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Norma Bastidas, la mexicana que fue víctima de trata sexual en Japón (y su inspiradora lucha por superarlo)


Norma Bastidas

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Cortesía: Norma Bastidas

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El deporte ha servido a Bastidas para llamar la atención sobre las víctimas de trata de personas.

Salió de México soñando con un futuro como modelo, pero terminó viviendo una pesadilla.

Poco tiempo después de llegar a Tokio, Norma Bastidas pasó a ser propiedad de un bar y más tarde de un jefe de la mafia.

Perdió el control de su vida y fue sometida a abusos sexuales en un país muy lejano del suyo. Y muy distinto.

“Cuando pienso en eso, evoco la desesperación, la soledad de saber que no le importas a nadie, que no hablas el idioma, que no puedes pedir ayuda, que estás atrapada”, me dice desde su casa en Estados Unidos.

Norma fue víctima de trata con fines de explotación sexual en Japón en la década de los 80.

“Cuando me atreví a contárselo a una compañera (en un club de streepers), se rió y me dijo: ‘¿Y a qué crees que venías? Vienes de México y no tienes dinero ¿no? Esta es una gran oportunidad'”.

“Uno siente que no tiene ninguna esperanza, que no hay salida”.

La oferta

A Norma le llegó una oferta de modelar en la nación asiática a través de “una persona conocida: una amiga de una amiga”.

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Cortesía: Norma Bastidas

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Desde muy joven, Norma soñaba con ser modelo.

Otras jóvenes de su comunidad también fueron invitadas.

“Nos dijo que mandáramos unas fotos en bikini para que una agencia de modelaje nos encontrara empleo allá”, recuerda.

“Nos contó que ella misma había trabajado para una agencia. ¿Cómo iba a desconfiar? Era una persona de bajos recursos como nosotras”.

“No tengo pruebas para afirmar que ella sabía lo que me depararía en Japón, no lo creo. (La trata) Es una red que se aprovecha de mucha gente”.

“Otras muchachas que fueron a Japón dijeron que no les sucedió nada, pero a mí sí”.

“La bienvenida”

Tras la muerte de su padre, Norma siempre trató de ayudar a su madre y sus cuatro hermanos.

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En la oferta de modelaje que le ofrecieron a Norma también decía que en ocasiones iba a trabajar de anfitriona o edecán en un club. (Foto: genérica)

“Mi mamá me decía muerta de miedo: ‘No sé a lo que vas, pero la necesidad es tan grande. Espero que sea algo de bien porque necesitamos el dinero”.

En menos de tres meses, sus empleadores gestionaron en México su pasaporte, su visa y le confirmaron que había sido “aceptada por la agencia” y que sólo en ocasiones iba a trabajar en un bar como anfitriona o edecán.

“Sólo tendrás que darle la bienvenida a los clientes. Nada más“, le aseguraron.

Era el año de 1986 y Norma, con 19 años, partió con una amiga. “Nunca había salido del país, siempre había estado con mi familia”, me cuenta.

Además de la necesidad económica, buscaba dejar atrás un pasado marcado por el abuso sexual que sufrió a manos de un familiar cercano.

“La transacción”

“Recuerdo que llegando allá…”

Se le quiebra la voz.

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Norma no hablaba ni inglés ni japonés cuando llegó a Tokio. (Foto: genérica)

“Nos separan y nos dicen: ‘Tú te vas con esta persona y tú, conmigo”.

La persona que la contrató en Japón, que hablaba español, la llevó a un club para hombres.

“Aquí vas a trabajar, no te preocupes, son buenas personas, se van a hacer cargo de ti. Nos vemos en pocos meses”, le dijo.

“En ese momento no lo sabía, pero ahora sí entiendo lo que sucedió: pasé a ser propiedad de ese bar. Así se hizo la transacción”.

Los dueños del local -entiende- compraron el contrato que ella había firmado con la agencia de modelaje.

No volvió a ver su pasaporte y apenas escuchó de nuevo el español.

Como una condena

Después se enteraría de que su visa era de un tipo que se otorgaba para trabajar en el mundo del entretenimiento como bailarina.

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En 2017 Norma fue una de las invitadas de un evento organizado por Visionary Women, una organización estadounidense sin fines de lucro que promueve los derechos de las mujeres y su liderazgo en las comunidades.

“No tenía la menor idea de eso, no hablaba japonés”, me indica.

Ese no era el trabajo que había aceptado, pero a los 19 años, por inexperiencia o simple juventud, lo asumió como una condena que tenía que cumplir.

“Pensaba que no podía decir: ‘Me engañaron para trabajar en un bar’ cuando yo había firmado papeles y ayudé a que se procesara mi visa en la embajada. Sentí que me había sentenciado yo sola“.

“Como mujer y como mexicana, me enseñaron: ‘Sé niña buena, no te quejes mucho, no pidas mucho, esta es una buena oportunidad, no incomodes a los demás, no seas histérica”.

La otra explotación

Le indicaron que en el club siempre tenía que estar con los clientes, “tipo Playboy”, y la llevaron a vivir a un departamento.

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Al principio, Norma era transportada en vehículos. (Foto: genérica)

“Al principio, había personas que nos trasladaban (en automóviles) a todos los sitios, nos acompañaban a comprar comida, nos recogían en el departamento y nos llevaban al bar y viceversa”.

“Era una rara mezcla de vigilancia y cuidado, me explica.

“Lo hacen para ganarse tu confianza y te vuelves como un niño, no puedes hacer nada sola (…) Dependes de ellos porque estás aislada y no tienes nada de dinero, es una ciudad inmensa, con otro idioma, un alfabeto totalmente diferente. En esa época no había celulares ni redes sociales. Sin ellos no tenía manera de sobrevivir“.

Hubo algo más de ese mundo que le llamó la atención:

“Todo se veía con tanta clase, la gente estaba muy bien vestida, se expresaban con educación y modales”.

