria terminó la quimioterapia en diciembre pasado. (Foto cortesía @agaviriau)

Yo llegaba a la clínica que quedaba a pocas cuadras de mi casa, pero había una persona que había viajado cuatro horas para poder estar ahí sentada también al lado mío.

Y entrábamos los dos al mismo tiempo, hay dos máquinas de radioterapia, una a un lado y la otra del otro, y muchas veces nos llamaban al mismo momento y estábamos recibiendo el mismo tratamiento. Pero nuestras circunstancias eran distintas.

Hay otras cosas bonitas que me ha dejado la enfermedad. Volví a conectar con gente que no veía y de la que no sabía en años, ¿no? Me reconecté con mi vida. Como que uno lazos tenues con mi vida pasada, de un momento a otro, se llenaron de todo, como que esa red creció y se engordó.

Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Cartagena, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad colombiana entre el 25 y el 28 de enero.



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Cómo fue el "desembarco de Machurucuto", el intento de intervención militar en Venezuela ideado en Cuba por Fidel Castro


Imagen de soldados venezolanos

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El Nacional

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Tras recibir la alerta de los residentes de la zona, el ejército venezolano se desplegó en la zona.

La lancha llegó puntual a la playa, al abrigo de la esperada oscuridad de las 2 de la mañana, dejando en tierra a ocho hombres cargados con mochilas y fusiles de asalto AK47 de fabricación norcoreana.

La operación parecía marchar de acuerdo con lo previsto al tocar tierra en las costas de Venezuela tras haber zarpado seis días antes, el 2 de mayo de 1967, de Santiago de Cuba adonde había acudido el mismísimo Fidel Castro a despedir a los guerrilleros que iban a tomar por asalto el cielo del entonces rico país petrolero.

“Fidel pasó toda la noche anterior con nosotros, dando las últimas instrucciones, chequeando todos los materiales, trasmitiéndonos algunas de sus experiencias en la lucha guerrillera en Cuba. Estuvo supervisando hasta el último minuto y nos acompañó hasta el barco a las 6 de la mañana, que fue cuando zarpamos”, comenta Héctor Pérez Marcano, uno de los protagonistas de aquel desembarco, a BBC Mundo.

La expedición tenía como objetivo reforzar un frente guerrillero que operaba en el Cerro “El Bachiller”, ubicado en una zona montañosa unos 160 kilómetros al este de la capital venezolana, pero terminaría por causar una de las peores crisis en las relaciones entre Caracas y La Habana.

Aquella madrugada, Pérez Marcano y sus compañeros -tres venezolanos como él y cuatro cubanos- no podían intuir cómo se torcería aquella operación para la que se habían preparado durante más de un año, mientras vivían en una casa en Pinar del Río, desde donde salían a practicar no solo las destrezas necesarias para cualquier guerrillero que quiera adentrarse en las montañas, sino las maniobras requeridas para ese desembarco.

“Teníamos gran confianza en el éxito de la operación. Habíamos sido bien entrenados y habíamos ensayado varias veces, porque había que practicar en playas con aguas movidas, en playas de arrecife. Incluso una vez habíamos repetido el desembarco del Granma. Y todo había salido siempre bien”, comenta.

De la Tricontinental a Machurucuto

Pérez Marcano era miembro del Movimiento de Izquierda Radical (MIR), un partido formado en Venezuela a partir de una escisión del socialdemócrata y entonces gobernante Acción Democrática (AD), inspirado por la revolución cubana.

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Durante la reunión de la Tricontinental, Cuba fue un punto de reunión para movimientos insurgentes.

Había llegado a la isla en 1964, poco después de la aparición de los primeros grupos insurgentes en su país, con el objetivo de formarse en la lucha armada, tal como lo hacían otros 14 militantes del MIR.

En enero de 1966, cuando se realizaba en La Habana la primera conferencia Tricontinental, que reunió a movimientos revolucionarios de Asia, África y América Latina, acudió a pedir apoyo al gobierno cubano.

“Moisés Moleiro, Eduardo Ortiz Bucaram, Américo Silva y yo tuvimos una entrevista con Fidel Castro en el piso 25 del hotel Habana Libre. Le dijimos que queríamos más ayuda y le planteamos que estos 15 hombres tenían que regresar a Venezuela. En ese momento se usaba una ruta que terminaba en Colombia, desde donde se entraba a Venezuela por vías clandestinas”.

