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¿Llegaron los vikingos a América antes que Colón?: el sorprendente descubrimiento que resolvió el misterio milenario


L'Anse aux Meadows

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Cuando Helge Ingstad y Anne Stine llegaron a L’Anse aux Meadows era una comunidad de unas 70 personas que vivían de pescar y cultivar.

En el verano de 1960, una pareja noruega, el aventurero Helge Ingstad y su esposa, la arqueóloga Anne Stine, navegaron hasta un pequeño y remoto pueblo de pescadores, en el escarpado extremo norte de Terranova en la costa atlántica de Canadá.

“Llegaron y le preguntaron a la gente dónde había ruinas. Una de las personas con las que conversaron fue George Decker, mi abuelo…”, le contó a la BBC Loretta Decker, quien trabaja para Parks Canada y vive en ese remoto pueblo de pescadores donde ocurrió todo: L’Anse aux Meadows, o La ensenada de las medusas, en español.

Mi abuelo, que era el representante de la aldea, les mostró lo que había en nuestra pradera. Hay un arroyo, que todavía tiene salmones, y una terraza marina, que es una playa elevada, y está cubierta de yerba. Es un lindo lugar. Y ahí se ve lo que esencialmente son los contornos de casas.

“Durante muchas generaciones se le llamaba ‘el campo indio’ pues la gente de aquí asumía que había sido de los pueblos indígenas.

“Pero cuando los Ingstad lo vieron les recordó mucho a lo que habían visto en Groenlandia”.

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Estatua del vikingo Leif Ericson en Groenlandia… ¿había realmente ido al continente americano?

Fue un descubrimiento prometedor, pues lo que los Ingstad esperaban encontrar eran pruebas físicas de que los vikingos habían ido de Groenlandia a América del Norte hacía 1.000 años.

Eso significaría que habrían sido los primeros europeos en el continente unos 500 años antes de Cristóbal Colón.

Los restos de esas edificaciones podían ser la evidencia así comenzaron las excavaciones.

Un mundo desconocido

La historia de que los vikingos habían cruzado el Atlántico, era vieja, de hecho muy antigua.

Aparece en las páginas de las Sagas nórdicas, la antigua colección escandinava de mitos y leyendas, que relata el apogeo de la conquista y exploración vikinga hace 1.000 años.

Según las Sagas, un vikingo llamado Leif Ericson había liderado una expedición desde la nueva colonia nórdica en Groenlandia, y fue incluso más al oeste, navegando hacia el mundo desconocido, en busca de tierras y recursos para suplir las carencias de la colonia de Groenlandia.

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Así habría sido el viaje.

Y según Sagas lo encontró: una tierra de bosques y prados, con arroyos llenos de salmón, y crucialmente encontró vides de uvas silvestres y dice, por eso llamó al nuevo territorio, Vinlandia.

“Durante mucho tiempo, los expertos trataron de hallar esa tierra de leyenda, armados con instrucciones de navegación, descripciones, pero nadie la había encontrado”, cuenta Decker.

“Hay un mapa muy antiguo, que se debate si es auténtico, llamado el mapa de Skálholt, que muestra el Promontorium Winlandiae (“promontorio o cabo de Vinlandia”) y los Ingstand pensaban que eso localizaba la península nórdica de la isla de Terranova (en la costa noreste de Norteamérica)”.

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El mapa hecho por Sigurd Stefansson, maestro de escuela en Skálholt, Islandia alrededor de 1570.

Fue por eso que los Ingstad llegaron L’Anse aux meadows: estaban en busca de la mítica Vinlandia.

La prueba de hierro

A pesar de su entusiasmo, el explorador y la arqueóloga tuvieron que luchar contra la incredulidad de la comunidad científica: no eran los primeros en embarcarse en pos de esa leyenda.

Durante más de 100 años, arqueólogos de Finlandia, Dinamarca y Noruega habían usado las antiguas epopeyas nórdicas para guiar su búsqueda del asentamiento perdido de Erikson.

“Al principio, los miraron con mucho escepticismo, criticismo y, en general, esa actitud de ‘¡Otra vez con lo mismo!‘”, señala Decker.

