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Qué es el "globalismo", la ideología que según Trump y otros líderes mundiales se opone al "amor a la patria"


Donald Trump

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Según Trump, la “ideología del globalismo” se opone a su lema de “Estados Unidos primero”.

“Globalismo”, un término que aparece con frecuencia en los discursos y en las críticas de autoridades como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, significa cosas diferentes para distintas personas.

Para el nuevo ministro de Relaciones Exteriores brasileño, Ernesto Araújo, por ejemplo, globalismo es una “configuración actual del marxismo”, de la cual Brasil y el mundo necesitan liberarse.

“Es la globalización económica que pasó a ser controlada por el marxismo cultural”, afirmó el canciller en su blog Metapolítica 17.

En su discurso de la 73ª Asamblea General de Naciones Unidas, Trump dijo rechazar lo que llama “ideología del globalismo” que, desde su punto de vista, se opone a su lema de “Estados Unidos primero”.

“EE.UU. siempre va a escoger la independencia y la cooperación por encima de gobiernos globales, control y dominación”, afirmó el mandatario.

“Yo honro el derecho de cada nación a seguir sus propias costumbres, creencias y tradiciones”, sentenció Trump, agregando que su país es “gobernado por estadounidenses” y que por eso, en vez del globalismo, él abraza la “doctrina del patriotismo”.

¿Pero qué es entonces el globalismo?

Especialistas entrevistados por BBC Brasil concuerdan que, en otros momentos históricos, el término tenía una definición bastante diferente a la actual, adoptada por la nueva derecha populista del planeta.

Para estos analistas, el término se transformó en un “eslogan político” o en una “caricatura” y representa, en el abordaje de los debates recientes, ideas opuestas al nacionalismo y al patriotismo.

Eslogan político

El primer aspecto que debe destacarse, dice el lingüista belga Jan Blommaert, profesor de Lengua, Cultura y Globalización en la Universidad Tilburg de Holanda, es que el término es “vago, y eso forma parte de una estrategia del discurso político”.

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Para el nuevo ministro de Relaciones Exteriores brasileño, Ernesto Araújo, globalismo es una “configuración actual del marxismo”, de la cual Brasil y el mundo necesitan liberarse.

Globalismo, por ejemplo, no es sinónimo de globalización, según Blommaert, “pero es justamente su semejanza con globalización lo que confunde a la gente y le hace pensar que saben de lo que se está hablando”.

El segundo aspecto es que el término, dice el profesor, es la “munición ideal” para el siglo XXI, “perfecto para las redes sociales”.

“En el mundo de Twitter es ideal: es una palabra con varios significados distintos y varias aplicaciones diferentes. Las ideas extensas y los argumentos se reducen a una palabra o una frase”.

Globalismo es simplemente un “eslogan político”, le dice a BBC Brasil Joseph Nye, profesor de Relaciones Internacionales en Harvard y uno de los padres del concepto de soft power (poder blando, o la capacidad de un país para influir en decisiones por su poder de persuasión, en contraposición a su poder militar).

¿Pero qué quiere decir “globalismo” como eslogan político?

El término “ha sido utilizado por nacionalistas populistas para condenar a las élites involucradas en negocios globales, como comercio e instituciones internacionales”, señala Nye.

Estos líderes también se refieren a la “falta de soberanía nacional” sobre cuestiones particulares, como inmigración y comercio, dice Heidi Tworek, profesora de Historia Internacional de la Universidad de British Columbia, en Canadá.

Vínculos con la crisis de 2008

Para Blommaert, la palabra como se usa ahora tiene tres significados: los antiglobalistas están en contra de la inmigración y la diversidad (“los debates contra la inmigración evitan la palabra racismo y la sustituyen por antiglobalismo”, dice), la gobernanza transnacional y, por último, es también la izquierda (a la que se la culpa por la inmigración, la diversidad y el ascenso de las mujeres, la pérdida de las tradiciones culturales y valores y por la construcción de un sistema de gobernanza transnacional).

Por otro lado, las quejas de los líderes de derecha contra el globalismo pueden tener cierta razón, reconoce Gideon Rachman, columnista del periódico británico Financial Times.

Para él, el uso de un término con esos significados está ligado a la crisis financiera global de 2008.

