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EL MUNDO

Y TVE mete a Otegi en el confesionario: ¿a quién le importa su perdón?


Madrid. 26.06.2019. RTVE entrevista a Arnaldo <HIT>Otegi</HIT>. La...

Un momento de la entrevista a Arnaldo Otegi, en La noche 24 h de TVE.
RTVE

Uno de los espectáculos televisivos más deprimentes a los que se puede enfrentar un espectador es una entrevista a Arnaldo Otegi. El preludio suele ser ya embarazoso, pues la autojustificación es inevitable y, si el medio es la pública TVE, la autojustificación palpita de una forma lastimera debajo de cada pregunta hasta que se despide al invitado.

Hasta ahora la presencia de Otegi en un plató, excepto en TV3 donde se le recibe con una cordialidad que ya quisiera Inés Arrimadas, se solía defender con tópicas reflexiones acerca de la necesidad que tiene el periodismo de comprender a los malvados. A Otegi ya le ha entrevistado mucha gente como para que a estas alturas alguien ignore que es un botarate al que el perverso glamour periodístico del crimen ha embellecido. Quien no haya comprendido ya esto, no lo va a entender jamás, aunque le pongas en bucle el pasaje de La Pelota Vasca en el que exponía las bases de su ideario: “El día que en Lekeitio o en Zubieta se coma en hamburgueserías (…) y todo el mundo en vez de estar contemplando los montes esté funcionando con Internet, pues para nosotros ése será un mundo tan aburrido tan aburrido que no merecerá la pena vivir”.

Una novedad de última hora es el énfasis en la legalidad del partido al que representa Arnaldo Otegi. En TVE se entrevista a todas las fuerzas legales, vino a decir el entrevistador, Marc Sala, durante la presentación del invitado. El apéndice legalista es un recurso recentísimo y sin embargo ya tan recurrente que más que de sospechas acerca de una operación legitimadora de Bildu habría que hablar de evidencias.

Herri Batasuna ya era legal cuando Otegi y Ternera se desternillaban de la risa en sus escaño del Parlamento Vasco. Las imágenes de aquel legalísimo binomio de sangre son fáciles de encontrar. Son de 2002. Ese año entraron en el Bar Gure Txoko de Orio dos terroristas de ETA y asesinaron de tres tiros en la cabeza al concejal socialista Juan Priede. Con distintas denominaciones, Batasuna fue legal durante buena parte de la historia democrática de España, mientras su actividad política fue la prolongación institucional de los crímenes de ETA.

La entrevista de TVE siguió el tristísimo guion de siempre. Hasta seis veces se le reclamó a Otegi que pidiera perdón por los asesinatos, como si lo que aquí importara fuera la salvación de su alma. Esta insistencia en el sacramento coloca al periodista en una posición suplicante y en este caso, unida a la triste ambientación del duplex, le dio a la conversación el aspecto de una confesión vía Skype.

Sólo cuando el presentador asumió que esta sería la enésima vez que Otegi iba a eludir con sucias perífrasis su historial criminal, decidió hablar de su nuevo rol en la democracia. Los apaciguadores dirán candorosos que al fin se habla con Otegi de política, cuando Otegi no ha dejado de hablar de política desde que lo conocemos. Ahora de lo que habla, y he aquí el salto siniestro, es de gobernabilidad. Esta es otra recentísima novedad que corre pareja al énfasis en su condición legal. Se cuentan sus escaños, se escudriñan sus intenciones y se le interroga por el precio de su apoyo a una investidura. En Navarra, cuya anexión fue siempre una reivindicación troncal del nacionalismo radical vasco; y también en España, donde el objetivo troncal fue siempre la destrucción.