“Pero Fidel nos dijo que él tenía una idea mejor: que en vez de hacer este recorrido que era hasta peligroso porque podíamos caer en manos de los órganos de seguridad del Estado, era mejor hacer una invasión, un desembarco directo“, rememora.

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EUGENIO MENDEZ / ARCHIVO EL NACIONAL

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Pérez Marcano se acogió al proceso de pacificación impulsado por el presidente venezolano Rafael Caldera en 1969.

Según Pérez Marcano, Castro agregó al grupo a cuatro cubanos experimentados en la lucha guerrillera. Entre ellos estaban los comandantes Raúl Menéndez Tomassevich y Ulises Rosales del Toro, quienes años más tarde ascendieron hasta el rango de general y fueron condecorados como “héroes de Cuba”.

Así se formó el grupo de ocho guerrilleros que originalmente estaba previsto que aquel 8 de mayo de 1967 desembarcara en Venezuela.

La operación debía ser discreta, por lo que utilizaron un barco camuflado como un pesquero pero que, “en realidad, estaba artillado, era un barco de guerra”, para navegar hasta aguas territoriales venezolanas.

Después se acercaron a la costa en dos botes, uno de apoyo, con unos 12 hombres a bordo, y el otro en el que iban los guerrilleros.

Las dos lanchas estaban atadas por un cable, pues la idea era que tras dejar a los pasajeros en tierra, la nave de apoyo debía arrastrar en silencio al bote usado en el desembarco.

Mientras los ocho guerrilleros se alejaban de la costa en dirección a la montaña, en el mar, el cable que unía ambos botes se enredó en un arrecife y terminó rompiéndose.

Y fue aquí cuando la operación torció su rumbo.

“Antonio Briones Montoto, que era el comandante de la lancha de los que íbamos a llegar a tierra, decidió que la otra lancha regresara al barco pues ellos -los 4 hombres de la tripulación- decidieron que iban a desembarcar junto a nosotros para incorporarse también a la guerrilla, cosa que contravenía las instrucciones que habíamos recibido”, señala Pérez Marcano.

La decisión no habría sido tan grave si no fuera porque antes de llegar a la orilla la lancha se volteó en un mar agitado, lanzando a los cuatro hombres al mar. Según los informes oficiales, uno de ellos murió ahogado.

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Archivo / El Nacional

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Las olas arrastraron el bote hasta Machurucuto, dejando así signos visibles de que algo había ocurrido en la zona.

Otros dos, al llegar a tierra, lograron juntarse en el Cocal de los Muertos, el lugar original del desembarco.

Briones Montoto, por su parte, se quedó solo.

Mientras tanto, el oleaje arrastró la lancha hacia el pueblo de Machurucuto, donde su presencia así como la de los barbudos desconocidos llevaron a los vecinos a dar la alerta a las autoridades poco tiempo después.

Así fue también como el original desembarco en el Cocal de los Muertos terminó bautizado para la historia como el “desembarco de Machurucuto”.

100 días de calamidades

Mientras Pérez Marcano y su grupo iniciaban su ascenso hacia el Cerro “El Bachiller”, el ejército venezolano se movilizó hacia la costa.

“Muerto militar cubano y capturados otros dos al intentar desembarcar en playas de Barlovento”, anunciaba el principal titular del diario El Nacional del sábado 13 de mayo de 1967.

El muerto era Briones Montoto. La versión oficial sostiene que fue detenido y que le dispararon cuando intentó escapar. William Izarra, un teniente coronel retirado de la Aviación Militar venezolana y dirigente del chavismo, quien en la época era un subteniente asignado a la zona, afirma haber oído versiones de que se había ordenado su ejecución.

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Archivo El Nacional

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La prensa venezolana dio grandes titulares al suceso.

Pérez Marcano señala que uno de los militares cubanos capturados por el ejército reveló todos los detalles de la operación, así como la identidad de los participantes. Esto puso al grupo en una situación de gran vulnerabilidad porque los detenidos tenían copias del mapa de la ruta que iban a seguir los guerrilleros por la montaña.

Para agravar las cosas aún más, el comandante del frente guerrillero de El Bachiller había trasladado su campamento a un parque nacional despoblado, intentando huir de un cerco de las fuerzas armadas.

“Nosotros desembarcamos el 8 de mayo de 1967 y vinimos a hacer contacto con la guerrilla en agosto, 100 días en los cuales pasamos por supuesto por muchas calamidades. Estuvimos acosados constantemente por el cuerpo de cazadores y éramos ametrallados desde los helicópteros, porque sabían exactamente la ruta por la que estábamos pasando”, relata.

