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Norma Bastidas, la mexicana que fue víctima de trata sexual en Japón (y su inspiradora lucha por superarlo)


Norma Bastidas

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Cortesía: Norma Bastidas

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El deporte ha servido a Bastidas para llamar la atención sobre las víctimas de trata de personas.

Salió de México soñando con un futuro como modelo, pero terminó viviendo una pesadilla.

Poco tiempo después de llegar a Tokio, Norma Bastidas pasó a ser propiedad de un bar y más tarde de un jefe de la mafia.

Perdió el control de su vida y fue sometida a abusos sexuales en un país muy lejano del suyo. Y muy distinto.

“Cuando pienso en eso, evoco la desesperación, la soledad de saber que no le importas a nadie, que no hablas el idioma, que no puedes pedir ayuda, que estás atrapada”, me dice desde su casa en Estados Unidos.

Norma fue víctima de trata con fines de explotación sexual en Japón en la década de los 80.

“Cuando me atreví a contárselo a una compañera (en un club de streepers), se rió y me dijo: ‘¿Y a qué crees que venías? Vienes de México y no tienes dinero ¿no? Esta es una gran oportunidad'”.

“Uno siente que no tiene ninguna esperanza, que no hay salida”.

La oferta

A Norma le llegó una oferta de modelar en la nación asiática a través de “una persona conocida: una amiga de una amiga”.

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Desde muy joven, Norma soñaba con ser modelo.

Otras jóvenes de su comunidad también fueron invitadas.

“Nos dijo que mandáramos unas fotos en bikini para que una agencia de modelaje nos encontrara empleo allá”, recuerda.

“Nos contó que ella misma había trabajado para una agencia. ¿Cómo iba a desconfiar? Era una persona de bajos recursos como nosotras”.

“No tengo pruebas para afirmar que ella sabía lo que me depararía en Japón, no lo creo. (La trata) Es una red que se aprovecha de mucha gente”.

“Otras muchachas que fueron a Japón dijeron que no les sucedió nada, pero a mí sí”.

“La bienvenida”

Tras la muerte de su padre, Norma siempre trató de ayudar a su madre y sus cuatro hermanos.

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En la oferta de modelaje que le ofrecieron a Norma también decía que en ocasiones iba a trabajar de anfitriona o edecán en un club. (Foto: genérica)

“Mi mamá me decía muerta de miedo: ‘No sé a lo que vas, pero la necesidad es tan grande. Espero que sea algo de bien porque necesitamos el dinero”.

En menos de tres meses, sus empleadores gestionaron en México su pasaporte, su visa y le confirmaron que había sido “aceptada por la agencia” y que sólo en ocasiones iba a trabajar en un bar como anfitriona o edecán.

“Sólo tendrás que darle la bienvenida a los clientes. Nada más“, le aseguraron.

Era el año de 1986 y Norma, con 19 años, partió con una amiga. “Nunca había salido del país, siempre había estado con mi familia”, me cuenta.

Además de la necesidad económica, buscaba dejar atrás un pasado marcado por el abuso sexual que sufrió a manos de un familiar cercano.

“La transacción”

“Recuerdo que llegando allá…”

Se le quiebra la voz.

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Norma no hablaba ni inglés ni japonés cuando llegó a Tokio. (Foto: genérica)

“Nos separan y nos dicen: ‘Tú te vas con esta persona y tú, conmigo”.

La persona que la contrató en Japón, que hablaba español, la llevó a un club para hombres.

“Aquí vas a trabajar, no te preocupes, son buenas personas, se van a hacer cargo de ti. Nos vemos en pocos meses”, le dijo.

“En ese momento no lo sabía, pero ahora sí entiendo lo que sucedió: pasé a ser propiedad de ese bar. Así se hizo la transacción”.

Los dueños del local -entiende- compraron el contrato que ella había firmado con la agencia de modelaje.

No volvió a ver su pasaporte y apenas escuchó de nuevo el español.

Como una condena

Después se enteraría de que su visa era de un tipo que se otorgaba para trabajar en el mundo del entretenimiento como bailarina.

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En 2017 Norma fue una de las invitadas de un evento organizado por Visionary Women, una organización estadounidense sin fines de lucro que promueve los derechos de las mujeres y su liderazgo en las comunidades.

“No tenía la menor idea de eso, no hablaba japonés”, me indica.

Ese no era el trabajo que había aceptado, pero a los 19 años, por inexperiencia o simple juventud, lo asumió como una condena que tenía que cumplir.

“Pensaba que no podía decir: ‘Me engañaron para trabajar en un bar’ cuando yo había firmado papeles y ayudé a que se procesara mi visa en la embajada. Sentí que me había sentenciado yo sola“.

“Como mujer y como mexicana, me enseñaron: ‘Sé niña buena, no te quejes mucho, no pidas mucho, esta es una buena oportunidad, no incomodes a los demás, no seas histérica”.

La otra explotación

Le indicaron que en el club siempre tenía que estar con los clientes, “tipo Playboy”, y la llevaron a vivir a un departamento.

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Al principio, Norma era transportada en vehículos. (Foto: genérica)

“Al principio, había personas que nos trasladaban (en automóviles) a todos los sitios, nos acompañaban a comprar comida, nos recogían en el departamento y nos llevaban al bar y viceversa”.

“Era una rara mezcla de vigilancia y cuidado, me explica.