“Eso es lo que hace tan exitoso este tipo de explotación: no coincide con lo que te enseñan, con lo que ves en las películas: que unos hombres que se ven malvados usan la violencia para secuestrarte, para arrancarte de tu hogar”.

“No es como en el cine que te encadenan, sino que (desde el principio) estableces una relación de dependencia con ellos. Los necesitas para absolutamente todo, para comer, para moverte”.

Una escort

Un día, la mama-san, que es la mujer de mayor edad a cargo del bar y, en muchos casos, de las geishas y las trabajadoras sexuales, le ordenó irse con uno de los clientes.

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Cortesía: Norma Bastidas

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Además de correr ultramaratones, Norma compite en diversas competencias deportivas.

“Vi cuando alguien ofreció dinero por mí“, evoca.

“Pasé a ser propiedad de un cliente prominente”, me cuenta. Se trataba de un jefe de la mafia.

“Te llevan a los mejores hoteles, te recogen en un club elegante, te buscan en limosina”.

“Muchas veces se trataba de ir a un hotel. Otras veces tenía que ser su escort y debía acompañarlo a eventos sociales”.

Así pasaron meses.

“Miedo enorme”

Después de un tiempo, Norma empezó a tener cierta libertad para entrar y salir del departamento y para llegar al bar por su cuenta.

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Por años, Norma no habló con nadie de todo lo que vivió en Japón.

“Me tenían muy bien adoctrinada”.

“Iba sola y jamás falté. Es algo que no puedo explicar. La explotación, la trata, es mental, es un control mental”, me dice.

“Mucha gente cree que uno elige ese tipo de vida, pero eso no fue lo que yo escogí. Sucede cuando una persona con poder se le impone a otra que es vulnerable y que no tiene capacidad de decir que no“.

“Te empiezan a presionar (para que hagas cosas que no quieres) y desarrollas un miedo enorme. A mis 19 años no estaba preparada para lo que me sucedió”.

“Aunque podía salir, no tenía dinero para irme, no tenía nada”.

Los lazos o vínculos forzados (entre la víctima y su tratante) con frecuencia no son físicos, no son cadenas o esposas, sino ‘invisibles’ o psicológicos. El miedo paraliza a la víctima y actúa como un grillete que la confina emocionalmente a la situación de trata.

Las víctimas pueden usar un transporte escolar, un autobús público, un tren o un taxi. El control sobre la persona que está siendo explotada trasciende más allá de un muro físico, una cadena o una frontera.

TJ. Toney-Butler y O. Mittel, Trata de personas, StatPearls Publishing, 2018.

La deuda

Norma asegura que cuando firmó el contrato le dijeron que al final le darían “su dinero”.

“No era mucho, pero para mí, en mi situación, sí lo era”.

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Víctimas de trata, en situación de vulnerabilidad económica, pueden contraer deudas con quienes se convertirán en sus tratantes. Ellos incluyen desde trámites de pasaportes, que pueden ser absolutamente legales, hasta ropa. (Foto: genérica)

“Yo lo necesitaba para devolverme y poder ayudar a mi familia. Me prometieron que una vez pagara mi deuda, me lo darían”.

La “deuda” que Norma y muchas víctimas de trata contraen con sus traficantes abarca gastos como trámites de pasaporte y visas, boleto(s) de avión, vivienda, alimentación, transporte…

De hecho, Urmila Bhoola, relatora especial sobre las formas contemporáneas de la esclavitud de Naciones Unidas, dijo en 2016 que “la servidumbre por deuda sigue siendo una de las formas más prevalecientes de esclavitud moderna en todas las regiones del mundo, pese a ser prohibida en el derecho internacional”.

Norma vivió situaciones extremas.

En una ocasión cuando regresaba sola del bar a su casa fue atacada sexualmente en la calle por un desconocido.

Horas después, con la ayuda de una compañera que hablaba español e inglés, hizo la denuncia en la policía.

Me veía como una persona que se había metido en un problema grande. Y ni modo, me lo tenía que aguantar”

Norma Bastidas

“Me interrogaron y me hicieron pruebas pero cuando se dieron cuenta de que estaba trabajando en un bar, empezaron a dudar de lo que decía (y a cuestionar cómo iba vestida cuando ocurrió el ataque), me preguntaron si es que no conocía al hombre, si no era un cliente, si me había dado dinero”.

La policía no hizo nada.

“No me ayudaron. Fui una sola vez y jamás regresé a pedir ayuda. Si en eso no me creyeron, cómo me iban a creer (que me estaban tratando) cuando había papeles firmados por mí”.

“Por tonta”

“Era 1986, en ese tiempo no sabíamos mucho de la trata de personas”, declara.

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A muchas víctimas de trata les cuesta reconocerse como tales y eso les impide pedir ayuda. (Foto: genérica)

Jamás me identifiqué como víctima de trata, me veía como una persona que había tomado una (mala) decisión y que se había metido en un problema grande. Y ni modo, me lo tenía que aguantar“.

“Pensaba que me había pasado por tonta, asumí que les debía el dinero y me responsabilicé de eso, algo que nunca debí haber hecho”.

“Recuerdo la sensación de saber que no podía irme, que tenía que trabajar en las condiciones que ellos habían impuesto, (pues) estas personas sabían todo de mí (y de mi familia). No me podía ir debiéndoles dinero”.

Como sucede con la violencia de pareja, las víctimas de trata generalmente no se identifican como tales, no hacen la denuncia, ni reconocen el hecho de que están siendo manipuladas, controladas, estigmatizadas o deshumanizadas.

TJ. Toney-Butler y O. Mittel, Trata de personas, StatPearls Publishing, 2018.

Beber

Pese a los años que han pasado, para Norma es duro hablar de su experiencia en Japón y me lo deja claro no sólo con breves silencios, sino con palabras.

“Estoy haciendo un gran esfuerzo”.

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“En el bar te empujan a que tomes porque es mucho más fácil manejar a una persona que bebe”, dice Norma. (Foto: genérica)

“La humillación, la vergüenza, es tan profunda”.