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Para Blommaert, el uso de un término con esos significados está ligado a la crisis financiera global de 2008.

“En aquella época, la percepción era de que había algo equivocado con el ‘proyecto de globalización’. Había descontento, un estancamiento en Europa y EE.UU., y un sentimiento de que la gente que había creado el sistema era la que había perdido menos”, dice.

Por eso, continúa, Trump y otros se aprovecharon de esto.

Es decir, si antes la globalización era vista como un proceso económico o tecnológico, un grupo pasó ahora a decir que detrás de ese fenómeno había una ideología: el globalismo.

“Dicen que (el globalismo) no era inevitable, no era neutro y que es algo que puede ser combatido”, afirma Rachman.

“El mundo globalizado al que nos acostumbramos es el resultado de decisiones conscientes. Las ideas no pueden ser vistas como puramente tecnocráticas y divorciadas de la política. Podemos haber creído que era técnico, en gran parte, pero había un contenido político”.

Nacionalismo de ahora

Otras declaraciones del canciller brasileño Ernesto Araújo muestran que, para él, el término globalismo reúne, básicamente, características “contrarias a la nación” o “contrarias a la patria”.

“El globalismo se constituye en el odio a través de sus varias ramificaciones ideológicas y sus instrumentos contrarios a la nación, contrarios a la naturaleza humana y contrarios al propio nacimiento humano”, afirmó en su discurso de toma de posesión.

“No crean lo que el globalismo dice cuando señala que para tener eficiencia económica es preciso sofocar el corazón de la patria y no amar a la patria. No escuchen al globalismo cuando dice que la paz significa no luchar”, afirmó.

El concepto de “amar a la patria” en oposición al “globalismo” es compartido por Trump.

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Según Blommaert, el globalismo significa básicamente “lo opuesto al nacionalismo del siglo XXI”. Los antiglobalistas serían los nacionalistas de ahora, porque el término nacionalismo ya pasó de moda, dice.

En su discurso ante la Asamblea General de la ONU en 2018, el presidente estadounidense afirmó que EE.UU. “rechaza la ideología del globalismo y abraza la doctrina del patriotismo”.

Blommaert lo resume así: el globalismo significa básicamente “lo opuesto al nacionalismo del siglo XXI”. Los antiglobalistas serían los nacionalistas de ahora (porque el término nacionalismo ya pasó de moda, dice).

Tworek, profesora de British Columbia, señala que, con o sin el sufijo “ismo” que indica ideología, la palabra sirve para oponerse a “nacionalismo”.

Proyecto ideológico y conspiratorio

Aunque da cierta razón a los líderes que protestan contra los conceptos que insisten con el término globalismo, Gideon Rachman, del Financial Times, resalta que el hecho de que existiera una ideología detrás de la concepción de un mundo con una economía global integrada como el de hoy en día, no significa que haya habido alguna conspiración para lograrlo.

Y la derecha, dice, enfatiza ese supuesto aspecto “conspiratorio”.

“Putin, China, la Comisión Europea, Tony Blair y Bill Clinton tenían una visión similar, de libre comercio, comprometidos con la idea de una economía global integrada”, afirma. “El triunfo de la ideología fue que no percibimos que era una ideología, parecía algo que tenía sentido”.

Y ya entonces existió oposición.

Rachman cita como ejemplo las manifestaciones en Seattle en 1999, cuando miles de personas protestaron contra el encuentro de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

O incluso la independencia de los bancos centrales: “Todos los que eran sensatos decían que el dinero debería ser administrado por tecnócratas. Pero ahora hay críticas contra esas ideas, como las que hace Trump”.

Or Rosenboim, profesora de historia moderna de la City University de Londres y autora del libro “La emergencia del globalismo”, afirma que Trump y otros líderes “fingen” protestar contra ese globalismo neoliberal.

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Miles de personas protestaron contra la OMC en Seattle, EE.UU. en 1999. En la imagen, la sede de la OMC en Ginebra.

En su opinión, globalismo es “la idea de que la política debe ajustarse a la globalización o a las condiciones culturales y económicas de un mundo interconectado”.

Pero no significa que todos los globalistas tengan los mismos valores u objetivos dentro de ese orden global.

Trump y otros líderes, según Rosenboim, usan la retórica para parecer que protestan contra un tipo específico de globalismo o globalismo neoliberal, o contra uno que prioriza intereses económicos globales sobre otros intereses.