“Lo hacen para ganarse tu confianza y te vuelves como un niño, no puedes hacer nada sola (…) Dependes de ellos porque estás aislada y no tienes nada de dinero, es una ciudad inmensa, con otro idioma, un alfabeto totalmente diferente. En esa época no había celulares ni redes sociales. Sin ellos no tenía manera de sobrevivir“.

Hubo algo más de ese mundo que le llamó la atención:

“Todo se veía con tanta clase, la gente estaba muy bien vestida, se expresaban con educación y modales”.

“Eso es lo que hace tan exitoso este tipo de explotación: no coincide con lo que te enseñan, con lo que ves en las películas: que unos hombres que se ven malvados usan la violencia para secuestrarte, para arrancarte de tu hogar”.

“No es como en el cine que te encadenan, sino que (desde el principio) estableces una relación de dependencia con ellos. Los necesitas para absolutamente todo, para comer, para moverte”.

Una escort

Un día, la mama-san, que es la mujer de mayor edad a cargo del bar y, en muchos casos, de las geishas y las trabajadoras sexuales, le ordenó irse con uno de los clientes.

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Cortesía: Norma Bastidas

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Además de correr ultramaratones, Norma compite en diversas competencias deportivas.

“Vi cuando alguien ofreció dinero por mí“, evoca.

“Pasé a ser propiedad de un cliente prominente”, me cuenta. Se trataba de un jefe de la mafia.

“Te llevan a los mejores hoteles, te recogen en un club elegante, te buscan en limosina”.

“Muchas veces se trataba de ir a un hotel. Otras veces tenía que ser su escort y debía acompañarlo a eventos sociales”.

Así pasaron meses.

“Miedo enorme”

Después de un tiempo, Norma empezó a tener cierta libertad para entrar y salir del departamento y para llegar al bar por su cuenta.

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Cortesía: Norma Bastidas

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Por años, Norma no habló con nadie de todo lo que vivió en Japón.

“Me tenían muy bien adoctrinada”.

“Iba sola y jamás falté. Es algo que no puedo explicar. La explotación, la trata, es mental, es un control mental”, me dice.

“Mucha gente cree que uno elige ese tipo de vida, pero eso no fue lo que yo escogí. Sucede cuando una persona con poder se le impone a otra que es vulnerable y que no tiene capacidad de decir que no“.

“Te empiezan a presionar (para que hagas cosas que no quieres) y desarrollas un miedo enorme. A mis 19 años no estaba preparada para lo que me sucedió”.

“Aunque podía salir, no tenía dinero para irme, no tenía nada”.

Los lazos o vínculos forzados (entre la víctima y su tratante) con frecuencia no son físicos, no son cadenas o esposas, sino ‘invisibles’ o psicológicos. El miedo paraliza a la víctima y actúa como un grillete que la confina emocionalmente a la situación de trata.

Las víctimas pueden usar un transporte escolar, un autobús público, un tren o un taxi. El control sobre la persona que está siendo explotada trasciende más allá de un muro físico, una cadena o una frontera.

TJ. Toney-Butler y O. Mittel, Trata de personas, StatPearls Publishing, 2018.

La deuda

Norma asegura que cuando firmó el contrato le dijeron que al final le darían “su dinero”.

“No era mucho, pero para mí, en mi situación, sí lo era”.

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Víctimas de trata, en situación de vulnerabilidad económica, pueden contraer deudas con quienes se convertirán en sus tratantes. Ellos incluyen desde trámites de pasaportes, que pueden ser absolutamente legales, hasta ropa. (Foto: genérica)

“Yo lo necesitaba para devolverme y poder ayudar a mi familia. Me prometieron que una vez pagara mi deuda, me lo darían”.

La “deuda” que Norma y muchas víctimas de trata contraen con sus traficantes abarca gastos como trámites de pasaporte y visas, boleto(s) de avión, vivienda, alimentación, transporte…

De hecho, Urmila Bhoola, relatora especial sobre las formas contemporáneas de la esclavitud de Naciones Unidas, dijo en 2016 que “la servidumbre por deuda sigue siendo una de las formas más prevalecientes de esclavitud moderna en todas las regiones del mundo, pese a ser prohibida en el derecho internacional”.

Norma vivió situaciones extremas.

En una ocasión cuando regresaba sola del bar a su casa fue atacada sexualmente en la calle por un desconocido.

Horas después, con la ayuda de una compañera que hablaba español e inglés, hizo la denuncia en la policía.

Me veía como una persona que se había metido en un problema grande. Y ni modo, me lo tenía que aguantar”

Norma Bastidas

“Me interrogaron y me hicieron pruebas pero cuando se dieron cuenta de que estaba trabajando en un bar, empezaron a dudar de lo que decía (y a cuestionar cómo iba vestida cuando ocurrió el ataque), me preguntaron si es que no conocía al hombre, si no era un cliente, si me había dado dinero”.

La policía no hizo nada.

“No me ayudaron. Fui una sola vez y jamás regresé a pedir ayuda. Si en eso no me creyeron, cómo me iban a creer (que me estaban tratando) cuando había papeles firmados por mí”.

“Por tonta”

“Era 1986, en ese tiempo no sabíamos mucho de la trata de personas”, declara.

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A muchas víctimas de trata les cuesta reconocerse como tales y eso les impide pedir ayuda. (Foto: genérica)

Jamás me identifiqué como víctima de trata, me veía como una persona que había tomado una (mala) decisión y que se había metido en un problema grande. Y ni modo, me lo tenía que aguantar“.