Pero lo que fueron encontrando en las excavaciones a lo largo de los años cambió todo eso.

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Las pruebas se fueron acumulando…

“Algunos de los artefactos hallados eran claramente nórdicos, como un alfiler de bronce; también encontraron mucha evidencia de madera que había sido labrada con herramientas de hierro. Encontraron pino europeo…

“Además, los detalles de la forma en la que las viviendas fueron construidas y dispuestas. Y había evidencia de producción y forja de hierro“.

Y eso era algo que los nativos, cuya cultura era de la Edad de Piedra nunca hicieron.

¿Y las uvas?

L’Anse aux Meadows fue finalmente la prueba de que los vikingos habían llegado a América del Norte.

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El explorador noruego Helge Ingstad en noviembre de 1963 anunciando su descubrimiento del asentamiento vikingo en L’Anse aux Meadows, una colonia que existió unos 500 años antes de que Cristóbal Colón llegara a América.

El descubrimiento fue anunciado en todo el mundo. Pero, ¿era la legendaria Vinlandia?

“Nosotros no consideramos que L’Anse aux Meadows sea Vinlandia, sino la base principal que mencionan en las Sagas. Esto es como un campo de alojamiento. Vinlandia misma es como una provincia o departamento -una extensión de territorio más grande que contiene diferentes locaciones que utilizaban”.

Pero, entonces, ¿dónde estaban esas míticas uvas (que no crecen tan al norte)?

Según Loretta Decker, hay descubrimientos prometedores en L’Anse aux Meadows que indican que los vikingos encontraron uvas en expediciones más al sur.

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Tuvieron que haber ido más al sur para ver este tipo de uvas.

“Tenemos nueces del Nogal blanco americano que significa que los vikingos tuvieron que haber ido hasta el Río de San Lorenzo, donde crecen los nogales en el sur y también River Bank Grape o Frost Grape, unas uvas que maduran al mismo tiempo que las nueces del nogal.

“Si encontraron las nueces, encontraron las uvas, lo que prueba de alguna manera que lo que dicen las Sagas era cierto”.

El asentamiento vikingo en L’anse aux Meadows existió durante apenas unos 20 años.

Hoy es un sitio del patrimonio mundial, y, cerca de las ruinas, se hicieron reconstrucciones de las casas de los vikingos con madera y cubiertas con yerba, como hace un milenio.

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¡Aquí estuvieron los vikingos! Sus casas estaban cubiertas de pasto.

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Rusia – Trump: la campaña del presidente de EE.UU. "no conspiró" con Moscú en las elecciones de 2016, según la investigación de Robert Mueller


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La investigación del fiscal especial Robert Mueller no encontró que la campaña de Donald Trump o alguna de las personas relacionadas con ella conspiraran o se coordinaran con Rusia con la intención de influir en la campaña presidencial de Estados Unidos en 2016.

Más información en breve.

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Masacre en Christchurch: 5 razones por las que EE.UU. no puede prohibir armas tan rápido como Nueva Zelanda


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Seis días después del ataque a dos mezquitas de Christchurch, la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, anunció la prohibición de los rifles semiautomáticos “estilo militar”.

Y la noticia inmediatamente generó todo tipo de preguntas en Estados Unidos.

A pesar de que en los últimos años en el país se han producido varios tiroteos masivos. en EE.UU. se ha avanzado poco en las reformas de control de armas, especialmente a nivel federal, a pesar de que numerosas encuestas muestran un apoyo público generalizado hacia la implementación de medidas como una verificación reforzada de antecedentes y la prohibición de ciertos tipos de rifles de asalto.

El gobierno de Donald Trump prohibió el uso de bump stocks, unos dispositivos que hacen que las armas semiautomáticas puedan disparar ráfagas mucho más rápidas, como si fueran ametralladoras, y se han hecho algunos ajustes a las bases de datos de verificación de antecedentes para las compras en tiendas de armas.

Y en marzo pasado, Trump pareció considerar la posibilidad de una legislación más ambiciosa y “exhaustiva”, diciéndole a los senadores que los lobistas a favor de las armas tenían poca influencia sobre él.

