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“Mein Kampf”: ¿quién se quedó con los millones de Hitler tras su muerte?


Adolf Hitler en su casa de descanso.

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El hombre que quiso ser artista se hizo rico escribiendo, aunque no gracias a sus dotes literarias.

Cuando a Herman Rothman, un judío alemán que trabajaba con el servicio de Inteligencia de Reino Unido, lo despertaron una madrugada de 1945 no sabía cuán sui generis sería su misión.

No sabía que las autoridades británicas habían arrestado a un oficial nazi llamado Heinz Lorenz, quien había sido secretario de prensa del ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels, por usar documentos de identidad falsos.

Cuando un guardia lo tomó por el hombro, sintió unos papeles, registró el capitán Hugh Trevor-Roper, investigador de la muerte de Hitler del comité de Inteligencia de los Aliados en 1945.

Al examinar su chaqueta, en la entretela de las hombreras encontraron unos documentos que el secretario del Führer, Martin Bormann, le había dado a Lorenz para que los sacara de Berlín.

Eran nada menos que el testamento y la última voluntad de Adolf Hitler.

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En su testamento privado, Hitler señala que se casó con “esa chica que, tras años de fiel amistad” decidió “por su propia voluntad compartir su destino” con él. Eva Braun -aquí haciendo ejercicio cerca de la casa de descanso de Hitler- se suicidó con cianuro horas antes de que él se pegara un tiro.

Rothman y otros cuatro hombres debían traducirlos bajo condiciones de ultra secreto, contó Rothman en entrevistas a la prensa por motivo de la publicación de su libro “Hitler’s Will” en 2014.

Todos eran judíos por lo que les pareció irónico estar entre los primeros en leer los pensamientos que tenía en mente poco antes de su muerte aquel que había hecho tanto por exterminarlos.

Legado sin fortuna

En su último testamento político, Hitler exponía sus motivaciones para hacer lo que había hecho y lo que planeaba hacer, todo salpicado por expresiones de su implacable odio a los judíos. También detallaba cómo sería el gobierno que lo sucedería y nombraba al nuevo gabinete.

Pero respecto a sus bienes, los detalles no eran tantos.

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Una de las cosas que poseía el Führer: su segunda residencia gubernamental y lugar de descanso Berghof en Obersalzberg, en los Alpes Bávaros.

Lo que poseo pertenece -en la medida en que tenga algún valor- al Partido. Si éste ya no existe, al Estado, si el Estado también es destruido, no es necesaria ninguna otra decisión mía“.

Esos fueron los deseos declarados por Hitler en otro documento en el que consignó su última voluntad, que dictó y firmó en Berlín, junto con su testamento político, el 29 de abril de 1945, a las 4:00 en punto. Al otro día, se pegó un tiro.

Las colecciones de cuadros que había adquirido, “nunca fueron recopilados con fines privados, sino solo para la extensión de una galería en mi ciudad natal de Linz en el Danubio“, aseguró.

Y sus objetos de “valor sentimental o necesarios para llevar una vida sencilla y modesta” los legó a sus parientes y a sus “fieles cotrabajadores“, como su ama de llaves, la señora Anni Winter.

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Algunos de los objetos “necesarios para llevar una vida sencilla y modesta” que estaban en Berghof.

Daba la impresión de que al morir, el que había dirigido la Alemania nazi por más de una década dejaba un importante legado pero pocos bienes materiales, lo que encajaba con su persona pública.

¿Frugal?

Hitler solía proyectar la imagen de la vida frugal que era parte de su filosofía fascista en la década de 1930 y la Segunda Guerra Mundial.

La percepción pública era que el dinero significaba poco para el Führer, quien ciertamente no mostraba muchos signos visibles de vivir con ostentación.

No obstante, a los traductores les sorprendió que el poderoso líder pareciera tener tan poca riqueza.

Siempre imaginamos que tenía una vasta fortuna“, comentó Rothman.

Y resulta que tenían razón.

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Su imagen pública era la de un hombre al que no le interesaba mucho el dinero.

Aquel que había descrito largamente su pobreza y dificultades cuando había sido artista en Viena antes de la Primera Guerra Mundial, amasó una fortuna considerable a lo largo de su vida.