“Pensaba que me había pasado por tonta, asumí que les debía el dinero y me responsabilicé de eso, algo que nunca debí haber hecho”.

“Recuerdo la sensación de saber que no podía irme, que tenía que trabajar en las condiciones que ellos habían impuesto, (pues) estas personas sabían todo de mí (y de mi familia). No me podía ir debiéndoles dinero”.

Como sucede con la violencia de pareja, las víctimas de trata generalmente no se identifican como tales, no hacen la denuncia, ni reconocen el hecho de que están siendo manipuladas, controladas, estigmatizadas o deshumanizadas.

TJ. Toney-Butler y O. Mittel, Trata de personas, StatPearls Publishing, 2018.

Beber

Pese a los años que han pasado, para Norma es duro hablar de su experiencia en Japón y me lo deja claro no sólo con breves silencios, sino con palabras.

“Estoy haciendo un gran esfuerzo”.

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“En el bar te empujan a que tomes porque es mucho más fácil manejar a una persona que bebe”, dice Norma. (Foto: genérica)

“La humillación, la vergüenza, es tan profunda”.

La única manera que pude sobrevivir esa situación fue tomando y lo hice de manera excesiva”.

“Además, en el bar te empujan a que lo hagas porque es mucho más fácil manejar a una persona que bebe“.

Por eso, me dice con frustración, a veces es muy difícil recordar detalles.

El pasaporte

No sabe cuánto dinero les debía a sus tratantes, pero un buen día le devolvieron el pasaporte y le dijeron que podía ir a México a visitar a su familia.

No está segura de por qué.

Una razón, cree, es que la dejaron ir “para seguir reclutando”.

A los tratantes les conviene que “te vean regresar bien y con algo de dinero” para que otras jóvenes se animen.

Norma compró un pasaje y se devolvió a México con la intención de quedarse.

Pero se encontró con una situación totalmente inesperada.

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Cuando Norma regresó a su país, tuvo que enfrentar los rumores de lo ocurrido en Japón. (Foto genérica)

“Regresé con otras muchachas que dijeron que habían sido modelos y yo dije lo mismo. Pero alguien aseguró que no, que ellas habían modelado, pero Norma no, Norma fue prostituta’. Y ahí comenzaron los problemas porque se regó la voz”.

Tanto ella como su familia fueron amenazadas y agredidas gravemente.

Decidió guardar silencio sobre lo que realmente le había sucedido.

Sintió que “no tenía a dónde regresar” y en su desesperación no vio otra opción que volver a Japón, donde una conocida le había ofrecido un lugar en que quedarse.

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Cortesía: Norma Bastidas

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Una de las causas por las que corre Norma es la desaparición de niñas y mujeres indígenas en todo el mundo.

Pero esa ayuda duró sólo unos pocos días y se vio en la necesidad de regresar al bar.

“Eso es lo que más me duele, me quedé trabajando, en las mismas condiciones, haciendo exactamente lo mismo, con mi pasaporte, legalmente”.

“Eso es muy común”, admite.

Y tiene razón.

Norma no es la primera persona, entre víctimas y expertos de trata, que me dice que al no contar con un apoyo integral inmediato, es muy difícil para una sobreviviente, que está completamente sola, recuperarse y empezar una vida nueva.

Siguen siendo vulnerables y más aun si están en un país que les es completamente extraño.

“Eso hace las cosas más difíciles porque ¿cómo dices: ‘Fui víctima de trata, me obligaron y después regresé a lo mismo, con mi pasaporte? Pero eso no quita que lo que me hicieron fue ilegal”.

Del grupo pequeño de latinoamericanas que conoció, entre ellas brasileñas y colombianas, varias terminaron en la drogadicción y el alcoholismo.

“Llega un momento en el que ya no les sirves porque tanta droga te destruye los dientes, el rostro, y quedas en la calle”.

La estrategia

El tiempo de Norma en el bar tenía los días contados.

“Aprendí a poner el dolor a un lado y me dije: ‘Tengo que buscar la manera de salir de esto'”.

Llega un momento en el que ya no les sirves porque tanta droga te destruye los dientes, el rostro, y quedas en la calle”

Norma Bastidas

Con las propinas que recibía, se puso a estudiar como una estrategia de supervivencia.

La escuela de idiomas donde se registró la ayudó a gestionar una nueva visa.

“Yo creo que ellos intuyeron el problema, siempre se los voy a agradecer”, me dice.

Su esfuerzo dio frutos: aprendió japonés, consiguió otros trabajos y cumplió su sueño de modelar y actuar.

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Norma decidió aprender japonés y actualmente lo habla de forma fluida. (Foto genérica)

Mi vida cambió totalmente“, afirma.

Un poco después, Norma conoció a quien sería su esposo y, junto a él, se fue a vivir a Canadá.

Tuvieron dos hijos, pero la relación no funcionó y se divorciaron.

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A muchas víctimas de trata y de explotación sexual no les es fácil regresar a sus países de origen. (Foto genérica)

Las secuelas de lo que vivió en Japón la siguieron por muchos años. Algunas aún la persiguen, como el estrés postraumático.

“Por mucho tiempo, por años, me culpé. ¿Cómo pude ser tan tonta? Retrocedía y veía las oportunidades que tuve de escapar y no lo hice. Tuve bulimia, anorexia, me quemaba los brazos con cigarrillos”.