La cuestión, dice, es que aunque usen esa retórica, los líderes de derecha no están hablando de verdad sobre globalismo.

“Es más una versión falsa o una caricatura del globalismo”, asegura.

“Ellos dicen estar en contra de la idea de que el 1% de los ricos del mundo harán dinero con esa nueva condición de interconexión”, explica Rosenboim.

“Pero hay mucha retórica y un poco de trampa para apelar a las personas ignoradas por el mercado neoliberal.”

“El globalismo neoliberal existe, pero ellos no protestan contra eso. Protestan contra una élite liberal cosmopolita, no necesariamente contra las personas o las instituciones responsables por establecer ese tipo de mercado”.

Globalismo de ahora, cosmopolitismo de ayer

El término globalismo no es nuevo. Y, antes, tenía otros significados.

Con el cambio del siglo XIX al XX, dice Blommaert, surgió una nueva cultura ligada a la urbanización.

“Apareció un sentimiento de que estábamos perdiendo nuestras tradiciones, de que había una nueva mentalidad más apática, de que nos estaba afectando el consumismo”.

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Mao Tsé-Tung lideró la revolución china en 1949.

Lo que definía a esa gente con esa nueva mentalidad era el término cosmopolitan en inglés (o cosmopolita, en español).

La revista estadounidense Cosmopolitan, por ejemplo, vio la luz en 1886. Ya en aquella época, afirma Blommaer, el término globalist era usado en alternancia con cosmopolitan.

Según Rosenboim, en los años 40, después de la II Guerra Mundial, “pensadores e intelectuales de Occidente intentaron pensar un mundo de posguerra, preocupados por la vuelta del totalitarismo y el militarismo, y reconociendo la interconexión del mundo facilitada por tecnologías de transporte y comunicación “.

Así, pensaron en cómo la política podría hacerse globalmente y en cómo valores como el bienestar y la igualdad eran globales, no ligados a un solo país.

De esta manera, explica la autora, habría surgido el globalismo en el sentido que ella estudió: de la política que debe adaptarse a la globalización.

En cambio, para Blommaert fue en los años 60 -con el fin de las colonias en el mundo y con grandes eventos mediáticos como el aterrizaje en la Luna y la guerra de Vietnam- que cambió la manera como se imaginaba el mundo.

“Fue entonces que pasamos a ver el mundo como un sistema interconectado y surgió la noción de lo global”.

“Empezamos a sentir que vivíamos en un mundo global, formado por zonas y Estados con personas iguales”, dice, citando también a “líderes e iconos globales” que se hicieron conocidos en todo el mundo un poco antes como Gandhi, Mao Tsé Tung y Fidel Castro.

Para Rosenboim, “el globalismo no era visto como algo bueno o malo, sino como algo necesario para responder a la nueva realidad. Algo así como: ‘Necesitamos globalización, o vamos a quedarnos atrás'”.

Antisemitismo

Pero la misma palabra cosmopolitan fue usada como algo negativo y antisemita antes de los 60.

Así fue en la Alemania nazi y en la Unión Soviética de Stalin, según Blommaert.

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El magnate húngaro-estadounidense George Soros es el mayor representante del globalismo para quienes se consideran antiglobalista.

La utilizaban para describir características “innatas” de los judíos, que no tendrían raíces germánicas en el caso de Alemania.

Para Stalin, “el cosmopolitanismo sin raíces”, o los judíos, representaba un peligro a la soberanía soviética.

Hay quienes ven ecos de esa acepción antisemita de cosmopolitan en el nuevo significado de globalismo en el siglo XXI.

El mayor símbolo del globalismo, para quien se dice antiglobalista, es George Soros, un emprendedor húngaro-estadounidense judío de 88 años.

Nacido en la Hungría ocupada por los nazis, emigró a Reino Unido en su adolescencia. Hoy, es un inversor y filántropo que invierte en causas progresistas y liberales en todo el mundo.

“Él no tiene raíces y está vinculado a las ONG internacionales, por lo que es un típico globalista”, señala Blommaert.

Es un judío que, nuevamente, es visto como peligroso“, concluye.