Miles de millones

Es difícil establecer una cifra exacta.

Varias investigaciones, documentales e informes han calculado el monto incluyendo o dejando fuera diferentes fuentes de ingresos, desde pagos por el uso de su imagen en los sellos de correo hasta contribuciones hechas por empresarios o corporaciones.

Cris Whetton fue uno de los que se propuso aclarar el asunto reuniendo información para su libro “Hitler’s Fortune” de 2005, en el que señala que incluso convertir las cantidades de reichmarks a euros o dólares es una tarea difícil.

Utilizando el método de la canasta básica -que compara el costo de esta en dos momentos histórico- concluyó: “El 24 de abril de 1945 (…), seis días antes de su suicidio en Berlín, Adolf Hitler era probablemente el hombre más rico de Europa, con una fortuna de entre 1.350 y 43.500 millones de euros al precio de 2003″.

En euros o dólares, la cifras son altas e ilustran las cantidades de las que se ha hablado. Pero además, la brecha entre las dos cantidades subrayan lo difícil que es precisar el monto de la fortuna.

No sólo eso.

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¿El hombre más rico de Europa? Quién sabe, pero las regalías de su libro fueron cuantiosas.

La falta de evidencia concreta llevó a que otro tema persistente haya sido el paradero de su riqueza, como de los más de US$350 millones encontrados en cuentas en una investigación realizada por la Oficina de Servicios Estratégicos u OSS, el servicio de inteligencia de EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial en la década de 1940, antecesor de la CIA, según documentos desclasificados décadas más tarde.

A lo largo de los años ha surgido información de cuentas en lugares como Suiza que podrían haber sido de él pero contadores forenses señalan que cualquier efectivo no reclamado durante tanto tiempo ya habría sido recolectado por el gobierno suizo.

No obstante, hay alguna información sobre las finanzas del Führer en la que muchas fuentes coinciden.

Su lucha

Los activos de Hitler al morir incluían una casa en los Alpes bávaros, llamada Berghof, y un apartamento en Múnich.

Pero lo que había hecho rico a ese hijo de un funcionario de aduanas que había querido ser artista fue su libro.

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En esta rara fotografía, Adolf Hitler aparece en su celda en la prisión de Landsberg, cuando era un preso político sin importancia, con “Mein Kampf” en camino y su ascenso al poder aún en el futuro.

Hitler comenzó a dictárselo a Rudolf Hess (quien llegaría a ser el segundo en la jerarquía nazi) en 1924 mientras cumplían una condena en prisión por intentar un golpe de Estado, el fallido Beer Hall Putsch en Múnich, en el que él y su Partido Nacional Socialista de Trabajadores Alemanes intentaron tomar el poder en el sur de Alemania.

Uno de los motivos de Hitler para escribir Mein Kampf fue usar las regalías del libro para pagar sus honorarios legales.

Originalmente tituló su obra “Una lucha de cuatro y medio años contra las mentiras, la estupidez y la cobardía: liquidando cuentas con los destructores de El Movimiento Nacionalsocialista“.

Pero Max Amann, un oficial del Partido Nazi, confidente de Hitler y director de la editorial Franz Eher Nachfolger de Múnich, le sugirió el mucho menos amargo, más conciso y efectivo título “Mein Kampf”, o “Mi lucha”.

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Una de las caricaturas publicados por el antifascista El EJE..LE de México el 23 February 1942.

Esa editorial publicó las primeras 400 páginas el 18 de julio de 1925 como primer volumen, subtitulado “Retrospección”. El resto se publicó como segundo volumen, “el Movimiento Nacionalsocialista”, el 10 de diciembre de 1926.

Todo el trabajo se volvió a publicar en una edición popular de un solo volumen en mayo de 1930.

Regalo de boda

Al principio, las ventas de Mein Kampf fueron relativamente modestas: 9.000 ejemplares en 1925.

Pero a medida que Adolf Hitler ganaba popularidad como político, también la ganaba como autor.

Para 1930, el Partido Nazi de Hitler se había convertido en el segundo partido político más grande de Alemania. Ese año, el número de libros vendidos superó los 50.000.