“Fue un odio muy grande el que sentí”, me confiesa entre lágrimas.

Por mucho tiempo, por años, me culpé. ¿Cómo pude ser tan tonta?”

Norma Bastidas

Correr y correr

Cuando uno de sus hijos empezó a perder la vista a los 11 años, sintió que el mundo otra vez se le venía encima.

Había perdido su empleo y estaba sola a cargo de sus dos niños.

Conocer la enfermedad de su hijo, distrofia de conos y bastones, la hizo regresar de un golpe a su infancia, cuando fue víctima del abuso de su abuelo.

¿Cuántas veces tengo que empezar desde cero?“, me preguntaba.

El alcohol ya no era una vía escape, así que empezó a correr intensamente en las noches para lidiar con el estrés y la ansiedad.

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Empezó a correr en las noches para enfrentar el estrés que le generó conocer la enfermedad de su hijo.

Se inscribió en maratones y competencias para recaudar fondos para organizaciones de caridad que apoyaban a pacientes e investigaban la cura de la enfermedad degenerativa de su hijo.

La ayuda de los programas sociales canadienses también le empezó a llegar y otra vez su vida comenzó a cambiar.

Un récord contra la trata

En 2009, asumió el reto: “777 Run for sight” (“777 Carrera por la vista”): corrió 7 ultramaratones en 7 continentes en 7 meses.

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En 2014, nadó, pedaleó y corrió 6.054 kilómetros. Ese año formó parte de la campaña contra la trata de las Naciones Unidas: “Blue heart”.

Recaudó miles de dólares y se convirtió en la mujer más rápida en culminar ese desafío.

En 2011, fue seleccionada como una de las protagonistas del documental de la presentadora estadounidense Oprah Winfrey: “Extraordinary moms” (“Mamás extraordinarias”), en el que también figuraron Hillary Clinton y la premiada periodista británica Christiane Amanpour.

En 2014, rompió el récord mundial Guinnes al culminar el triatlón más largo del mundo.

Nadó, pedaleó y corrió 6.054 kilómetros durante 65 días para visibilizar el problema de la trata y honrar a sus sobrevivientes.

El trayecto que escogió es una de las rutas de tráfico de personas más conocidas del mundo: México-Estados Unidos.

Su travesía entre Cancún y Washington fue filmada y convertida en un documental contra la trata: “Be Relentless” (“Sé implacable”) de la organización no gubernamental estadounidense iEmpathize.

La hora de hablar

Tras romper ese récord y después de muchos años de silencio, Norma quiso contar lo que había vivido en Japón y en esa decisión influyó Marcela Loaiza, una colombiana que también fue víctima de trata y luego se convirtió en una reconocida activista contra ese problema en Estados Unidos y América Latina.

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En 2016, Norma habló de su experiencia en el evento organizado por la influyente plataforma global Women’s Forum, donde la llamaron una de las “Mujeres increíbles”.

Si no hablas, se van a seguir llevando mujeres de tu pueblo“, le dijo Marcela cuando se conocieron.

Norma le halló la razón, aunque tenía mucho miedo de decírselo a su familia.

“Siempre se los negué. Mi mamá me decía: ‘Me contaron esto…’ Y yo le respondía: ‘¿Cómo crees mamá? ¡Claro que no! Eso nunca sucedió‘”.

Pero se atrevió. No quería que nadie asociara su éxito con lo ocurrido en Japón.

“Yo estaba saliendo en portadas de revistas y pensé que la gente creería que ese viaje fue la oportunidad que me abrió las puertas y por eso era famosa. ‘Es como si estuvieras reclutando‘, me dijo”.

Así que comenzó a hablar.

Rumbo al Ártico

Se volvió a casar y su hijo, ya con 23 años, es pintor y escultor.

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Norma ha corrido algunas de las carreras más extremas del mundo. Ahora se entrena para competir en el Ártico.

En estos días Norma tiene puesta la mirada en el 2 de febrero de 2019.

“Me estoy preparando para irme al Ártico a correr en una carrera de 750 kilómetros, sin apoyo, estaré sola. Debo llevar todo para sobrevivir unas dos semanas. El año pasado se registró una temperatura de -51 grados“, me cuenta con entusiasmo.

Esta vez, lo hará para crear conciencia sobre las desapariciones y los asesinatos de niñas y mujeres indígenas en todo el mundo.

“Las víctimas pagamos un precio mucho más alto que los victimarios”, reflexiona.

Su intención no es sólo prevenir, sino decirle a las mujeres que pueden estar pasando por una situación similar que sí se puede salir de eso y, sobre todo, que nunca se sientan culpables.

Nadie, nadie, se merece eso“.

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Rusia – Trump: la campaña del presidente de EE.UU. "no conspiró" con Moscú en las elecciones de 2016, según la investigación de Robert Mueller


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La investigación del fiscal especial Robert Mueller no encontró que la campaña de Donald Trump o alguna de las personas relacionadas con ella conspiraran o se coordinaran con Rusia con la intención de influir en la campaña presidencial de Estados Unidos en 2016.

Más información en breve.

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Masacre en Christchurch: 5 razones por las que EE.UU. no puede prohibir armas tan rápido como Nueva Zelanda


Guns

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Seis días después del ataque a dos mezquitas de Christchurch, la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, anunció la prohibición de los rifles semiautomáticos “estilo militar”.