Pero de este entonces el presidente no ha vuelto a tocar el tema.

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Trump ha hablado de una legislación más exhaustiva y ambiciosa. Pero hasta el momento no ha actuado.

Ahora, una de las razones por la que Nueva Zelanda ha podido actuar con rapidez, es que es una democracia parlamentaria, lo que garantiza que el gobierno esté controlado por un partido o una coalición políticamente compatible.

Sin embargo, esa no es la única explicación de por qué EE.UU. ha seguido un curso diferente.

Aquí te explicamos cinco grandes obstáculos que se interponen en el camino de EE.UU. para realizar cambios importantes en la política de armas de fuego.


1. La Asociación Nacional del Rifle (NRA)

La Asociación Nacional del Rifle es uno de los grupos de interés más influyentes en la política de EE.UU., no solo por el dinero que gasta en presionar a los políticos, sino también por el nivel de compromiso de sus cinco millones de miembros.

La NRA se opone a la mayoría de las propuestas para fortalecer las regulaciones sobre armas de fuego y está detrás de los esfuerzos a nivel federal y estatal para revertir muchas restricciones existentes sobre la posesión de armas.

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La NRA sigue siendo el actor más influyente en el debate sobre armas de fuego.

En 2016, la NRA gastó US$4 millones en cabildeo y en contribuciones directas a políticos, así como más de US$50 millones en campañas políticas, incluidos aproximadamente US$30 millones para ayudar a elegir al presidente Donald Trump.

Su presupuesto anual es de aproximadamente US$250 millones, que se destinan a programas educativos, eventos para sus miembros, patrocinios, defensa legal y esfuerzos relacionados.

Y, más allá de los números, la NRA es conocida en Washington como una fuerza política capaz de encumbrar o derribar incluso a los políticos más poderosos.

La asociación califica a los políticos según sus votos y utiliza sus recursos y los de sus miembros -tanto financieros como organizativos- para apoyar a sus más fieros defensores y derrotar a sus oponentes más tercos.

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Trump dice que no le tiene miedo a la NRA. Pero hasta el momento no lo ha demostrado.

¿Podría cambiar? Los grupos a favor de un mayor control de armas, respaldados por benefactores ricos como el exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, se han organizado más en los últimos años, intentando igualar el poder político de la NRA.

De hecho, en 2018, gastaron más que la NRA en las elecciones de medio periodo, en las que algunos demócratas prominentes a favor del control de armas ganaron reñidas contiendas.

Paralelamente, sus ingresos en 2017 se redujeron en US$56 millones, en su mayoría por una disminución de las cuotas de afiliación. Sin embargo, ese año la NRA recaudó US$ 378,1 millones, lo que garantiza seguir siendo el actor más influyente en el debate sobre armas de fuego.

2. Distribución de los votantes

Por primera vez en ocho años, los demócratas tienen mayoría en la Cámara de Representantes del congreso de EE.UU., y sus éxitos en las elecciones de medio término de 2018 se concentraron sobre todo en distritos suburbanos anteriormente bajo control de los republicanos.

En Atlanta, por ejemplo, un activista del control de armas se impuso en una de las elecciones más reñidas, derrotando al anterior representante republicano.

Sin embargo, en lo que se refiere a la Cámara las perspectivas electorales todavía se inclinan hacia los republicanos, que tienden a apoyar la posesión de armas.

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Miembros de la Cámara de Representantes sentados en el suelo para exigir acción en materia de legislación sobre las armas.

Debido a la forma en que se trazan las líneas de los distritos de los que salen los elegidos de la Cámara de Representantes, hay más asientos que se inclinan hacia la derecha que hacia la izquierda, lo que podría devolverle el control de la Cámara a los conservadores.

La demografía también juega un papel importante en la inclinación pro-armas de la Cámara, ya que en la misma hay más distritos rurales, que tienen mayores niveles de propiedad de armas, que distritos urbanos.

Por el momento, sin embargo, la iniciativa la tienen los demócratas, y 2019 los defensores del control de armas en la Cámara lograron dar un importante paso hacia adelante aprobando un proyecto de ley que requiere una verificación exhaustiva de los antecedentes para las ventas privadas de armas, incluidas las que se realizan en eventos de demonstración.

