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EL PAÍS

Las aguas residuales del sur de Europa tienen más bacterias resistentes que las del norte


Las aguas que evacuan las ciudades llevan nuevos contaminantes cuyo impacto aún se desconoce. Uno de estos contaminantes emergentes son las bacterias resistentes a los antibióticos. Un estudio comparativo de una decena de plantas depuradoras de varios países europeos muestra ahora que las aguas residuales que llegan a las plantas del sur de Europa portan una mayor abundancia de genes que intervienen en el desarrollo de resistencia a fármacos. El resultado confirma el mayor consumo de antibióticos en el sur y convierte a las depuradoras en un eficaz sistema de vigilancia antibacteriana.

Un consorcio de científicos europeos ha tomado muestras durante tres campañas en 12 plantas de tratamiento de aguas residuales de varios países, entre ellos España. Analizaron las aguas tanto al entrar en la depuradora como al salir. Buscaban bacterias patógenas como la Escherichia coli, la Klebsiella pneumonia o el Staphylococcus aureus. Se detuvieron en particular en detectar la presencia de 229 genes conocidos por intervenir en el desarrollo de resistencias y otros 25 elementos genéticos móviles que podrían facilitar la propagación de esa resistencia a otras bacterias de la misma u otra especie. Hay que aclarar que el agua saliente era completamente apta para el consumo, con niveles de microorganismos normales. Lo que les interesaba era la presencia de resistencias a antibióticos.

El trabajo, publicado en la revista Science Advances, muestra que todas las aguas residuales llegan a las depuradoras con material bacteriano resistente. Las plantas funcionan como verdaderos colectores del microbioma urbano y atestiguan la carrera de armamentos desatadas entre antibióticos y bacterias patógenas. Pero el estudio configura dos grupos de países. Por un lado, Alemania, Noruega y Finlandia con una abundancia relativa de genes de resistencia bacteriana significativamente menor que la del otro grupo, el formado por Portugal, Chipre y España.

Las aguas residuales contienen genes de resistencia bacteriana a varias familias de antibióticos

Todas las muestras analizadas contenían genes de resistencia bacteriana a diversos tipos de antibióticos, como los aminoglucósidos (estreptomicina), betalactámicos (penicilinas o cefalosporinas), sulfamidas o tetraciclinas. En la mayoría también detectaron material multirresistente, capaz de sobrevivir a la acción de más de un grupo de antibióticos. Salvo en el caso de las tetraciclinas, la resistencia a las demás familias de fármacos era más abundante en las aguas a tratar de los países del sur.

“El Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades [ECDC por sus siglas en inglés] ya observó la diferencia entre el norte y el sur en las infecciones clínicas. Nosotros hemos investigado si sucedía lo mismo en las plantas de tratamiento de residuos urbanos. Y en efecto, así es”, dice la investigadora de la Universidade Católica Portuguesa de Oporto y autora sénior del estudio, Célia Manaia. Pero mientras los informes del ECDC se basan en datos obtenidos de muestras hospitalarias, este trabajo muestra el ecosistema de resistencias bacterianas de los habitantes de toda una ciudad, lo que sería su resistoma urbano.

Las diferencias entre el norte y el sur reflejan también el mayor consumo de antibióticos que se ha detectado en la mayoría de los países del sur (y también del este) de Europa. La emergencia de resistencia es una respuesta adaptativa de las bacterias: a más antibióticos, mayor desarrollo de resistencia bacteriana. Sin embargo, el abuso de los antibióticos no es la única explicación de la mayor resistencia bacteriana en el sur. A esto habría que añadir la diferencia de temperatura: a los patógenos humanos les va bien la temperatura corporal humana, así que proliferan por encima de los 30º, extremo que no se da con mucha frecuencia en el norte de Europa.

A la izquierda, uso de antibióticos en Europa (a más rojo, más consumo). En el centro mapa de la 'E. coli' resistente en el ámbito clínico. A la derecha, los países con plantas estudiadas.


A la izquierda, uso de antibióticos en Europa (a más rojo, más consumo). En el centro mapa de la ‘E. coli’ resistente en el ámbito clínico. A la derecha, los países con plantas estudiadas.