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Samir Flores: el asesinato en México de uno de los principales activistas contrarios a la termoeléctrica de Morelos que el gobierno de AMLO somete a consulta este fin de semana


Samir Flores

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Ana Ramos/Pie de Página

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El activista indígena se oponía a un gasoducto que pasaba por su comunidad.

Cuatro disparos. Dos de ellos en la cabeza. Así fue asesinado este miércoles fuera de su casa en Amilcingo, Morelos, en el centro de México, el activista Samir Flores.

Flores, un indígena náhuatl de 36 años, era una de las figuras más vocales en contra del Proyecto Integral Morelos (PIM), que impulsado por el gobierno intenta poner en marcha una central termoeléctrica y un gasoducto en ese estado.

Los grupos ecologistas e indígenas de la región se oponen al PIM porque temen que aumente la contaminación y el desabasto de agua en la región.

Apenas hace un mes, Flores y otros activistas cuestionaron al superdelegado del gobierno federal en Morelos, Hugo Éric Flores, en un foro informativo en el municipio de Jonacatepec.

En este evento, se hablaba de las ventajas del megaproyecto de cara a una consulta ciudadana que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ordenó para este fin de semana.

Flores cuestionó a los ponentes: Las empresas por lo regular piensan primero en su capital, en su dinero, y después están las comunidades. No se si este sea un proyecto en el que estén pensando en nosotros, en nuestros hijos, nuestros nietos”, se le veía decor en un video del evento que circula en las redes.

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Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agu

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Flores era una de las figuras más vocales en contra un gasoducto impulsado por el gobierno.

“La consulta se realizará”

En su conferencia de prensa diaria este miércoles, López Obrador lamentó el asesinato, que calificó de “vil y cobarde”.

“Vamos a investigar para que se esclarezca este crimen reprobable, lamentable”. Sin embargo aclaró que la consulta se llevará a cabo este fin de semana.

“No podríamos detenerla porque no sabemos también con qué intención se cometió este horrendo crimen, a lo mejor entre las posibilidades era afectar la realización de la consulta“, dijo.

AMLO antes de tomar el poder criticaba el megaproyecto, pero como presidente apuesta por él y ha prometido bajar los precios de la electricidad en la región.

Flores era también locutor en la radio comunitaria Amillzintko y miembro del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y Agua Morelos, Puebla, Tlaxcala.

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El presidente de México lamentó el asesinato, que calificó de “vil y cobarde”.

“Es un riesgo para la vida”

En una entrevista del año pasado para Pie de Página, Samir Flores aseguró que en la construcción del gaseoducto las autoridades se han pasado por alto, entre otras cosas, el diálogo con los habitantes, así cómo los permisos de construcción, y el riesgo de construir en una zona actividad volcánica.

“No queremos el gasoducto porque representa un riesgo para la vida. Por eso dicen que nosotros no queremos el desarrollo. Nos hablaron siempre de desarrollo, pero nunca supieron especificar desarrollo para quien”, dijo.

El Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua aseguró en un comunicado que Flores había sido amenazado en varias ocasiones desde el 2012.

La organización civil aseveró que se trató de un “crimen político”.

Aseguran que el pasado 11 de febrero advirtieron en una carta al presidente que “sus declaraciones en apoyo a la termoeléctrica y el discurso de descalificación y odio” hacia ellos podría generar más violencia.

Este miércoles los asesinos de Flores huyeron en dos vehículos de la escena del crimen. Flores murió en el camino al hospital.

En el comunicado del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua se le recordó como “valiente, incansable, solidario, comprometido y claro en sus ideas”.

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"Sodoma: poder y escándalo en el Vaticano", de Frédéric Martel: el polémico libro que dice desvelar la "corrupción y la hipocresía" en el corazón de la Iglesia católica


San Pedro

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Según Martel, gran parte de los curas del Vaticano son homosexuales.

Bares y discotecas, prostíbulos, fiestas sexuales y “orgías” clandestinas, chicos de compañía, “amantes” de alquiler…

Después de celebrar misas y colgar sus sotanas en algunas de las tantas iglesias de la Ciudad Santa, “miles” de curas salen a disfrutar de la noche gay de Roma.

Eso alega “Sodoma: poder y escándalo en el Vaticano“, un libro del periodista francés Frédéric Martel que sale a las librerías este jueves, el mismo día en que los principales líderes de la Iglesia católica se reúnen para discutir una estrategia contra el abuso sexual de menores.