Anteriormente, el requisito de contrastar el nombre de los compradores de armas con una base de datos federal se limitaba solo a los distribuidores de armas registrados.

¿Podría cambiar? Con elecciones cada dos años y un electorado estadounidense que ha demostrado ser inconstante, la puerta a la reforma de la legislación sobre armas podría cerrarse de nuevo sin previo aviso.

3. Obstrucción en el Senado

El Senado es el mayor obstáculo para el éxito legislativo del control de armas.

Los estados dominados por votantes de grandes ciudades, como Nueva York, Massachusetts o California, son superados en número por los estados rurales y del sur, con inclinaciones pro-armas.

Y las reglas del Senado también pueden frustrar los esfuerzos para promulgar una regulación de armas más estricta, gracias a un mecanismo que en EE.UU. se conoce como “filibuster”.

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Los estados con inclinaciones pro-armas son mayoría en el Senado.

Se trata de un obstáculo que implica que la mayoría de leyes importantes necesitan el respaldo de 60 de los 100 senadores para aprobarse, en lugar de una mayoría simple, que vendrían a ser 51 votos.

En 2013, después del tiroteo en una escuela de Newtown, Connecticut, parecía que los esfuerzos para fortalecer las verificaciones de antecedentes para comprar armas tenían el apoyo de ambos partidos en el Senado.

Sin embargo, el proyecto de ley recibió solo 56 votos a favor, cuatro menos de los necesarios para romper la obstrucción.

Desde entonces, ninguna medida de control de armas ha estado tan cerca de aprobarse. Y, por el momento, parece poco probable que el Senado apruebe el proyecto de ley de verificación de antecedentes aprobado por la Cámara, a pesar de que todo sugiere que una pequeña mayoría de senadores votaría a su favor.

¿Podría cambiar? Trump se ha manifestado a favor de acabar con el “filibuster” del Senado, y varios posibles candidatos presidenciales demócratas han hecho pedidos similares. Sin embargo, la mayoría de los senadores se oponen a cambiar las reglas.

4. Las cortes

Ante el estancamiento del tema en el Congreso, los estados de EE.UU. inclinados a la izquierda han desempeñado un papel más importante en la implementación de medidas de control de armas.

Después del tiroteo de Newtown, Connecticut, en 2012, 21 estados aprobaron nuevas leyes de armas, incluida la prohibición de armas de asalto en Connecticut, Maryland y Nueva York.

Pero algunas de las leyes se han topado con otra barrera: el sistema judicial de EE.UU.

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Protesters in front of the Supreme Court in 2008

En los últimos años, el Tribunal Supremo ha dictaminado dos veces que el derecho a poseer armas personales, como pistolas, está consagrado en la constitución de EE.UU.

La Segunda Enmienda dice que “al ser una milicia bien regulada necesaria para la seguridad de un estado libre, el derecho de la gente a portar armas no debe ser vulnerado”.

Y aunque los activistas de control de armas apuntan a la cláusula introductoria como evidencia de que la enmienda estaba destinada principalmente a crear una milicia “bien regulada”, en 2008 un tribunal muy dividido concluyó que la Segunda Enmienda garantiza un amplio derecho a la posesión de armas de fuego que prohíbe la imposición de requisitos estrictos de registro de armas personales.

Desde entonces, los tribunales inferiores han tenido que considerar demandas contra las prohibiciones de armas de asalto, contra los requisitos de registro y contra las prohibiciones de portación visible, impuestas por algunos estados.

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La batalla también se da en las cortes.

¿Podría cambiar? Los jueces nombrados por Trump, Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh, históricamente han hecho una interpretación amplia de los derechos de la Segunda Enmienda. Y el presidente está llenando las filas de los tribunales inferiores con jueces a favor de las armas. Si acaso, el poder judicial se está moviendo hacia la derecha en este tema.

5. La diferencia de entusiasmo

Quizás el mayor obstáculo para promulgar nuevas leyes de control de armas a nivel nacional es que los opositores tienden a defender sus creencias con fiereza, mientras que el apoyo a la nueva regulación tiende a ir y venir con cada episodio de violencia.