La investigadora del Instituto Catalán de Investigación del Agua y coautora del estudio (ICRA, en sus siglas en catalán), Sara Rodríguez-Mozaz., comenta que “la plantas depuradoras son un reflejo de nuestro estado de salud”. Y como tales, pueden servir como centinelas. Centrada en el estudio de los contaminantes emergentes (como los fármacos y disruptores endocrinos), trabajó con las muestras de la planta española incluida en el estudio, de la que no puede desvelar su ubicación, aunque se trata de una ciudad costera catalana. Para Rodríguez-Mozaz, los genes de bacterias resistentes son un contaminante emergente del que “aún se sabe muy poco de sus impactos en el medio y en la salud humana”, señala.

Entre los posibles riesgos están la propagación de una resistencia determinada ya sea por recombinación genética o por transferencia horizontal a otras bacterias de la misma o de otra especie. Se sabe, por ejemplo, que las algas microscópicas que verdean ríos y lagos (las cianobacterias) son muy sensibles a los antibióticos. Pero se desconoce qué les pasará si desarrollan resistencias. Tampoco está claro hasta qué puntos de la cadena trófica pueden llegar las bacterias resistentes:suelos, vegetación, agua de riego, animales o humanos.

No hay aún establecidos niveles máximos de resistencia bacteriana en el agua potable

Por fortuna, una vez tratada, el agua sale de las plantas con una ínfima parte de su carga bacteriana. Las depuradoras aquí hacen bien su trabajo, pero el problema de la resistencia bacteriana es casi cualitativo. El trabajo muestra que, aunque en menor cantidad, las aguas salientes aún contenían material bacteriano resistente a buena parte de los antibióticos.

“Puedes eliminar las bacterias patógenas pero no necesariamente todos los genes de resistencia bacteriana y comprender cuál es el sistema más eficaz para eliminar dichos genes puede ser importante”, destaca el investigador del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC) y coautor del estudio, José Luis Martínez. De hecho, se ha discutido que en ocasiones, las propias plantas podrían favorecer la aparición de resistencias. “Los procesos usados, como la ozonización o la radiación ultravioleta podrían provocar la respuesta SOS en las bacterias [para reparar el ADN dañado], favoreciendo la recombinación y la transferencia de la resistencia. Sin embargo, este es un tema que está aún en estudio y lo que resulta claro de nuestro trabajo es que las depuradoras, en su conjunto, son muy eficaces eliminando los patógenos bacterianos y los genes de resistencia que portan”, recuerda Martínez.

Tanto para el microbiólogo del CNB como para la investigadora del ICRA, el trabajo muestra cómo las plantas depuradoras se pueden convertir en la base de un sistema de vigilancia global de las resistencias bacterianas. Pero también destacan que urge establecer unos niveles máximos de su presencia en el agua como existen para otros contaminantes.



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El patriarcado de la conquista y las mujeres indígenas



La palabra “caca” salió de las alcantarillas y fue noticia en Brasil. El presidente Bolsonaro rescató el asunto de la basura para lanzarlo como un problema ambiental. Primero, sugirió disciplinar el intestino como un medio para proteger el medio ambiente. “Cada dos días” es cómo uno debe defecar para el progreso del país. En segundo lugar, presionado por el ataque continuo a los territorios indígenas, se burló de que la “caca petrificada” de un indígena dejaría la tierra inútil para la explotación económica. Es cierto que es posible entender su tontería como distracciones autoritarias del poder, el “ridículo político” descrito por Marcia Tiburi: mientras se discute lo innombrable en la esfera pública, las políticas ambientales promueven la deforestación y el despojo de tierras indígenas.

La maniobra vulgar de Bolsonaro también es discurso espontáneo, porque entiende a las naciones indígenas como es como desperdicios humanos. Hay una metonimia ideológica en la repetición de “caca” cuando habla del medio ambiente. Es una forma de deshumanización de la vida indígena. Pero, como la vida política es caótica, los eventos históricos pueden simplificarse y tomarse como la “causa y consecuencia” de los abusos de poder. En la misma semana que Bolsonaro se deleitaba con el vocabulario escatológico, 2.000 mujeres indígenas de 120 grupos se reunieron en Brasilia para la primera marcha de mujeres indígenas en la historia del país: “Territorio: nuestro cuerpo, nuestro espíritu”. Como si la audacia de la marcha no fuera suficiente, vinieron en alianza con otras 100.000 mujeres trabajadoras rurales para la Marcha de las Margaritas, el movimiento permanente más grande de mujeres latinoamericanas. Ro’Otsitsina Xavante no se define como una líder, sino como una portavoz del movimiento y, por lo tanto, describió la reunión: “Queremos unirnos a las Margaritas para mostrar alianza”.