“El texto es resultado de una investigación que realicé durante más de cuatro años, para la que viajé por varios países y para la que entrevisté a decenas y decenas de cardenales, obispos, sacerdotes, seminaristas y personas muy cercanas al Vaticano”, asegura el autor a BBC Mundo.

Se trata de un explosivo texto que denuncia, según su sinopsis, la “corrupción y la hipocresía” dentro del catolicismo romano, que ha condenado por siglos la homosexualidad.

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Se trata de un explosivo texto que denuncia, según su sinopsis, la “corrupción y la hipocresía” dentro del catolicismo romano.

Martel afirma que, por condiciones históricas y sociales, el sacerdocio fue un escape para cientos de jóvenes que eran acosados en sus pueblos por su condición sexual y que, por eso, la Iglesia es ahora, en su criterio, una institución formada “mayoritariamente” por personas homosexuales.

“A medida que fui avanzando con la investigación, descubrí que el Vaticano es una organización gay al más alto nivel, una estructura formada en gran medida por personas homosexuales que durante el día reprimen su sexualidad y la de los otros, pero que en la noche, en muchos casos, toman un taxi y se van a un bar gay”, alega el escritor.

Una de sus fuentes, le llegó a asegurar incluso que el 80% de los curas en el Vaticano son homosexuales, un dato que no corroboró de forma independiente.

Pero el autor afirma que uno de los hechos que más llamó su atención fue la “banalidad de la vida gay” para “miles” de sacerdotes, “que viven encerrados en el closet por una organización” y “que están atrapados en ese propio sistema”, pero que disfrutan, a la vez, de lo que critican desde los altares.

El Vaticano no respondió de forma inmediata una solicitud de comentario hecha por BBC Mundo sobre el libro y las duras acusaciones que el autor hizo en esta entrevista sobre la institución.

No obstante, el renombrado teólogo jesuita James Martin, si bien destacó la envergadura del estudio, cuestionó los mecanismos que empleó Martel para la verificación de los datos o los testimonios.

“Martel ha realizado una impresionante investigación para su nuevo libro y ofrece algunas ideas importantes sobre la hipocresía y la homofobia en la iglesia”, señala a BBC Mundo.

“Sin embargo, esas ideas están enterradas bajo una avalancha de chismes, insinuaciones y pesadez general que abruman al lector y hacen que sea difícil discernir los hechos de la ficción”, agrega.

Sacerdocio y homosexualidad

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“El abuso sexual no está relacionado con la homosexualidad, puede ocurrir dentro de familias heterosexuales y la mayoría de las víctimas en el mundo son mujeres”, dice Martel.

Desde este jueves, más de 190 cardenales, obispos y otras autoridades de la Iglesia católica se reunirán en el Vaticano para determinar qué hacer ante la avalancha de denuncias de abusos sexuales que han aparecido contra sacerdotes en casi todo el mundo.

Dentro del sector más derechista de la institución, una de las acusaciones más frecuentes es vincular la ocurrencia de estos delitos con la homosexualidad de los curas.

De hecho, el martes dos renombrados cardenales de Estados Unidos y Alemania enviaron una dura carta al papa Francisco en la que lo urgen a terminar con “la plaga de la agenda homosexual” y llaman a los obispos a romper su complicidad con los casos de abusos sexuales.

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Martel es periodista y sociólogo y trabajó como asesor para el gobierno francés.

Pero de acuerdo con Martel, quien se reconoce a sí mismo como gay, el problema dentro de la Iglesia no es la opción sexual de los curas, que es un asunto privado, sino la “doble moral” de la institución hacia la sexualidad.

El abuso sexual no está relacionado con la homosexualidad, puede ocurrir dentro de familias heterosexuales y la mayoría de las víctimas en el mundo son mujeres. Ahora, si miras dentro de la iglesia, la mayoría de los abusos son de curas homosexuales”, afirma.

Lo que sucede, según Martel, es que una supuesta “cultura de secretismo” existente en la Iglesia conlleva al encubrimiento de los abusos.

“Sucede que como muchos obispos son gay, tienen miedo del escándalo, de los medios y, al final, de ellos mismos. Entonces protegen a los abusadores, no por el hecho de encubrir el abuso, sino para que no se sepa que ellos mismos son homosexuales. No solo están protegiendo al abusador, se están protegiendo a ellos mismos”, considera.