La estrategia de la NRA, y la de los políticos pro-armas, es esperar a que amaine la tormenta y retrasar los esfuerzos legislativos hasta que la atención se desvíe y el clamor se desvanezca.

Los políticos a favor de las armas de fuego ofrecen sus pensamientos y oraciones, observan momentos de silencio y ordenan que las banderas ondeen a media asta. Luego, en silencio, los esfuerzos legislativos se atrasan y finalmente son descarrilados.

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Los esfuerzos por un mayor control de arman suelen ir y venir con los episodios de violencia.

Las protestas masivas dirigidas por estudiantes después del tiroteo en la escuela Parkland, ocurrido en febrero de 2018, centraron la atención en el tema durante un tiempo.

Pero luego las marchas se apagaron y los cambios en las leyes sobre armas de fuego, al menos a nivel federal, fueron mínimos.

Poco después del tiroteo de Las Vegas de octubre de 2017, la Secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, le dijo a los periodistas que “hay un momento y lugar para un debate político, pero ahora es el momento de unirnos como país”.

“Hablaremos de las leyes sobre armas de fuego cuando pase el tiempo“, dijo Trump luego.

Y como dice la canción de la película Casablanca con un título parecido, todo sigue siendo la misma vieja historia.

¿Podría cambiar? Según una encuesta realizada durante la campaña presidencial de 2016, las armas de fuego fueron un tema importante tanto para los demócratas como para los republicanos. Este resultado podría ser reflejo del tiroteo masivo ocurrido ese año en un club nocturno de Orlando o el primer indicio de una nueva tendencia.

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Las titánicas (y a veces violentas) batallas del magnate naviero Cornelius Vanderbilt, el primero de los grandes "barones ladrones" de EE.UU.


Cornelius Vanderbilt

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Cornelius Vanderbilt, apodado el primer “barón ladrón” de EE.UU., se convirtió en el hombre más rico del mundo.

En Estados Unidos, en la segunda mitad del siglo XIX, un grupo de hombres extraordinarios y controvertidos encabezaron la transformación de este país de una república de granjeros y comerciantes a una superpotencia propulsada a vapor.

Sus nombres -Rockerfeller, Carnegie, J.P. Morgan- siguen siendo sinónimos de fortunas colosales.

Para algunos, estos hombres fueron los heroicos empresarios que hicieron grande a EE.UU. Para otros, fueron plutócratas que llevaron a mujeres y hombres que alguna vez fueron independientes a depender del tedioso trabajo asalariado: los “barones ladrones”, que se robaron el sueño americano.

La Grand Central Station, en la ciudad de Nueva York, ha estado repleta de gente desde 1871, con pasajeros que regresan de sus trabajos a su casa.

Con sus techos altos, su vestíbulo gigante y su vasta escalera de mármol, el lugar tiene una escala y una ambición que simboliza perfectamente la era de los “barones ladrones”, durante la cual fue construida.

Pero el hombre que financió el Grand Central original, Cornelius Vanderbilt –el primer “barón ladrón”– se crió en un mundo muy diferente.

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La majestuosa Grand Central Station, de Nueva York, uno de los muchos legados de Cornelius Vanderbilt.

Vanderbilt nació en 1794 en la bucólica Staten Island, del otro lado de la bahía, al sur de Manhattan. Recibió poca educación formal. A los 11 años ya gestionaba un ferry que conectaba Staten Island con Manhattan.

A los 16 era dueño de una goleta, y comerciaba mercancías en el puerto de Nueva York.

Los capitanes más veteranos se burlaban del serio y ambicioso joven Vanderbilt, llamándolo El comodoro”. El apodo perduró.

“Vanderbilt se crió en circunstancias modestas pero muy orientadas al mercado”, dice TJ Styles, autor de “El primer magnate, la épica vida de Cornelius Vanderbilt”.

“Sus padres seguían la vieja tradición holandesa de sacrificarse para salir adelante comercialmente. Su madre, de hecho, era prestamista, y era extremadamente frugal”.