La nueva condición de Otegi, un nuevo actor de la gobernabilidad, le exige el esfuerzo de ternura que, horas antes de la entrevista, le fue reclamado por su diputado Oskar Matute: “Nos imaginan montaraces, rudos, insensibles al dolor y al humor”. Se trata de un camuflaje hecho de lenguaje inclusivo de retórica posmoderna, que no se olvida del “nosotros y nosotras” y demás imposturas progresistas y que busca descaradamente una homologación que en realidad ya ha llegado. De hecho, el titular de la entrevista es que Bildu no contribuirá al bloqueo de la legislatura. ¿Y las víctimas? ¿Y los asesinatos impunes? ¿Los atentados sin esclarecer? Todo eso va quedando más y más atrás cada vez que Otegi lo engloba dentro de El Relato y en esta entrevista lo hizo muchas veces. El Relato es un asunto pretérito.

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EL MUNDO

Más de 1.000 bomberos luchan contra los incendios en el centro de Portugal


El Instituto Portugus del Mar y la Atmsfera coloc este sbado a diecinueve municipios de seis distritos del pas, entre ellos Castelo Branco, en riesgo mximo de incendio


Bomberos luchan contra un incendio forestal en Portugal en 2017.
EFE

Ms de un millar de bomberos luchaban la madrugada del domingo en Portugal contra los incendios, que dejaron ocho heridos en una regin montaosa del centro del pas donde el fuego mat a un centenar de personas en 2017.

Uno de los heridos, un civil que se encontraba en un estado grave, fue evacuado en helicptero a Lisboa, segn anunci el comandante de Proteccin Civil para la regin del centro del pas, Luis Belo Costa, en un encuentro con la prensa. Tres de los siete bomberos heridos de levedad se accidentaron en una colisin entre dos vehculos.

A las 3.00 horas (2.00 horas GMT), ms de 1.100 bomberos y 400 vehculos luchaban contra las llamas, segn el sitio de Proteccin Civil.

El ejrcito portugus anunci tambin el envo de refuerzos. El Estado Mayor del ejrcito enviar a 20 militares y cuatro mquinas para “abrir vas con el fin de facilitar el acceso de los bomberos”, segn un comunicado de las fuerzas armadas.

El sbado se desplegaron una veintena de aviones y helicpteros antiincendios pero los vuelos se interrumpieron al caer la noche, en esta regin montaosa y cubierta de bosques donde 114 personas murieron en una ola de mortferos incendios, en junio y octubre de 2017, una catstrofe por la que Portugal an est traumatizado.

Los incendios forestales, atizados por violentos vientos, se declararon la tarde del sbado en tres frentes en zonas de difcil acceso de la regin de Castelo Branco, 200 km al norte de Lisboa.

Uno de los tres incendios, el que resultaba ms amenazador el sbado, qued contenido en un 90%, segn anunci el comandante Belo Costa; pero el segundo, en el distrito de Vila de Rei, generaba mayor preocupacin durante la madrugada.

Se evacu por precaucin a los habitantes de varios pueblos.

“La estrategia es lograr dominar los tres focos para las 6.00 o 7.00 de la maana. Es un objetivo ambicioso teniendo en cuenta el terreno en el que luchamos”, reconoci, aunque las condiciones meteorolgicas eran favorables.

El presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, expres su “solidaridad con los cientos de personas que luchan contra el flagelo de los incendios”, en un mensaje publicado en el sitio de la presidencia.

Debido al calor y a las fuertes borrascas, seis regiones del centro y el sur de Portugal entraron el sbado en alerta mxima por incendio.

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EL MUNDO

Flappy Royale: así es el juego que combina Fortnite y Flappy Bird


Uno de los juegos ms populares de hace unos aos ahora permite competir contra otras 99 personas en tiempo real

Qu ocurre cuando juntas uno de los juegos ms populares del momento con una aplicacin que caus tal furor durante unas semanas que su creador la retir de la App Store por considerarla demasiado adictiva? Nada ms y nada menos que Flappy Royale, el juego para iOS y Android que combina la mecnica de Flappy Bird con la temtica ‘el ltimo en pie’ de los populares Fortnite o PUBG, entre otros.

El funcionamiento, por lo tanto, no puede ser ms sencillo: hay que evitar los obstculos -unas tuberas- con los aleteos del pjaro protagonista. Cada pulsacin en la pantalla eleva ligeramente al jugador, por lo que es necesario pulsar con precisin para no chocar con estas tuberas ni por arriba ni por abajo. Y mientras tanto, otras 99 personas hacen lo mismo.