Los guerrilleros habían traído de Cuba una buena suma de dinero: unos US$10.000 y unos 10.000 bolívares cada uno.

Según Pérez Marcano, los dólares eran para financiar al movimiento, mientras que el dinero venezolano era para pagar por sus propios gastos.

Esos fondos, sin embargo, fueron casi inútiles durante esos primeros 100 días pues transitaban por zonas que habían sido despobladas.

“El ejército había sacado a los campesinos de la zona, cumpliendo una norma de entrenamiento antiguerrillero llamada ‘sacar al pez del agua’. Mao Tse-tung señalaba que el guerrillero debía moverse entre el pueblo como pez en el agua. El agua, por supuesto, eran los campesinos que podían servir de apoyo en un momento determinado, dar información sobre los movimientos del ejército o proveer alimentos”, recuerda.

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Arturo Bottaro / Archivo El Nacional

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Con helicópteros, el ejército de Venezuela perseguía a los guerrilleros que habían llegado de Cuba.

Aunque finalmente lograron unirse al frente guerrillero de El Bachiller, los hombres que desembarcaron en el Cocal del Muerto no duraron mucho tiempo alzados en armas.

Pasado el primer año en Venezuela, los comandantes cubanos solicitaron retornar a la isla persuadidos -según Pérez Marcano- de que el triunfo de la insurgencia armada en Venezuela no estaba tan cerca como habían creído.

Convencidos de que la insurgencia estaba condenada al fracaso, Pérez Marcano y la dirigencia del MIR decidieron acogerse a una exitosa amnistía ofrecida en 1969 por el presidente venezolano Rafael Caldera que les permitía reincorporarse a la vida civil y, si querían, a la lucha política democrática sin pagar ningún tipo de pena.

La segunda oportunidad de Fidel

El desembarco de Machurucuto tuvo en su momento fuertes repercusiones en las relaciones entre La Habana y Caracas.

Tras el incidente, el gobierno de Venezuela decidió denunciar a Cuba por intervención o agresión militar contra el país andino. Se solicitó una reunión de la OEA y se hizo llegar la denuncia a la ONU.

Las relaciones entre ambos países quedaron rotas hasta 1974.

El gobierno cubano negó toda responsabilidad en lo ocurrido.

Mirando en retrospectiva, Pérez Marcano considera que la insurgencia armada fue un error.

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Cortesía Diario TalCual

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Pérez Marcano considera que la lucha armada en Venezuela fue un error.

“Nos enfrentábamos con un gobierno electo democráticamente, que era el de Rómulo Betancourt y, luego, el de Raúl Leoni. Además, en la zona donde se desarrollaba esa lucha, los campesinos eran partidarios de Acción Democrática y se supone que un frente guerrillero para desarrollarse tiene que hacerlo en una zona donde pueda haber incorporación campesina a la lucha”, afirma.

Señala que aunque originalmente fueron los movimientos de izquierda venezolanos los que buscaron apoyo en La Habana, en realidad ellos fueron instrumentos, “peones”, de Castro.

“Dentro de esa estrategia continental, que estaba en la cabeza de Fidel, Venezuela era la joya de la corona. En esas conversaciones él nos habló muchas veces de la importancia del triunfo de la lucha guerrillera en Venezuela porque podía desencadenar el desarrollo de la revolución en América Latina”, afirma.

Pérez Marcano sostiene que aquel éxito que Castro no obtuvo apoyando la lucha armada, lo consiguió después con la llegada del chavismo al poder en Venezuela.

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AFP

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La alianza entre Chávez y Castro tuvo su impacto en la diplomacia regional en América Latina.

“Nuestro triunfo para Fidel significaba lo que ha ocurrido después con Chávez. Una vez que Fidel logra deslumbrar a Chávez, quien acepta sus orientaciones políticas, el petróleo venezolano comenzó a ser usado para cambiar la correlación de fuerzas en la OEA, para crear instrumentos como el ALBA o Petrocaribe, para tener bajo influencia política a los gobiernos de los países caribeños.

“De allí sale la victoria de Correa en Ecuador, el apoyo al sandinismo en Nicaragua, Evo Morales en Bolivia. El genio de toda esta situación que se ha dado en América Latina a partir del triunfo de Chávez en Venezuela es el de Fidel Castro”, asegura.