La alianza comenzará donde el histórico proyecto del patriarcado nunca dejó de funcionar en América Latina: las mujeres indígenas y rurales se encuentran entre las principales víctimas de los “crímenes patriarcales“, como lo llama Rita Segato. Mientras marchan juntas, desafían el mandonismo patriarcal que las describe como el residuo de la historia, al igual que las reglas restrictivas de la comunidad sobre la participación de las mujeres en el “mundo blanco”. En la marcha, las mujeres indígenas eligieron un espacio del “poder blanco” para ocupar: el edificio del Ministerio de Salud, donde se definen las políticas de salud indígenas. La ocupación tiene un gesto trágico, ya que la matanza indígena se produjo de dos maneras en la historia de los países latinoamericanos: por enfermedades y por la explotación del medio ambiente.

El despojo de los cuerpos indígenas es una extensión de la expropiación de territorios por el avance del capital: los territorios indígenas se describen como “tierras inexploradas”, y el imperativo de la conquista se alinea con el orden patriarcal de poder. La expresión “colonialidad del poder” se consolidó en la literatura crítica latinoamericana para describir la intersección entre el capitalismo y el racismo en las formas de gobierno de nuestros países: un proyecto de modernidad se estructuró con el racismo como eje organizador de la explotación. Rita Segato prefiere llamarlo “la conquistalidad del poder“, un mandato masculino interminable para la feudalización de los territorios: es un proyecto histórico de propiedad racista y patriarcal. Es dentro de este marco de poder depredador colonial que los líderes fascistas adquieren una forma particular en la guerra contra las mujeres y el medio ambiente: los crímenes del patriarcado ya se instalaron en América Latina como una marca de poder antes de la propagación del orden mundial misógino.

Si el patriarcado de la conquista fue perpetrado por la posesión y el mandonismo, también lo fue por el orden religioso católico-evangélico y militar de nuestros países. Las mujeres indígenas y rurales han sido testigos de este saqueo permanente de su vida, razón de las tasas alarmantes de violencia doméstica y feminicidios en países tan diferentes como México, Bolivia o Brasil. Si de las mujeres indígenas y rurales surgió el grito “estamos unidas y no nos callaremos”, corresponde a las mujeres del “mundo blanco” escuchar y solicitar permiso para participar en la unión que comienza. Es alrededor de la “cuestión de género”, según Segato, que gravitan todas las otras formas de poder. Aquí es exactamente donde surgirán narraciones inesperadas sobre la perversidad del poder patriarcal racista para la transformación política.

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Conmoción, preguntas y cenizas en Gran Canaria


Margarita González señala los restos abrasados del orobal que tenía. De la planta ya solo quedan las ramas ennegrecidas por el fuego. “Era el único que había por esta zona. La gente venía para cogerlo. Con él se hacen infusiones, que son buenísimas para todos los dolores”, se lamenta mientras se aposta en la puerta de su vivienda, que se yergue intacta en mitad de un paisaje desolador. Incrustada entre las montañas que recorre la carretera GC-230, en la zona bautizada como Cueva Corcho, el incendio que aún asola Gran Canaria rodeó su casa. Quemó su huerto y terrenos con arboles frutales. Cercó a las ovejas y cabras que se guarecían a pocos metros. “Fue cuestión de minutos. De pronto, vinieron las llamas y un humo negrísimo. Nos asomamos y vimos el volcán que teníamos detrás”, rememora tras regresar a su domicilio: “Ha sido como volver a otro mundo. De ver todo verde a ver todo negro. Es como llegar a un sitio extraño”.

Tras lograr controlar el fuego el pasado martes, el Gobierno autonómico dio por estabilizado el incendio el miércoles por la noche y la mayoría de vecinos —cerca de 9.800 de los 10.000 evacuados, según los últimos datos del Ejecutivo regional— ya han vuelto a sus hogares. Ahora, la isla se pregunta cuál fue su origen y sus efectos medioambientales. Y trata de reponerse de un durísimo golpe que ha devastado casi el 8% de su territorio; que ha afectado directamente a diez municipios; que ha provocado el corte de más de una veintena de carreteras; que confinó a unas 85 personas en el pueblo de Artenara por el riesgo que suponía salir por cualquiera de sus accesos; que ha dañado una de sus áreas verdes más importante —el Parque Natural de Tamadaba—; y que ha conmocionado a toda la sociedad canaria, que experimentó en la noche del lunes un episodio de “miedo y angustia”, en boca del propio presidente del archipiélago, Ángel Víctor Torres (PSOE). Los vecinos vivían pegados a las radios y televisiones locales, donde se sucedían horas y horas de emisión mientras las llamas avanzaban imparables.