Y la noticia inmediatamente generó todo tipo de preguntas en Estados Unidos.

A pesar de que en los últimos años en el país se han producido varios tiroteos masivos. en EE.UU. se ha avanzado poco en las reformas de control de armas, especialmente a nivel federal, a pesar de que numerosas encuestas muestran un apoyo público generalizado hacia la implementación de medidas como una verificación reforzada de antecedentes y la prohibición de ciertos tipos de rifles de asalto.

El gobierno de Donald Trump prohibió el uso de bump stocks, unos dispositivos que hacen que las armas semiautomáticas puedan disparar ráfagas mucho más rápidas, como si fueran ametralladoras, y se han hecho algunos ajustes a las bases de datos de verificación de antecedentes para las compras en tiendas de armas.

Y en marzo pasado, Trump pareció considerar la posibilidad de una legislación más ambiciosa y “exhaustiva”, diciéndole a los senadores que los lobistas a favor de las armas tenían poca influencia sobre él.

Pero de este entonces el presidente no ha vuelto a tocar el tema.

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Trump ha hablado de una legislación más exhaustiva y ambiciosa. Pero hasta el momento no ha actuado.

Ahora, una de las razones por la que Nueva Zelanda ha podido actuar con rapidez, es que es una democracia parlamentaria, lo que garantiza que el gobierno esté controlado por un partido o una coalición políticamente compatible.

Sin embargo, esa no es la única explicación de por qué EE.UU. ha seguido un curso diferente.

Aquí te explicamos cinco grandes obstáculos que se interponen en el camino de EE.UU. para realizar cambios importantes en la política de armas de fuego.


1. La Asociación Nacional del Rifle (NRA)

La Asociación Nacional del Rifle es uno de los grupos de interés más influyentes en la política de EE.UU., no solo por el dinero que gasta en presionar a los políticos, sino también por el nivel de compromiso de sus cinco millones de miembros.

La NRA se opone a la mayoría de las propuestas para fortalecer las regulaciones sobre armas de fuego y está detrás de los esfuerzos a nivel federal y estatal para revertir muchas restricciones existentes sobre la posesión de armas.

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La NRA sigue siendo el actor más influyente en el debate sobre armas de fuego.

En 2016, la NRA gastó US$4 millones en cabildeo y en contribuciones directas a políticos, así como más de US$50 millones en campañas políticas, incluidos aproximadamente US$30 millones para ayudar a elegir al presidente Donald Trump.

Su presupuesto anual es de aproximadamente US$250 millones, que se destinan a programas educativos, eventos para sus miembros, patrocinios, defensa legal y esfuerzos relacionados.

Y, más allá de los números, la NRA es conocida en Washington como una fuerza política capaz de encumbrar o derribar incluso a los políticos más poderosos.

La asociación califica a los políticos según sus votos y utiliza sus recursos y los de sus miembros -tanto financieros como organizativos- para apoyar a sus más fieros defensores y derrotar a sus oponentes más tercos.

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Trump dice que no le tiene miedo a la NRA. Pero hasta el momento no lo ha demostrado.

¿Podría cambiar? Los grupos a favor de un mayor control de armas, respaldados por benefactores ricos como el exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, se han organizado más en los últimos años, intentando igualar el poder político de la NRA.

De hecho, en 2018, gastaron más que la NRA en las elecciones de medio periodo, en las que algunos demócratas prominentes a favor del control de armas ganaron reñidas contiendas.

Paralelamente, sus ingresos en 2017 se redujeron en US$56 millones, en su mayoría por una disminución de las cuotas de afiliación. Sin embargo, ese año la NRA recaudó US$ 378,1 millones, lo que garantiza seguir siendo el actor más influyente en el debate sobre armas de fuego.

2. Distribución de los votantes

Por primera vez en ocho años, los demócratas tienen mayoría en la Cámara de Representantes del congreso de EE.UU., y sus éxitos en las elecciones de medio término de 2018 se concentraron sobre todo en distritos suburbanos anteriormente bajo control de los republicanos.

En Atlanta, por ejemplo, un activista del control de armas se impuso en una de las elecciones más reñidas, derrotando al anterior representante republicano.

Sin embargo, en lo que se refiere a la Cámara las perspectivas electorales todavía se inclinan hacia los republicanos, que tienden a apoyar la posesión de armas.

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Miembros de la Cámara de Representantes sentados en el suelo para exigir acción en materia de legislación sobre las armas.

Debido a la forma en que se trazan las líneas de los distritos de los que salen los elegidos de la Cámara de Representantes, hay más asientos que se inclinan hacia la derecha que hacia la izquierda, lo que podría devolverle el control de la Cámara a los conservadores.

La demografía también juega un papel importante en la inclinación pro-armas de la Cámara, ya que en la misma hay más distritos rurales, que tienen mayores niveles de propiedad de armas, que distritos urbanos.

Por el momento, sin embargo, la iniciativa la tienen los demócratas, y 2019 los defensores del control de armas en la Cámara lograron dar un importante paso hacia adelante aprobando un proyecto de ley que requiere una verificación exhaustiva de los antecedentes para las ventas privadas de armas, incluidas las que se realizan en eventos de demonstración.

Anteriormente, el requisito de contrastar el nombre de los compradores de armas con una base de datos federal se limitaba solo a los distribuidores de armas registrados.