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Adolf Hitler en un poster publicitando su libro ‘Mein Kampf’ (1925) en la calle de una ciudad alemana.

Eventualmente, llegó al punto en que se requería que Mein Kampf se leyera en las escuelas, y se convirtió en una práctica común que las municipalidades compraran copias para regalárselas a cada pareja que se casara.

Solo en 1933, vendió más de un millón de copias debido principalmente a la presión ejercida sobre todos los ciudadanos alemanes para comprar el libro.

Según documentos encontrados en los archivos de Múnich, ese año las ventas le reportaron 1.232 millones de reichmarks, una cifra elevadísima si se tiene en cuenta que, por ejemplo, el salario anual de un profesor en ese momento era de 4.800 reichmarks.

La cuenta de cobro

Hitler finalmente ganó suficiente dinero por las regalías de su libro como para acumular una factura de impuestos de 405.494 reichsmarks, algo que sabemos porque algún valiente o despistado se la mandó, cuando ya era canciller de Alemania.

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Cuando llegó al poder, alguien pensó que por fin iba a pagar los impuestos que debía y le pareció apropiado mandarle la cuenta de cobro…

La cuenta fue remitida al Ministerio de Finanzas que pronto declaró: “el Führer no paga impuestos”.

El libro fue traducido a 16 idiomas, lo que le reportó aún más ganancias, que eran administradas por Amann, quien pasó a ser gerente de negocios de Hitler y seguía siendo director de la editorial Franz Eher Verlag, una de las más ricas e influyentes de la Alemania nazi.

Mein Kampf sin duda hizo a Hitler muy rico.

“Al partido… al Estado”

Tras su suicidio y la derrota de los nazis, los Aliados quedaron en posesión de la herencia de Hitler.

Sus última voluntad –Lo que poseo pertenece ... al Partido“- no iba a ser cumplida, entre otras más relevantes razones porque, como él mismo anticipó –Si éste ya no existe“-, el partido nazi fue abolido.

Su segunda opción había sido “al Estado“, el cual, como Estado nazi, efectivamente también había dejado de existir.

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Copia del libro firmado por el autor.

“Si el Estado también es destruido, no es necesaria ninguna otra decisión mía“.

Fueron los victoriosos aliados los que tomaron la decisión de transferirle los bienes de Hitler a Baviera, donde el difunto era residente registrado.

La casa de retiro de la montaña había sido dañada por bombas y saqueada por los soldados al final del conflicto.

En 1952, lo que quedaba de ella fue destruido por el gobierno bávaro para evitar que se convirtiera en una atracción turística.

El antiguo edificio de apartamentos del führer quedó en pie y pasó a albergar una estación de policía.

Bavaria se quedó con los derechos de autor e impidió la publicación del libro en territorios de habla alemana, y, con un éxito limitado, en otros lugares hasta que estos expiraron en el 70 aniversario de la muerte del autor, el 30 de abril de 2015.

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Rusia – Trump: la campaña del presidente de EE.UU. "no conspiró" con Moscú en las elecciones de 2016, según la investigación de Robert Mueller


Ultima hora

La investigación del fiscal especial Robert Mueller no encontró que la campaña de Donald Trump o alguna de las personas relacionadas con ella conspiraran o se coordinaran con Rusia con la intención de influir en la campaña presidencial de Estados Unidos en 2016.

Más información en breve.

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Masacre en Christchurch: 5 razones por las que EE.UU. no puede prohibir armas tan rápido como Nueva Zelanda


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Seis días después del ataque a dos mezquitas de Christchurch, la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, anunció la prohibición de los rifles semiautomáticos “estilo militar”.

Y la noticia inmediatamente generó todo tipo de preguntas en Estados Unidos.

A pesar de que en los últimos años en el país se han producido varios tiroteos masivos. en EE.UU. se ha avanzado poco en las reformas de control de armas, especialmente a nivel federal, a pesar de que numerosas encuestas muestran un apoyo público generalizado hacia la implementación de medidas como una verificación reforzada de antecedentes y la prohibición de ciertos tipos de rifles de asalto.

El gobierno de Donald Trump prohibió el uso de bump stocks, unos dispositivos que hacen que las armas semiautomáticas puedan disparar ráfagas mucho más rápidas, como si fueran ametralladoras, y se han hecho algunos ajustes a las bases de datos de verificación de antecedentes para las compras en tiendas de armas.