“Amenazaban con devorar Gran Canaria”, sentencia el socialista, que hace solo dos meses que asumió el cargo gracias a un pacto de izquierdas que desalojó a Coalición Canaria del poder tras 26 años. Según los datos del Gobierno, el perímetro del fuego alcanza los 112 kilómetros y las hectáreas quemadas superan las 9.200 —a las que los técnicos suman otras 3.000 por otros dos incendios que han sufrido en los últimos 12 días, uno de los cuales se juntó con el más grande—. En las laderas de las montañas se acumula una ceniza que se impregna en la piel y en la suela de los zapatos. El olor a quemado persiste. Los cadáveres de miles de pinos y otras plantas dibujan el horizonte. Y los medios aéreos aún se avistan en el cielo, concentrados junto al resto de efectivos en vigilar los puntos que permanecen calientes.

Federico Grillo, jefe de Emergencias del Cabildo de Gran Canaria, cuenta que todavía queda mucho trabajo por delante. “Se puede tardar bastante tiempo en dar por extinguido el incendio. Yo calculo, que al menos, unas dos semanas. Pero no se puede saber con exactitud”, subraya el experto, que se ha convertido en uno de los héroes de las islas. El técnico, encargado de dar la cara ante la opinión pública durante la crisis, subraya que quedan tocones y zonas con turba donde podría reavivarse el fuego. Además, se espera un aumento de las temperaturas en los próximos días. Otro riesgo.

Por ello, en el puesto de mando avanzado de Valleseco, uno de los puntos desde donde se han coordinado las labores de extinción, se palpa la precaución. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lo ha visitado este jueves. Y, aunque los nervios y la tensión han dejado paso a horas de mayor tranquilidad, aquí no se fían. La bestia “está dormida y hay que rematarla”, dicen. Y se repite la idea de que todo podía haber sido mucho peor.

“Las llamas se dirigían hacia la reserva natural de Inagua“, explica Grillo, que resume el cóctel perfecto que desbocó el fuego: una ola de calor —más de 30 grados y menos de un 30% de humedad— y fuertes rachas de viento. ¿Se pudo hacer más para frenarlo? “Arrancó ya como un gran incendio. Con llamas muy altas y en zonas de difícil acceso. Las brigadas, cuando llegaron, relataron que era imposible subirse a los riscos. Estábamos condenados desde el minuto uno”, responde.

  • Pesquisas. La Guardia Civil y los brigadistas han abierto una investigación para aclarar cómo se originaron las llamas y si el incendio fue intencionado. Los técnicos creen que comenzó en un barranco del municipio de Valleseco.
  • Desalojados. La mayoría de evacuados ya se encuentran en sus casas tras días fuera de ellas. Un agente explica que la presión ha sido muy fuerte y muchos desplazados insistían en regresar —incluso apostándose junto a los puestos de control—, pese a que las carreteras estaban cortadas y no estaba permitido volver.
  • Efectivos. Según los datos del Gobierno, cerca de 1.000 efectivos se han movilizado en las tareas de extinción. El jefe de Operaciones de Cruz Roja, José Antonio Rodríguez, también destaca la movilización del voluntariado: “Nosotros hemos tenido una respuesta brutal. Hemos contado con cerca de 220 voluntarios. Muchos de ellos venidos de otras islas de Canarias. Nunca he visto una respuesta tan grande. También de empresas y vecinos que llamaban para ver cómo podían ayudar”.

El daño ecológico

Manuel Nogales vivió parte de su infancia en el Pinar de Tamadaba, una de las áreas más perjudicadas. Este biólogo, delegado del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Canarias, cuenta que su padre —al igual que su abuelo— participó en la repoblación forestal de la isla durante el siglo XX y, por tanto, pasaba los veranos en una casa de la zona. Así que lo conoce muy bien y se muestra preocupado por los daños que pueda haber originado el fuego. “El pinar es resiliente y dentro de unos seis meses ya lo veremos con verde, pero habrá que ver cómo afecta al resto de la fauna y flora. Habrá que revisar las ocho especies endémicas. Y esperemos que no haya fuertes lluvias que provoquen la erosión del suelo”, insiste.