Esto hace que cada partida sea tan corta como adictiva: tras dos segundos, chocamos contra el primer obstculo y quedamos en octogsimo novena posicin. Volvemos a empezar y nos va mucho mejor, como demuestra el haber quedado en dcimo sptimo lugar tras esquivar tres tuberas en menos de diez segundos.

El pjaro es personalizable, aunque esto afecta nicamente a su aspecto, no a su rendimiento. Adems, hay un segundo modo de juego en el que el nivel no se genera de forma automtica, sino que cambia cada da y se puede competir tan solo cinco veces por da en l contra el resto de jugadores. Quien mejor resultado consiga, liderar la clasificacin.

Aunque Flappy Royale acaba de llegar a las dos grandes tiendas de aplicaciones, ya tuvo bastante xito en su fase beta. Segn cont uno de sus desarrolladores en Twitter, se jugaron 10 millones de partidas en esa etapa y durante un tiempo se jugaron 30 partidas por segundo.

Como curiosidad, una de cada cinco veces nadie supera el primer obstculo y tan solo es necesario esquivar tres tuberas para asegurarse estar entre los 33 mejores jugadores de esa partida.

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EL MUNDO

Moby Dick, la obsesión de la venganza


Diez claves imprescincibles para conocer a fondo la figura de Herman Melville y el contexto y dificultades que vivi durante la creacin de una de las novelas ms importantes de la historia de la literatura moderna, considerada como una pieza memorable en la reflexin de las pasiones humanas

Una nueva novela

Nada haca presagiar, hacia 1850, que el marino Herman Melville, autor de dos novelas de turismo extico (Taipi y Om, la primera una sensual visita al paraso; la segunda, el descubrimiento de que en el paraso hay canbales) y varias otras irregulares que tuvieron el mrito de hacer caer en picado el nmero de sus lectores (menos interesados en las duras condiciones de vida de los marinos que en las postales de las islas del Pacfico), fuera a sacarse del tintero una obra tan corpulenta como Moby Dick.

Al principio se la propuso como una novela de aprendizaje de un muchacho, Ismael, que se embarca en un ballenero y cuenta cmo es vivir all, en una tripulacin donde se mezclan las razas, y en qu consiste el arte de perseguir ballenas. Melville, adems de otros oficios varios, se haba embarcado joven en pos de las islas del Pacfico y haba trabajado en algn barco ballenero -aunque no como arponero, segn gustaba de declarar: como grumete-. Le pareci que hacer una narracin as, donde contase las duras condiciones de vida en un barco ballenero, y la hazaa que supona la caza de una ballena, le devolvera la atencin que haba ido perdiendo desde su estreno. Era decisivo que los ojos que narraran todo fueran los de un joven con ansias de descubrir el mundo.

De repente…Ahab

No haba rastro de Ahab en los primeros latidos de la novela, que iba a titularse -y se titul en su versin inglesa La ballena-. Algo pas entonces. Charles Olson tiene claro que lo que pas es Shakespeare: una lectura detenida de Rey Lear inspir a Melville. Otros estudiosos, como Andrew Delbanco, afinan ms. Fueron varias cosas las que pasaron. La amistad de Melville con Hawthorne -una mezcla de afecto y rivalidad multiplicada en charlas y cartas- fue decisiva: Hawthorne apreciaba los colores de la paleta de Melville, pero le recomend que se volviese ms hacia los adentros de sus personajes.

La lectura de Frankestein de Mary Shelley (y esa extraa exploracin al rtico en pos de un ser maligno), la situacin poltica del pas, a punto de irse al garete en su pugna Norte/Sur, acentuada por la posicin de los demcratas cuya cabeza ms visible en el Sur, Calhoun, prest a Melville la fra psicologa de su capitn… Todo contribuy a que la novela, despus de un parn, virase hacia donde hoy sabemos. Melville se dio cuenta de su grandeza y en una carta parece consciente de que algo ha cambiado, y el libro que quiere escribir, y escribir a velocidad de vrtigo, es distinto al que se propuso: “Necesito plumas de cndores para escribirlo, mi tintero es el crter del Vesubio”.