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El libro alega que muchos curas en el Vaticano tienen una doble vida.

En criterio de Martel, esto no solo lleva a que, por años, se hayan ocultado los abusos, sino a que muchos cardenales, obispos y sacerdotes se conviertan en fervientes críticos de la homosexualidad.

“Lo que encontré es que, en muchos casos, mientras más críticos eran con la homosexualidad, más lujuriosa era su vida oculta como gays“, opina.

Y ¿qué pasa en América Latina?

Durante sus más de 500 páginas, el libro expone que esta situación no es exclusiva del Vaticano, sino también de muchos otros países, incluidos algunos de América Latina.

“Estuve varias veces en Argentina, Cuba, México, Chile y Colombia y lo que encontré fue que la situación no era muy diferente que en el Vaticano“, sostiene.

Martel asegura que, como factor común en algunos de estos países, se manifestó una “insólita” relación entre la cúpula religiosa y la militar, ya fuera hace décadas con los gobiernos de facto de Argentina y Chile, la guerrilla de Colombia o después con el régimen de Fidel Castro en Cuba.

“En la mayoría de estos casos, existía una complicidad entre la Iglesia y estos gobiernos o fuerzas que hacían que se encubriera la homosexualidad y los abusos de los sacerdotes en estos países”, señala.

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Para su libro Martel entrevistó a 41 cardenales, 52 obispos y nuncios apostólicos , más 200 sacerdotes y seminaristas y periodistas y diplomáticos.

En México, señala, uno de los casos más conocidos fue el de Marcial Maciel, el fundador de la Legión de Cristo, pero también descubrió otros menos conocidos, como el del fallecido cardenal colombiano Alfonso López Trujillo.

Según el libro, el prelado merodeaba seminaristas y jóvenes sacerdotes, y contrataba a prostitutos masculinos de forma rutinaria.

Mientras promovía la enseñanza de la Iglesia de que todos los hombres gay están “objetivamente desordenados” y cuestionaba el uso del condón.

Y aunque Martel asegura que incluso se reunió con trabajadores sexuales que prestaron sus servicios al fallecido cardenal, muchos críticos del libro han cuestionado que la mayoría de las acusaciones que realiza carecen de pruebas sustentables y que solo se basan en “chismes” o “comentarios de pasillo” .

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El papa Francisco intenta controlar los abusos sexuales en la Iglesia.

Otros han cuestionado también que el texto podría dar lugar a una “cacería de brujas” contra curas homosexuales o promover estereotipos negativos, pues según Martin “es más fácil buscarse chivos expiatorios que confrontar la hipocresía y la cultura del secretismo” al interior de la Iglesia.

Para otros, el libro ha sido una revelación de lo que muchos consideran un “secreto a voces” y podría constituir un llamado a cambiar las anquilosadas estructuras del Vaticano.

“La Santa Sede debe ser un modelo para todas las diócesis del mundo, incluida la selección y la vigilancia de sus propios miembros. En este momento no lo es“, dice a BBC Mundo el monseñor Stephen J. Rossetti, profesor de la Universidad Católica de Estados Unidos.

“Debe hacer un mejor trabajo para asegurar que sus clérigos sean fieles a su llamamiento a ser célibe. Y deben ser también más agresivos, especialmente cuando se enfrentan a clérigos homosexuales que no son célibes. Se han producido varios casos recientemente y continuarán envueltos en escándalos hasta que se hagan cargo de esto”, agrega.

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Andy Jordan: "Ser influencer en Instagram me convirtió en un títere"


Andy Jordan

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Andy Jordan se convirtió en un personaje televisivo… y en un “Instagrammer” desencantado.

Andy Jordan comenzó a usar Instagram cuando empezó a trabajar en el programa de televisión británico Made in Chelsea, en 2012. Antes de eso ni siquiera tenía una cuenta en la red social.

Ahora tiene más de 290.000 seguidores.

“Cientos de miles de seguidores estaban atentos cada noche a lo que hacía”, le contó a la BBC sobre su aparición en el programa de televisión.

“Uno piensa: ‘Todo el mundo quiere seguirme y hablar conmigo’. Es casi como una droga“.