La única manera que pude sobrevivir esa situación fue tomando y lo hice de manera excesiva”.

“Además, en el bar te empujan a que lo hagas porque es mucho más fácil manejar a una persona que bebe“.

Por eso, me dice con frustración, a veces es muy difícil recordar detalles.

El pasaporte

No sabe cuánto dinero les debía a sus tratantes, pero un buen día le devolvieron el pasaporte y le dijeron que podía ir a México a visitar a su familia.

No está segura de por qué.

Una razón, cree, es que la dejaron ir “para seguir reclutando”.

A los tratantes les conviene que “te vean regresar bien y con algo de dinero” para que otras jóvenes se animen.

Norma compró un pasaje y se devolvió a México con la intención de quedarse.

Pero se encontró con una situación totalmente inesperada.

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Cuando Norma regresó a su país, tuvo que enfrentar los rumores de lo ocurrido en Japón. (Foto genérica)

“Regresé con otras muchachas que dijeron que habían sido modelos y yo dije lo mismo. Pero alguien aseguró que no, que ellas habían modelado, pero Norma no, Norma fue prostituta’. Y ahí comenzaron los problemas porque se regó la voz”.

Tanto ella como su familia fueron amenazadas y agredidas gravemente.

Decidió guardar silencio sobre lo que realmente le había sucedido.

Sintió que “no tenía a dónde regresar” y en su desesperación no vio otra opción que volver a Japón, donde una conocida le había ofrecido un lugar en que quedarse.

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Cortesía: Norma Bastidas

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Una de las causas por las que corre Norma es la desaparición de niñas y mujeres indígenas en todo el mundo.

Pero esa ayuda duró sólo unos pocos días y se vio en la necesidad de regresar al bar.

“Eso es lo que más me duele, me quedé trabajando, en las mismas condiciones, haciendo exactamente lo mismo, con mi pasaporte, legalmente”.

“Eso es muy común”, admite.

Y tiene razón.

Norma no es la primera persona, entre víctimas y expertos de trata, que me dice que al no contar con un apoyo integral inmediato, es muy difícil para una sobreviviente, que está completamente sola, recuperarse y empezar una vida nueva.

Siguen siendo vulnerables y más aun si están en un país que les es completamente extraño.

“Eso hace las cosas más difíciles porque ¿cómo dices: ‘Fui víctima de trata, me obligaron y después regresé a lo mismo, con mi pasaporte? Pero eso no quita que lo que me hicieron fue ilegal”.

Del grupo pequeño de latinoamericanas que conoció, entre ellas brasileñas y colombianas, varias terminaron en la drogadicción y el alcoholismo.

“Llega un momento en el que ya no les sirves porque tanta droga te destruye los dientes, el rostro, y quedas en la calle”.

La estrategia

El tiempo de Norma en el bar tenía los días contados.

“Aprendí a poner el dolor a un lado y me dije: ‘Tengo que buscar la manera de salir de esto'”.

Llega un momento en el que ya no les sirves porque tanta droga te destruye los dientes, el rostro, y quedas en la calle”

Norma Bastidas

Con las propinas que recibía, se puso a estudiar como una estrategia de supervivencia.

La escuela de idiomas donde se registró la ayudó a gestionar una nueva visa.

“Yo creo que ellos intuyeron el problema, siempre se los voy a agradecer”, me dice.

Su esfuerzo dio frutos: aprendió japonés, consiguió otros trabajos y cumplió su sueño de modelar y actuar.

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Norma decidió aprender japonés y actualmente lo habla de forma fluida. (Foto genérica)

Mi vida cambió totalmente“, afirma.

Un poco después, Norma conoció a quien sería su esposo y, junto a él, se fue a vivir a Canadá.

Tuvieron dos hijos, pero la relación no funcionó y se divorciaron.

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A muchas víctimas de trata y de explotación sexual no les es fácil regresar a sus países de origen. (Foto genérica)

Las secuelas de lo que vivió en Japón la siguieron por muchos años. Algunas aún la persiguen, como el estrés postraumático.

“Por mucho tiempo, por años, me culpé. ¿Cómo pude ser tan tonta? Retrocedía y veía las oportunidades que tuve de escapar y no lo hice. Tuve bulimia, anorexia, me quemaba los brazos con cigarrillos”.

“Fue un odio muy grande el que sentí”, me confiesa entre lágrimas.

Por mucho tiempo, por años, me culpé. ¿Cómo pude ser tan tonta?”

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Correr y correr

Cuando uno de sus hijos empezó a perder la vista a los 11 años, sintió que el mundo otra vez se le venía encima.

Había perdido su empleo y estaba sola a cargo de sus dos niños.

Conocer la enfermedad de su hijo, distrofia de conos y bastones, la hizo regresar de un golpe a su infancia, cuando fue víctima del abuso de su abuelo.

¿Cuántas veces tengo que empezar desde cero?“, me preguntaba.

El alcohol ya no era una vía escape, así que empezó a correr intensamente en las noches para lidiar con el estrés y la ansiedad.

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Empezó a correr en las noches para enfrentar el estrés que le generó conocer la enfermedad de su hijo.

Se inscribió en maratones y competencias para recaudar fondos para organizaciones de caridad que apoyaban a pacientes e investigaban la cura de la enfermedad degenerativa de su hijo.

La ayuda de los programas sociales canadienses también le empezó a llegar y otra vez su vida comenzó a cambiar.

Un récord contra la trata

En 2009, asumió el reto: “777 Run for sight” (“777 Carrera por la vista”): corrió 7 ultramaratones en 7 continentes en 7 meses.

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En 2014, nadó, pedaleó y corrió 6.054 kilómetros. Ese año formó parte de la campaña contra la trata de las Naciones Unidas: “Blue heart”.

Recaudó miles de dólares y se convirtió en la mujer más rápida en culminar ese desafío.