Medio siglo después del desembarco en Machurucuto, y con la ayuda de Chávez, Castro logró ver el músculo financiero de la petrodiplomacia de Venezuela trabajando a favor de causas que le eran afines.

Sin embargo, al menos por ahora, aquella ola izquierdista en la región parece haberse retirado de la orilla. Habrá que ver qué ocurre cuando cambie la marea.

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Amazon no irá a Nueva York: Long Island City, la comunidad que rechazó la nueva sede del gigante del comercio electrónico


activistas proetstando

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Drew Angerer/Getty Images

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Amazon canceló sus planes para abrir una nueva sede en Nueva York luego de las protestas de varios residentes.

Un día después de que Amazon anunciara (el 14 de febrero) que abandonaba sus polémicos planes para abrir una sede en Nueva York, Long Island City, el barrio de la ciudad que había sido elegido para esa expansión, seguía conmocionado.

En Manducatis Rustica, un restaurante italiano fundado en 1977 y situado en una calle principal de Long Island City, algunos vecinos se lamentaban de la decisión.

Pero en la parada de metro más cercana había una sensación de alivio.

Las divididas opiniones en el vecindario reflejaban el feroz debate generado por el plan de Amazon, que habría permitido sumar 25.000 empleos en 10 años a un distrito costero de Queens que lucha con las consecuencias de un acelerado crecimiento en los últimos años.

“Desde mi punto de vista como residente del barrio, estoy feliz“, dijo Chad Pierce, un hombre de 35 años que lleva nueve viviendo en la zona.

“Me hace sentir que podría vivir aquí otros tres o cinco años más”.

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El barrio de Long Island City ha cambiado mucho en los últimos años.

Fábricas cerradas, casas abiertas

Long Island City llegó a ser un barrio industrial en lento declive, pero hoy es una de las zonas que más rápido crece en Estados Unidos.

Más de 8.000 apartamentos han abierto sus puertas en el barrio desde 2015. Y se espera que para 2020 lo hagan unos 10.000 más.

La transformación de este barrio, ubicado sobre el Río Este y a solo una parada de metro del centro de Manhattan, nunca fue fácil.

Los alquileres están subiendo y los residentes mayores se ven “invadidos” por la afluencia de habitantes con niveles más altos de riqueza y educación.

Mientras tanto, a pesar del crecimiento económico, algunos restaurantes y tiendas locales han tenido dificultades, pues las visitas de nuevos residentes durante el fin de semana no compensan la actividad del resto de los días, y están perdiendo clientes a medida que las fábricas cierran.

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Gianna Cerbone y Donna Drimer son propietarias de negocios locales que se sienten devastadas por el giro de 180 grados de Amazon.

Gianna Cerbone, propietaria del Manducatis Rustica, señaló que se ha visto obligada a recortar su oferta de desayunos y comidas.

Y en la nueva sede de Amazon había visto la oportunidad de que su fortuna cambiara.

El viernes, Cerbone recibió en su restaurante a varias personas que le visitaron para compartir su decepción sobre la decisión de Amazon.

“Estoy desolada”, le contó a la BBC. “Necesitamos algo que pueda mantener a la comunidad”.

Pero no todos comparten este sentimiento.

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Políticos y activistas mostraron su repulsa hacia el plan de Amazon.

El rechazo

El lugar que Amazon había seleccionado para su nueva sede era una mezcla de edificios de antiguas fábricas, depósitos de taxis, oficinas gubernamentales y tiendas de herramientas que necesitaban una remodelación al compararlos con los lujosos edificios de apartamentos de vidrio reluciente de las calles colindantes.

Las encuestas revelaron, según Amazon, que el 70% de los neoyorkinos apoyaban el proyecto.

Pero el plan también despertó rechazo, en parte debido a los cerca de US$3.000 millones en incentivos como exenciones fiscales y subsidios prometidos a Amazon (y exigidos por la compañía) si cumplía con sus contrataciones e inversión.

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Algunas calles del barrio de la ciudad se llenaron de pintadas en contra de Amazon.

Activistas y políticos cuestionaron la necesidad de dar esos incentivos a Amazon, que ascendían a más de US$48.000 por trabajo, un trato mucho más generoso que el que la firma tecnológica aceptó en el norte de Virginia, cerca de Washington DC, en donde planea abrir una sede similar.

Los oponentes al proyecto también decían que la llegada de trabajadores de Amazon perjudicaría al vecindario, que tendría que verse obligado a pagar alquileres más altos y a caminar por calles abarrotadas de gente.