Y de ese crter sac a Ahab, un capitn de barco ballenero que perdi una pierna en una pugna con un cachalote, ha jurado venganza, nadie lo ve durante el da, camina por la noche imponiendo la msica de su pata de palo en la tarima de cubierta… y acaba dejando de ser un fantasma para convertirse en un hechicero que hace de su cuita particular un asunto colectivo. Pero no se engaa. Como Don Quijote, Ahab podra decir: s quin soy, de ah que en algn momento de la novela se defina: “Todos mis mtodos estn regidos por la lgica, mis motivos y objetivos son, sin embargo, descabellados”.

Hechos reales

Es evidente que Melville record el caso del Essex, un ballenero que, poco despus de que el novelista naciera, fue atacado por un cachalote blanco al sudoeste de Chile, en las cercanas de la isla de Mocha. Sobre las desventuras de los marinos del Essex, Jeremiah Reynolds public un reportaje en 1939. Ah se contaba que el cachalote haba salido vencedor de ms de cien enfrentamientos con balleneros y pareca haber desarrollado una capacidad inverosmil para retar a los barcos y destruirlos.

Por mucho que se diga que el relato impact a Melville y lo llev a inspirarse en l para su novela, lo cierto es que no fue sino hasta mucho ms tarde cuando lo record para, sin duda, utilizar alguno de sus acordes y ancdotas en la extravagante y rara sinfona que estaba componiendo. Un libro que por momentos pareca querer ser la historia general de la cultura humana, como si fuera -segn se lee en el captulo 82- una enciclopedia de “hroes, santos y semidioses”.

Torpezas

Melville escribi su libro en autntico estado de emergencia una vez que encontr el sendero hacia su final apocalptico, de ah que se le perdieran marinos a menudo -la tripulacin del Pequod constaba en principio de 30 integrantes, pero en algunas descripciones se llegan a contar 42, muchos de los personajes comparecen alguna vez, dan la impresin de que van a ser importante porque se les dedica algn captulo ntegro y luego desaparecen para siempre-. Su narrador, Ismael, es la viva imagen del narrador imposible, pues utilizando la primera persona con la que memorablemente se abre la novela, ms adelante parece haber obtenido la capacidad de la omnisciencia porque da cuenta detallada de hechos en los que no puede haber estado, reproduce conversaciones que no ha podido escuchar, dibuja, como si las contemplase, situaciones que no contempl.

Todas esas torpezas -culminada por la torpeza final pues en la escena ltima, el barco queda destruido y el narrador hace sospechar que no hubo supervivientes con una imagen esplndida, y hubo de agregar precipitadamente una pgina ms para arreglarlo y hacer flotar a Ismael- no restan un pice de fuerza a la narracin: en un taller literario se le podran sacar decenas de defectos, dara igual, su energa, su poesa, su potencia se sobrepone -como en Shakespeare- a todas esas carpinteras.

El libro de ‘Moby dick’ con ilustraciones de Rockwell Kent.

Fracaso

Para Melville el hroe de la novela es el monstruo marino, ese misterio, de ah que quisiera que su novela se titulase La ballena, y as sali en Inglaterra -donde en octubre apareci la primera edicin; la americana sali un mes despus ya con el ttulo con que sera conocida-. El fracaso de ventas fue lealmente acompaado de unas cuantas crticas destructivas que tacharon de loco a Melville. La mayora de crticas tom al capitn Ahab como un retrato favorecedor, e incluso tmido, del propio Melville: un fantasma que se cree capaz de poder dar caza a la gran novela americana -la ballena- y que, naturalmente, es hundido por su propia ambicin.

En efecto, no hubo muchos lectores que supieran medir la entidad de lo que se les ofreca. Un libro tan elstico que empezaba como el relato de un joven aventurero, se demoraba enciclopdicamente en la descripcin de distintos tipos de ballenas, pareca utilizar simbologa poltica como encriptar un mensaje -el nmero de tripulantes se corresponde con el nmero de estados de la Unin- y acaba en una persecucin absolutamente despiadada y catastrfica propiciada por la obsesin del ms terrible de los hombres no era un libro para ningn pblico precisamente por querer ser para todos.