En 2011, fue seleccionada como una de las protagonistas del documental de la presentadora estadounidense Oprah Winfrey: “Extraordinary moms” (“Mamás extraordinarias”), en el que también figuraron Hillary Clinton y la premiada periodista británica Christiane Amanpour.

En 2014, rompió el récord mundial Guinnes al culminar el triatlón más largo del mundo.

Nadó, pedaleó y corrió 6.054 kilómetros durante 65 días para visibilizar el problema de la trata y honrar a sus sobrevivientes.

El trayecto que escogió es una de las rutas de tráfico de personas más conocidas del mundo: México-Estados Unidos.

Su travesía entre Cancún y Washington fue filmada y convertida en un documental contra la trata: “Be Relentless” (“Sé implacable”) de la organización no gubernamental estadounidense iEmpathize.

La hora de hablar

Tras romper ese récord y después de muchos años de silencio, Norma quiso contar lo que había vivido en Japón y en esa decisión influyó Marcela Loaiza, una colombiana que también fue víctima de trata y luego se convirtió en una reconocida activista contra ese problema en Estados Unidos y América Latina.

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En 2016, Norma habló de su experiencia en el evento organizado por la influyente plataforma global Women’s Forum, donde la llamaron una de las “Mujeres increíbles”.

Si no hablas, se van a seguir llevando mujeres de tu pueblo“, le dijo Marcela cuando se conocieron.

Norma le halló la razón, aunque tenía mucho miedo de decírselo a su familia.

“Siempre se los negué. Mi mamá me decía: ‘Me contaron esto…’ Y yo le respondía: ‘¿Cómo crees mamá? ¡Claro que no! Eso nunca sucedió‘”.

Pero se atrevió. No quería que nadie asociara su éxito con lo ocurrido en Japón.

“Yo estaba saliendo en portadas de revistas y pensé que la gente creería que ese viaje fue la oportunidad que me abrió las puertas y por eso era famosa. ‘Es como si estuvieras reclutando‘, me dijo”.

Así que comenzó a hablar.

Rumbo al Ártico

Se volvió a casar y su hijo, ya con 23 años, es pintor y escultor.

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Norma ha corrido algunas de las carreras más extremas del mundo. Ahora se entrena para competir en el Ártico.

En estos días Norma tiene puesta la mirada en el 2 de febrero de 2019.

“Me estoy preparando para irme al Ártico a correr en una carrera de 750 kilómetros, sin apoyo, estaré sola. Debo llevar todo para sobrevivir unas dos semanas. El año pasado se registró una temperatura de -51 grados“, me cuenta con entusiasmo.

Esta vez, lo hará para crear conciencia sobre las desapariciones y los asesinatos de niñas y mujeres indígenas en todo el mundo.

“Las víctimas pagamos un precio mucho más alto que los victimarios”, reflexiona.

Su intención no es sólo prevenir, sino decirle a las mujeres que pueden estar pasando por una situación similar que sí se puede salir de eso y, sobre todo, que nunca se sientan culpables.

Nadie, nadie, se merece eso“.

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Por qué quiero que prohíban los tés "detox" en Instagram


La primera vez que Emma Whittaker se enteró de la existencia de los tés desintoxicantes fue a través de Instagram.

Era el año 2012 y, sin medir las consecuencias, la joven —que entonces tenía 23 años— comenzó a ingerirlos sin límite.

Pero muchos de estos tés contienen sen, un laxante natural.

Emma cayó rápidamente en un peligroso ciclo de abuso del té. Llegó incluso a desmayarse. Al poco tiempo le diagnosticaron anorexia y bulimia.

Ahora, está decidida a luchar para que dejen de promover estos tés desintoxicantes, pues, dice, lo que realmente venden son laxantes escondidos detrás de una forma “divertida” para que los jóvenes pierdan peso.

En este video explica sus razones y discute sobre las ventajas y desventajas de las bebidas detox con una influencer que, a través de su Instagram, los promociona.

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El escándalo de acusaciones por violaciones y agresiones sexuales en el "Beverly Hills" de Corea del Sur


Ilustración de tres hombres agarrándose

Este año, el mundo del K-pop -un sector millonario manejado meticulosamente- se vio sacudido por un escándalo.

Seungri, cantante de una de las bandas de chicos más famosas del mundo, Big Bang, fue interrogado por la policía tras ser acusado de procurar prostitutas para su negocio y de desfalcar fondos del Burning Sun, un club nocturno que era en parte de su propiedad en el exclusivo distrito Gangnam de Seúl, en Corea del Sur.

Otros famosos amigos suyos del mundo del K-pop fueron descubiertos compartiendo videos sexuales y fanfarroneado sobre violar a mujeres.

Uno por uno, rompecorazones coreanos acostumbrados a ser abordados por fans se encontraron sacándose de encima a reporteros mientras se encaminaban a la comisaría de policía para responder preguntas sobre drogas y violaciones.

Pero en los últimos meses, ha emergido una imagen aun más chocante de Gangnam, donde vive, trabaja y se divierte la alta sociedad de Corea del Sur.

La BBC escuchó acusaciones de que en sus pomposas discotecas, mujeres han sido drogadas por orden de hombres poderosos y luego violadas, y que chicas menores están siendo explotadas sexualmente.

La BBC buscó los testimonios de aquellos atrapados en el escándalo sexual de Seúl. Hemos hablado con personas que frecuentan las discotecas, así como con empleados y víctimas, incluidas menores que dicen que fueron reclutadas para mantener relaciones sexuales con clientes. Todos aseguran que el abuso de mujeres en los clubes está extendido y es, con frecuencia, violento.

Nos contaron que clientes de élite, conocidos como VIPs (very important person o persona muy importante) y los más ricos VVIPs (very very important person) estuvieron dispuestos a pagar decenas de miles de dólares para que mujeres que estaban simplemente divirtiéndose una noche fueran drogadas y llevadas a habitaciones de hotel cercanas, donde los abusos quedaban registrados rutinariamente en cámaras.