¿Podría cambiar? Con elecciones cada dos años y un electorado estadounidense que ha demostrado ser inconstante, la puerta a la reforma de la legislación sobre armas podría cerrarse de nuevo sin previo aviso.

3. Obstrucción en el Senado

El Senado es el mayor obstáculo para el éxito legislativo del control de armas.

Los estados dominados por votantes de grandes ciudades, como Nueva York, Massachusetts o California, son superados en número por los estados rurales y del sur, con inclinaciones pro-armas.

Y las reglas del Senado también pueden frustrar los esfuerzos para promulgar una regulación de armas más estricta, gracias a un mecanismo que en EE.UU. se conoce como “filibuster”.

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Los estados con inclinaciones pro-armas son mayoría en el Senado.

Se trata de un obstáculo que implica que la mayoría de leyes importantes necesitan el respaldo de 60 de los 100 senadores para aprobarse, en lugar de una mayoría simple, que vendrían a ser 51 votos.

En 2013, después del tiroteo en una escuela de Newtown, Connecticut, parecía que los esfuerzos para fortalecer las verificaciones de antecedentes para comprar armas tenían el apoyo de ambos partidos en el Senado.

Sin embargo, el proyecto de ley recibió solo 56 votos a favor, cuatro menos de los necesarios para romper la obstrucción.

Desde entonces, ninguna medida de control de armas ha estado tan cerca de aprobarse. Y, por el momento, parece poco probable que el Senado apruebe el proyecto de ley de verificación de antecedentes aprobado por la Cámara, a pesar de que todo sugiere que una pequeña mayoría de senadores votaría a su favor.

¿Podría cambiar? Trump se ha manifestado a favor de acabar con el “filibuster” del Senado, y varios posibles candidatos presidenciales demócratas han hecho pedidos similares. Sin embargo, la mayoría de los senadores se oponen a cambiar las reglas.

4. Las cortes

Ante el estancamiento del tema en el Congreso, los estados de EE.UU. inclinados a la izquierda han desempeñado un papel más importante en la implementación de medidas de control de armas.

Después del tiroteo de Newtown, Connecticut, en 2012, 21 estados aprobaron nuevas leyes de armas, incluida la prohibición de armas de asalto en Connecticut, Maryland y Nueva York.

Pero algunas de las leyes se han topado con otra barrera: el sistema judicial de EE.UU.

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Protesters in front of the Supreme Court in 2008

En los últimos años, el Tribunal Supremo ha dictaminado dos veces que el derecho a poseer armas personales, como pistolas, está consagrado en la constitución de EE.UU.

La Segunda Enmienda dice que “al ser una milicia bien regulada necesaria para la seguridad de un estado libre, el derecho de la gente a portar armas no debe ser vulnerado”.

Y aunque los activistas de control de armas apuntan a la cláusula introductoria como evidencia de que la enmienda estaba destinada principalmente a crear una milicia “bien regulada”, en 2008 un tribunal muy dividido concluyó que la Segunda Enmienda garantiza un amplio derecho a la posesión de armas de fuego que prohíbe la imposición de requisitos estrictos de registro de armas personales.

Desde entonces, los tribunales inferiores han tenido que considerar demandas contra las prohibiciones de armas de asalto, contra los requisitos de registro y contra las prohibiciones de portación visible, impuestas por algunos estados.

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La batalla también se da en las cortes.

¿Podría cambiar? Los jueces nombrados por Trump, Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh, históricamente han hecho una interpretación amplia de los derechos de la Segunda Enmienda. Y el presidente está llenando las filas de los tribunales inferiores con jueces a favor de las armas. Si acaso, el poder judicial se está moviendo hacia la derecha en este tema.

5. La diferencia de entusiasmo

Quizás el mayor obstáculo para promulgar nuevas leyes de control de armas a nivel nacional es que los opositores tienden a defender sus creencias con fiereza, mientras que el apoyo a la nueva regulación tiende a ir y venir con cada episodio de violencia.

La estrategia de la NRA, y la de los políticos pro-armas, es esperar a que amaine la tormenta y retrasar los esfuerzos legislativos hasta que la atención se desvíe y el clamor se desvanezca.

Los políticos a favor de las armas de fuego ofrecen sus pensamientos y oraciones, observan momentos de silencio y ordenan que las banderas ondeen a media asta. Luego, en silencio, los esfuerzos legislativos se atrasan y finalmente son descarrilados.

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Los esfuerzos por un mayor control de arman suelen ir y venir con los episodios de violencia.

Las protestas masivas dirigidas por estudiantes después del tiroteo en la escuela Parkland, ocurrido en febrero de 2018, centraron la atención en el tema durante un tiempo.

Pero luego las marchas se apagaron y los cambios en las leyes sobre armas de fuego, al menos a nivel federal, fueron mínimos.

Poco después del tiroteo de Las Vegas de octubre de 2017, la Secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, le dijo a los periodistas que “hay un momento y lugar para un debate político, pero ahora es el momento de unirnos como país”.

“Hablaremos de las leyes sobre armas de fuego cuando pase el tiempo“, dijo Trump luego.

Y como dice la canción de la película Casablanca con un título parecido, todo sigue siendo la misma vieja historia.