Las mezclas eran constantes: de razas, de gneros literarios, de tonos. Para escandalizar a la gente haba, incluso, una escena de evidente homoerotismo entre el narrador y el pagano Queequeg: “qu elsticos se vuelven nuestros rgidos prejuicios una vez que el amor viene a doblegarlos”, escribe Ismael despus de recibir el abrazo de su tatuado compaero de edredn. El fracaso fue de tal envergadura que Melville escribi a su editor prometindole que se alejara del mar y se hundira en los conflictos de la urbe para escribir una novela que satisficiese ms el gusto del pblico (que Melville no tena idea de cul era el gusto del pblico de su poca lo prueba el hecho de que esa nueva novela fue Pierre o las ambigedades, la ms oscura y rebuscada de sus novelas).

Novelas cortas

Los continuos fracasos comerciales del escritor tuvieron algo de bueno: lo empujaron al relato para revistas. “Si Melville cree que recuperar el crdito que una vez tuvo con unos cuentos para Putnam no puede estar ms equivocado”, escribi un crtico. Se equivoc. Dos de esos relatos eran Bartleby y Benito Cereno. Los reuni con otros en su libro postrero The Piazza Tales, que no caus la menor conmocin pero iran ganando fama de forma paulatina. La carrera narrativa de Melville dur apenas 13 aos -escriba a ritmo de vrtigo, Redburn en tres meses, Chaqueta blanca en cuatro, el primer latido de Moby Dick se fecha en mayo de 1850 y en octubre de 1851 sali la primera edicin-. Despus se dedic a la poesa, con un libro sobre la guerra civil y otro sobre sus correras en el mar. Esos volmenes los editaba en ediciones confidenciales financiadas con ayuda econmica de amigos y familiares. Al final de sus das regres a la narracin para erguir otra obra maestra de la narrativa breve: Billy Budd. Aparecera pstumamente en los aos 20, cuando la editorial Constable, en 1922, decide emprender la publicacin de sus Obras completas. Sus novelas cortas Bartleby, Benito Cereno y Billy Budd, se convertiran en sus obras ms ledas con decenas de reediciones.

Interpretaciones

Fue en los aos 30, precisamente, cuando a Melville le lleg la hora -como a Ismael despus del hundimiento del Pequod- de emerger a la superficie despus de que se le diera por hundido. Su gran novela volvi a editarse -en Random House, con ilustraciones de Rockwell Kent-, a leerse. Ahora, las interpretaciones acompaaban al texto de modo inevitable convirtindolo en alegora proftica: Moby Dick se convirti en una novela poltica. Melville haba avisado del gran peligro que se cerna sobre la democracia -que haba sido una preocupacin suya desde Chaqueta blanca– con la creacin del iluminado Ahab, alguien cuyo poder de hechizo y fascinacin, su obsesiva sed de venganza, es capaz de llevar al desastre a quienes comanda. Era la contribucin de un demcrata al peligro de dejar “destino Manifiesto” (que pujaba por extender los Estados Unidos de costa a costa) en manos de un lder capacitado para convencer a todos de que una misin de pueblo elegido exiga todo tipo de sacrificios por la obtencin de un fin.

Pero de dnde procede ese hechizo? No slo de su capacidad verbal de conviccin, no slo de sus dotes de mando: en un captulo indispensable, Ahab muestra muy claramente qu mueve el mundo, qu ayuda a que los lderes hechicen. Se trata del captulo 36, en el que ofrece un dobln de oro al tripulante que aviste la ballena que le arranc la pierna. La mezcla ah del relmpago del oro y de su propia confesin pblica de que hay una razn de ajuste personal la que sirve de motor a su afn, suscita ese hechizo que entonces se aduea de una tripulacin que hasta ese momento lo tema ms que lo respetaba. A partir de ese momento el Pequod est perdido y la lgica de la venganza -que merecer recompensa- inicia una nueva singladura en la que el ballenero se vuelve la nave de los locos. Lewis Mumford aseguraba que quien mejor haba retratado la locura alemana de los aos 30 haba sido Melville en Moby Dick. Julian Benda, al intuir que Europa se precipitaba a una guerra de nacionalismos, record a Ahab para extraer este aforismo: “El odio se hace ms fuerte cuanto ms preciso se vuelva”.