“Long Island City está a punto de estallar. Estamos construyendo edificios uno al lado del otro“, indicó Pierce.

Argumentos a favor

El gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, y el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, quienes apoyaron el trato, argumentaron que el costo de las exenciones fiscales sería más que compensado por el crecimiento generado por la contratación y la inversión de Amazon.

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Andrew Cuomo y Bill de Blasio defendieron el acuerdo.

Dijeron que el estado podría obtener hasta US$27.000 millones en nuevos ingresos fiscales que podrían usarse para mejorar los parques, sistemas de transporte y escuelas del barrio.

Ronny Beyer, de 38 años, apoyaba el plan de Amazon. Se mudó al barrio hace 14 años y dijo que el proyecto era “una oportunidad que se da una vez en la vida”.

“Ahora no tenemos nada”, declaró.

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Andrew McGowan cree que otras compañías que no sean Amazon se mudarán al barrio.

No todos son tan pesimistas.

Andrew McGowan, de 27 años, se fue a vivir a Long Island City hace unos dos años. Dice que no le preocupan las consecuencias de haber rechazado a Amazon.

“Esta zona va a estar bien”, opinó. “Habrá más crecimiento sostenible”.

Pero otros se mostraron más preocupados.

“¿Quién vendrá aquí ahora?”, se preguntaba Cerbone. “¿Quién va a querer mudarse a la comunidad que luchó contra Amazon?”.

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Cómo se defiende la industria de la confitería frente a la ola de campañas contra el azúcar


chocolates

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Los dulces siguen siendo un negocio millonario: solo la venta de chocolate a nivel mundial el año pasado produjo US$109.5 miles de millones.

Son las 10:00 a.m. y estoy parada en medio de un palacio de azúcar en tecnicolor. Es una exhibición al estilo de Willy Wonka de indulgencias tentadoras.

Frente a mí pasa una botella gaseosa de tamaño humano, ofreciendo un cubo de dulces sin fondo, pero antes de que pueda tomar uno, un hombre con un traje azul marino agarra un puñado y luego mira furtivamente a su alrededor para ver si alguien se ha dado cuenta.

No debería preocuparse, porque durante 4 días, ese anodino centro de convenciones en Colonia, Alemania, acoge la feria de golosinas y pasabocas ISM, la más grande de su tipo en el mundo.

Y eso significa que lo que hay para comer al desayuno, almuerzo y cena, son dulces.

Goma de mascar

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Podrías comer dulces de desayuno, almuerzo y cena si quisieras.

dulce de manzana

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Con 1.656 expositores, el la feria hay una enorme cantidad de dulces para probar.

En lo que ahora es un homenaje anual a los productos de confitería y bocadillos, hay 1,656 expositores que cubren 110,000 metros cuadrados de espacio de piso.

La magnitud de esto es alucinante, pero tal vez no sea sorprendente si se considera que, según la compañía de investigación de mercado Euromonitor International, el valor del mercado global de confitería alcanzó US$193.500 millones el año pasado.

Las ventas de chocolate solas valieron US$109.500 millones.

chocolates

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Según expertos, la gente está consumiendo menos chocolate, pero de mejor calidad.

Pero con los fabricantes de alimentos bajo una presión cada vez mayor para reducir el contenido de azúcar de sus productos, ¿qué están haciendo las empresas dulces?

Chocolate para el desayuno

Robbert Vos y Lennart de Jong, fundadores de la firma holandesa Hagelswag, no le hacen caso a la campaña contra la dulzura: de hecho, instan a sus clientes a que empiecen el día comiendo chocolate… en el desayuno.

Según Vos, es “la mejor manera” de comerlo “porque uno se siente feliz por el resto del día”.

Chocolate al desayuno

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¿Chocolate al desayuno? “¿Por qué no?” es la respuesta de Hagelswag…

Chocolate al desayuno

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…te deja feliz todo el día, dice la firma holandesa.

“Los holandeses han estado comiendo chocolate al desayuno durante más de 100 años y la mayoría de los ingleses dicen que es como un sueño hecho realidad. Después de los Países Bajos, los estadounidenses y los británicos son nuestros principales clientes”, dice.

Habiendo comenzado la compañía en 2016 a través de una campaña de Kickstarter para recaudar US$34.000, ahora se venden a más de 50 países.

Pero sus productos no son baratos: cada botella de 250 gramos cuesta unos US$18.