“Estos hombres son cazadores y pagan para entrar en el juego. Así que necesitan presas”, nos dijo una persona que frecuenta los clubes.

El ‘Beverly Hills’ de Seúl

Nos mostraron imágenes de video horrorosas que muestran supuestamente una agresión sexual. Antes de darle al play, la captura de la imagen me da una idea del horror que se va a producir.

Una mujer desnuda aparece tirada en un sofá rojo con tres hombres que la miran. Le doy a reproducir y los hombres se acercan. Uno de ellos se ríe al levantar una pierna y dejarla caer. Su cuerpo está flácido y ella no responde. El video de dos minutos es demasiado terrible para describirlo con detalle.

Parece que ella es agredida sexualmente por los tres hombres. De forma repetida.

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El barrio de Gangnam en Seúl es uno de los más exclusivos.

El video fue supuestamente compartido en un chat entre empleados y no he podido verificar independientemente su contenido.

Pero las imágenes son ahora parte de una investigación policial sobre las actividades en varios clubes de Gangnam.

Gangnam ha sido descrito como el Beverly Hills de Seúl. Deslumbrante y a la moda, es un símbolo de prosperidad y estatus.

De noche, es el patio de juegos de neón de los adinerados y de aquellos que quieren vislumbrar cómo es el estilo de vida de los famosos.

El coste de una noche de fiesta no parece importarles. Uno de los clientes de estos clubes, rico y bien conectado, nos dijo que gastó US$17.000 en solo una noche.

Un clip que se hizo viral en redes sociales muestra a un hombre dando vueltas en la pista de baile, lanzando billetes al aire como si fueran confeti.

La decoración es ruidosa y ostentosa. El código de vestimenta es, por supuesto, de diseño chic, y en el caso de muchos de los clubes más prestigiosos, para poder entrar hay que estar en una lista aprobada previamente.

Los DJs son famosos por derecho propio y dirigen a multitudes en la pista de baile. Mujeres hermosas sirven botellas de champagne de miles de dólares.

“Se puso encima de mí y me tapó la boca”

Kim -no es su nombre real- solía frecuentar la escena nocturna de Gangnam. Le gustaba bailar y tenía varios DJs favoritos. Una noche en diciembre pasado la invitaron a una discoteca para tomar unas copas.

En el grupo había un hombre de negocios asiático que, según cuenta, se interesó por ella y empezó a servirle whisky.

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Seungri era una de las más grandes estrellas del pop de Corea del Sur.

“Cuando servía la bebida, no podía verle”, dice ella. “Tenía su espalda contra mí. Bebí tres o cuatro copas. Cada vez que bebía, me daba agua”.

En un determinado momento, explica, se desmayó y se despertó en una habitación de hotel con el hombre mirándola.

“Me forzó a tumbarme pero yo no quería, así que me levantaba cada vez. Cuando me ponía de pie, me agarraba del cuello y me obligaba a echarme en la cama, una y otra vez. Pensé que alguien podría morir de esta forma, con el cuello roto”.

“Empecé a llorar y gritar. Luego se puso encima de mí y con las dos manos me tapó la boca y empezó a empujar con fuerza. Decía ‘relájate, relájate”.

Ella temió por su vida. “No podía resistirme a su fuerza y me dolía tanto que podía morirme, así que desistí y me quedé echada como si estuviera muerta”.

Kim dice que la drogaron en la discoteca y la violaron. Luego vomitó, y suplicó para poder irse a casa.

“Estaba recogiendo mi ropa y mis cosas para irme cuando agarró su teléfono para tomar una foto de su cara y mi cara. Le dije: ‘¿Qué estás haciendo?’ y ‘no, no’. Pero me tomó del brazo y no me soltaba. Así que pensé que era mejor simplemente dejar que tomara la foto e irme, si no podía salir mal parada”.

“Así que tomó la foto y me fui”.

Drogadas con GHB

Kim fue a la policía al día siguiente. No encontraron rastro de drogas en su sangre, pero los fiscales dicen que no es algo raro.

La droga que se usa más frecuentemente para incapacitar a las víctimas es GHB, o ácido gamma-hidroxibutírico, un fuerte sedante que se vuelve indetectable en el cuerpo tras unas horas.

“Por suerte, yo estaba despierta cuando sucedió y puedo describir con detalle lo que me pasó”, afirma.

Pero dice que encontró por internet a otras mujeres que también creen que fueron drogadas y violadas tras ir a clubes de Gangnam, pero no tienen un recuerdo claro de lo que sucedió.

El empresario fue posteriormente encontrado e interrogado, pero mantuvo su inocencia. En un comunicado a la BBC aseguró que ella no se desmayó. Que no la violó, agredió ni asaltó físicamente y que las grabaciones de las cámaras de videovigilancia muestran cómo ella se fue del club con él por voluntad propia y cómo los dos caminan hacia el hotel.

La investigación continúa.

“Tráeme zombis”

En los últimos meses, la policía ha interrogado a casi 4.000 personas, centrándose en las acusaciones de drogas, prostitución, agresiones sexuales y grabaciones ilícitas vinculadas a la escena nocturna que han indignado a la opinión pública.

Entre los interrogados hay varios famosos de la escena del K-pop.

Seungri -su nombre real es Seung-hyun- se ha retirado del mundo del espectáculo, negando haber utilizado nunca a prostitutas pero diciendo que el escándalo “se ha convertido en algo muy grande”.

La polémica, que continúa, provocó la renuncia del presidente de una gran empresa de entretenimiento surcoreana: Yang Hyun-suk, productor jefe de YG Entertainment, la cual estuvo detrás del hit mundial “Gangnam Style”.

Él negó haber hecho nada malo, pero dijo que no podía aguantar más las acusaciones “humillantes” de que participó en un escándalo de drogas, y que renunciaba para poder combatirlas.