Imgenes de la pelcula ‘Moby dick’ de John Huston protagonizada por Gregory Peck.

Alegoria

La novela consenta fcilmente esa interpretacin, y muchas otras, desde las tecnfilas -el afn del hombre por dominar los misterios de la naturaleza quiere que Ahab sea un adelantado- hasta las ecologistas -el monstruo no es la ballena, el monstruo es Ahab, porque como todas las obras maestras se poda ajustar a cada poca con exquisita eficacia. Pero su entidad alegrica no le resta un pice a su poesa y a su fuerza narrativa. Melville poda estar escondiendo mensajes vaticinadores o polticos en sus narraciones, sin duda, poda estar atrevindose a hacer profecas, avisndonos del triunfo del populismo -siempre que un dobln de oro acompaara al discurso sentimental del lder- pero lo que lo hace inmenso es su capacidad para dotar de vida todo lo que narra.

Pasa por ser un gran maestro en el retrato de psicologas enfermas -l mismo era un hombre difcil con largas estancias en el stano del ensimismamiento- y sin duda lo es, pero tambin lo es del arte de hacer visible la vida, de ordenar el caos de la realidad -que al fin y al cabo, eso es contar-. Por eso, todas sus novelas estn llenas de detalles de realidad cotidiana, de olores, de sonidos. En Melville, un marinero no se limita a subir por un palo: nos explicar minuciosamente la manera en que ha de colocar pies y manos para no resbalar. Los cargos no se limitan a cenar en el camarote: se nos dir las diferencias que hay entre las cucharas que ellos utilizan y las que utilizan los miembros de la tripulacin.

Genealoga

Cul es su genealoga? Evidentemente Moby Dick tiene un ascendente bblico innegable que le llega por el poeta que ms le apasionaba, Milton, y por su personaje esencial, Satn. En alguna de sus novelas llama “mi juglar” a Virgilio. Sin duda Olson llevaba razn al sealar la importancia de Shakespeare en Melville, aunque en el ejemplar de las obras de Shakespeare que se conservaba en la biblioteca de Melville no hubiera ninguna seal ni subrayado ni anotacin, como s las haba en otros muchos libros. Son todos grandes nombres, pero tambin beba en innumerables libros sobre historia, sobre vida marina, sobre lugares remotos. Era un lector, segn su propia expresin, poco metdico y nada disciplinado. Su poca disciplina en el diseo de estructuras narrativas fue, curiosamente, la que llev a considerarlo como padre de la modernidad. Auden cit Moby Dick como la primera de las novelas de la era contempornea, aunque por su condicin de obra total, de poema-novela, ms bien podra ser considerada como la ltima obra maestra del mundo antiguo. En cualquier caso, el posmodernismo acept que Moby Dick iniciaba una nueva era de la novela, pues como ninguna otra novela de la poca pona a prueba la flexibilidad del gnero.

Cine

Una novela tan poco leda como Moby Dick, de esas de las que es fcil saber algunas cosas, como el Quijote, sin necesidad de sumergirse en sus pginas, recibi un imponente empuje popular gracias al cine. Fue adaptada en 1926 con el ttulo de La bestia del mar. En 1930, con el ttulo de Moby Dick y John Barrymore de protagonista, se estren la primera versin sonora. En 1931, Michael Curtiz realiz Dmon des Meeres. Pero la cinta que todos tenemos en la memoria es la de John Huston con Gregory Peck en el papel de Ahab. Aunque el guion lo firman Ray Bradbury y Huston, lo cierto es que es obra del primero, que acab denunciando al director por comparecer como coguionista. Por buena que sea la pelcula, es slo un charco comparado al ocano indomable que es la novela, o el poema, o el milagro que en 1851 publicara Herman Melville.

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