“Yo soy optimista. El pinar estará recuperado funcionalmente en cinco años como ecosistema en sí. El fuego es también algo intrínseco al pinar. Es un elemento más de su propia ecología”, añade José María Fernández-Palacios, catedrático de Ecología de La Laguna, que incide en esta peculiaridad: “Si eso pasa en la Península, habría que repoblar. Aquí el pinar canario está acostumbrado”. Grillo coincide: “Este pinar no muere, rebrota. No es una catástrofe que vaya a hacer desaparecer el pinar. Simplemente, ahora hay un cambio, vendrá otra cosa parecido y luego irá cambiando de nuevo hasta volver a ser como era”.

Margarita González observa uno de los terrenos calcinados junto a su vivienda.


Margarita González observa uno de los terrenos calcinados junto a su vivienda.

Ahora toca evaluar y reconstruir. También las infraestructuras y viviendas dañadas, como una casita de una planta ubicada al fondo de un barranco del barrio rural de Coruña (Artenara). El fuego la alcanzó de lleno. Las tumbonas de la entrada se derritieron. Y el interior se calcinó. El hogar de Margarita González, en cambio, se salvó. Su marido se quedó para frenar las llamas. “Cuenta que ni en el infierno lo habría pasado tan mal. Además, no tiene teléfono móvil. Así que yo y mis hijos, que nos habíamos marchado, no podíamos contactar con él. Ahora dice que nunca lo volvería a hacer”.

Visitas políticas, loas y prisión permanente

La dimensión política de este gran incendio —el mayor desde 2007, cuando ardieron 20.000 hectáreas al sur de la isla, donde se producen generalmente los grandes fuegos en Gran Canaria, según explica Manuel Nogales— ha ido in crescendo desde que arrancara el pasado sábado. A principios de semana, se desplazó primero hasta la zona Luis Planas, ministro de Agricultura. Después Margarita Robles, que calificó el fuego como “devastador, pavoroso y sobrecogedor”. Y, finalmente, le llegó el turno a los líderes de los dos principales partidos políticos del país. Con las negociaciones para formar gobierno paralizadas y las formaciones cada vez más preparadas para una repetición electoral, Pablo Casado fue el primero en anunciar su visita a la isla. Aterrizó el miércoles.

El dirigente del PP se reunió con la ministra de Defensa y con los presidentes de Canarias y del Cabildo de la isla. Saludó a los miembros de los servicios de extinción y a los vecinos de los municipios afectados. Y también aprovechó para hacer política. Anunció una iniciativa parlamentaria para declarar Gran Canaria como zona gravemente afectada por el fuego: “Con el fin de que las ayudas del Gobierno lleguen cuanto antes, tanto para resarcir como prevenir nuevos incendios”, dijo, antes de lanzar otra iniciativa: “Proponemos ampliar la prisión permanente revisable para los delitos denominados como terrorismo medioambiental, para los pirómanos que causen muertes. Hay que incrementar las penas a quienes originen estragos por incendios provocados”. Lo repitió pese a que la Guardia Civil y los brigadistas aún investigan la causa y no han afirmado si fue intencionado o si la mano del hombre está detrás de este fuego.

El turno de Pedro Sánchez, que avisó que visitaría la zona tras conocerse el viaje de Casado, llegó este jueves. El presidente del Gobierno en funciones reanudó así su actividad pública tras unos días de vacaciones en Doñana (Huelva). El socialista sobrevoló parte de la zona afectada por las llamas y saludó a los efectivos antiincendios, a los que agradeció su labor y a los que calificó como “héroes anónimos”. Además, aseguró que los grancanarios contarán con las instituciones del Estado para recuperar la normalidad cuanto antes: “Vamos a cumplir. Vamos a arrimar el hombro”. “Todos los instrumentos y capacidades que se puedan necesitar van a estar a su disposición”.