Andy lo estaba pasando mal. Ser un personaje mediático le empujaba a publicar una vida edulcorada y llena de filtros en Instagram. Y eso le pasó factura.

Vender cosas en las que no creía fue la gota que colmó el vaso. Y llegó a un punto preocupante.

“Me convertí en un fantasma… ni siquiera me habría importado que me hubiera atropellado un autobús”, asegura.

Andy estaba promocionando artículos que se ven a menudo en las cuentas de Instagram de varios “influencers” de la red social, como los que sirven para blanquear los dientes y suplementos de proteínas.

Pero para hacerlo tenía que dar una imagen de sí mismo que no se correspondía con la realidad.

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Andy promocionó suplementos proteínicos en la red social, aunque no los toma y no va al gimnasio.

“Es el dinero más fácil que gané jamás”, confiesa.

“Hubo un par de veces en las que cobré US$650 por una sola foto, pero casi siempre eran unos US$2.500 (por cada foto)“.

Y añade: “Yo solo hacía lo que me decían que hiciera… Obviamente, quienes lo gestionan (el programa) quieren que hagas esas cosas porque también ganan dinero con ello”.

Andy dice que nunca va al gimnasio, pero aún así le pidieron que promocionara suplementos proteínicos.

“Me pareció que no tenía sentido porque yo no entreno en el gimnasio, pero mi agente me dijo: ‘Bueno, finge que haces ejercicio’. Y yo decía: ‘¿Pero qué quieres qué haga?'”.

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Andy Jordan (a la derecha) dejó el programa británico “Made in Chelsea” en 2015.

Finalmente, Andy entró un gimnasio solamente para tomarse una foto del producto usando una de las máquinas. Pero eso no fue lo más raro que hizo.

“Nunca antes me habían pedido que me sometiera a cirugía plástica“, le dijo a la BBC.

“Incluso me preguntaron si me haría una liposucción en una clínica en particular para documentar después el proceso”. Andy rechazó esa petición.

Vida con filtros

Estaba haciendo mucho dinero, pero para ello tenía que vender productos constantemente y dar una imagen de sí mismo que no le gustaba.

Al mismo tiempo, participaba en Made in Chelsea, un programa guionizado que intenta parecerse a un reality de televisión y que narra las vidas de un grupo de veinteañeros que viven en los vecindarios más exclusivos de Londres.

“Te conviertes en un títere… eres, literalmente, el envoltorio“, explica.

“Perdí la noción sobre quién era yo porque todo estaba dirigido por otra persona”.

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Andy tiene una carrera musical y dirige una tienda de ropa.

A Andy también le preocupaba el efecto que su vida con filtros podía tener sobre sus seguidores.

Una encuesta de la BBC encontró que más de la mitad de los jóvenes británicos entre 18 y 34 años sienten que la televisión y las redes sociales tienen un efecto negativo en la manera en la que ven sus cuerpos.

“Creo sinceramente que hay gente que puede morir como resultado del fenómeno de las redes sociales”, opina Andy.

“Si estás constantemente rodeado de un mundo que es mejor que el tuyo o de gente que parece mejor que tú, que tiene un auto mejor… llega un momento en que sientes que tu vida no vale nada”.

“Es como vender tu alma”

Andy está enfadado consigo mismo “por no haber comprendido del todo lo que estaba haciendo desde el día uno”.

Todavía publica en Instagram y cobra por algunos posts, pero ya no anuncia blanqueadores de dientes ni batidos de proteína.

“Por lo menos si ahora promociono alguna cosa tiene que ser algo sobre lo que me sienta apasionado”, declara.

Una historia que cuenta muestra el efecto que gente como él puede tener sobre el público más joven, niños incluidos.

“Tuve una conversación con algunos amigos de la familia y estaba hablando con un niño que tendría unos 7 u 8 años. Le dije: ‘¿Qué quieres ser de mayor? Y me respondió: ‘Bueno, yo solo quiero ser un instagrammer‘”.

“Y le respondí: ‘Ese no es un trabajo de verdad’“.

“En ese momento me di cuenta de que esta cultura (de las redes sociales) da mucho miedo. Si te estás empujando a hacer algo que sabes que no tiene nada que ver contigo supongo que, de cierta manera, es como vender tu alma“.

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