“Utilizamos chocolate de muy alta calidad, no es un producto de mercado masivo y la gente está dispuesta a pagar más por él”, señala Vos.

chocolate

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Los favoritos perennes son el chocolate con leche y el chocolate blanco.

chocolate

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Pero hay muchos otros sabores para probar.

La disposición a pagar más es, de hecho, un síntoma de un sentimiento más generalizado del consumidor, asegura Ivan Koric, analista senior de alimentos y bebidas de Euromonitor International.

“En mercados maduros como Europa Occidental y América del Norte, una de las tendencias más fuertes es la “premiumización“. Las personas están dispuestas a gastar más en un producto que creen que les da un valor agregado”, dice.

Y Koric añade que los consumidores en los mercados maduros están eligiendo sus bocadillos con más cuidado.

“Están comiendo mejor pero menos. A eso lo llamamos ‘indulgencia consciente‘. Por ejemplo, la gente que quiere reducir su consumo de azúcar”.

Nuevas combinaciones

Sami Nupponen es jefe de investigación y desarrollo de la compañía finlandesa de chocolate Goodio. Piensa que la línea ChocOat de su firma atraerá a un grupo demográfico exigente y cauteloso.

Nuestro chocolate está hecho con un 24% de avena. La avena en sí misma tiene un poco de dulzura, por lo que es una forma efectiva de reducir el contenido de azúcar”.

Las etiquetas también tienen una gran cantidad de otras afirmaciones de moda: orgánicas, sin gluten, veganas, sin azúcar refinada y sin soja.

¿Cuál será más importante para los clientes de Nupponen?

“Vegano, seguido de orgánico, pero para ser honesto, el chocolate está libre de casi todo“.

ChocoOat

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Chocolate con avena… ¿saludable?

¿Pero a qué sabe la combinación de chocolate y avena?

Probé el favorito escandinavo, el chocolate con sabor a regaliz. Aunque se sentía algo ‘extra’, no era muy distinto al chocolate normal.

Al igual que Hagelswag, el producto es más caro que muchas otras marcas, pero el precio no parece perjudicar a Goodio.

El año pasado, vendieron US$1,69 millones y Nupponen espera que crezca a más de US$2,3 millones en 2019.

osos de goma

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Dulces más baratos, como estos osos de goma, también estaban de feria.

Dulce tradición

Si bien muchas empresas pequeñas y nuevas de confitería utilizan la novedad para diferenciarse, algunos de los venerables veteranos tienen que usar diferentes tácticas para mantenerse a la vanguardia del juego.

No obstante, hay fabricantes de dulces que se apegan a la tradición, que en este lugar está hecha de azúcar.

hombre haciendo turrón

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También había toda clase de dulces favoritos tradicionales como el turrón.

La empresa de mazapán Niederegger fue fundada en la ciudad alemana de Lübeck en 1806 y su producto se basa en dos ingredientes principales: almendras y azúcar.

En más de 200 años nunca hemos cambiado la receta“, dice Kathrin Gaebel, portavoz de Niederegger. El espíritu de la empresa parece estar más relacionado con la adaptación que con la revolución.

“Observamos las tendencias e introducimos alrededor de 50 sabores al año. Recientemente hemos agregado chocolate doble y mazapán con trozos de chocolate blanco. Muchas de nuestras nuevas ideas provienen de los clientes y, si se les ocurre algo que podría funcionar, lo desarrollamos”, le cuenta a la BBC.

dulces sin azúcar

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Muchas firmas hacen énfasis en sus “ingredientes sanos”.

dulces

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Pero no todos están dispuestos a abandonar el azúcar.

Pero, ¿qué pasa si esas sugerencias incluyen alterar la receta fundamental, por ejemplo, el contenido de azúcar?

“Eso ni se considera”.

“En Alemania hay una regla sobre la producción de pasta cruda para el mazapán: tiene que ser de 2/3 de almendras a 1/3 de azúcar“, dice Gaebel.

Y las regulaciones no son lo único que interfiere con el cambio del proceso básico.

Si reduces el azúcar, la estructura del mazapán cambia. La almendra necesita azúcar durante el proceso de tostado para que funcione. Así que creo que el mazapán se mantendrá igual durante los próximos 200 años”.

A pesar de la demonización del azúcar y las preocupaciones por la obesidad, parece que nuestro apego a las cosas dulces es más fuerte que nunca.

Todas las fotografías fueron tomadas por Elizabeth Hotson

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