Y en marzo pasado, Trump pareció considerar la posibilidad de una legislación más ambiciosa y “exhaustiva”, diciéndole a los senadores que los lobistas a favor de las armas tenían poca influencia sobre él.

Pero de este entonces el presidente no ha vuelto a tocar el tema.

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Trump ha hablado de una legislación más exhaustiva y ambiciosa. Pero hasta el momento no ha actuado.

Ahora, una de las razones por la que Nueva Zelanda ha podido actuar con rapidez, es que es una democracia parlamentaria, lo que garantiza que el gobierno esté controlado por un partido o una coalición políticamente compatible.

Sin embargo, esa no es la única explicación de por qué EE.UU. ha seguido un curso diferente.

Aquí te explicamos cinco grandes obstáculos que se interponen en el camino de EE.UU. para realizar cambios importantes en la política de armas de fuego.


1. La Asociación Nacional del Rifle (NRA)

La Asociación Nacional del Rifle es uno de los grupos de interés más influyentes en la política de EE.UU., no solo por el dinero que gasta en presionar a los políticos, sino también por el nivel de compromiso de sus cinco millones de miembros.

La NRA se opone a la mayoría de las propuestas para fortalecer las regulaciones sobre armas de fuego y está detrás de los esfuerzos a nivel federal y estatal para revertir muchas restricciones existentes sobre la posesión de armas.

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La NRA sigue siendo el actor más influyente en el debate sobre armas de fuego.

En 2016, la NRA gastó US$4 millones en cabildeo y en contribuciones directas a políticos, así como más de US$50 millones en campañas políticas, incluidos aproximadamente US$30 millones para ayudar a elegir al presidente Donald Trump.

Su presupuesto anual es de aproximadamente US$250 millones, que se destinan a programas educativos, eventos para sus miembros, patrocinios, defensa legal y esfuerzos relacionados.

Y, más allá de los números, la NRA es conocida en Washington como una fuerza política capaz de encumbrar o derribar incluso a los políticos más poderosos.

La asociación califica a los políticos según sus votos y utiliza sus recursos y los de sus miembros -tanto financieros como organizativos- para apoyar a sus más fieros defensores y derrotar a sus oponentes más tercos.

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Trump dice que no le tiene miedo a la NRA. Pero hasta el momento no lo ha demostrado.

¿Podría cambiar? Los grupos a favor de un mayor control de armas, respaldados por benefactores ricos como el exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, se han organizado más en los últimos años, intentando igualar el poder político de la NRA.

De hecho, en 2018, gastaron más que la NRA en las elecciones de medio periodo, en las que algunos demócratas prominentes a favor del control de armas ganaron reñidas contiendas.

Paralelamente, sus ingresos en 2017 se redujeron en US$56 millones, en su mayoría por una disminución de las cuotas de afiliación. Sin embargo, ese año la NRA recaudó US$ 378,1 millones, lo que garantiza seguir siendo el actor más influyente en el debate sobre armas de fuego.

2. Distribución de los votantes

Por primera vez en ocho años, los demócratas tienen mayoría en la Cámara de Representantes del congreso de EE.UU., y sus éxitos en las elecciones de medio término de 2018 se concentraron sobre todo en distritos suburbanos anteriormente bajo control de los republicanos.

En Atlanta, por ejemplo, un activista del control de armas se impuso en una de las elecciones más reñidas, derrotando al anterior representante republicano.

Sin embargo, en lo que se refiere a la Cámara las perspectivas electorales todavía se inclinan hacia los republicanos, que tienden a apoyar la posesión de armas.

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Miembros de la Cámara de Representantes sentados en el suelo para exigir acción en materia de legislación sobre las armas.

Debido a la forma en que se trazan las líneas de los distritos de los que salen los elegidos de la Cámara de Representantes, hay más asientos que se inclinan hacia la derecha que hacia la izquierda, lo que podría devolverle el control de la Cámara a los conservadores.

La demografía también juega un papel importante en la inclinación pro-armas de la Cámara, ya que en la misma hay más distritos rurales, que tienen mayores niveles de propiedad de armas, que distritos urbanos.