Las acusaciones han animado a otros a levantar la voz. Personas con las que hemos hablado que formaron parte integral de la escena nocturna de Seúl han descrito una cultura de explotación, donde procurar mujeres para la gratificación sexual se había convertido en algo casi rutinario para algunos clientes ricos.

Los clubes emplean a anfitriones o facilitadores conocidos como “MDs” para cumplir los deseos de los clientes. Es un papel turbio. Una MD nos dijo que implica construir relaciones con “chicas guapas” para que vayan a los clubes. Las persuaden con la oferta de entrada y bebida gratis.

Los MDs tienen en sus listas a una serie de mujeres hermosas. Muchos las animan a que beban con los clientes, y los MDs se llevan luego alrededor de un 13-15% de la venta de bebidas.

Con los clientes adecuados, algunos pueden ganar hasta US$20.000 al mes. Como explica uno de ellos: “Para conseguir clientes que paguen bien, los MDs tienen que poder proporcionar chicas sexis”.

Hemos oído repetidas acusaciones de que en algunos momentos y tras la petición de los clientes, las bebidas de las mujeres estaban siendo adulteradas, haciendo que perdieran la consciencia.

Sin embargo, un ejecutivo sénior de un club le dijo a la BBC que la sugerencia de que se había distribuido o vendido a los clientes GHB y promovido las agresiones sexuales era ridícula.

Un antiguo MD en un famoso club de Gangnam dijo que un VVIP era conocido por “su apetito loco por mujeres inconscientes”.

“Me ordenó llevarle a dos mujeres totalmente bebidas o inconscientes”, nos contó.

Específicamente, dijo, la petición del cliente fue: “Tráeme zombis”.

“¿Qué pasa si se muere aquí?”

Asegura haber presenciado varios intentos de agresión sexual. “Cada semana veía a varias personas que no parecían bebidas, sino idas de una forma diferente. Puedes ver con tus propios ojos la diferencia entre alguien borracho de alcohol o alguien que está ido por otra sustancia”.

Lee -no es su nombre real- trabajó como MD y dijo que esas mujeres eran “simplemente gente que venía al club”.

Quería asegurarme de que entendía lo que me estaba diciendo, así que le hice la pregunta claramente: ¿Mujeres normales que iban a la discoteca una noche podían enfrentarse a ser drogadas y violadas? ¿Es esto lo que viste?”

“Sí”, contestó.

Tras conseguir a las mujeres, dice, los clientes “las llevaban al hotel que estaba encima de la discoteca o a muchos hoteles cerca de aquí, o moteles”.

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Seungri fue interrogado por la policía y anunció su retirada del mundo del espectáculo.

No podemos dar el nombre de ninguno de estos trabajadores, porque tienen miedo a sufrir represalias.

Una persona que va frecuentemente a los clubes nos dijo que estuvo en la sala VIP de una discoteca de Seúl cuando un camarero llevó a mujeres inconscientes.

“No sé si alguien la drogó, pero vi a una mujer que estaba claramente alucinando e inconsciente. Pensé si tendría alguna enfermedad mental, especialmente porque estaba babeando y su cuerpo estaba flácido. Me preocupé: ¿qué pasa si muere aquí?”.

Él niega haber drogado o atacado a mujeres y dice que desafió al MD.

“Le pregunté al camarero si ella estaba muy borracha, y contestó: ‘No está borracha. No recordará nada así que puedes hacer lo que quieras”.

“Las mujeres sexis y hermosas son la presa. Estos hombres son los cazadores. Y pagan para entrar en el juego. Así que necesitas presas y los MDs son los que las consiguen”.

Un pastor encubierto

Joo Won-gyu es un pastor eclesiástico que se ha convertido en uno de los activistas más vocales contra la violencia sexual en Gangnam.

Él trabajaba con adolescentes que se habían escapado de casa en 2015 cuando 20 de ellas desaparecieron.

Las buscó y las encontró trabajando como prostitutas en clubes cuando todavía eran eran menores. Decidió convertirse en chofer para algunos de estos clubes para intentar descubrir más sobre cómo eran tratadas y reclutadas estas adolescentes.

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Pastor Joo Won-kyu

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El pastor Joo dice que vio violaciones “tres o cuatro veces por semana”.

Dice que proxenetas o procuradores seducían a estas chicas adolescentes diciéndoles que las ayudarían a convertirse en actrices o artistas tras “trabajar” en el club por dos o tres años. A otras incluso les prometieron cirugías estéticas.

Una de las chicas más jóvenes que trabajaba en los clubes había sido reclutada a los 13 años, cuenta. La edad mínima para el consentimiento sexual en Corea del Sur es 18. Tener sexo con un menor se considera violación.

Dice que vio a mujeres inconscientes ser violadas durante aquel periodo. Nos contó cómo cree que funciona el sistema.

“Los VIPs le decían a los MDs: ‘Quiero dormir con esa chica’. El MD le decía luego a la chica que ‘ese VIP es súper rico’ y la llevaba a la zona privada. Entonces bebían juntos, ponían GHB en la bebida o la emborrachaban con alcohol para violarla o agredirla sexualmente”.

Nos condujo por los callejones de Gangnam donde dejaba a los clientes o a las trabajadoras sexuales, incluidas chicas menores, en hoteles o edificios de apartamentos. Lo describe como un “período difícil”.

“Vi a mujeres ser violadas dentro de los clubes, fuera de los clubes detrás de coches, ser drogadas contra su voluntad, ser golpeadas. Diría que unas tres o cuatro veces a la semana veía esto”.

“Dábamos nuestros cuerpos por turnos”

Joo intentó sacar a varias chicas de estos clubes, pero no lo consiguió. No nos dejó conocer a ninguna, pero nos permitió hacerles preguntas por teléfono a través de él.

Una de ellas, que fue reclutada a los 16 años, fue muy honesta sobre su papel.

“Cuando estábamos allí bebíamos, tomábamos drogas, bailábamos como idiotas y dábamos nuestros cuerpos por turnos”, dijo.