“Tengo la impresión de que (Vanderbilt) siempre quiso impresionar a su madre, incluso después de que ella murió”, señala Styles.

Según el biógrafo, el joven Vanderbilt también era naturalmente competitivo. “Hay muchas leyendas de que peleaba a golpes y hallé expedientes judiciales que lo comprueban”, afirma.

“Era un hombre enorme, un atleta y un marino. Y ese deseo de tener éxito, de mostrar que era el mejor, además de superarse a sí mismo, era realmente una clave de su personalidad”.

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Vanderbilt empezó su fortuna trabajando en el puerto de Nueva York (visto aquí en esta ilustración del siglo XIX).

Vanderbilt hizo su primera fortuna en la industria naviera. Dominó cada ruta que manejó. Pero el aristocrático establishment empresarial de Nueva York no consideraba a este joven, apenas educado, como un dinámico emprendedor, sino como problemático trepador.

Vanderbilt llevó su batalla con el establishment a nivel nacional cuando decidió ingresar en el negocio del transporte naviero desde Nueva York a San Francisco, en la costa opuesta del continente.

“El gobierno de EE.UU. había establecido un gran subsidio para los barcos a vapor que llevaran pasajeros y correo y mantuvieran contacto con la costa Pacífica del país”, explica TJ Styles.

Además del subsidio, el hallazgo de oro en California hizo que el negocio de los viajes en barcos a vapor a la costa oeste fuera enormemente lucrativo, señala el autor.

Las dos navieras subsidiadas por el gobierno, US Mail, en la costa este, y Pacific Mail, en el oeste, tenían un cómodo monopolio que les generaba fortunas. Lo último que querían era un intruso como Vanderbilt entrometiéndose en su negocio.

Los pasajeros que viajaban desde la costa este con estas empresas tenían que cruzar el Istmo de Panamá en burro, pero aún así parecía ser la mejor forma -y la más corta- de atravesar América Central para llegar al Pacífico. Vanderbilt tuvo una mejor idea.

¿Qué pasaría si pudiera hallar una ruta más cercana a Nueva York y además más fácil de atravesar?

Encontró una ruta para cruzar Centroamérica a través de Nicaragua, usando el río San Juan y el Gran Lago de Nicaragua, dejando solo una ruta terrestre de apenas 12 millas (19,3 km)”, cuenta Styles.

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Mapa antiguo del Lake Nicaragua (el Gran Lago de Nicaragua), por donde cruzaban los barcos de Vanderbilt para llegar a California.

“Su empresa, el Accessory Transit Company, logró un éxito tremendo, incluso compitiendo contra rivales subsidiados”.

La implacable estrategia de Vanderbilt superó en astucia a sus competidores establecidos. Pero su triunfo se vio amenazado por alguien incluso más despiadado que él: un aventurero pirático llamado William Walker.

Walker lideró una invasión armada de Nicaragua y tomó las posesiones de Vanderbilt, incluyendo una de sus naves que usó como parte de su ofensiva. Terminó convirtiéndose en el presidente de Nicaragua.

Las noticias de la toma de poder de Walker llegaron a Nueva York el jueves 13 de mayo de 1856. En Wall Street se desató el caos.

Sus propiedades centroamericanas habían sido tomadas y la ruta nicaragüense que utilizaba su empresa había sido cortada. Pero Vanderbilt se mantuvo calmo y preparó su contraataque.

Contrató a un marinero mercenario y lo envió con un cofre de oro a Costa Rica, para que, con ayuda de otros hombres contratados, derroquen a Walker.

“Atacaron uno de los puestos de defensa (de Walker) en el Gran Lago de Nicaragua, bajaron hacia el puerto en el Atlántico y tomaron los barcos a vapor que había allí, y luego subieron por el río, tomando como rehenes a cada uno de los comandantes de los puestos de defensa”, recuenta Styles.

“De esta forma, con un rápido golpe, Cornelius Vanderbilt, un ciudadano estadounidense privado, dejó a William Walker sin refuerzos”.

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William Walker fue derrocado y eventualmente ejecutado en 1860.