Por el momento, sin embargo, la iniciativa la tienen los demócratas, y 2019 los defensores del control de armas en la Cámara lograron dar un importante paso hacia adelante aprobando un proyecto de ley que requiere una verificación exhaustiva de los antecedentes para las ventas privadas de armas, incluidas las que se realizan en eventos de demonstración.

Anteriormente, el requisito de contrastar el nombre de los compradores de armas con una base de datos federal se limitaba solo a los distribuidores de armas registrados.

¿Podría cambiar? Con elecciones cada dos años y un electorado estadounidense que ha demostrado ser inconstante, la puerta a la reforma de la legislación sobre armas podría cerrarse de nuevo sin previo aviso.

3. Obstrucción en el Senado

El Senado es el mayor obstáculo para el éxito legislativo del control de armas.

Los estados dominados por votantes de grandes ciudades, como Nueva York, Massachusetts o California, son superados en número por los estados rurales y del sur, con inclinaciones pro-armas.

Y las reglas del Senado también pueden frustrar los esfuerzos para promulgar una regulación de armas más estricta, gracias a un mecanismo que en EE.UU. se conoce como “filibuster”.

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Los estados con inclinaciones pro-armas son mayoría en el Senado.

Se trata de un obstáculo que implica que la mayoría de leyes importantes necesitan el respaldo de 60 de los 100 senadores para aprobarse, en lugar de una mayoría simple, que vendrían a ser 51 votos.

En 2013, después del tiroteo en una escuela de Newtown, Connecticut, parecía que los esfuerzos para fortalecer las verificaciones de antecedentes para comprar armas tenían el apoyo de ambos partidos en el Senado.

Sin embargo, el proyecto de ley recibió solo 56 votos a favor, cuatro menos de los necesarios para romper la obstrucción.

Desde entonces, ninguna medida de control de armas ha estado tan cerca de aprobarse. Y, por el momento, parece poco probable que el Senado apruebe el proyecto de ley de verificación de antecedentes aprobado por la Cámara, a pesar de que todo sugiere que una pequeña mayoría de senadores votaría a su favor.

¿Podría cambiar? Trump se ha manifestado a favor de acabar con el “filibuster” del Senado, y varios posibles candidatos presidenciales demócratas han hecho pedidos similares. Sin embargo, la mayoría de los senadores se oponen a cambiar las reglas.

4. Las cortes

Ante el estancamiento del tema en el Congreso, los estados de EE.UU. inclinados a la izquierda han desempeñado un papel más importante en la implementación de medidas de control de armas.

Después del tiroteo de Newtown, Connecticut, en 2012, 21 estados aprobaron nuevas leyes de armas, incluida la prohibición de armas de asalto en Connecticut, Maryland y Nueva York.

Pero algunas de las leyes se han topado con otra barrera: el sistema judicial de EE.UU.

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Protesters in front of the Supreme Court in 2008

En los últimos años, el Tribunal Supremo ha dictaminado dos veces que el derecho a poseer armas personales, como pistolas, está consagrado en la constitución de EE.UU.

La Segunda Enmienda dice que “al ser una milicia bien regulada necesaria para la seguridad de un estado libre, el derecho de la gente a portar armas no debe ser vulnerado”.

Y aunque los activistas de control de armas apuntan a la cláusula introductoria como evidencia de que la enmienda estaba destinada principalmente a crear una milicia “bien regulada”, en 2008 un tribunal muy dividido concluyó que la Segunda Enmienda garantiza un amplio derecho a la posesión de armas de fuego que prohíbe la imposición de requisitos estrictos de registro de armas personales.

Desde entonces, los tribunales inferiores han tenido que considerar demandas contra las prohibiciones de armas de asalto, contra los requisitos de registro y contra las prohibiciones de portación visible, impuestas por algunos estados.

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La batalla también se da en las cortes.

¿Podría cambiar? Los jueces nombrados por Trump, Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh, históricamente han hecho una interpretación amplia de los derechos de la Segunda Enmienda. Y el presidente está llenando las filas de los tribunales inferiores con jueces a favor de las armas. Si acaso, el poder judicial se está moviendo hacia la derecha en este tema.