Dijo que los hombres eran como “reyes”. Ambas adolescentes dijeron que el sexo era con frecuencia violento: ellas y sus amigas necesitaban luego tratamiento médico.

Sus clientes con frecuencia la grababan en video. Le decían que actuara inocentemente, y otras veces tenía que actuar como si estuviera siendo violada.

“Con chicas como nosotras hacían porno…yo actúo como si no lo viera, cuando me graban”.

Joo dice que estos videos podían ser utilizados para chantajear a las chicas y evitar que dejaran los clubes o que lo denunciaran a la policía.

Explicaron que en muchas ocasiones no estaban solas con esos hombres en las habitaciones de los moteles.

Una nos dijo que los VVIPs llevaban a mujeres que elegían en los clubes y que habían sido drogadas, y ellas veían cómo eran drogadas y violadas.

A algunas chicas les ofrecían marihuana, cuentan, pero si los hombres “pensaban que podía ser una puta loca que los va a denunciar, entonces las drogaban con GHB y las grababan sin que ellas lo supieran”.

“Ellas están inconscientes. No pueden moverse. O no saben lo que han hecho”.

Ahora que se está llevando a cabo una investigación policial, le pregunté a una de ellas a través del pastor qué le gustaría que pasara con el escándalo sexual.

“Espero que mueran todos”, contestó.

“Solo aquellas con…una mente fuerte sobrevivirán a Gangnam”.

Cocodrilos, leones y lagartijas

La prostitución es ilegal en Corea del Sur, y a pesar de ello el comercio sexual está pujante, se cree que mueve unos US$13.000 millones al año.

No hay escasez de prostitutas para aquellos que buscan estos servicios.

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La indignación entre las mujeres surcoreanas aumentó por el escándalo de las cámaras escondidas.

Pero un cliente rico de un club nos dijo que los hombres que él conocía no querían prostitutas. Dijo que comparar a prostitutas con mujeres que no trabajan en este sector es “como tener un coche de trabajo frente a tener el tuyo propio”.

“No puedes tocar a una chica normal tan fácilmente. El sentido de logro lo tienes cuando consigues acceder a algunas cosas a las que no todo el mundo puede acceder”.

Le contestamos que tener sexo con mujeres que no pueden dar su consentimiento es una violación.

“¿Las mujeres normales que beben con normalidad no se quitan la ropa interior? ¿Qué hacen entonces los hombres?”, respondió con indignación. “Intentan emborracharlas, pero ellas no quieren. ¿Qué haces entonces?”

“Dices inocentemente que ‘estoy aquí solo para bailar’. Vale, pero ¿te va a dejar la gente que solo bailes? Esto es una selva. Está bien que estés aquí solo para mirar, pero hay cocodrilos, leones y lagartijas que te quieren agarrar. Las mujeres sexis y bellas son las presas“.

La idea de ser concebida como una presa para los hombres les sonará preocupantemente familiar a muchas mujeres en Corea del Sur.

El año pasado, miles de ellas salieron a las calles de Seúl para protestar por las “cámaras espía” utilizadas para grabar a mujeres, a veces de forma sexualmente explícita, sin su consentimiento.

El escándalo ha provocado otras grandes protestas para pedir justicia. Activistas temen que la policía no sea de fiar para investigar los casos.

Shin Ji-ye, del Partido Verde, se dirigió a la última manifestación masiva en el Día Internacional de la Mujer en marzo y aseguró que estos abusos tienen lugar desde hace “décadas”.

“Hemos oído gritar a las mujeres siendo violadas y agredidas en tantos clubes…”, dijo.

Pero hay indignación por el hecho de que solo se tomaron medidas cuando fueron detenidas personas famosas y se sospechó que había un complot con la policía.

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La superintendente Choi Hyun-a dijo que todas las acusaciones se investigarán minuciosamente.

Hay temor por que las voces de víctimas femeninas hayan sido ignoradas durante demasiado tiempo.

La policía ha detenido a 354 personas en los últimos tres meses en conexión con lo que ha pasado a conocerse como el escándalo del Sol Ardiente.

De ellos, 87 fueron detenidos por comerciar con sexo, grabando ilegalmente sexo y violaciones. En 20 de los casos, las mujeres habían sido drogadas.

Pero activistas aseguran que el número total de víctimas puede ser mucho mayor. La abogada Cha Mee-kyung sostiene que esos “crímenes escondidos” suceden, pero “no se reflejan en las estadísticas del sistema de justicia”.

También hay acusaciones de que algunos agentes de policía ignoraron reportes sobre los clubes.

El presidente Moon Jae-in ordenó una investigación sobre la supuesta corrupción policial y dijo que hay “pruebas que sugieren que los fiscales y la policía condujeron investigaciones incompletas a propósito, y evitaron activamente que se conociera la verdad”.

El jefe de la comisaría de Gangnam ha sido apartado de su puesto tras una investigación especial.

Denunciar una violación puede ser duro para las víctimas. Muchas mujeres en Corea del Sur son renuentes a hacerlo. Temen el estigma. Creen que serán juzgadas en una sociedad extremadamente patriarcal.

El uso de drogas también dificulta que las mujeres recuerden los detalles de una agresión.

El abogado Kim Jeong-hwan está en proceso de intentar llevar a los tribunales el primer caso en Corea del Sur relacionado con el uso del GHB. Dice que la naturaleza del GHB significa que es “muy probable que las víctimas no tengan un recuerdo claro” de la noche.

“Además, es difícil conseguir pruebas del uso de GHB, porque es muy poco probable que un análisis de sangre detecte la droga al desaparecer tan rápido del cuerpo”, añadió.

Luego está el miedo a no ser creídas. Es su palabra contra la de los ricos y famosos. ¿Pedirá a los poderosos que rindan cuentas una fuerza policial que ya está siendo acusada de intentar encubrir algunos de estos crímenes?

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El barrio de Gangnam es uno de los más exclusivos y de moda de Seúl.