“El señor Vanderbilt ha demostrado ser un general muy capaz. El enemigo más formidable de Walker condujo su campaña desde Nueva York“, publicó el diario The New York Times el 23 de febrero de 1857.

Vanderbilt había demostrado que nadie, ni siquiera un forajido como Walker, podía superarlo. Incluso si tenía que conducir una guerra privada en un país extranjero para probarlo.

La situación en Nicaragua quedó demasiado inestable como para que Vanderbilt retomara su ruta a California por allí. Pero la mera posibilidad de que volviera a competir contra ellos, vía Panamá, fue suficiente para que las dos navieras establecidas, US Mail y Pacific Mail, decidieran darle dinero para mantenerlo lejos.

Durante tres años le pagaron a Vanderbilt la enorme suma de US$40.000 por mes, solamente para que los dejara solos. Hasta que Vanderbilt rompió el acuerdo, empezó a navegar por esa ruta y eventualmente dejó fuera del negocio a las viejas compañías.

Fue en ese momento que surgió el insultante apodo de “barón ladrón”, como explica Joanna Cohen de la Queen Mary University of London.

“La gente los odia porque están generando dinero de formas nuevas. Hacen dinero con cosas que las elites más antiguas, los comerciantes veteranos, las familias más establecidas, en especial las familias de la costa este que han dominado los negocios en Nueva York y Boston, no habían pensado antes“.

“El apodo ‘barón ladrón’ no viene de una crítica popular sino de un editorial de The New York Times de 1859″, cuenta Cohen.

“Henry Jarvis Raymond, el editor de ‘The New York Times’, condenó a Vanderbilt por competir exitosamente contra una gran corporación. Raymond escribió que Vanderbilt competía contra negocios legítimos y condenó la competencia como único fin”, completa Styles.

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Fue Henry Jarvis Raymond, uno de los fundadores de ‘The New York Times’, quien acuñó el apodo “barones ladrones”.

Pero Vanderbilt contraatacó, vendiéndose como el defensor de los valores de la revolución estadounidense, el espíritu de la resistencia que hacía grande al país.

“Se dice que siempre soy opositor y que el mismo espíritu de resistencia que hasta ahora ha gobernado muchas veces mis acciones las influencia ahora. En respuesta a esta imputación solo puedo decir que este es el mismo espíritu que fundó esta gran república y que hoy atrae el comercio del mundo a nuestra costas”, escribió.

“Para defenderse, Vanderbilt usó el lenguaje del lado más radical del espectro político, que estaba resentido con las corporaciones porque consideraba que creaban una aristocracia artificial”, señala Styles.

“Creían que era el Estado, cortando trozos de la economía para el beneficio de unos pocos favoritos”.

La carrera de Vanderbilt se extendió durante más de medio siglo y lo convirtió en el hombre más rico del mundo.

La batalla por el negocio del transporte marítimo a California fue solo un episodio de muchos. Y no fue el último.

En 1863 vendió todos sus barcos a vapor y se dedicó al negocio de los ferrocarriles. Tenía 69 años”, destaca Styles. Así, “El comodoro” se convirtió en el “Rey del Ferrocarril”.

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Jay Gould (cuarto desde la izquierda) y otros famosos empresarios siguieron los pasos de Cornelius Vanderbilt (cuya imagen aparece en el retrato).

Vanderbilt era una figura alucinante para un grupo de jóvenes ambiciosos que gravitaron hacia Nueva York durante la época de la Guerra Civil.

Él le mostró a la nueva generación que ganaba en grande en la nueva economía actuando de forma despiadada y veloz.

Cuando construyó la Grand Central Station original, en la calle 42, Vanderbilt creyó que podría dominar el nuevo mundo de los ferrocarriles, como había dominado la industria naviera.

Pero un nuevo “barón ladrón”, Jay Gould, un joven determinado de ojos oscuros del norte de Nueva York, 40 años más joven que “El comodoro”, se propuso derrotarlo.

Te contaremos más sobre esa historia en el próximo episodio de la serie The Robber Barons.

Puedes escuchar este episodio de The Robber Barons de BBC Radio 4 (en inglés) aquí.

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