5. La diferencia de entusiasmo

Quizás el mayor obstáculo para promulgar nuevas leyes de control de armas a nivel nacional es que los opositores tienden a defender sus creencias con fiereza, mientras que el apoyo a la nueva regulación tiende a ir y venir con cada episodio de violencia.

La estrategia de la NRA, y la de los políticos pro-armas, es esperar a que amaine la tormenta y retrasar los esfuerzos legislativos hasta que la atención se desvíe y el clamor se desvanezca.

Los políticos a favor de las armas de fuego ofrecen sus pensamientos y oraciones, observan momentos de silencio y ordenan que las banderas ondeen a media asta. Luego, en silencio, los esfuerzos legislativos se atrasan y finalmente son descarrilados.

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Los esfuerzos por un mayor control de arman suelen ir y venir con los episodios de violencia.

Las protestas masivas dirigidas por estudiantes después del tiroteo en la escuela Parkland, ocurrido en febrero de 2018, centraron la atención en el tema durante un tiempo.

Pero luego las marchas se apagaron y los cambios en las leyes sobre armas de fuego, al menos a nivel federal, fueron mínimos.

Poco después del tiroteo de Las Vegas de octubre de 2017, la Secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, le dijo a los periodistas que “hay un momento y lugar para un debate político, pero ahora es el momento de unirnos como país”.

“Hablaremos de las leyes sobre armas de fuego cuando pase el tiempo“, dijo Trump luego.

Y como dice la canción de la película Casablanca con un título parecido, todo sigue siendo la misma vieja historia.

¿Podría cambiar? Según una encuesta realizada durante la campaña presidencial de 2016, las armas de fuego fueron un tema importante tanto para los demócratas como para los republicanos. Este resultado podría ser reflejo del tiroteo masivo ocurrido ese año en un club nocturno de Orlando o el primer indicio de una nueva tendencia.

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Las titánicas (y a veces violentas) batallas del magnate naviero Cornelius Vanderbilt, el primero de los grandes "barones ladrones" de EE.UU.


Cornelius Vanderbilt

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Cornelius Vanderbilt, apodado el primer “barón ladrón” de EE.UU., se convirtió en el hombre más rico del mundo.

En Estados Unidos, en la segunda mitad del siglo XIX, un grupo de hombres extraordinarios y controvertidos encabezaron la transformación de este país de una república de granjeros y comerciantes a una superpotencia propulsada a vapor.

Sus nombres -Rockerfeller, Carnegie, J.P. Morgan- siguen siendo sinónimos de fortunas colosales.

Para algunos, estos hombres fueron los heroicos empresarios que hicieron grande a EE.UU. Para otros, fueron plutócratas que llevaron a mujeres y hombres que alguna vez fueron independientes a depender del tedioso trabajo asalariado: los “barones ladrones”, que se robaron el sueño americano.

La Grand Central Station, en la ciudad de Nueva York, ha estado repleta de gente desde 1871, con pasajeros que regresan de sus trabajos a su casa.

Con sus techos altos, su vestíbulo gigante y su vasta escalera de mármol, el lugar tiene una escala y una ambición que simboliza perfectamente la era de los “barones ladrones”, durante la cual fue construida.

Pero el hombre que financió el Grand Central original, Cornelius Vanderbilt –el primer “barón ladrón”– se crió en un mundo muy diferente.

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La majestuosa Grand Central Station, de Nueva York, uno de los muchos legados de Cornelius Vanderbilt.

Vanderbilt nació en 1794 en la bucólica Staten Island, del otro lado de la bahía, al sur de Manhattan. Recibió poca educación formal. A los 11 años ya gestionaba un ferry que conectaba Staten Island con Manhattan.

A los 16 era dueño de una goleta, y comerciaba mercancías en el puerto de Nueva York.

Los capitanes más veteranos se burlaban del serio y ambicioso joven Vanderbilt, llamándolo El comodoro”. El apodo perduró.

“Vanderbilt se crió en circunstancias modestas pero muy orientadas al mercado”, dice TJ Styles, autor de “El primer magnate, la épica vida de Cornelius Vanderbilt”.