¿Podría cambiar? Según una encuesta realizada durante la campaña presidencial de 2016, las armas de fuego fueron un tema importante tanto para los demócratas como para los republicanos. Este resultado podría ser reflejo del tiroteo masivo ocurrido ese año en un club nocturno de Orlando o el primer indicio de una nueva tendencia.

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Las titánicas (y a veces violentas) batallas del magnate naviero Cornelius Vanderbilt, el primero de los grandes "barones ladrones" de EE.UU.


Cornelius Vanderbilt

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Cornelius Vanderbilt, apodado el primer “barón ladrón” de EE.UU., se convirtió en el hombre más rico del mundo.

En Estados Unidos, en la segunda mitad del siglo XIX, un grupo de hombres extraordinarios y controvertidos encabezaron la transformación de este país de una república de granjeros y comerciantes a una superpotencia propulsada a vapor.

Sus nombres -Rockerfeller, Carnegie, J.P. Morgan- siguen siendo sinónimos de fortunas colosales.

Para algunos, estos hombres fueron los heroicos empresarios que hicieron grande a EE.UU. Para otros, fueron plutócratas que llevaron a mujeres y hombres que alguna vez fueron independientes a depender del tedioso trabajo asalariado: los “barones ladrones”, que se robaron el sueño americano.

La Grand Central Station, en la ciudad de Nueva York, ha estado repleta de gente desde 1871, con pasajeros que regresan de sus trabajos a su casa.

Con sus techos altos, su vestíbulo gigante y su vasta escalera de mármol, el lugar tiene una escala y una ambición que simboliza perfectamente la era de los “barones ladrones”, durante la cual fue construida.

Pero el hombre que financió el Grand Central original, Cornelius Vanderbilt –el primer “barón ladrón”– se crió en un mundo muy diferente.

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La majestuosa Grand Central Station, de Nueva York, uno de los muchos legados de Cornelius Vanderbilt.

Vanderbilt nació en 1794 en la bucólica Staten Island, del otro lado de la bahía, al sur de Manhattan. Recibió poca educación formal. A los 11 años ya gestionaba un ferry que conectaba Staten Island con Manhattan.

A los 16 era dueño de una goleta, y comerciaba mercancías en el puerto de Nueva York.

Los capitanes más veteranos se burlaban del serio y ambicioso joven Vanderbilt, llamándolo El comodoro”. El apodo perduró.

“Vanderbilt se crió en circunstancias modestas pero muy orientadas al mercado”, dice TJ Styles, autor de “El primer magnate, la épica vida de Cornelius Vanderbilt”.

“Sus padres seguían la vieja tradición holandesa de sacrificarse para salir adelante comercialmente. Su madre, de hecho, era prestamista, y era extremadamente frugal”.

“Tengo la impresión de que (Vanderbilt) siempre quiso impresionar a su madre, incluso después de que ella murió”, señala Styles.

Según el biógrafo, el joven Vanderbilt también era naturalmente competitivo. “Hay muchas leyendas de que peleaba a golpes y hallé expedientes judiciales que lo comprueban”, afirma.

“Era un hombre enorme, un atleta y un marino. Y ese deseo de tener éxito, de mostrar que era el mejor, además de superarse a sí mismo, era realmente una clave de su personalidad”.

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Vanderbilt empezó su fortuna trabajando en el puerto de Nueva York (visto aquí en esta ilustración del siglo XIX).

Vanderbilt hizo su primera fortuna en la industria naviera. Dominó cada ruta que manejó. Pero el aristocrático establishment empresarial de Nueva York no consideraba a este joven, apenas educado, como un dinámico emprendedor, sino como problemático trepador.

Vanderbilt llevó su batalla con el establishment a nivel nacional cuando decidió ingresar en el negocio del transporte naviero desde Nueva York a San Francisco, en la costa opuesta del continente.

“El gobierno de EE.UU. había establecido un gran subsidio para los barcos a vapor que llevaran pasajeros y correo y mantuvieran contacto con la costa Pacífica del país”, explica TJ Styles.

Además del subsidio, el hallazgo de oro en California hizo que el negocio de los viajes en barcos a vapor a la costa oeste fuera enormemente lucrativo, señala el autor.

Las dos navieras subsidiadas por el gobierno, US Mail, en la costa este, y Pacific Mail, en el oeste, tenían un cómodo monopolio que les generaba fortunas. Lo último que querían era un intruso como Vanderbilt entrometiéndose en su negocio.

Los pasajeros que viajaban desde la costa este con estas empresas tenían que cruzar el Istmo de Panamá en burro, pero aún así parecía ser la mejor forma -y la más corta- de atravesar América Central para llegar al Pacífico. Vanderbilt tuvo una mejor idea.

¿Qué pasaría si pudiera hallar una ruta más cercana a Nueva York y además más fácil de atravesar?

Encontró una ruta para cruzar Centroamérica a través de Nicaragua, usando el río San Juan y el Gran Lago de Nicaragua, dejando solo una ruta terrestre de apenas 12 millas (19,3 km)”, cuenta Styles.

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Mapa antiguo del Lake Nicaragua (el Gran Lago de Nicaragua), por donde cruzaban los barcos de Vanderbilt para llegar a California.

“Su empresa, el Accessory Transit Company, logró un éxito tremendo, incluso compitiendo contra rivales subsidiados”.

La implacable estrategia de Vanderbilt superó en astucia a sus competidores establecidos. Pero su triunfo se vio amenazado por alguien incluso más despiadado que él: un aventurero pirático llamado William Walker.