La Agencia Nacional de Policía de Corea del Sur ha puesto en marcha una unidad especial para investigar crímenes contra las mujeres.

La superintendente Choi Hyun-a le dijo a la BBC que sus agentes “investigarán minuciosamente y de manera justa para que todos los ciudadanos de Corea del Sur tengan una mayor confianza en la policía”.

Además, dijo que su equipo se centrará en “evitar crímenes sexuales en los que las mujeres son drogadas”.

“Sabemos que esto es lo que más temen las mujeres”, explica ella.

A algunas mujeres les preocupa que una vez pase esta polémica, la explotación continúe. Pero los activistas dicen que seguirán peleando.

Kim me dijo que nunca se había visto a sí misma como una feminista o una luchadora. Pero esto cambió con su supuesta violación.

“Realmente quería atrapar a estos hombres malvados. Quiero que cambie la ley. Quiero una sociedad en la que estas drogas no puedan utilizarse y donde no se creen más víctimas”.

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Debate demócrata en Estados Unidos: cómo el español se coló en la carrera para llegar a la Casa Blanca


Candidatos demócratas para presidente de EEUU en el debate en Miami.

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Los memes de las caras de los “contrincantes” cuando el candidato Beto O’Rourke (derecha) habló en español no se hicieron esperar…

“Necesito aprender español para mañana a las 9 de la noche”.

Con ese jocoso mensaje la escritora y consejera espiritual Marianne Williamson dejó en evidencia cómo la lengua de Cervantes se coló este miércoles por la noche en el primer debate para elegir al candidato demócrata que se enfrentará a Trump en las próximas elecciones a la presidencia, en 2020.

Williamson también compite por la postulación demócrata pero le tocará participar en la segunda noche de debates, que se realizará este jueves en la noche en Miami.

Su mensaje, publicado en inglés en su cuenta de Twitter, se produjo después de que varios de los precandidatos que participaron en la sesión de este miércoles soltaran algunas frases sueltas en español.

La primera de estas intervenciones la realizó Beto O’Rourke, un exlegislador por el estado de Texas que en las elecciones de 2018 obtuvo resultados notables aunque insuficientes en su intento de arrebatar al republicano Ted Cruz su puesto en el Senado.

“Necesitamos incluir cada persona en el éxito de esta economía pero si queremos hacer eso necesitamos incluir cada persona en nuestro democracia. Cada votante necesitamos la representación y cada voz necesitamos escuchar (sic)”, dijo en respuesta a una pregunta sobre la propuesta de elevar impuestos a los que más ganan.

Esa intervención generó uno de los primeros memes de la noche, con la expresión facial con la que reaccionó el senador por Nueva Jersey, Cory Booker, al escuchar a O’Rourke en español.

Booker, sin embargo, fue otro de los participantes que se lanzó con el español en un debate que, según Anthony Zurcher, periodista especializado en política de la BBC, fue en ocasiones “caótico y disperso”.

La situación ahora es inaceptable. Este presidente ha atacado, ha demonizado los inmigrantes. Es inaceptable. Voy a cambiar este (sic)”, dijo en respuesta a una pregunta.

A esas alturas del debate, ya el tema de la presencia del español se había hecho viral en internet con todo tipo de comentarios… muchos de ellos quejándose de su “mal español”.

“El debate de los demócratas trata básicamente sobre quien habla un mejor mal español”, escribió en Twitter una persona identificada como Kendal Jones.

Otra usuaria, @Frevolt, fue aún más crítica: “Por favor no hablar en español, no se les entiende! #DemDebate“, escribió.

La prensa especializada también se hizo eco del asunto y llevó a la periodista Emily Ramshaw, editora del diario Texas Tribune, a afirmar que este debate tuvo “más español” que cualquier otro.

Ed O’Keefe, corresponsal de política de CBS News,fue más allá y destacó que el uso del español por parte de O’Rourke y de Booker tenía implicaciones directas para otro de los aspirantes: Julián Castro, el único aspirante demócrata de origen hispano.

“O’Rourke y ahora Booker al hablar en español en un debate que está siendo transmitido por Telemundo dan un golpe sutil a Castro, el único latino en el escenario, que no lo habla de forma fluida (recuerden: solo porque seas latino no significa que hables español de forma fluida)”, apuntó O’Keefe.

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El debate marca oficialmente el despegue de la carrera a la Casa Blanca.

Pero Castro no se quedó de brazos cruzados y en la última parte de la “pelea” dialéctica aprovechó para sorprender:

“Me llamo Julián Castro y me estoy postulando por presidente de Estados Unidos (sic)”, dijo, antes de cambiar rápidamente al inglés.

La crisis migratoria

La inmigración centroamericana también formó parte del debate, en medio de la conmoción causada por la fotografía de un padre y su hija de El Salvador ahogados en el río Bravo, cuando trataban de cruzar a Estados Unidos en la frontera sur con México.

La imagen, que ha dado la vuelta al mundo esta semana, salió a relucir y Castro, el único candidato latino, fue muy aplaudido cuando señaló que la muerte de los salvadoreños era desgarradora.

“Nos debería enfadar a todos”, señaló.

Los candidatos demócratas coincidieron en que se oponen a las medidas tomadas por Trump contra la inmigración, pero se mostraron divididos en qué camino seguir.

Castro, exsecretario de Barack Obama, defendió la necesidad de “eliminar” la sección 1325 de la Ley de Inmigración y Nacionalidad, que ha permitido al gobierno de Trump implementar su política de “tolerancia cero” contra la inmigración ilegal y, en su opinión, se usa para “justificar la separación de familias”.

El candidato latino reprochó a otro competidor, Beto O’Rourke, que no le apoyará en eso, a lo que éste le respondió que “solo estás viendo una pequeña parte” del problema.

El senador Cory Booker instó por su parte a no “satanizar” a los inmigrantes y aseguró que reinstalaría la Acción Diferida para Los Llegados en la Infancia (DACA), que protege de la deportación a los jóvenes indocumentados.

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