“Sus padres seguían la vieja tradición holandesa de sacrificarse para salir adelante comercialmente. Su madre, de hecho, era prestamista, y era extremadamente frugal”.

“Tengo la impresión de que (Vanderbilt) siempre quiso impresionar a su madre, incluso después de que ella murió”, señala Styles.

Según el biógrafo, el joven Vanderbilt también era naturalmente competitivo. “Hay muchas leyendas de que peleaba a golpes y hallé expedientes judiciales que lo comprueban”, afirma.

“Era un hombre enorme, un atleta y un marino. Y ese deseo de tener éxito, de mostrar que era el mejor, además de superarse a sí mismo, era realmente una clave de su personalidad”.

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Vanderbilt empezó su fortuna trabajando en el puerto de Nueva York (visto aquí en esta ilustración del siglo XIX).

Vanderbilt hizo su primera fortuna en la industria naviera. Dominó cada ruta que manejó. Pero el aristocrático establishment empresarial de Nueva York no consideraba a este joven, apenas educado, como un dinámico emprendedor, sino como problemático trepador.

Vanderbilt llevó su batalla con el establishment a nivel nacional cuando decidió ingresar en el negocio del transporte naviero desde Nueva York a San Francisco, en la costa opuesta del continente.

“El gobierno de EE.UU. había establecido un gran subsidio para los barcos a vapor que llevaran pasajeros y correo y mantuvieran contacto con la costa Pacífica del país”, explica TJ Styles.

Además del subsidio, el hallazgo de oro en California hizo que el negocio de los viajes en barcos a vapor a la costa oeste fuera enormemente lucrativo, señala el autor.

Las dos navieras subsidiadas por el gobierno, US Mail, en la costa este, y Pacific Mail, en el oeste, tenían un cómodo monopolio que les generaba fortunas. Lo último que querían era un intruso como Vanderbilt entrometiéndose en su negocio.

Los pasajeros que viajaban desde la costa este con estas empresas tenían que cruzar el Istmo de Panamá en burro, pero aún así parecía ser la mejor forma -y la más corta- de atravesar América Central para llegar al Pacífico. Vanderbilt tuvo una mejor idea.

¿Qué pasaría si pudiera hallar una ruta más cercana a Nueva York y además más fácil de atravesar?

Encontró una ruta para cruzar Centroamérica a través de Nicaragua, usando el río San Juan y el Gran Lago de Nicaragua, dejando solo una ruta terrestre de apenas 12 millas (19,3 km)”, cuenta Styles.

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Mapa antiguo del Lake Nicaragua (el Gran Lago de Nicaragua), por donde cruzaban los barcos de Vanderbilt para llegar a California.

“Su empresa, el Accessory Transit Company, logró un éxito tremendo, incluso compitiendo contra rivales subsidiados”.

La implacable estrategia de Vanderbilt superó en astucia a sus competidores establecidos. Pero su triunfo se vio amenazado por alguien incluso más despiadado que él: un aventurero pirático llamado William Walker.

Walker lideró una invasión armada de Nicaragua y tomó las posesiones de Vanderbilt, incluyendo una de sus naves que usó como parte de su ofensiva. Terminó convirtiéndose en el presidente de Nicaragua.

Las noticias de la toma de poder de Walker llegaron a Nueva York el jueves 13 de mayo de 1856. En Wall Street se desató el caos.

Sus propiedades centroamericanas habían sido tomadas y la ruta nicaragüense que utilizaba su empresa había sido cortada. Pero Vanderbilt se mantuvo calmo y preparó su contraataque.

Contrató a un marinero mercenario y lo envió con un cofre de oro a Costa Rica, para que, con ayuda de otros hombres contratados, derroquen a Walker.

“Atacaron uno de los puestos de defensa (de Walker) en el Gran Lago de Nicaragua, bajaron hacia el puerto en el Atlántico y tomaron los barcos a vapor que había allí, y luego subieron por el río, tomando como rehenes a cada uno de los comandantes de los puestos de defensa”, recuenta Styles.

“De esta forma, con un rápido golpe, Cornelius Vanderbilt, un ciudadano estadounidense privado, dejó a William Walker sin refuerzos”.