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Carlos Garrote y la difícil misión de empezar de cero siendo campeón del mundo


En cada sede de los Mundiales de piragüismo se cuelgan unos pósters gigantes de los campeones de la edición anterior. En Szeged, Hungría, donde se están celebrando los mundiales que otorgarán las plazas para los Juegos de Tokio 2020, han montado incluso un paseíllo para que esos pósters luzcan más. Se llama Walk of Champions [el paseo de los campeones] y está colocado justo detrás del podio del canal olímpico de Szeged, al lado de la zona VIP. España cosechó seis medallas en el Mundial de Portugal del año pasado: pero sólo una de oro, la de Carlos Garrote en el K1-200. Es el único que tiene sitio en ese paseo de los campeones. Su andadura en el Mundial empezó el miércoles: ganó su serie y se ha clasificado para la semifinal del viernes (16:48; para poder acceder a la final del sábado a las 11:41). El palista de Zamora de 28 años, que el año pasado se convirtió en el primer español en ganar Europeo y Mundial, defiende título. Este año, además, se medirá al campeón olímpico de Río 2016, el inglés Liam Heath, que no compitió el año pasado.

 “Carlos necesita estar alegre y bien para rendir”, le define Luis Brasero, su técnico que el año pasado ejerció también de psicólogo con Garrote. “Hubo que resetearlo entero”, contó después del oro mundial recordando como el piragüista, que ha vivido a la sombra de Craviotto durante años, tuvo que reinventarse. Sustituyó a Craviotto en el K4-500 en 2017 cuando el cuatro veces medallista olímpico se cogió un año sabático. Consiguió la plata mundial ese año; pero en la criba que hubo en 2018 en Trasona [Asturias] el barco capitaneado por Craviotto tras su regreso a la competición fue más rápido que el que capitaneaba Garrote. El zamorano tuvo que volver a empezar y en otra disciplina. Ganó los selectivos en el K1-200 y en tres meses cosechó dos oros.

¿Y ahora? ¿Cuánto pesa la presión de tener que repetir título? “Más que la presión por tener que repetir títulos, lo que más ha acusado Carlos es la situación de tener que superar barreras que él tenía asumido que ya no existían…”, contesta Brasero, su técnico. Garrote, que fue campeón del mundo y de Europa, tuvo que hacer los selectivos en abril como el resto de sus compañeros. El nivel del piragüismo español es tan alto que esas pruebas se hacen obligatorias en la Federación. Para que nadie tape a los que vienen por detrás y para que los que están arriba no se duerman.

Carlos Garrote, en un entrenamiento en Galicia el pasado mes de julio.


Carlos Garrote, en un entrenamiento en Galicia el pasado mes de julio.

“Cuando vienes de ganar un Mundial y de tocar techo, la gestión de esa situación es muy complicada… porque en tu cabeza está que eres campeón del mundo y que te mereces ciertas cosas. El selectivo es como estar en un proceso que crees que no te corresponde, porque tu cabeza lo único que piensa es que deberías estar en el Mundial buscando la clasificación para los Juegos y no jugándote una plaza para poder disputar ese Mundial”, prosigue Brasero.

La cabeza, efectivamente, la tenía Garrote en el Mundial durante en los selectivos. “Luis, me ha ganado, es como si yo no hubiera estado en ese sitio en el que competí”, le confesó después a su técnico Garrote. Le ganó Carlos Arévalo [ahora en el K4-500 en lugar de Cristian Toro]; pero la Federación decidió que, debido a los éxitos de 2018, Garrote tendría otra oportunidad. La plaza (interna) para ir al Mundial se la disputarían Arévalo y él a finales de mayo en la Copa del Mundo de Duisburgo. n principio, sólo el ganador del selectivo tenía plaza para esa Copa del Mundo, pero se amplió a doso. Y ahí Garrote le ganó a Arévalo.

“Hemos trabajado sin descanso; la gente sólo ve lo bonito de la competición, pero detrás hay muchas horas de trabajo. Apenas nos da tiempo para comer y descansar. Estamos en condiciones de repetir ese título”, cuenta Garrote, que siempre habla en plural porque dice sin Brasero él no estaría aquí. ¿Cómo se hace para empezar de cero cada año y después de dos medallas tan importantes? “Te lo tienes que plantear como un nuevo reto e intentar disfrutar de cada momento porque cada año es un nuevo año con un nuevo reto y nadie te asegura nada. El año pasado nos lo planteamos ir paso a paso, estaba en el K4 y no conseguí seguir. Volví con Luis [Brasero] gané el selectivo del K1-200 y cambió todo. Este año pues el reto es repetir título, pero pensando en que está bien quedar entre los cinco primeros para conseguir el pase a Tokio”, contesta Garrote.

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