Walker lideró una invasión armada de Nicaragua y tomó las posesiones de Vanderbilt, incluyendo una de sus naves que usó como parte de su ofensiva. Terminó convirtiéndose en el presidente de Nicaragua.

Las noticias de la toma de poder de Walker llegaron a Nueva York el jueves 13 de mayo de 1856. En Wall Street se desató el caos.

Sus propiedades centroamericanas habían sido tomadas y la ruta nicaragüense que utilizaba su empresa había sido cortada. Pero Vanderbilt se mantuvo calmo y preparó su contraataque.

Contrató a un marinero mercenario y lo envió con un cofre de oro a Costa Rica, para que, con ayuda de otros hombres contratados, derroquen a Walker.

“Atacaron uno de los puestos de defensa (de Walker) en el Gran Lago de Nicaragua, bajaron hacia el puerto en el Atlántico y tomaron los barcos a vapor que había allí, y luego subieron por el río, tomando como rehenes a cada uno de los comandantes de los puestos de defensa”, recuenta Styles.

“De esta forma, con un rápido golpe, Cornelius Vanderbilt, un ciudadano estadounidense privado, dejó a William Walker sin refuerzos”.

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William Walker fue derrocado y eventualmente ejecutado en 1860.

“El señor Vanderbilt ha demostrado ser un general muy capaz. El enemigo más formidable de Walker condujo su campaña desde Nueva York“, publicó el diario The New York Times el 23 de febrero de 1857.

Vanderbilt había demostrado que nadie, ni siquiera un forajido como Walker, podía superarlo. Incluso si tenía que conducir una guerra privada en un país extranjero para probarlo.

La situación en Nicaragua quedó demasiado inestable como para que Vanderbilt retomara su ruta a California por allí. Pero la mera posibilidad de que volviera a competir contra ellos, vía Panamá, fue suficiente para que las dos navieras establecidas, US Mail y Pacific Mail, decidieran darle dinero para mantenerlo lejos.

Durante tres años le pagaron a Vanderbilt la enorme suma de US$40.000 por mes, solamente para que los dejara solos. Hasta que Vanderbilt rompió el acuerdo, empezó a navegar por esa ruta y eventualmente dejó fuera del negocio a las viejas compañías.

Fue en ese momento que surgió el insultante apodo de “barón ladrón”, como explica Joanna Cohen de la Queen Mary University of London.

“La gente los odia porque están generando dinero de formas nuevas. Hacen dinero con cosas que las elites más antiguas, los comerciantes veteranos, las familias más establecidas, en especial las familias de la costa este que han dominado los negocios en Nueva York y Boston, no habían pensado antes“.

“El apodo ‘barón ladrón’ no viene de una crítica popular sino de un editorial de The New York Times de 1859″, cuenta Cohen.

“Henry Jarvis Raymond, el editor de ‘The New York Times’, condenó a Vanderbilt por competir exitosamente contra una gran corporación. Raymond escribió que Vanderbilt competía contra negocios legítimos y condenó la competencia como único fin”, completa Styles.

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Fue Henry Jarvis Raymond, uno de los fundadores de ‘The New York Times’, quien acuñó el apodo “barones ladrones”.

Pero Vanderbilt contraatacó, vendiéndose como el defensor de los valores de la revolución estadounidense, el espíritu de la resistencia que hacía grande al país.

“Se dice que siempre soy opositor y que el mismo espíritu de resistencia que hasta ahora ha gobernado muchas veces mis acciones las influencia ahora. En respuesta a esta imputación solo puedo decir que este es el mismo espíritu que fundó esta gran república y que hoy atrae el comercio del mundo a nuestra costas”, escribió.

“Para defenderse, Vanderbilt usó el lenguaje del lado más radical del espectro político, que estaba resentido con las corporaciones porque consideraba que creaban una aristocracia artificial”, señala Styles.

“Creían que era el Estado, cortando trozos de la economía para el beneficio de unos pocos favoritos”.

La carrera de Vanderbilt se extendió durante más de medio siglo y lo convirtió en el hombre más rico del mundo.

La batalla por el negocio del transporte marítimo a California fue solo un episodio de muchos. Y no fue el último.

En 1863 vendió todos sus barcos a vapor y se dedicó al negocio de los ferrocarriles. Tenía 69 años”, destaca Styles. Así, “El comodoro” se convirtió en el “Rey del Ferrocarril”.

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Jay Gould (cuarto desde la izquierda) y otros famosos empresarios siguieron los pasos de Cornelius Vanderbilt (cuya imagen aparece en el retrato).

Vanderbilt era una figura alucinante para un grupo de jóvenes ambiciosos que gravitaron hacia Nueva York durante la época de la Guerra Civil.

Él le mostró a la nueva generación que ganaba en grande en la nueva economía actuando de forma despiadada y veloz.

Cuando construyó la Grand Central Station original, en la calle 42, Vanderbilt creyó que podría dominar el nuevo mundo de los ferrocarriles, como había dominado la industria naviera.

Pero un nuevo “barón ladrón”, Jay Gould, un joven determinado de ojos oscuros del norte de Nueva York, 40 años más joven que “El comodoro”, se propuso derrotarlo.

Te contaremos más sobre esa historia en el próximo episodio de la serie The Robber Barons.

Puedes escuchar este episodio de The Robber Barons de BBC Radio 4 (en inglés) aquí.

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