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William Walker fue derrocado y eventualmente ejecutado en 1860.

“El señor Vanderbilt ha demostrado ser un general muy capaz. El enemigo más formidable de Walker condujo su campaña desde Nueva York“, publicó el diario The New York Times el 23 de febrero de 1857.

Vanderbilt había demostrado que nadie, ni siquiera un forajido como Walker, podía superarlo. Incluso si tenía que conducir una guerra privada en un país extranjero para probarlo.

La situación en Nicaragua quedó demasiado inestable como para que Vanderbilt retomara su ruta a California por allí. Pero la mera posibilidad de que volviera a competir contra ellos, vía Panamá, fue suficiente para que las dos navieras establecidas, US Mail y Pacific Mail, decidieran darle dinero para mantenerlo lejos.

Durante tres años le pagaron a Vanderbilt la enorme suma de US$40.000 por mes, solamente para que los dejara solos. Hasta que Vanderbilt rompió el acuerdo, empezó a navegar por esa ruta y eventualmente dejó fuera del negocio a las viejas compañías.

Fue en ese momento que surgió el insultante apodo de “barón ladrón”, como explica Joanna Cohen de la Queen Mary University of London.

“La gente los odia porque están generando dinero de formas nuevas. Hacen dinero con cosas que las elites más antiguas, los comerciantes veteranos, las familias más establecidas, en especial las familias de la costa este que han dominado los negocios en Nueva York y Boston, no habían pensado antes“.

“El apodo ‘barón ladrón’ no viene de una crítica popular sino de un editorial de The New York Times de 1859″, cuenta Cohen.

“Henry Jarvis Raymond, el editor de ‘The New York Times’, condenó a Vanderbilt por competir exitosamente contra una gran corporación. Raymond escribió que Vanderbilt competía contra negocios legítimos y condenó la competencia como único fin”, completa Styles.

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Fue Henry Jarvis Raymond, uno de los fundadores de ‘The New York Times’, quien acuñó el apodo “barones ladrones”.

Pero Vanderbilt contraatacó, vendiéndose como el defensor de los valores de la revolución estadounidense, el espíritu de la resistencia que hacía grande al país.

“Se dice que siempre soy opositor y que el mismo espíritu de resistencia que hasta ahora ha gobernado muchas veces mis acciones las influencia ahora. En respuesta a esta imputación solo puedo decir que este es el mismo espíritu que fundó esta gran república y que hoy atrae el comercio del mundo a nuestra costas”, escribió.

“Para defenderse, Vanderbilt usó el lenguaje del lado más radical del espectro político, que estaba resentido con las corporaciones porque consideraba que creaban una aristocracia artificial”, señala Styles.

“Creían que era el Estado, cortando trozos de la economía para el beneficio de unos pocos favoritos”.

La carrera de Vanderbilt se extendió durante más de medio siglo y lo convirtió en el hombre más rico del mundo.

La batalla por el negocio del transporte marítimo a California fue solo un episodio de muchos. Y no fue el último.

En 1863 vendió todos sus barcos a vapor y se dedicó al negocio de los ferrocarriles. Tenía 69 años”, destaca Styles. Así, “El comodoro” se convirtió en el “Rey del Ferrocarril”.

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Jay Gould (cuarto desde la izquierda) y otros famosos empresarios siguieron los pasos de Cornelius Vanderbilt (cuya imagen aparece en el retrato).

Vanderbilt era una figura alucinante para un grupo de jóvenes ambiciosos que gravitaron hacia Nueva York durante la época de la Guerra Civil.

Él le mostró a la nueva generación que ganaba en grande en la nueva economía actuando de forma despiadada y veloz.

Cuando construyó la Grand Central Station original, en la calle 42, Vanderbilt creyó que podría dominar el nuevo mundo de los ferrocarriles, como había dominado la industria naviera.

Pero un nuevo “barón ladrón”, Jay Gould, un joven determinado de ojos oscuros del norte de Nueva York, 40 años más joven que “El comodoro”, se propuso derrotarlo.

Te contaremos más sobre esa historia en el próximo episodio de la serie The Robber Barons.

Puedes escuchar este episodio de The Robber Barons de BBC Radio 4 (en inglés) aquí.

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